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"Hay gente dispuesta a dignificar la música y la danza en Jaén"

Por Fran Cano - Octubre 28, 2018

No es lo mismo encontrar la pasión que acomodarla en un puesto de trabajo. Lo primero fue intuitivo para Estefanía Martínez Rayo (Baeza, 1988), profesora de danza de la Academia de Música y Danza Antonio Soler de Jaén. Lo segundo llevó más tiempo y supuso pasar por etapas que, según cuenta, la han curtido. La bailarina está en la treintena con ganas, después de haber actuado en países muy diferentes y de vivir las dos caras de una especialidad que siempre tuvo público, pero que no siempre ha tenido un público masivo.

Hace un trienio que la ilusión de Estefanía Martínez es compartir la pasión por la danza sobre todo con los niños. La entrevista es en una sala de baile llena de espejos, donde imparte clases. Primero responde a las preguntas, y hay tiempo para improvisar. Con las palabras y con el cuerpo.

—Me comentaba antes de la entrevista que empezó a bailar con tres años. ¿Por qué tan tarde?

—¿Tan tarde? —ríe a carcajadas—. Probaba muchas disciplinas y el baile era de lo que más me llamaba la atención. Hacía muchas cosas, como todos los niños, hasta que me metí en el mundo de la danza.

—¿Qué recuerdos tiene de los primeros bailes?

—Bastantes para ser tan pequeña. Porque tuve la suerte de conocer a mi mentora en la danza, y fue la que me tiró de ese hilito mágico que yo tenía dentro. Me hizo sentirla no solo técnicamente, sino que llegué a amar la danza como una disciplina y como una forma de vivir.

—¿Cómo se llama la profesora?

—Esther Borrego. Sigue dando clase en Baeza. Tiene una cantera bastante importante. Todas sus alumnas entran al conservatorio. La verdad es que hay mucho nivel.

—Imagino que aún tiene contacto con ella.

—Es como si fuera mi segunda madre.

"ME GUSTÓ SEGUIR UNAS NORMAS PROFESIONALES, PORQUE EN EL DÍA A DÍA ERA JUSTO LO CONTRARIO"

—¿Supo el momento exacto en que se dio cuenta que podía ganarse la vida bailando?

—Yo no era consciente de que me podía ganar la vida con la danza. Sí que sabía que me gustaba mucho. Empecé a ganar concursos, me presentaba a cosas y me cogían, y todo eso quería decir algo. Esther ha sido una gran mentora para nosotras, porque nos hizo ver que el mundo de la danza no solo estaba en Baeza. Desde pequeñas supimos que la gente se prepara al máximo y que para llegar a algo hay que entrenar muchas (muchas) horas al día. Cuando eres consciente de eso te privas de cosas. Me di cuenta de que prefería bailar un sábado por la noche que ir al cumpleaños de una de mis mejores amigas. No hay un momento en el que yo diga: 'Quiero ser bailarina y ganarme la vida con esto'. Me di cuenta que la mayor parte del tiempo me dedicaba a bailar.

—¿Le apoyó su familia cuando asumió esa disciplina casi militar?

—Sí, siempre me han apoyado. Yo me fui de Baeza a Sevilla con 15 años, sin hacer el Bachillerato. 'Papá, me voy a Sevilla', así se lo dije. No se lo pregunté. Y él me ha apoyado y ha estado a mi lado durante todos los años de mi vida.

—¿Alguien baila en la familia aparte de usted?

—No. Bueno, mi abuela baila, pero no en plan profesional.

—¿Por qué eligió la danza clásica?

—Realmente la danza contemporánea surgió más tarde, porque esta disciplina se ha implementado en los conservatorios mucho más tarde que la danza clásica, que es lo primero y lo que se estudia en todas las ramas. En mis inicios yo solo podía practicar clásica. Y, como bien dice, esa enseñanza militar para una persona como yo, que soy bastante extrovertida, me vino muy bien. Me gustaba seguir un patrón y unas normas. Fuera de la danza, en el día a día, yo era justo lo contrario.

"CONOCÍ LA SOLEDAD TRABAJANDO PARA COMPAÑÍAS"

—¿Los estilos de baile condicionan la forma de interpretar? Y me refiero a las emociones más que a la técnica.

—No te condicionan los estilos, sino la pieza coreográfica que se esté creando. Por ejemplo, en la danza clásica puedes hacer algo muy retro o algo de sentimiento profundo, que es el cliché de la danza clásica y que no es así, porque es bastante revolucionaria. Y en danza urbana también se puede mostrar un sentimiento de amor. Realmente, el estilo no marca la manera de interpretar, sino la creación coreográfica y lo que tú quieras interpretar.

—Y llegó la época de bailar para compañías.

—Sí, he estado en varias. También pertenecí a una agrupación de personas con las que he viajado muchísimo.

—¿Qué aprendió de esa etapa?

—Sobre todo conocí la soledad. En esos momentos estás sola, ensayando y viajando mucho, lejos de tu familia. No tienes contacto con ellos. Pierdes las relaciones con tus amigos, pero sí que me he llevado a grandes personas, y me he conocido a mí misma interiormente. Es esa búsqueda de qué quiero ser yo y qué quiero contar conmigo misma.

—Llama la atención que hable de soledad en un contexto muy de ir en manada, como parecen desde fuera las compañías.

—Hay momentos en los que te sientes sola pero no por los compañeros, sino porque estás lejos de tu familia. Te pierdes momentos familiares en los que no estás por trabajo. Obviamente, hay una agrupación de personas que son tu familia. E incluso con ellos hay momentos de soledad: uno ensaya a una hora, otro, a otra. He tenido la gran suerte de tener a tres personas a mi lado, que han sido mis hermanas, mi madre y mi todo. Eso llega a ser tu familia real. Pero si miras hacia atrás, te das cuenta de que nació mi sobrino y no lo conozco. Es la parte negativa, pero la positiva es viajar y hacer lo que más te gusta.

"CON EL 21 POR CIENTO DEL IVA SE BAILA POR AMOR AL ARTE"

—Tras tantos años de convivencia en ese mundo, ¿se volvió más comprensiva con el otro?

—Claro. Haces un vínculo fraternal imposible de romper. Hablamos de cambiarnos, dormir y estar todo el tiempo juntos. Son como hermanos, y tengo contacto con la gran mayoría.

—Emociones aparte, me toca preguntarle por la 'plata'.

—Hablando en plata, bastante jodido —afirma y ríe.

—¿Es más difícil vivir actuando para compañías que en el ámbito de la docencia?

—Depende de cómo lo enfoques. Si me hace la pregunta en cuanto a las compañías, recuerdo cuando el Estado subió el IVA al 21 por ciento en el teatro. Imagínese en una compañía de cuatro personas llenar un teatro con el 21 por ciento de IVA. En realidad, le pagas al Estado. Bailas por amor al arte. Esa frase es real para un bailarín. Hace dos años los contratos eran nefastos en el Ballet Nacional de España. Esto debe cambiar, porque de lo contrario no llegaremos a ningún lado con la danza en nuestro país. Ahora he tenido la posibilidad, gracias a la academia en la que trabajo, de centrarme cien por cien en mi disciplina. En cambio, la gran mayoría de mis compañeros necesitan un doble trabajo: estar en una academia por la mañana y en otra por la tarde. Aquí, en la 'Antonio Soler', he tenido la suerte de encontrar a una persona que me paga como me merezco. Aquí se valora la formación, y para mí es muy importante que valoren lo que has hecho y lo que eres.

"EL PROGRAMA FAMA FUE UN PUNTO DE INFLEXIÓN"

—Ha bailado en diferente países. ¿Hay diferentes sensibilidades con respecto al baile?

—Brutalmente. Bruselas es danza en todos los aspectos. Tienen un ballet nacional impresionante. La danza está en la calle, y los menores tienen un nivel espectacular, tanto en los colegios como en las academias, aun cuando la metodología es diferente. Cuando comparas, los de la academia son mejores, pero no hay tanta diferencia, porque existe una fuerte conciencia social sobre la disciplina. En Bruselas la gente está acostumbrada a ver danza de calidad. Allí no he conocido a nadie que esté en una academia trabajando y no tenga la titulación. En España nos encontramos con el caso contrario: gente que monta su academia sin título.

—Vivió una experiencia en Nigeria. ¿Cómo fue?

—Totalmente diferente. Tenía 12 años y por aquella época bailaba flamenco. Así que imagínese.

—La televisión está invadida por los programas de talento. ¿Le gustaría presentarse a alguno de baile?

—No, para nada. Pero sí es cierto que la primera edición de Fama provocó un boom en la danza y un conocimiento social que fue súper bueno para todos. Me gustaría más un formato que solo prestara atención a la faceta artística, a cómo evolucionan los bailarines. Pero Fama es un reality, y no me interesa un Gran Hermano de danza. Aunque ya le digo, la primera edición provocó un fenómeno: todo el mundo quería bailar e ir al teatro para conocer estilos diferentes. Fue un punto de inflexión.

—Dice con rotundidad que no participaría en un talent.

—No lo haría. Porque hay un hilo muy fino entre conocer a la persona y al artista. Me interesa el primero, no el segundo. La vida personal del artista es privada. No quiero ver a un niño de 18 años hablando mal, liándose con alguien o lavando los platos. Quiero ver cómo baila y su evolución.

—Si le digo Jaén y cultura, ¿qué me dice? ¿Está la cosa tan parada como critican compañeros suyos de otras disciplinas?

—Sí, estoy muy de acuerdo con ellos.

—¿Y qué se puede hacer?

—Tenemos proyectos en la cabeza que aún no se pueden contar. Habrá tiempo de hablar largo y tendido. En cuanto a la danza en Jaén, he dado con gente como Eva, que están dispuestas a unir fuerzas y crear algo para que la danza y la música se vean dignificadas en la provincia. La realidad es que en el calendario de noviembre y diciembre del Teatro Infanta Leonor hay muy pocas cosas de danza. Muy pocas. Y traemos otras que no son muy seductoras si pensamos en un perfil de espectador que coge el móvil cada cinco minutos. No se puede poner El lago de los cisnes cien veces. Hay que enganchar al público. Y a mí me interesa más llegar al joven de 18 años que al público estándar de 60. Es importante que tengamos una rama que conecte con los jóvenes, que serán los que nos llenarán Jaén de movimiento.

—Quizá pase como con el teatro. Los niños van durante la etapa escolar, pero luego ya no vuelven o lo hacen cuando ha pasado mucho tiempo, de adultos.

—Exactamente. Hay una fractura de edad increíble. Tenemos un público de niños de cuatro hasta ocho años. A los 10 dejan de venir, y luego de 40 hacia arriba algunos vuelven. Con las edades anteriores hay que hacer algo.

—Lleva tres años en la Academia de Música y Danza Antonio Soler de Jaén. ¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?

—Crear proyectos libremente. Trabajar con niños y que me aporten esa mirada de ilusión que yo he tenido. Volver a verme reflejada en ellos es brutal. Cada día, después de cerrar la puerta, me vuelvo a casa riéndome, con la sensación de aprender mucho con los niños. Trabajar constantemente durante dos o tres años con ellos y verlos evolucionar, cómo me nutren a mí, supone un 'feedback' estupendo.

—¿Se ve más tiempo dando clase?

—Sí. Echo de menos bailar como antes. Pero tomé esta dirección profesional y la afronto con la visión más positiva posible. Solo quiero que ellos disfruten como yo lo hago, e inculcarles el valor de la danza. Estamos en un mundo en el que todo vale, y no todo vale. En la danza clásica se necesitan cualidades, porque la técnica es dura. Aunque la constancia hace mucho. Y la ilusión que un niño le ponga es esencial para que esté aquí y venga todos los días.

—Dígame nombres de gente que admire. A quién no debemos perdernos como espectadores.

Cunningham murió hace poco. Yo tengo un vínculo muy especial con las nuevas tecnologías y la danza. Hay muy poca gente que interactúe y haga mapeos, y que le dé caña a la iluminación para que el público se quede impactado. Es la clave para que el público que desconoce la especialidad se quede embobado. Recomiendo a la gente que vea en internet los vídeos de Cunningham con el músico John Cage. Son una pasada. ¿Nombres de danza clásica? José Carlos Acosta, que es brutal. Olga Periféricos, en el flamenco. También Ignacio Lasala, compañero mío. Ana Rando, que tiene compañía en Málaga, donde están emergiendo grandes bailarines como Fernando Hurtado. Destaco a compañías pequeñas que hace proyectos de creación impresionantes.

Fotos y vídeo: Esperanza Calzado.

COMENTARIOS

Eva Maria Soler

Eva Maria Soler Octubre 30, 2018

Una entrevista preciosa. Enhorabuena a tod@s los participantes en ella, y especialmente a la protagonista. Saludos!

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