Cerrar Buscador

Miguel Ángel Hurtado, 50 años en la Plaza Vieja

Por Javier Cano - Octubre 09, 2022
Compartir en Twitter @JavierC91311858
Miguel Ángel Hurtado, 50 años en la Plaza Vieja
Miguel Hurtado, ante su establecimiento de la Plaza Vieja. Foto: Javier Cano.

Acostumbrado a ser foco de atención mediática cada vez que da un premio en su quiosco, el popular vendedor de prensa y revistas repasa hoy su inquieta vida

Más de uno pensará que la aventura vital de Miguel Ángel Hurtado Bonoso (Jaén, 1960) tiene poco, precisamente, de eso, de aventura, si se tiene en cuenta que ha terminado siendo archiconocido en la ciudad sin moverse prácticamente de los       metros cuadrados donde ejerce su oficio desde hace la friolera de medio siglo. 

"Yo tenía once años y ya estaba ligado a esto. Me subía los viernes a echar una mano y llevo aquí ya unos cincuenta años", asegura.

Alrededor de medio siglo, sí, primero en el quiosco que tantos giennenses recordarán delante de la puerta de la cripta de la Catedral, con la Barbería el Siglo y el Bar Sanatorio a un paso, y luego en su actual ubicación, años atrás delante de la entrada del desaparecido Correos y, a día de hoy, en el mismo sitio pero sin aquel chaflán levantado en 1935 donde el cronista Luis González López, además de mandar, se cuajaba la revista Paisaje:

"Aquella era otra Plaza Vieja, mucho más bonita que esta, con mucho ambiente. Una Plaza Vieja en blanco y negro", evoca Hurtado. 

Un rostro más que conocido en su patria chica, que cada vez que da un premio de cualquier lotería o apuesta del Estado ocupa las portadas de los mismos diarios que despacha frente a la Diputación pero cuya trayectoria vital y profesional no ha trascendido nunca del mínimo espacio de su tenderete, desplegable como un tríptico de El Bosco, ahí, resguardado de la curiosidad del personal.

Bueno, hasta hoy, porque Miguel ha decidido abrise en canal para las páginas de Lacontradejaén y dejar de ser solamente esa voz algo ronca y con más deje de Jaén que el que se gastan los grajos de la Catedral para convertirse, él mismo, en protagonista de las páginas de la prensa de aquí. Dios le pague el detalle.

 Juan y Manuela, padres del protagonista del reportaje.
Juan y Manuela, padres del protagonista del reportaje.

QUIOSQUERO DE DINASTÍA

Pero, ¿de dónde viene Miguel Ángel Hurtado Bonoso? ¿Cómo era la vida de este ya entrañable vecino cotidiano de la Plaza de San Francisco antes de hacerse cargo del negocio que durante décadas atendió su padre, el inolvidable Juan Hurtado? Pasen y lean.

"Me crie en la calle Las Minas, y a los seis años me fui a La Alameda, con todo el parque para nosotros, para mis amigos y yo: eso fue lo mejor", recuerda. Las clases del Jesús y María y un barrio con dos cines (el Plaza de toros y el Auditorio) pusieron paisaje a una infancia que, gracias al esfuerzo de sus padres, no fue de millonarios pero tampoco de estrechuras económicas.

¿Quién no recuerda a su padre, Juan Hurtado, aquel educadísimo quiosquero nacido en tierras catalanas pero más de aquí que los cipreses del Portón de los leones? Un caso curioso, en palabras de Miguel Hurtado, porque sin dedicarle a la venta de prensa y revistas y a las quinielas más que las tardes, su progenitor terminaría siendo toda una leyenda de la zona.

"Mi padre trabajaba en la Gestoría Campos-Lucha, era el administrativo más antiguo de allí, un fenómeno, el alma de Campos-Lucha", sentencia, rotundo, su hijo.

En tiempos en los que arrimar dinero al sueldo era una costumbre necesaria, el hogar capitaneado por Juan Hurtado y Manuela Bonoso (que también curró lo suyo en el quiosco) destilaba sudores entre aquellas cuatro paredes de metal y  bajo el calor de un Jaén todavía sin aire acondicionado, para que Miguel y sus hermanos le viesen color a la vida: "Mi padre no paraba, de lunes a domingo". 

Fallecidos ambos, su sucesor no tiene para ellos más que palabras de elogio, frases que hacen las veces de cuarto mandamiento y un matiz de emoción capaz de suavizar, aunque solo sea un par de segundos, el recio tono de la voz del quiosquero. 

Un hombre que acumula en su currículo un montón de maneras de ganarse la vida, antes de hacerse cargo del 'chambao' al que, cada día, se dirige más gente que a la propia Diputación: "He trabajado en una fabrica de embutidos de Jaén, he sido viajante, representante de un café, vigilante, estuve tambien en una multinacional de flanes...".

Tiene palique, y eso cotiza: "Me llegaron a llamar de Málaga para trabajar de representante, sin conocerme personalmente, solo por mi trayectoria". Lo dicho, palique del bueno. 

Fue a principios de los 70 cuando empezó a respirar el olor del quiosco y, por más puestos que ha ocupado, estaba claro que al final su sitio estaba ahí.

 Un jovencísimo Miguel Ángel Hurtado Bonoso en Cerro Muriano, en pleno servicio militar, en 1979.
 Un jovencísimo Miguel Ángel Hurtado Bonoso en Cerro Muriano, en pleno servicio militar, en 1979.

Ha dado premiazos, como esos doce millones de euros que se embolsó un afortunado apostante en 2017, y afirma que puede escribir un libraco de anécdotas tras tantos lustros en la ventanilla, que por los establecimientos de los Hurtado han pasado toreros y artistas, sobre todo cuando operaban como taquilleros oficiales de las ferias y fiestas de la ciudad; y un montón de anónimos que conforman una parroquia tan numerosa como variopinta. 

Esa misma con la que, dice, se requiere una buena dosis de paciencia. Los años no perdonan: "¡Tú vente aquí conmigo un día entero y ya verás!", exclama. Y añade: "Este trabajo se hace muy cansino, pero ya es por la edad; ¡cuando más me gustaba esto era cuando no existía La Primitiva ni nada de eso, solo las quinielas a mano, todo a mano!", rememora. Dos años y medio le quedan para jubilarse. Dos días, vamos. 

Le vendrá bien; en 2012, su corazón dijo "hasta aquí hemos llegado" y le pegó un latigazo que lleva fenomenalmente pero que lo obliga a cuidarse, a no pasar malos ratos, precisamente a evitar tener que perder la paciencia. 

FUTBOLERO NO, LO SIGUIENTE

Padre de dos hijos (un futuro militar y una operaria de limpieza) y abuelo de tres nietas, Miguel reconoce que está encantado de que ninguno de los dos haya seguido su trayectoria profesional.

Su familia es una de sus grandes pasiones, seguramente la más grande de todas, pero tampoco niega que los toros y el fútbol, el Atleti y, sobre todo, "su" Real Jaén tienen sitio preferente en su corazón futbolero. 

"Del Atleti, del Abuelo y del Real Jaén, que siempre me da satisfacciones a pesar de los pesares. Nos juntamos allí, en los partidos, la familia, primos, hermanos..., y echamos una tarde fenómena, lo pasamos bien allí, con nuestro disgustillo si pierde". 

Pierda o gane, Miguel Hurtado vuelve siempre a su quiosco de la Plaza Vieja, briega con los clientes, ríe, a veces a pique de perder la paciencia pero sin llegar a tanto, forma parte ya del paisaje urbano de la capital del Santo Reino, dice que se ha ganado ya el descanso... 

¿Quién le va a negar eso? ¡Nadie!, pero el día que se vaya seguro que pasa al repertorio de ausencias de ese jaenerísimo cruce de caminos donde la calle Campanas pierde su nombre y la Carrera huele a barrio alto, que cincuenta años son muchos y hasta hay árboles de esos que estorban la vista a los bloques de la antigua Gangas que llevan menos tiempo que él en el sitio. Y eso es un grado.

 Forofo del Real Jaén, Miguel Hurtado posa con la bufanda del Real Jaén, el equipo de su alma.
Forofo del Real Jaén, Miguel Hurtado posa con la bufanda del Real Jaén, el equipo de su alma.

He visto un error

Únete a nuestro boletín

COMENTARIOS


COMENTA CON FACEBOOK