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"Tenemos que aprender a relacionarnos de otra manera"

"Tenemos que aprender a relacionarnos de otra manera"

Por Fran Cano - Mayo 03, 2020

Al otro lado del teléfono, Juan Molina Hernández (Úbeda, 1973) suena con la cadencia de los hombres que hablan bien porque piensan mejor. Psicólogo desde hace una década, la pandemia lo llevó a un escenario profesional nuevo: habilitó un servicio telemático de consultas gracias a la iniciativa del Ayuntamiento de Peal de Becerro.

"Van a aparecer nuevos problemas", avisa en conversación con este periódico. Lo dice sin ánimo de drama; sólo es cuestión de estar preparados y de interpretar con criterio las lecciones que deja el coronavirus. Toca, subraya, aprender a relacionarse de otra manera y valorar lo que siempre estuvo ahí: la familia. Toca, dice, estar más unidos que nunca.

—¿Vio venir el alivio en el confinamiento para los menores?

—La verdad es que sí, porque los niños pequeños son uno de los colectivos que peor lleva el confinamiento. Hay que tener en cuenta que primero hay que atender a los sanitarios. Y si poco a poco se dobla la curva, entiendo que la medida está bien. Son muchos profesionales, como los de la psicología infantil, que recomiendan que los niños puedan sacar la vitalidad que tienen, ya sea al caminar o al hacer deporte.

–Hemos visto imágenes en España con más tumulto del que recomiendan las autoridades sanitarias. ¿Será más fácil y entrañará menos riesgo ejecutarla en los pueblos de Jaén?

—Si tenemos en cuenta la densidad de población en la provincia —seremos una de las que tiene menos habitantes por kilómetro cuadrado—, es más fácil que se respete la distancia que nos dicen de un par de metros entre personas. Jaén, por sus particulares, facilita que se haga el distanciamiento. En Málaga, por ejemplo, que es más grande, hay más riesgo: las principales calles se van a llenar de gente.

—La tentación de los padres ahora será hablar con otros en los paseos. ¿Cuál es la actitud correcta tanto de adultos como menores para ser responsables con la medida?

—Hay gente más introvertida que le cuesta relacionarse con el resto, mientras que para otros es una necesidad interna. Dependiendo de esas variables en la personalidad, hay gente que le cuesta mucho mantener la distancia, porque le gusta saber del otro e interesarse y que el otro sepa de lo suyo. Le será más difícil. Hay otra gente que por su personalidad le será más fácil. Y luego está la responsabilidad de cada uno: hay personas que aunque son muy sociales y extrovertidas harán las cosas bien, con límites. En el otro extremo están los no responsables, que pueden ser introvertidos. Será un jugo entre lo extrovertido y lo responsable que seas. Está claro que hay que concienciarse de la importancia de tomar medidas.

—Desde el 2 de mayo, los adultos tenemos permiso para salir a la calle. Salud y deporte van de la mano. ¿Se ha retrasado esta medida demasiado?

—El deporte está directamente relacionado con la salud física y mental. Es muy bueno hacer deporte. Ahora bien, hace dos semanas morían 800 ó 900 personas al día. No era sensato abrir las vías al deporte, porque poníamos en peligro a más gente y evitábamos reducir la curva de contagiados. Creo que la medida fue adecuada, porque en el confinamiento hay que ser serio. Y cada cual en casa ha podido hacer deporte para mantenerse. Ahora ya que el número de muertes mengua y los contagios no llegan ni al 1% es momento de poner en marcha la medida del deporte. Desde luego aporta salud mental y física. Creo que está bien adoptada y en el momento adecuado.

—Es una válvula de escape para la recta final del confinamiento.

—Sí, yo creo que es una medida muy satisfactoria, porque ya podemos salir al menos a dar una vuelta a la manzana y tomar el aire con buen tiempo. Que te dé el sol sirve para resetear los cerebros. Y a quien le gusta el deporte, ya puede correr y hacer bicicleta. Todo esto es positivo siempre y cuando seamos responsables. Es un gran alivio para la población. Y ya no se trata de un confinamiento tan duro y con tanto estrés: las cosas se verán de otra manera, porque ya tenemos certidumbre. A medida que recuperemos libertad la gente esperará el siguiente paso y se genera un feedback positivo. La gente va a mejorar.

"ES LA PRIMERA VEZ QUE HE ATENDIDO POR TELÉFONO A TANTA GENTE"

—La pandemia le llevó a estrenar un servicio telemático con la ayuda del Ayuntamiento de Peal de Becerro: consultas pocos días después del Estado de alarma. ¿A cuántas familias atendió?

—He atendido a 27 personas de Peal de Becerro. La modalidad más usada ha sido el teléfono. Ha sido la primera vez, porque siempre he hecho atención individual y personal. Hasta la presente no había tenido unas circunstancias parecidas a las de la crisis sanitaria. Sí es cierto que he utilizado el servicio a domicilio y la consulta online alguna vez, pero las condiciones de ahora, cuando he atendido a todo el que ha llamado, han sido nuevas para mí.

—¿Cuáles eran las principales inquietudes o consultas?

—La ansiedad de estar encerrado ha sido el patrón común. La incertidumbre que propicia el no saber, y el tener miedo al contagio. Hablé con un hombre octogenario que tenía miedo de que el virus se lo llevase por delante dada la cantidad de muertes diarios. Los temas centrales han sido la ansiedad, la incertidumbre y el miedo a la situación. Por otro lado, he atendido tanto a hombres como a mujeres; no he notado una diferencia entre sexos en el uso del servicio. Siempre han sido adultos, a partir de los 18 años. Curiosamente nadie me ha emplazado a hablar con un menor. Han sido mayores que han visto la iniciativa por las redes y lo han utilizado.

—¿Cómo ha ido evolucionando el servicio?

—El servicio recién salido fue un boom. Tenía incluso que poner llamadas en espera. A medida que ha ido pasando el tiempo, la cantidad de usuarios ha remitido. Cuando se escuchaba lo de los niños sólo tuve dos llamadas en una semana. Hoy lunes [el día que se hace la entrevista] sólo he tenido una. La gente ya tiene más certeza de lo que está pasando. Hay más esperanza, porque caen el número de contagios y el de muertes, y los datos en Andalucía son mejores que en otras comunidades. La gente ya intuye que va a retomar muchas actividades que hacía antes. Y está el asunto de la adaptación, ya no hay tanta incomodidad con la situación del Estado de alarma.

—¿Hay riesgo de que crezca la ansiedad justo cuando ya se vislumbra el desconfinamiento?

—Si hablamos de la ansiedad a un nuevo contagio, puede seguir apareciendo. Y también puede aparecer una nueva ansiedad vinculada a las circunstancias económicas y sociales tras el encierro durante más de un mes. "No sabemos cómo vamos a funcionar", pensarán los profesionales del sector de los bares y los hoteles, por ejemplo. Aparecerá una nueva sintomatología asociada a la ansiedad aunque quizá por otras casuísticas. Además, no creo que la gente se olvide así como así del virus. Depende siempre de la personalidad, claro. Van a aparecer nuevos problemas a raíz del desconfinamiento, porque echar a rodar todo lo que se ha parado llevará tiempo.

—¿Le preocupa el estrés que genere en empresarios y trabajadores la crisis económica?

—En Jaén provincia de por sí siempre tenemos depresión económica: no terminamos de despegar; el pequeño comercio está cerrando, y el aceite no se paga a buen precio. A las dificultades conocidas se le suma la pandemia. Pienso en el turismo de Úbeda, Baeza y Cazorla. Tendremos otro pequeño desacelerón en la economía y eso perjudicará a empresarios y a trabajadores. Veremos a ver en qué medida.

"DESCUBRÍ QUE ME ENCANTABA AYUDAR AL RESTO"

—¿Por qué estudió Psicología?

—Buena pregunta. Siempre digo que la psicología me ha elegido a mí. Me he dado cuenta de que cada cual debe potenciar los talentos que tiene, y cuando lo sabes es muy bueno trabajar en ello, porque te sale natural dar un servicio natural a los demás. No cuesta esfuerzo ni trabajo. Descubrí que me encantaba echar una mano a todo el que pudiera. Y me di cuenta de que tenía la faceta de la comunicación muy acentuada. La psicología es una profesión en la que si te esfuerzas por la gente que tiene delante puedes hacer cosas para ayudar.

—¿Conoce mejor al ser humano después de diez años de profesión?

—Sí. Cuando empiezas a estudiar psicología aprendes movimientos, teorías y terapias, y todo te acerca al mundo interno del ser humano. Yo ya llevo diez años haciendo terapia con personas. Ése es el bagaje para aprender. Los psicólogos somos viajeros que entramos por los ojos de la gente al mundo interno. Es cuando empiezas a conocer la realidad de las personas: por qué hacemos lo que hacemos; por qué sentimos lo que sentimos; cómo organizamos nuestra vida; cuáles son los errores más comunes, y cómo evolucionan los miedos. La experiencia es lo que te hace conocer a la persona y al ser humano en la extensión del mundo interno, no solamente externamente.

—¿Todos las personas tenemos los mismos miedos?

—Cuando estudias al ser humano te das cuenta de que de cero a dos años aparecen miedos comunes: los ruidos fuertes, la separación de la madre y lo que se mueve rápido, por citar algunos. Son miedos muy instintivos. Cuando el niño llega a los cinco, seis o siete años le dan miedo las historias, los animales, las tormentas y los monstruos. En la adolescencia el miedo es el rechazo, que otros no me quieran o suspender asignaturas... Son miedos sociales. En la edad adulta aparecen ciertos miedos condicionados por las circunstancias personales. Sí que hay miedo mayoritario a la muerte, al fracaso y a la soledad, por ejemplo. Son comunes a muchos seres humanos. Que haya gente que diga que los puede mitigar por tener mucho dinero... Creo que no. El dinero no puede quitar ciertos miedos muy instintivos. Claro que ayuda, pero sí que hay ciertos miedos que son muy comunes al ser humano.

—Se habla mucho de aprender lecciones por el impacto del Covid-19. ¿Cuáles cree que debemos interiorizar?

—Hay que aprender que este tipo de situaciones pueden ocurrir y que hay que tomar medidas. La primera lección que sacaría es que quizá debamos aprender a relacionarnos como seres humanos de otra forma. A no ser tan dados, por ejemplo, a beber de cualquier sitio. Es algo que puede volver a ocurrir en invierno. Debemos aprender lecciones para prevenir las pandemias. Hay cierto hábitos que tenemos que cambiar. Es una lección importante. Otra, por qué no, y ya que tenemos una provincia en despoblación, es que en los municipios pequeños se puede vivir muy bien y además capean mejor este tipo de enfermedades. Igual no todos ahora se van a ciudades grandes a vivir; podemos aprender a vivir en ciudades y pueblos pequeños. Y la lección de la familia. Cuando viene una situación así echas de menos cosas que antes sí tenías, como poder hablar con tus padres. Se aprende a valorar el contacto que teníamos. Tenemos que darnos cuenta de que otro encierro supondrá compartir de nuevo espacio con padres, hijos y parejas, y debemos estar listos para resolver conflictos en el estado de confinamiento. La unidad es fundamental para salir de una situación así, igual que la toma de decisiones. Hay que aprender a tomar decisiones coherentes, responsables y orientadas a objetivo.

—¿Qué mensaje manda a la ciudadanía jiennense?

—Es el momento de potenciar el valor de la comunidad. Somos de verdad un paraíso interior, 97 municipios en los que se puede vivir bien porque son muy interesantes, con buenos servicios sanitarios, como se ha demostrado, y debemos potenciar la economía. Tenemos que confiar en nuestros negocios y hacer las compras en las tiendas de toda la vida para reactivar nuestros territorios. No puedes pedir que haya una buena carretera en la provincia y luego todo se compre en Amazon.

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