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Cuando el regadío y la vaquería desaparecieron de las tierras de Otíñar

Por Fran Cano - Septiembre 12, 2018
Cuando el regadío y la vaquería desaparecieron de las tierras de Otíñar
Imagen del valle de Otíñar.

El investigador José Carlos Gutiérrez analiza el viraje de las tierras del valle de Otíñar de regadío a secano

De la abundancia a la nada. Ese es parte del título del último trabajo del investigador José Carlos Gutiérrez sobre el riego en el valle de Otíñar, publicado por el Instituto de Estudios Giennenses. El estudio aborda cómo las antiguas tierras de la zona pasaron a ser de secano entre 1950 y 1970.

Gutiérrez explica a este diario que los motivos de la progresiva pérdida de agua en el río Quiebrajano fueron desde la limitación del riego en la segunda mitad del siglo XX hasta la construcción del pantano de Quiebrajano. "Así se provocó la desecación del Río y el éxodo rural para los colonos de la Hacienda Santa Cristina, principal propiedad del Valle, que cultivaban en los márgenes del río", señala el investigador.

EL FIN DE LA VAQUERÍA

El resultado fue que las tierras de regadío dejaron de ser posibles. Los huertos tradicionales de los colonos en Santa Cristina desaparecieron. "Más tarde, la propiedad aprovechó esos espacios para sembrar alfalfa con la que alimentar a la ganadería, que eran fundamentalmente vacas", explica.

Pero la transformación del valle no se quedó ahí: la vaquería desapareció en la década de los años 80. "Hubo problemas con la alfalfa, y la política de abaratar costes, dado que el pienso en Villargodo era caro, propició que la ganadería no fuese rentable", argumenta Gutiérrez. "Si ahora vas a Otíñar, descubres los restos de aquella vaquería", apunta.

HOMENAJE A VICENTE OYA

La investigación de Gutiérrez contó con el respaldo del fallecido Vicente Oya, quien le animó a documentar una parte de la historia de Otíñar que era menos conocida. "Pude hacer el trabajo gracias a otro estudio sobre el intento que hubo de vincular la memoria histórica con Otíñar", recuerda.

El también cronista de Jamilena ha quedado satisfecho con el resultado, justo ahora en que el paraje está en el punto de mirada de otras expresiones documentales. "Yo aporté un trabajo, con el testimonio de arrendatarios, en el que quedaba claro que Santa Cristina era una hacienda privada", concluye.

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