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Un Museo de cincuenta años (III)

Por Paz Unghetti - Junio 28, 2021
Un Museo de cincuenta años (III)
Museo provincial de Jaén. Foto: Beatriz Rivilla

A lo largo del año 2020 y pensando en este momento tan importante para Jaén y su cultura, escribí dos artículos en este mismo soporte digital, relacionados con la llegada del medio siglo que cumple nuestro Museo de Jaén, que para mí es especialmente entrañable.

Coincidiendo con el 28 de junio del 2020 y el 28 de diciembre del mismo año, contaba las diferentes actividades que Constantino Unghetti realizó para su puesta en marcha el 28 de junio de 1971. Restauraciones, publicaciones, montajes, excavaciones y por fin la esperada inauguración, seguida de otras más que engrandecieron el actual Museo.

Y de engrandecer los fondos museísticos se trataba, en sus dos vertientes de Bellas Artes y de Arqueología. En palabras de la actual directora, Francisca Hornos, es un museo generador de otros…como el de “Artes y Costumbres Populares” y actualmente el “Íbero”, nutridos de sus fondos.

Como en los anteriores artículos mi intención no es tan científica, como narrativa, sobre todo, que mi pretensión se ciñe a dar a conocer aquello que nadie publica, porque está basado en vivencias relativas a grandes obras y que gracias a los trabajos, esfuerzos, poco recompensados y con muchas voluntades, han salido adelante para que
por ese llamado “amor al arte”, las futuras generaciones tengan un patrimonio artísticocultural, que en definitiva nos define como un gran país crisol de culturas.

Una de las actividades, anteriormente nombradas eran las excavaciones y en concreto “Cerrillo Blanco” (siglos V-VII antes de Cristo), que merece una destacada memoria. Empieza en junio de 1975 su primera campaña tras el sensacional hallazgo fortuito en una finca de olivos en Porcuna (Jaén), la antigua Obulco. El director del Museo Provincial,  era entonces Juan González Navarrete, que compra la finca y comienzan a examinar la importancia de algunas piezas encontradas en este yacimiento.

Durante cuatro campañas arqueológicas en temporada estival, Constantino Unghetti, va a diario a la excavación en un coche “Land Rover” comprado para estos trabajos por el director del museo y de la excavación. Aunque el director era González Navarrete, él estaba en su cargo de asesor nacional de museos en Madrid y mi padre dirigía con rigor científico, por su experiencia, a los obreros en sus prospecciones y catas para excavar y datar los diferentes hallazgos que se iban sucediendo.

Un gran entusiasmo por su parte fue la tónica general de estas campañas. Las horas no existían, ni los días de fiesta
tampoco. Todo giraba en torno a Obulco y ya en el Museo a su consabida restauración. Se consiguió en Madrid una subvención importante para sufragar gastos. Las esculturas de una gran belleza de líneas y proporciones evidencian la mano de unos artistas muy profesionales que no escatimaron en detalles. Algunas piezas estaban muy destruidas lo que produjo un “puzzle” de múltiples fragmentos, que evidentemente dificultaban en exceso su conformación. 

El profesor de arqueología Oswaldo Arteaga (junio de 1979) así como el profesor Schubart, de la Universidad de Maguncia hicieron varios estudios sobre el yacimiento. Se planteó la creación del Museo de Obulco en la torre de Boabdil cuyo director fue Modesto Ruiz de Quero. En un principio las piezas quedarían allí para su estudio, algo que no se llevó a cabo debido a su gran valor para la cultura íbera, única en el mundo.

Unghetti había sido becario en arqueología por el I.E.G. y como comenté en los anteriores artículos formó parte de excavaciones pretéritas y ahora cumplió sus funciones como escultor-restaurador de las primeras 18 esculturas que el mismo encontró. Por cierto que la famosa “Cabeza del guerrero”, añadida posteriormente a un torso, la extrajo de la tierra y quedó gratamente asombrado por el descubrimiento.

Para que se vieran las proporciones añadió un palillo de modelar que llevaba en su equipo de herramientas. Tanto Navarrete como Unghetti, no estaban muy de acuerdo en anexionarla a ese torso, dado que las proporciones no estaban muy logradas.

En abril del 2002, ya se habían restaurado 27 esculturas, fueron casi 1486 fragmentos de luchas entre guerreros en rituales de sacrificio en honor de un ilustre difunto.

Con la ley de patrimonio se consiguieron inversiones para su restauración. En una comida con los restauradores que continuaron el inicial trabajo de mi padre, lo aplaudieron gratamente por su labor concienzuda y acertada, pese a los medios existentes en los años 70-80. Algo que favoreció este trabajo, fue el conocimiento de la piedra de las
esculturas, que tenía mi progenitor.

Con las Exposiciones de París, Barcelona y Bonn, organizadas por la Asociación de “Amigos de los íberos”, se enseña en Europa a los “Príncipes de Occidente”. Unghetti asistió a la de París y Bonn, junto con Navarrete estuvieron comentando a los compañeros de viaje sus experiencias en tan destacado yacimiento. 

Para los 40 años de la inauguración del Museo de Jaén, Constantino asistió en silla de ruedas para disfrutar por última vez de este Museo que fue tan importante en su vida laboral y en el que sus relaciones con la cultura arqueológica de Jaén y del país se hicieron especialmente destacadas.

Hubo una mesa redonda en la que participé, junto con Pilar Palazón y Carmen Lázaro, moderada por Mercedes Valenzuela.

Mi intervención giró alrededor del destacado trabajo que en el mundo museístico había realizado Constantino, con tanta generosidad y profesionalidad, sin contar el tiempo dedicado de modo altruista a un trabajo vocacional.

Aunque el fue escultor esencialmente, como artista y humanista expresaba su arte en cualquier faceta y sin ser pretenciosa en mis halagos obtuvo un reconocimiento en Jaén, justamente conseguido, pese a su carácter modesto y tímido.

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