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Ramón Moya, un artista "en el limbo" a sus 75 otoños

Por Javier Cano - Octubre 20, 2021
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Ramón Moya, un artista "en el limbo" a sus 75 otoños
El pintor posa ante algunas de sus obras.

El pintor quesadeño se confiesa sumido en una etapa de investigación y experimentación creativa que lo devuelve a sus sueños artísticos de la infancia 

"En otra dimensión, en el limbo. Eso es lo que estoy viviendo hoy casi a mis setenta y seis años, una experiencia en el mundo del limbo, que yo achaco a unos recuerdos de cuando yo era un niño y soñaba que volaba".

No lo dice Dante, que situó el purgatorio a las puertas mismas del infierno, sino un felicísimo Ramón Moya López (Quesada, 1946), un pintor de la tierra que a estas alturas de la película anda enfrascado en investigar, en experimentar nuevas técnicas que ensanchen su ya asentado estilo. En continua evolución. 

"La esperimentación y la investigación son grandes inquietudes para mí. Hace tres o cuatro años encontré unos sobres cerrados, unos papeles fotográficos de mi hija, que estudió Fotografía en la Escuela de Arte. No le servían y los cogí para experimentar", explica Moya.

¿El resultado? Una colección de alrededor de unos cincuenta cuadros de pequeño formato que inauguran una nueva etapa de abstracción en la producción pictórica del quesadeño, afincado en Granada desde hace casi tres décadas.

"Se sale un poco de mi estilo habitual de paisajes, de mi pintura figurativa tirando a impresionista, donde trabajo mucho con la luz y el color", aclara. 

Creador autodidacta, hijo de un tiempo en el que estudiar Bellas Artes o acudir a un centro especializado no estaba al alcance de todas las familias, la jubillación le permite desarrollar su talento innato con dedicación, casi con devoción hacia la pintura, que respeta hasta el punto de no dejar de cultivarse diariamente en torno a las distintas técnicas, los grandes maestros, al ayer y el hoy del arte universal, él que tuvo la suerte de recibir consejos del mismísimo Rafael Zabaleta, su insigne paisano. 

De ahí, de esa entrega a su vocación, surge lo que conforma su última propuesta: "En este caso experimento con el papel fotográfico y con unas tintas con alcohol; este, al evaporarse, permite que la tinta se quede pegada a este soporte, lo que me abre una nueva ventana, una nueva técnica". Un proceso que evidencia al Ramón Moya más abstracto:

"Lanzo el contenido de unos botes de espray sobre el papel, desde cierta distancia, lo cual me da una nueva virtud de la pintura, que me hace con pocos colores una gama bastante extensa. Juego con el chorreado del espray, con el cuentagotas, con los dedos y con el papel y la luz. Todo esto es una experimentación propia a mis setenta y cinco años, una pintura íntima que sale del corazón, que no es premeditada, que no puede prepararse previamente", afirma. 

Y gusta, vaya que si gusta. Ahí está su exposición en el Centro Artístico, Literario y Científico de Granada, bajo el título De niño soñaba que volaba, donde la "buena acogida" es la tónica dominante: "Está gustando mucho, espero seguir trabajando en este estilo y hacer cosas nuevas e inesperadas".

Ah, y mostrar el fruto de su experimentación y su investigación en tierras jiennenses, compartirlo con sus comprovincianos. Llenarles la mirada del universo Ramón Moya. 

 Una de las piezas expuestas en la última muestra de Ramón Moya en Granada.
Una de las piezas expuestas en la última muestra de Ramón Moya en Granada.

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