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No vas a cumplir tus propósitos de Año Nuevo (y lo sabes)

Por Miguel G. Barea - Enero 08, 2019
No vas a cumplir tus propósitos de Año Nuevo (y lo sabes)

Además de las felicitaciones, el champán y las uvas, lo que mejor define la llegada de otro año son todos esos propósitos que no cumpliremos nunca. Están por todas partes. En muros de Facebook y charlas de barras de bar. En post-its de colorines, anuncios radiofónicos y conversaciones durante las cenas de empresa. Y, aunque la mayoría no sobrevive a la cuesta de enero, doce meses después resucitarán como si tal cosa.

El motivo real por el que más pronto que tarde dejaremos el gimnasio, la academia de inglés o la autoescuela es más simple de lo que parece: por mucha caña que nos demos, los días seguirán durando 24 horas. El psicólogo K. Anders Ericsson y el sociólogo Malcolm Gladwell afirmaron que para convertirse en un maestro de cualquier disciplina hacían falta al menos 10.000 horas de práctica. Hoy son muchos los expertos que rebaten su teoría: les parece muy poco tiempo.

En cualquier caso, si de verdad queremos adquirir nuevas destrezas lo que deberíamos plantearnos es cómo ganar el tiempo que nos falta para dominarlas. Dicho de otro modo: pensemos a qué queremos renunciar. Si a una hora de sueño, al café de después de comer o a la juerga de los sábados por la noche. No nos resultará fácil, por supuesto. Asumir las propias limitaciones es mil veces más desagradable que repetir la muletilla de “yo puedo con todo eso y más”. Pero se trata de la única manera de desenterrar el autoengaño y la frustración antes de que florezcan.

"Me gusta que no hagamos las cosas que no hacemos. Me gustan nuestros planes al despertar, cuando el día se sube a la cama como un gato de luz, y que no realizamos porque nos levantamos tarde por haberlos imaginado tanto. Me gusta la cosquilla que insinúan en nuestros músculos los ejercicios que enumeramos sin practicar, los gimnasios a los que nunca vamos, los hábitos saludables que invocamos como si, deseándolos, su resplandor nos alcanzase. Me gustan las guías de viaje que hojeas con esa atención que tanto te admiro, y cuyos monumentos, calles y museos no llegamos a pisar, fascinados frente a un café con leche", escribió Andrés Neuman en Hacerse el muerto. Puede que tenga razón. Que el "quién" y el "cómo" nos hagan más felices que el "dónde" y el "cuándo", incluso que el propio “qué”.

Esto último me recuerda otra paradoja: quizás, los objetivos más asequibles para este nuevo año carezcan de naturaleza material. Se me ocurren, entre otros, saludar, despedirse, pedir las cosas “por favor” y “perdón” cuando sea necesario. O aprender a aceptar las críticas ajenas y a verter las propias. No obstante, por alguna razón que se me escapa, también son los que menos entusiasman a la parroquia. Será que apenas generan retuits.

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