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La primavera pone la mesa al ganado

Por Fran Cano - Mayo 01, 2019
La primavera pone la mesa al ganado
Ganado en Cueva La Yedra (Valdepeñas).

El paraje de Cueva La Yedra, en Valdepeñas, abastece de hierba al ganado y vive un episodio que rompe la calma: una enorme roca con al menos un siglo se ha desprendido más de 300 metros

Cerca de las seis de tarde del último día de abril, Cueva La Yedra (Valdepeñas) es un manto verde. La primavera irrumpe para suerte del ganado: los grupos de ovejas aprovechan la hierba, tanto da que sea en eras lisas como en zonas con pendiente. La estación le pone la mesa al ganado.

No hay más ruido que el de los animales. El balido de los ovejas. Los pájaros. Un par de perros ladran a lo lejos, porque han detectado presencia humana. Uno de los canes se las tuvo con un lugareño: le mordió en la mano. En Cueva La Yedra viven ahora menos de media decena de personas; hace dos o tres décadas estaban afincadas tres y hasta cuatro familias, todas vinculadas al ganado.

Aún hay explotaciones. Solo las naves construidas interrumpen el paisaje natural, la sucesión de encinas, quejigos, flores, matorrales y tierra. Hay un carril por el que transitan los coches. Es un carril terrizo que rodea la zona.

UNA ROCA DESPRENDIDA 'PARTE' EL CARRIL

La calma es un hecho, pero esta semana, hace días, viró en un ruido de película: una roca se desprendió de uno de los montes y tomó tierra desde más de 300 metros de altura. Por suerte no pilló nada debajo. La roca hubiese matado a una persona, aplastado a una oveja o hecho trizas un coche.

Los restos de la roca están en el propio carril, con una huella marrón gigantesca, como si lo hubiese partido a la mitad, y más allá de una alambrada hay un pedazo también muy grande. Arriba, desde donde ha caído, quedan rastros en algunas plantas dañadas y en la pendiente. Qué caída.

 El monte desde el que se desprendió la roca.
El monte desde el que se desprendió la roca.

Un vecino que fue pastor en el lugar durante una década recuerda una escena con su madre cuando era niño.

—Mamá, mejor nos vamos de aquí. Vaya que se nos caiga encima una roca y nos mate —le decía cuando pasaban por el lugar.

La roca, desprendida por las últimas lluvias, llevaría al menos un siglo, según calcula el que fuera pastor. O quizá más tiempo.

Hay un borrego que llora en medio de la tarde, porque se ha quedado dormido y la piara de ovejas le ha tomado distancia. Se escucha también una abubilla. El telón de fondo del paraje Peñón Chico, en la verde Cueva La Yedra, son los molinos eólicos del Paredón y de la Sierra del Trigo. Quien quiera puede perderse aquí.

Fotografías: Fran Cano.

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