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Pasión, libertad y sueños sobre dos ruedas

Por Javier Esturillo - Marzo 23, 2019
Pasión, libertad y sueños sobre dos ruedas
Gregorio Navas, propietario de la Cafetería Samoa, con una réplica de su Honda VTX 1800. Foto: Javier Esturillo

Gregorio Navas regenta la Cafetería Samoa en Jaén, donde de lunes a sábado sueña con montarse en su moto y devorar kilómetros en busca de la libertad

Quiere recrearse con lo que ve, sentir la libertad del movimiento sin límites ni fronteras, solo los que su propia máquina decida poner. Para Gregorio Navas Quesada (Pegalajar, 1969) no hay mayor placer que montar en moto y echarse a la carretera a devorar kilómetros sin piedad. El contacto que siente con la naturaleza, el asfalto, el viento y los paisajes más variados es la mejor forma de sentirse vivo.

De lunes a sábado regenta la Cafetería Samoa, en la calle Virgen de la Capilla, número 10 -Pasaje Magama-, donde una foto de su Honda VTX 1800 preside la barra. Entre café y café, la mira. Representa la cuenta atrás. El reloj de arena que marca los minutos que quedan para el fin de semana, para subirse a su moto, agarrar fuertemente los puños y dar rienda suelta su pasión. 

 El dueño del Samoa, con la Honda VTX 1800, a sus espaldas.
El dueño del Samoa, con la Honda VTX 1800, a sus espaldas.

MI PRIMERA MOTO

La vida de Gregorio está ligada desde su niñez al mundo del motor. "Todo lo que olía a gasolina me gustaba", dice. Su padre era camionero y se lo llevaba de viaje para que conociera mundo. En una de esas salidas, no regresó. Se quedó en un restaurante de Ciudad Real a trabajar. Tenía 14 años. La experiencia le duró un par de meses. Regresó a Jaén y, a los 16, entró de camarero en la Taberna Gatos. Le había echado un ojo a la Derbi Variant, la motocicleta de moda a principios de los 80. Ahorró lo suficiente y se la compró. "110.000 pesetas me costó", precisa. La alegría, sin embargo, le duró poco. El mismo día que la estrenó, regresando a casa, rozó un bordillo en la Carretera de Circunvalación y se fue al suelo. La broma en el taller le costó 60.000 pesetas.

Con el paso de los años, sus aspiraciones fueron más altas y cambió de moto hasta en ocho ocasiones, desde scooter a máquinas de mayor cilindrada y hasta llegar a la mencionada Honda VTX 1800, la niña que le ha robado el corazón y con la que acumula kilómetros y kilómetros en su particular válvula de escape para soltar el lastre de la rutina y los problemas diarios.

 Réplicas de motos que podemos ver en la Cafetería Samoa.
Réplicas de motos que podemos ver en la Cafetería Samoa.

¿DÓNDE ESTÁN LOS ANILLOS?

En sus rutas dominicales, le acompaña su esposa, Isabel, el otro amor de su vida. El día que se casaron -el pasado julio-, Gregorio le hizo pasar un mal trago. En el altar, con todo preparado para el 'sí quiero', le dijo que se le habían olvidado los anillos. Ella, como es lógico, se quedó de piedra y con cara de pocos amigos. El novio abandonó la ceremonia, con los invitados mirando para todos lados sin saber realmente lo que ocurría. A los pocos minutos, apareció subido a lomos de su moto con las alianzas en la mano. Gregorio esboza una sonrisa pícara mientras rememora aquel episodio en el Complejo Juleca. Era la mejor manera de expresarle su compromiso.

 Gregorio, a los mandos de su Honda VTX 1800, irrumpe con los anillos el día de su casamiento.
Gregorio, a los mandos de su Honda VTX 1800, irrumpe con los anillos el día de su casamiento.

VIAJAR EN LIBERTAD

"Nos encanta la sensación de libertad, de poder parar donde queramos y, sobre todo, de descubrir rincones que nunca antes habíamos visitado", apunta Gregorio, quien se ha recorrido toda la provincia y España entera sobre dos ruedas. Calcula que cada año se hace unos 20.000 kilómetros que lo llevan desde Castillo de Locubín a Cantabria, Asturias o Euskadi. Paisajes maravillosos donde disfruta de la gastronomía, las costumbres y las cultura de los pueblos que visita.

Su cuerpo, por fortuna, está intacto. A lo largo de todo este tiempo subido a la moto, solo ha sufrido un par de percances y sin demasiada importancia. El dueño del Samoa es consciente de que la carretera se merece un respeto y la velocidad va por edad. A sus 50 años corre lo justo. Prefiere pasear, con la adrenalina en sus niveles equilibrados, y, por encima de todo, regresar a casa sano y salvo.

 Gregorio, durante unos de sus viajes a San Sebastián.
Gregorio, durante unos de sus viajes a San Sebastián.

CONCENTRACIONES Y GRANDES PREMIOS

No pertenece a un club concreto de moteros, aunque suele hacer rutas en grupo y es miembro de una hermandad biker, con la que hace dos excursiones al año. Este mes ha recorrido los pueblos blancos de Cádiz. También ha estado en infinidad de concentraciones, tanto provinciales como nacionales. La de los Pingüinos de Valladolid es, obviamente, la que más le gusta. En la capital de Pisuerga, cada año, acuden más de 30.000 locos de las motos procedentes todos los rincones del planeta. "Es una pasada", asegura. "El ambiente de camaradería es fantástico. Entre los moteros siempre reina el compañerismo y la amistad, ya que nos unen grandes momentos y, además, conoces a un montón de gente nueva", destaca.

También, como buen motero, ha ido a todos los grandes premios que ha podido. En ellos se respira un ambiente especial. El rugir de los motores, la potencia de las máquinas, la posibilidad de entablar amistad con gente con la misma afición que tú, hace de las carreras una experiencia diferente. Es la gran fiesta de las motos.

 Gregorio, con un grupo de amigos moteros.
Gregorio, con un grupo de amigos moteros.

SEGURIDAD VIAL

Gregorio cambia el gesto cuando toca hablar del estado de las carreteras en la provincia. Dice que existen enormes diferencias entre las del Sur y las del Norte. Que uno cuando pasa Despeñaperros se pregunta a dónde van a parar las multas y los impuestos que recauda el Estado. "No veo que lo inviertan ni en mejorar las vías ni en seguridad. La red de carreteras en la provincia y en Andalucía es un desastre. Sin embargo, en Asturias, Cantabria, País Vasco o Cataluña es todo lo contrario, una maravilla".

Pero no solo condiciona el mal estado de las carreteras, principal causa de accidentes, sino el poco respeto que percibe por parte del resto de conductores, sobre todo de coches. Y, entretanto, los guardarraíles que tanto clama por que desaparezcan sigue amenazando su integridad y la del resto de motoristas en miles de kilómetros. Sin olvidar la existencia de "trampas" en la calzada como son las marcas resbaladizas de pintura o los baches, los mayores peligros a los que se enfrenta cada vez que sale en moto.

 La 'máquina' de Gregorio Navas.
La 'máquina' de Gregorio Navas.

UN SUEÑO: LA RUTA 66

Gregorio, como otros muchos amantes del motor a dos ruedas, ha encontrado en este vehículo la perfecta terapia contra la ansiedad y la insatisfacción que genera la vida cotidiana. Es un tranquilizante, una puerta y, cuando se abre gas, rompe con un mundo de rutinas establecidas, de clientes vigilantes, de vacaciones encorsetadas, de sábados preprogramados y existencias obsolescentes. Libertad pura y dura, como la que desea vivir en la Ruta 66, uno de sus mayores sueños.

 Gregorio señala su sueño.
Gregorio señala su sueño.

En su cafetería, donde a cada paso hay referencias a su afición -réplicas de motos, cascos, fotos de viajes...-, una placa le recuerda cada día que le espera 'la calle principal de América'. Es una de las experiencias más míticas que cualquier motero aspira a realizar. "Es algo que tengo pendiente. Tiene un coste, pero de sueños vive uno. Llegará el momento en que pueda hacerla", reflexiona mientras señala el letrero de la Ruta 66 en su coqueta cafetería de la calle Virgen de la Capilla.

Foto: Javier Esturillo y cedidas

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COMENTARIOS

Juan Cobo

Juan Cobo Abril 01, 2019

Carpe Diem hermano! ...y Salu2! en “V” para TOD@S! ...

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