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Manuel López o la vocación tardía de un escritor 'íntimo'

Por Javier Cano - Junio 19, 2020
Manuel López o la vocación tardía de un escritor 'íntimo'
El autor lee un libro plácidamente, en su casa.

A su casi 80 años de edad, el frailero afincado en la capital jiennense ha autoeditado dos novelas que dan rienda suelta a su capacidad para construir historias

Le gusta tanto el universo del western que lo de 'Manuel López' lo deja para su familia, su gente y la portada de sus libros. Ahí está el perfil de Facebook de este frailero de 1941, 'Colorado Jim', que dejó su pueblo natal en el 53 (ya ha llovido) para seguir a sus padres a Andújar y desde entonces no ha parado de correr mundo: "Trabajé en Telefónica desde el 65, y en aquella época la compañía movía mucho al personal", aclara. 

Decía San Agustín que el mundo es un viaje y que aquellos que no viajan leen solo una página del libro, todo lo contrario que Manuel López López, cuyas alforjas están llenas de memoria, de lugares, de paisajes y de historias. Esas experiencias de acá para allá, unidas a sus "ganas de escribir algo desde siempre", son los responsables de que, camino de cumplir los 80, López firme ya dos libros y tenga en cartera uno próximo:

"El primero se titula Las aventuras de Grandote. Yo quería hacer algo para que mis nietos fueran los protagonistas, así que empecé a darle vueltas hasta que me vino la idea. Comencé a escribir sin saber adónde iba a terminar y acabé con cuatrocientas páginas". Fue su debut, su ópera prima, con un largo relato que narra las vacaciones de los pequeños a una casa de campo cerca del monte; una vez allí, la amistad con otros niños y su sorprendente encuentro con una cría de oso se encargan de hacer más que interesante lo que nació del magín del frailero.

El pasado mes de febrero, antes de que el coronavirus y el confinamiento cambiasen el gesto a tantísima gente, López publicó su segunda entrega, Rosalía, cuyas páginas abordan situaciones de esas que sobrecogen y que, por desgracia, eran el pan de cada día cuando apenas levantaba un palmo del suelo:

"Esta historia está situada en los años 40; trata de una chica pobre, sin madre, que va a trabajar a casa de unos señores en un pueblo de la Sierra Sur de Jaén, donde está ambientada". Trescientas páginas en las que "los abusos que hacían los señoritos en aquella época" conmueven a los lectores. "Eso se palpaba, se sabía, pero nadie decía nada, no habia quien piara. Se hacía lo que le daba la gana al señorito y al sargento de la Guardia Civil, esa es la cosa", sentencia el escritor.

Una operación ocular "mal hecha" le resta capacidad lectora y hasta creativa: "Se me amontonan las letras y termino llorando". Pero no se rinde, aunque al principio tenga más de sufrimiento que de actividad liberadora: "Lo peor de un libro para es el empezar, es muy complicado para mí. Una vez que lo empiezo, va para adelante, te vas vandeando y lo medio enjaretas", confiesa. La nada del papel en blanco, que decía Tchaikovski.

Desde Alcalá la Real, el grupo Entre Aldonzas y Lorenzos 'le echó el ojo' y desde entonces anda en esto de crear historias; lástima que, por ahora, lo que publica solo está al alcance de los suyos: hijos, nietos, amigos muy cercanos: "Mi familia los pone en Facebook y hay gente que pregunta dónde pueden comprarlos". Nunca ha visto sus relatos en el escaparate de una librería, pero quién sabe... Es un escritor íntimo.

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