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"Las ONG limpian las vergüenzas de las administraciones"

Por Fran Cano - Enero 12, 2017
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Santiago Molina Prieto tiene 31 años. Es psicólogo y educador en Poblado Mundo, la ONG donde asegura que ha encontrado, precisamente, su lugar en el mundo. Él trabaja para ayudar a quienes no han encontrado siquiera un sitio donde pasar la noche. Dice que lo hace por convicción, pero argumenta que no debería hacerlo: las asociaciones no gubernamentales existen por la incapacidad de las administraciones, afirma. Atiende al equipo de LaContracrónica en un despacho que también es, si la situación lo exige, un dormitorio. David Moreno, presidente de la asociación, está en la oficina de la casa acogida, ubicada en el número 52 de la Avenida de Madrid, en Jaén. Los usuarios se encargan de limpiar las zonas comunes, el baño y la cocina. Uno de ellos nos ha saludado antes de entrevistar a Santiago Molina.

–Cuéntenos cómo se da el proyecto Piso Enlace de la ONG Poblado Mundo.

—Nace ante la detección de una necesidad, y era que en Jaén hay personas sin hogar. Detectamos la carencia de un recurso adecuado a las condiciones del colectivo. Hay recursos parecidos en los que, quizá por temas estructurales, tienen unas características o unas normativas que no nos parecen suficientes o adecuadas, aunque no es que no estemos de acuerdo. Pensamos en montar un piso en el que la gente de la calle pueda salir de la situación de calle, y no tengan periodo de estancia máxima ni más requisitos.

—¿Qué entidades lo hacen posible o colaboran?

—En el mantenimiento del propio piso no participa ninguna entidad. La financiación —los gastos del alquiler y demás— la paga Poblado Mundo. Sí es cierto que tanto David como yo estamos trabajando en el piso. Tenemos un contrato de un año, a media jornada, financiado por la Obra Social La Caixa. Es la entidad privada que nos ayuda.

—¿Cuántos voluntarios participan en el proyecto?

—De manera más participativa somos cinco. Sí hay mucha gente que colabora con nosotros, pero de forma más activa somos cinco o seis.

—No es fácil calcular cuántas personas viven sin hogar en Jaén capital. ¿Tienen datos al respecto?

—No tenemos —interviene David Moreno— registro como tal, pero sí sabemos, más o menos, cuáles son los asentamientos que hay. Es cierto que nos hemos centrado más en la casa acogida. Salimos menos a la calle. Mucha gente de los asentamientos ya viene a nosotros para buscar alojamiento. Depende de la etapa del año: en la campaña de la aceituna hay más personas en la calle. Suele haber un grupo que se mantiene durante todo el año. Incluso cambian las personas, pero no los asentamientos. Suele haber uno de subsaharianos; uno o dos de rumanos, y suele haber españoles en la calle. Hay otros que duermen determinados días al raso hasta que no los ves y te encuentras a otros.

 Santiago Molina, de la ONG Poblado Mundo, habla con Ibra, uno de los usuarios del Piso Enlace.
Santiago Molina, de la ONG Poblado Mundo, habla con Ibra, uno de los usuarios del Piso Enlace.

—¿Le consta que haya más casos en la capital que en los pueblos?

—Como bien apunta David —retoma Santiago—, quizá ahora estamos más centrados en el trabajo en la capital. Me consta que en Úbeda sí existen casos de gente sin hogar, pero asentamientos en los pueblos pequeños no los hay, salvo en campañas olivareras.

—¿A cuántas personas pueden acoger en el Piso Enlace?

—Ahora mismo tenemos 12. En principio no teníamos pensado alojar a tanta gente, pero dadas las necesidades, aumentamos las plazas poniendo literas e incluso habilitando el salón. De hecho, el sofá del sillón está ocupado por un chico. Nos hemos detenido en 12, porque el piso no da para más, pero, por desgracia, si tuviésemos cuatro pisos más, los llenaríamos. La demanda que hay es más de lo que abarcamos. También por seguridad, estructura y por operatividad, estimamos que 12 es el límite. El piso tiene cinco habitaciones, pero esta —la de la entrevista— no lo es como tal. Entendimos que necesitábamos un sitio donde trabajar y tener documentos. Un espacio de encuentro. Un despacho.

—¿Quiénes vienen a vivir aquí?

—Se consideró que entraran las personas que llevaban más tiempo en la calle. Quienes venían acompañados de un tipo de adicción, también tienen cierta prioridad. Son personas que, por así decirlo, no tenían cabida en otros recursos establecidos. Personas que, quizá, a priori se podrían considerar problemáticas por tener detrás una cronicidad en la calle. Hay chicos aquí que llevaban ocho o nueve años seguidos en la calle. Una vez que ha salido gente, sí hemos incluido a otro tipo de usuarios, como los chicos tutelados. Tenemos tres marroquíes que cuando cumplen la mayoría de edad dejan de ser tutelados por la Junta y quedan en tierra de nadie. No han llegado a estar en un proceso de calle, pero estaban abocados al 'sinhogarismo'.

 Santiago Molina posa en la casa de acogida de la ONG Poblado Mundo.
Santiago Molina posa en la casa de acogida de la ONG Poblado Mundo.

—El problema no es solo la ausencia de techo o de casa, sino todo lo que se deriva de una situación tan vulnerable. ¿Cuáles son las prioridades desde el punto de vista emocional?

—No sabría enumerarlas de manera protocolaria. Sí es verdad que vas detectando en ellos carencias de habilidades sociales y, por supuesto, de cariño. En el piso cuando llegamos, por ejemplo, nos saludamos dándonos un abrazo. La gente de la calle es invisible. La parte emocional es muy importante: darle el cariño, el afecto que han perdido y la confianza. Me consta que una persona en situación de calle crónica tiene un nivel de autoestima muy bajo, porque interioriza por qué está en la calle. Muchos de ellos tienen ya alguna adicción extra que les mina la autoestima. El trabajo de recuperar la dignidad es vital. Volver a tener una vida normal. Y son personas que necesitas que las escuches. No por estar en la calle carecen de bagaje intelectual o de estudios. Lo tienen.

—La meta es que los auxiliados recuperen la autonomía. ¿Es posible o hay casos donde la dependencia es total?

—El piso quiere ser el puente entre el 'sinhogarismo' y la independencia. Uno no puede salir de la calle y ser independiente, tal y como está el sistema y teniendo en cuenta el nivel de carencias. Creemos que debe haber, como mínimo, un paso intermedio, para recuperar la dignidad. Cuando se logra, la mente puede trabajar para empezar a buscarte la vida. Una vez tienes las necesidades básicas cubiertas, puedes centrarte y ver qué quieres hacer con tu vida.

—Ver a gente dormir en bancos o cajeros es normal desde hace demasiados años, décadas incluso. ¿Esa normalización, que sea ya parte del paisaje social, complica aún más programas como el que realizáis?

—Sí, y no solo eso. Me viene a colación el peligro que supone la normalización de algo así. Tú ves a una persona en la calle y la primera vez te impacta, le das un euro. Pero cuando pasa el tiempo y la sigues viendo igual, ya deja de tener el significado tan tremendo que tiene. Esa habituación por parte de la sociedad es muy peligrosa, porque normaliza cosas que son brutales. Ocurre lo mismo con otros asuntos, como el de los refugiados. La imagen del niño sirio muerto en el mar, por ejemplo. Antes y después hubo un montón, pero se está normalizando. La gente lee 'Cien personas pierden la vida en el Mediterráneo', y se normaliza. Es muy peligroso. Creo que parte de nuestra responsabilidad social es evitarlo; hay que denunciarlo. Una sociedad avanzada no puede ver a una persona en la calle y quedarse tranquila. Tenemos que actuar. No puede pasar ni en Jaén ni en ningún sitio.

—Está muy normalizado, por ejemplo, que el Parque de la Concordia sea un sitio donde duermen personas al raso, en bancos. ¿Cómo cree que actúan los políticos en una zona que, al margen de los asentamientos, es de las que mejor ilustra el problema del 'sinhogarismo'?

—Creo que la sociedad y la clase política lo tienen bastante fácil, porque los asentamientos que hay en Jaén no son visibles.  Como hacen 'poco ruído', porque no están en sitios céntricos, salvo el caso que me comentas del parque, pues no les molestan para actuar. Si hiciesen 'ruído', no es que lo hubiesen solucionado; me temo que los habrían desplazado a otro sitio.

—Conozco la ONG y sé que desde hace tiempo se esfuerza por proteger a inmigrantes sin recursos. ¿Se ha llevado sorpresas gratas con el futuro de alguno de los auxiliados?

—Muchas. Y me las seguiré llevando. Es la parte bonita de lo que hacemos: conocer a personas increíbles y sus historias de superación. El verlos lograr sus objetivos en forma de integración, como hemos tenido casos, es magnífico. Te hablo de sorpresas como enterarte de que tal chico ya trabaja en algún sitio, o viene aquí a dar las gracias por la ayuda. El nuestro es un trabajo en el que tienes que darte tiempo para que se sucedan los objetivos. Trabajamos con un colectivo que tiene tantísimas trabas que la consecución de metas no puede ser inmediata. Pero se logran cosas poco a poco. Me sorprendo gratamente a menudo, la verdad.

 El voluntario de la ONG explica las claves del problema del 'sinhogarismo'.
El voluntario de la ONG explica las claves del problema del 'sinhogarismo'.

—¿Cuál es la historia que más le ha impactado?

—Había un chico que se dedicaba a la venta ambulante. Llevaba mucho tiempo aquí, en Jaén. Encontró trabajo en Granada como pinche en un restaurante. Se fue a vivir allí. Y el primer día que tuvo libre vino a la casa de acogida. Estaba muy contento. Sacó 50 euros y dijo: "Esto para Poblado Mundo". No dábamos crédito. Lo instamos a que se hiciera socio para colaborar de forma continua. Que se cierre el circulo así es muy gratificante.

—¿Alguna le frustró?

—Tenemos un chico que nos pide ayuda para volver a su país. Lleva años en España y no ha conseguido lo que quería. Quiere regresar a Senegal. Me ha contado David que es el segundo caso que se encuentra así: alguien busca una vida nueva, no lo logra y debe volver atrás. Me impactó darme cuenta de que en diez años de Poblado Mundo fuese la segunda persona que 'fracasaba'.

—¿Ustedes lo vivieron también como un fracaso?

—No lo sentí como algo personal, porque hicimos todo lo que estaba en nuestras manos para que se quedara y encontrase lo que estaba buscando. Pero sí me da qué pensar: ¿qué punto de sufrimiento alcanzó este chico para tomar la decisión de volver a casa sin nada? Le estamos ayudando, y lo haremos hasta el último momento, para que vuelva.

—Quienes logran incorporarse al mercado, ¿en qué sectores lo hacen?

—No hay uno concreto en el que tengan más facilidades, pero lo cierto es que trabajan. Al final, nos paramos a pensar en lo que hacemos, qué queremos y qué no queremos para ellos, y nos damos cuenta de que, tal y como está montado el sistema, una persona necesita generar dinero, trabajar. Y hay que trabajar 'donde sea'. Se lo decimos a ellos, siempre que sea un empleo en el que no te exploten, por supuesto. Lo importante es que entren en el mercado. Tenemos chicos que trabajan en empresas de limpieza, en la construcción, en la hostelería, en la agricultura... No hay un gremio que sea más accesible.

—¿Existen aún asentamientos infrahumanos en Jaén?

—Sí, hay continuos durante todo el año. Ahora te hablo de entre 15 y 25 personas. Es decir, cinco o seis asentamientos constituidos.

—Hay asociaciones vecinales que cuentan con vocalías de apoyo social. ¿Cree que están capacitados para ayudar?

—Por la experiencia que tengo con algunas asociaciones, no solo creo que están capacitadas, sino que hacen una labor súper interesante y muy importante. Forman parte del tejido asociativo que tenemos en Jaén, que, si bien no funciona de la mejor manera, tiene algo: todos somos imprescindibles. Los colectivos vecinales cubren al dedillo sus zonas y nos sirven de ayuda, claro. Suman.

—¿Confía en las administraciones en materia de cooperación?

—No. No tengo una amplia experiencia en este ámbito, pero me da la impresión de que la clase política no es consciente de la realidad social en la que vivimos. Los políticos tienen una serie de características, un ritmo y un tipo de vida, que les impiden estar al tanto. Hablas con ellos y te topas contra un muro. Tú le puedes hacer ver las cosas como tú las percibes, sabiendo que estás tú a pie de calle, y siempre te encuentras la misma respuesta: "No y no". Se amparan en las normalizaciones de las que hablábamos. Te dicen "así está la ley" o "no existe dinero para tal proyecto que me propones". Considero que las ONG no deberían existir. Son organizaciones no gubernamentales que limpian las vergüenzas de las administraciones. El trabajo que hacemos deberían hacerlo ellos, los políticos. Nos movemos quienes tenemos esta forma de ver la vida, porque temblamos al ver las injusticias. Pero Poblado Mundo no debería existir. Ni Cruz Roja. La administración, que representa a todo el pueblo, debería asumir nuestra labor.

 Molina entró a la ONG porque se sentía vacío en un momento de su vida.
Molina entró a la ONG porque se sentía vacío en un momento de su vida.

—¿Qué le llevó a Poblado Mundo?

—Una carencia personal. Estaba en un momento de mi vida en el que sentía un vacío. Tenía un trabajo que me obligaba a hacer cosas con las que no estaba de acuerdo. El hermano mayor de un amigo mío del colegio es parte de la asociación, lo seguía por Facebook y vi que compartía actividades de Poblado Mundo. Recuerdo que hicieron una actividad en el Centro Social Autogestionado de Jaén: una presentación. Algo me dijo que tenía que ir a escucharlas para conocer qué hacía, porque yo tenía mucho interés. Conocí así a David y me reencontré con Cardi, el chico que fue mi enlace. Me contaron qué hacían y me engancharon como voluntario. Así encontré un espacio en el que sentirme bien conmigo mismo. Encontré mi sitio en el mundo. Venía de un sitio donde no me sentía útil. Y aquí me metí de cabeza desde primera hora: me hice socio y me aceptaron como uno más. Al principio les hablaba de 'vosotros', y ellos me decían ‘somos todos, somos nosotros’. Eres Poblado Mundo, me decían. Y hasta hoy. Me he dado cuenta de que es lo que quería hacer. Y no me arrepiento de haberme involucrado.

—¿Cómo le gustaría que evolucionara Poblado Mundo?

—Por un lado, quiero que los proyectos que llevamos a cabo se mantengan en el tiempo. Quiero el crecimiento de la ONG, pero no sé si eso haría que perdiésemos la esencia de lo que somos: un grupo de amigos. No somos una empresa ni una gran organización.

—¿Por qué hay algunas que sí pierden su esencia al crecer?

—Sinceramente, no sé el porqué, pero sé que pasa. Cruz Roja, Cáritas, por citar algunas, pierden la esencia que tuvieron al formarse. Es mi opinión. Quizá se deba a que trascienden a más niveles, pero no lo sé. Es una sensación que percibo: las grandes ONG se hacen empresas. En Poblado Mundo somos más familiares sin dejar de ser profesionales y buenos en lo que hacemos.

—¿Qué otros proyectos tienen en marcha?

—Vamos a empezar a hacer uno sobre sensibilización en los colegios con chicos de Primaria y Secundaria. También tenemos otros que se llaman 'Ritmos del mundo' y 'Bailes del mundo'. Hacemos reparto de alimentos a unas 90 personas. Hasta hace poco meses tuvimos a un compañero, Juanma, inmerso en cooperación internacional. Estuvo en Nicaragua. Y, a medida que salgan nuevas ideas y convocatorias de ayudas y subvenciones, seguro que sacaremos proyectos hacia adelante en función de las necesidades que detectemos.

—¿Cuál es la más urgente en Jaén?

—Como te decía antes, creo que lo más interesante sería facilitar aún más la inserción sociolaboral de la gente sin casa, con la complicidad de empresarios y agencias de colocación. La idea de Poblado Mundo podría ir por ahí. Es lo que más puertas abre a las personas con las que trabajamos.

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