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PADRES FUGACES Y SALVADORES

Por Fran Cano - Abril 13, 2019

Paco y Tere van por su cuarta experiencia como familia acogedora; la Asociación para la Promoción del Acogimiento Familiar en Jaén subraya que hacen falta más padres para dar un hogar a más menores en Jaén

Hay 47 menores distribuidos en 35 familias acogedoras de la provincia, según datos de la Asociación para la Promoción del Acogimiento Familiar Andalucía (Apraf-A). El colectivo asegura que hacen falta más padres dispuesto a dar un hogar —a dar afecto— a pequeños que eviten el paso por un centro de menores, una vez que la Administración determina que no pueden estar ni un día más con su familia biológica por razones muy graves, como la violencia. El rol de los padres que apuestan por acoger es imprescindible para el futuro de los niños. No se quedan con ellos toda la vida como los adoptivos, porque el acompañamiento tiene principio y fin, pero son (igualmente) trascendentales.

Juan Antonio García preside la Apraf-A en Jaén desde la fundación del colectivo en 2005. Cuenta a este diario por qué no es lo mismo acoger que adoptar. "La adopción es más personal. Los padres quieren un hijo propio para inculcarle sus valores", indica. "En cambio acoger es una labor solidaria de dedicación a la infancia. No te apropias del menor, sino que le das cobertura durante un tiempo", diferencia.

Hay diferentes tipos de acogida. El de urgencia suele ser la fase previa al temporal, que supone la entrada del menor al hogar acogedor durante un tiempo, a veces semanas, en otras ocasiones meses. En el intervalo la Administración decide cuál será el futuro del acogido para que esté a salvo, bien sea un familiar o unos padres que lo adopten. Es decir, la adopción no está en las antípodas del acogimiento; a menuda esta última es el umbral de la primera. Cuando acoger implica un proceso de largo plazo la fórmula utilizada se denomina 'permanente'. "En estos casos los acogidos tienen contacto con los padres biológicos. Son menores que saben quiénes son, pero hay un riesgo muy grande en la vuelta a casa, con los padres biológicos", explica García.

Drogas, trastornos mentales, vidas deterioradas. Así son los contextos de los que salen los menores que terminan siendo acogidos. El reto de la Apraf es evitar que pasen por un centro de menores sobre todo quienes están en la franja de cero a seis años.

 Juan Antonio García, presidente de la Apraf-A en Jaén.
Juan Antonio García, presidente de la Apraf-A en Jaén.

DOS PADRES, SEIS HIJOS

Paco (Andújar, 1967) y Tere (Jaén, 1968) tienen dos hijos biológicos de 19 y 22 años. El matrimonio ya va por su cuarto acogimiento familiar. "Siempre decimos que tenemos seis hijos", expresan. Lo cuentan hoy, lunes 8 de abril, en la sede de la Apraf en Jaén, junto a la Estación de Renfe. Todo empezó, dice él, de oídas, porque alguien les mencionó el verbo 'acoger' y ellos escucharon con atención. Un día llegaron a la sede de Apraf-A, conocieron a Juan Antonio García y tomaron la decisión: serían padres acogedores.

A partir de ahí comenzó un proceso que incluye entrevistas de un psicólogo y de un trabajo social para conocer la situación de los padres. También hay visitas a la casa. Además, reciben formación específica. Paco está jubilado y Tere perdió su empleo de teleoperadora. Tenían tiempo, disposición y experiencia.

El primer niño tenía 22 meses, temblaba y apenas decía una palabra. Paco ideó un plan ganarse la confianza del menor, aquejado por pesadillas: le empezó a contar cuentos. Y todo marchó mejor, aunque al menor aún le costaba hablar.

Un día, en el pediatra, dijo una palabra, justo cuando el profesional sanitario estaba en pleno chequeo:

—¡Mami! ¡Mami! —gritó.

Fue la primera vez que el chico llamó así a Tere, y luego se fue hacia ella, agarrándola con fuerza. Quien se quedó aquel día sin palabras fue ella.

El pequeño vive ahora con los padres adoptivos.
Todavía tiene pesadillas.

La segundo menor que pasó por la casa, ubicada en Jaén capital, fue una niña de 17 meses. Tenía carencia de la figura paterna, de manera que se apoyó mucho en Paco desde el principio. Lo necesitaba todo el tiempo. Lo llamaba 'Caco'.

—¡Caco, caco! —gritaba ella.

Y Paco se levantaba e iba a la habitación de la niña. Cuando entraba en el dormitorio, la menor estaba en paz, dormida. Solo decía el nombre de su padre.

Ahora la niña de la casa es Rosa. Tiene cuatro años, y tanto Paco como Tere advierten en ella una madurez emocional extraordinaria. Al principio se encerraba en la habitación, eludía al matrimonio y se la escuchaba llorar.

No quería saber nada de Paco. A ella, a diferencia de la niña antes comentada, la figura masculina sí le creaba problemas. El precedente, el padre biológico, estaba aún en la cabeza de la cría. "Me llevó cuatro meses que mostrara confianza. Tuve que trabajar la empatía. Ella se dio cuenta de que conmigo podía hablar y sentirse bien", señala Paco. Cuando el afecto ya parecía del lado del padre acogedor, la niña le hizo una pregunta a Tere:

—¿El 'tito' es bueno?

El 'tito' es Paco. La persona de la que ahora no se separa. Rosa le ha contado a su nueva familia qué pasó antes con ella. La niña quiere saber la verdad. Por eso pregunta. Y por eso Paco y Tere contestan.

 Espacio de la sede de Apraf-A Jaén con juguetes para los menores.
Espacio de la sede de Apraf-A Jaén con juguetes para los menores.

"RECIBIMOS MÁS DE LO QUE DAMOS"

Los padres acogedores cuentan con el apoyo económico de la Junta, que este año ha garantizado las ayudas a todas las familias. La cuantía ronda los 800 euros en los primeros seis meses, los de urgencia, y luego mengua a 450 mensuales.

Tere dice que algunos llegan con poco encima. Enseguida hay que comprar ropa y alimentos. "Es un reto muy bonito", valora la pareja, que también cuidó a otra niña de seis años durante un mes y medio.

Cuando los amigos les preguntan por el desenlace, por ese momento en que toca decir adiós, ellos contestan que la experiencia merece la pena. Aceptan que son parte fundamental de la educación de los niños. ¿Importa cuánto tiempo hagan la cobertura? "Lo que importa de verdad son ellos. Llegan a una casa desconocida y al final encuentran un hogar", dice Paco. "Y a nosotros nos dan mucho: recibimos más de lo que damos", valora.

Quedan el recuerdo y la satisfacción.
Si un día Rosa y los otros tres niños son mayores y quieren saber quiénes fueron sus padres temporales, Paco y Tere aceptarán encantados el reencuentro. Pero ellos, los padres acogedores, no los buscarán. Aceptan que no deben hacerlo.

FALTAN MÁS FAMILIAS ACOGEDORAS

La Apraf-A casi ha cuadriplicado el número de familias acogedoras en Jaén desde 2008, cuando solo había ocho. El colectivo remarca la importancia de las campañas de difusión, respaldadas por las instituciones, para aumentar aún más el número. García admite que es "muy complicado" cuantificar cuántos menores en Jaén necesitan una familia. "Precisan una alternativa familiar", manifiesta.

Paco y Tere irán a por el quinto menor, el 'séptimo' hijo. Lo harán aun cuando el momento del adiós vuelva a ser difícil. Ya han vivido tres veces ese silencio que se queda en la casa cuando los niños se van. Parte del secreto para afrontar el duelo es, según confiesan, repetirse una idea: "No son tuyos. No son tuyos".

Quizá no es cuestión de pertenencia. Menos aún de sangre. Son padres que reivindican su aportación temporal. Padres fugaces. Pero trascendentes.

Vídeo y fotografías interiores: Fran Cano.

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