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Alcalá la Real despide a la luz más especial de Consolación

Por Fran Cano - Febrero 27, 2021
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El obispo de Jaén, Amadeo Rodríguez, realza los valores de Francisco Zúñiga, “un hombre de fe” ligado por siempre a Alcalá la Real

“Paco era un niño de 53 años, de lo mejor que teníamos en Alcalá”

La misa para despedir a Francisco Zúñiga ha completado el aforo de 150 personas permitido en la Iglesia de Consolación, donde Paco se dedicó a mejorar la vida de los demás y donde perdió la suya tras ser apuñalado ayer. El presunto agresor fue detenido, y hoy Alcalá la Real vive un día de luto a la altura del legado del sacristán.

El silencio ha sido protagonista en la misa que ha presidido el obispo de Jaén, Amadeo Rodríguez, acompañado del párroco de Santa María la Mayor, Juan Ramón Gómez, y de sacerdotes de la comarca y de la provincia.

“Paco era un hombre muy de fe, una persona que confiaba en Cristo y que hacía el bien a sus hermanos”, ha alabado el obispo, quien ha subrayado la labor que hizo Zúñiga desde la llegada del coronavirus, siempre conciliador y con sentido de comunidad. “Me impresionó la imagen de Paco y como está vinculado al municipio”, ha añadido Rodríguez.

Jesús Zúñiga, hermano del fallecido, ha tomado la palabra en la misa para abundar en ese vínculo con la ciudad: “Pese a que vivía solo, Paco nunca se ha sentido solo en Alcalá”, ha dicho y ha ensalzado el ejemplo que para él fue su hermano: “Aunque tenía una debilidad, era especial, y eso se traducía en voluntad, grandeza y servidumbre”, ha añadido entre lágrimas.

Juan Ramón Gómez también se ha emocionado. Ha evocado la relación que tuvo con Zúñiga como sacerdote y sacristán y al mismo tiempo como amigos. Ambos se conocieron hace más de treinta años, cuando compartieron formación en el Seminario. “Era un persona fiel, cordial y ocurrente, amigo de todo el mundo. Doy gracias a Dios por ponerlo en mi camino”, ha pronunciado el párroco y ha señalado que si bien Francisco Zúñiga no llegó a ser sacerdote ya es “un mártir”.

Los sacerdotes presentes han trasladado el ataúd del fallecido hasta la puerta de la Iglesia de Consolación, donde han orado por el difunto rodeados de allegados y vecinos. Una pareja de policías custodiaba la puerta. La ceremonia se ha desarrollado con máximo respeto y con consciencia de la pandemia dentro y fuera de la parroquia. 

El aplauso coral ha tenido continuidad en el tiempo para recordar al hombre que abría y cerraba la puerta de la parroquia cuatro veces cada día. A los pies del templo se apagó anoche la luz más especial de Consolación.

Vídeo: Fran Cano.

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