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El obispo ensalza las calles como escenarios de fe

Por Javier Cano - Febrero 07, 2020
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El obispo ensalza las calles como escenarios de fe
Semana Santa de Jaén. Foto: Juan Carlos Fernández.

Monseñor Rodríguez Magro anima a los cofrades de Jaén, en su carta cuaresmal, a evangelizar con las procesiones como "precioso ministerio" encomendado por la Iglesia 

"En todo cuanto hagáis, estáis al servicio de la fe sencilla de un pueblo cristiano que, por las razones que sean, muchos de ellos no van a nuestros templos ni participan en las celebraciones litúrgicas, pero sí se asoman a sus
puertas o se sitúan, como Zaqueo en Jericó, en sitios estratégicos de los recorridos procesionales, para contemplar con interés y curiosidad, no exenta de fe, el momento del Misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, que se representa en las imágenes que lleváis en cada desfile procesional".

Son palabras del tramo inicial de la carta pastoral que monseñor Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Jaén, envía a los cofrades de la Diócesis en este tiempo de preparación para celebrar la Pasión de Jesús, "el corazón de la fe", como la califica el prelado.

 El obispo de la Diócesis de Jaén, Amadeo Rodríguez.
El obispo de la Diócesis de Jaén, Amadeo Rodríguez.

La carta, que figurará en las primeras páginas de todos los boletines pasionistas de la provincia, incide en el valor de la Semana Santa como herramienta de difusión misionera: "En las procesiones, en efecto, el Misterio, el maravilloso Misterio de la pasión sale a buscarnos a cada uno de nosotros allí donde estemos. Es una maravillosa expresión de una Iglesia en salida, de una Iglesia que sigue haciendo el envío misionero del Maestro: “Id al mundo entero y predicad el Evangelio”, señala Rodríguez Magro. 

El titular de la Diócesis jiennense pone el acento también en que "la acción de las Hermandades, Cofradías y Grupos Parroquiales esté orientada y regida por la Iglesia, que es la destinataria del envío misionero del Señor". Una Hermandad, una procesión o cualquier otra manifestación de piedad, o se realiza y vive en el seno de la Iglesia o,
aunque sea igualmente bella e incluso más, queda afeada, e incluso desvirtuada, porque le falta el adorno más preciado, el de la comunión eclesial".

Con el olor del incienso a la vuelta de la esquina, con los ensayos de costaleros ya en las calles de la provincia y los primeros cultos y actos cofrades en plenitud, el prelado sentencia: "Para andar con solvencia en el mundo de la piedad popular se requiere una espiritualidad bíblica y un profundo sentido evangélico". 

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