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Primeras huellas etnosureñas

Por Fran Cano - Julio 21, 2017
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Primeras huellas etnosureñas
Miembros de Poblado Mundo en un puesto para dar difusión a la ONG. Fotos: Fran Cano.

La Biblioteca se convierte en uno de los puntos más concurridos en el inicio de Etnosur

Once de la mañana. Recién acabada la presentación, el Paseo de Los Álamos ya presenta síntomas de Etnosur. Son las primeras escenas de un festival que cambia la fisonomía de Alcalá: jóvenes en torno a un banco, vecinos y foráneos acompañados de sus mascotas y círculos de fraternidad en el suelo, con cerveza para convivir con el calor.

 Círculo de jóvenes en el Paseo de los Álamos.
Círculo de jóvenes en el Paseo de los Álamos.

Aún hay espacio, y esa es la noticia, porque a medida que avancen los tres días de fiesta los grupos de gente multiplicarán su presencia. El Convento de Capuchinos —la Biblioteca Municipal— se convierte en una de las paradas operativas para la organización, los periodistas que se acreditan y, también, para los visitantes; hoy no es día de biblioteca, pero la gente, despistada, entra y sale de un espacio con aseos, media docena de mesas y un puñado de sillas. Es el punto de información. Ahora es normal ver a rostros muy vinculados a Etnosur, como a Pedro Melguizo (director) y al escultor Xavier De Torres. Esta noche desvelará su obra, el premio.

Una joven linarense explica a Lacontradejaén que la edición 21 supone su tercer Etnosur, el segundo consecutivo. A los pies de la biblioteca, ya ha tatuado a un grupo de jóvenes, todos vestidos con camisetas y pantalones cortos. Llama la atención la naturaleza de las imágenes —símbolos— y el lugar de destino en los cuerpos; la demanda mayoritaria en las primeras horas es el cuello.

 'Marcado' para la ocasión.
'Marcado' para la ocasión.

Alrededor del Convento de Capuchinos ya están colocados puestos de tiendas con ropas de marqueting y talleres para los visitantes. El festival es interactivo. La invitación a formar parte de él es constante.

La música sale de los altavoces de uno de los puestos, de modo que algunos de los presentes bailan. Como dos chicos de Guinea que parecen haber ensayado la coreografía: todo en su sitio, máxima sincronización. Están en el stand de la oenegé Poblado Mundo. Los voluntarios aprovechan la cita para promover su labor y, si es posible, captar socios.

—Vender es lo de menos —dicen.

Tienen chapas, pequeñas piedras y antifaces para súper héroes a precios simbólicos.

Poblado Mundo acoge ahora a nueve extranjeros en situaciones delicadas. David Moreno, coordinador, explica que traerlos aquí es una forma de que conozcan la vida cultural de la Sierra Sur en un momento único.

—Y verán esta noche a Youssou N´Dour.

 Diversión en plena calle.
Diversión en plena calle.

Cuando los responsables del festival hablan de lugar de encuentro se refieren también a momentos como éste: música, concordia y sol de verano a los pies de una biblioteca. A los pies de la cultura.

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