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PUEBLO Y OBRA

PUEBLO Y OBRA

Por Fran Cano - Mayo 18, 2019

Un autor que escribe sobre Frailes porque no puede quitarse de la cabeza a su pueblo; un fotógrafo que todavía se pierde en la sierra de Valdepeñas; un pintor que expuso en Nueva York y aún encuentra motivos artísticos en Andújar; los tres guardan un común denominador: crean donde viven, inspirados por el pueblo

Arturo-Pérez Reverte sostiene que los escritores siempre andan dándole vueltas a la misma obra, de manera que cuando acumulan novelas mantienen, sin querer o queriendo, el mismo tema. Lo cierto es que no hay tantos temas, y que un creador acaba definiéndose por la idea (o las ideas) que elige en las ficciones.

¿Qué pasa cuando el motivo de la producción artística es el pueblo del creador? Hemos entrevistado a un autor independiente enamorado de Frailes, a un fotógrafo que conoce los secretos de la sierra de Valdepeñas y a un pintor que expuso en Nueva York, pero que jamás rechazó la influencia de La Campiña en su obra. Siguen mirando al municipio donde nacieron para dialogar con el arte.

SANTIAGO CAMPOS: CUATRO LIBROS SOBRE FRAILES

 El escritor Santiago Campos posa con sus libros sobre Frailes. Foto: Fran Cano.
El escritor Santiago Campos posa con sus libros sobre Frailes. Foto: Fran Cano.

Santiago Campos (Frailes, 1950) ha publicado este año La Frailestud, el cuarto libro que dedica al pueblo donde nació y al que vuelve prácticamente cada semana. La obra retoma y profundiza en un concepto que anticipó ya en Ser de Frailes (2015): la idea de que el amor al pueblo dignifica a los vecinos, al tiempo que los une.

El piso de Santiago Campos está en un bonito residencial de Alcalá. Las paredes del apartamento son hojas de periódico enmarcadas y de fotografías del autor con sus amigos, tanto los de toda la vida como los que hizo ya en la época adulta: Michael Jacobs, Ian Gibson y Jon Lee Anderson en territorio jiennense figuran entre las imágenes de la casa. La literatura aviva el inmueble. Como Frailes, escenario de buena parte de lo que ha vivido Campos, corresponsal de Alcalá la Real durante décadas.

"Cuando viví fuera de Frailes no podía quitármelo de la cabeza", admite en conversación con este periódico. Una de las primeras redacciones que apelaban al pueblo la firmó en un momento clave de su vida: estaba en el punto de seguir con los estudios y pasar a la formación universitaria o quedarse atrás, sin opciones. Campos le entregó un escrito a Antonio Lucas Mohedano, profesor y último alcalde de Frailes antes de la era democrática. "Recuerdo que le entregué 18 ó 20 folios en los que yo narraba mi vida y la de mi familia. Me dijo que el texto estaba muy bien, y me animó a seguir escribiendo", rememora.

Campos le hizo caso al que fue, a fin de cuentas, su mentor. Así logró estudiar en la Universidad de Granada. Salió adelante con el apoyo de Mohedano, y desde entonces encaró una producción que continúa. El primer libro sobre el pueblo fue publicado en el año 2000. Se titula Frailes, una visión de su historia, y cuenta la vida social y política del municipio desde que se proclamó villa independiente en 1835. Aquella publicación contó con el respaldo del Ayuntamiento.

Década y media después llegó Ser de Frailes. "Es quizá al que más aprecio le tengo", señala. El libro es una narración libérrima de recuerdos que rinde homenaje a los vecinos anónimos. Una oda a la sencillez. "También esa gente le ha dado identidad al pueblo", apunta. La Frailestud es deudora de esta idea. Hay, además, ánimo de darle valor a "la revolución callada" de los emigrantes en la década de los años 60. En el año 2017, Campos publicó El Frailes de Michael Jacobs y Manolo el Sereno. El título es elocuente: reivindica la impronta del escritor británico y de su fiel escudero. Parte de la recaudación que deje La Frailestud irá destinada a financiar las Jornadas Literarias Internacionales de este año, idea iniciada por Jacobs.

"Yo estoy contento. Quería escribir, y lo he conseguido", dice. Es muy probable que pronto haya un nuevo libro sobre las memorias del sur de Jaén. Hablará, cómo no, de Frailes. "No puedo escribir de otra cosa", concluye.

BLAS PRIETO: LA MIRADA DE LA SIERRA VALDEPEÑERA

 Blas Prieto, en Peñones. Foto: Blas Prieto.
Blas Prieto, en Peñones. Foto: Blas Prieto.

Blas Prieto (Valdepeñas, 1971) es profesor de Dibujo en el IES La Pandera de Los Villares, donde reside. Es raro el fin de semana que no regresa a Valdepeñas. Y cuando lo hace siempre echa la cámara, la pasión que lo motiva más allá de las aulas.

Prieto se ha convertido con el paso de los años en una de las grandes miradas de autor de la sierra valdepeñera. Sus imágenes son conocidas tanto en los grupos de Facebook de la Sierra Sur y en publicaciones de la prensa provincial —y sobre naturaleza— como también han desembocado en exposiciones. Una de ellas, como ocurre con la obra de Santiago Campos, apeló a la magia que dejó en el sur de Jaén el escritor Michael Jacobs: Escrituras de la luz estuvo disponible en el Centro de Lenguas Modernas de Granada y en la Casa de la Cultura de Frailes, tras la muerte del hispanista. "En Jaén hice también otra exposición sobre paisajes de la Sierra Sur y de la de Segura", cuenta a este periódico.

La naturaleza siempre ha estado ahí para el fotógrafo. Prieto adquirió la primera cámara digital en 2004, según recuerda. "La sierra de Valdepeñas ha sido una inquietud. Tiene rincones y parajes que merecen la pena. Claro que ha influido tenerla muy a mano", razona acerca del protagonismo del patrimonio paisajístico en sus álbumes de fotos. Algunos de esos lugares que todavía le seducen son La Pandera, la Montesina y Ventisqueros. "La primera tiene unas vistas muy bonitas, y al estar cerca la carretera es un sitio ideal para contemplar el amanecer y el atardecer. Me da mucho juego", reconoce.

¿Qué busca Prieto una y otra vez en medio de esos parajes que apelan a su propia vida? Dice que le gusta ir solo, tranquilo y con ganas de mirar con detenimiento. "Busco entretenerme y disfrutar de la naturaleza. Desconectar", responde. "La mayoría de las fotos que hago son para mí. Comparto alguna que otra en redes, pero el resto las guardo", sentencia.

RAFAEL TORIBIO: ARTE INTERNACIONAL DESDE ANDÚJAR

  Rafael Toribio entra en la Galería de Arte Espacio 36 de Zamora. Foto: Juan Vicente Córcoles.
 Rafael Toribio entra en la Galería de Arte Espacio 36 de Zamora. Foto: Juan Vicente Córcoles.

Rafael Toribio (Andújar, 1957) pegó el primer grito al mundo en La Campiña. Sus padres no lo sabían, no podían saberlo, pero acababa de nacer un artista con proyección internacional. Los trabajos pictóricos del andujareño han llegado a Nueva York y Emiratos Árabes, por citar dos lugares opuestos en el globo terráqueo. También ha dejado huella en Londres y en Toronto. Y en el Hotel Infanta Leonor hay un cuadro firmado por Toribio.

"Suena a tópico, pero es verdad: desde la adolescencia ya tenía un rincón en el piso para pintar", cuenta por teléfono a Lacontradejaén. "A partir de los 16 años tuve una buhardilla cedida por una asociación a la que iba cuando salía del instituto. Quería estudiar Bellas Artes", continúa.

Toribio aprobó el examen de ingreso en la Escuela Superior de Bellas Artes. Pero la vida impuso —el dinero, la economía impuso— otro orden: se casó y dejó los estudios. Afincado en Andújar, continuó pintando. Es normal que Toribio salga en bicicleta por las pedanías de La Campiña. Sale a tomar apuntes al natural. Tiene en la mente la temporada de la vega, y aunque admite que no es muy ducho en la cultura del campo, le atrae para producir. "Andújar siempre me ha motivado", manifiesta. "La ciudad es un valle horizontal roto por un punto vertical, la Torre de San Miguel. El río es precioso. Andújar lo está recuperando", añade.

El artista hizo en acuarela el primer Plan General de Ordenación Urbana; los carteles de la Romería de Virgen de la Cabeza los de los años 1989 y 2001, y otro dedicado al patrono local San Eufrasio en 2010. Le queda, dice, plantear una exposición sobre Andújar. "No he hecho aún una muestra monográfica, pero hay proyectos en mente. Es un tema muy diverso", reflexiona. Piensa en la fachada de la Iglesia de San Miguel y en los arcos del Ayuntamiento, que cambian según las horas de luz.

La exposición temática llegará, porque en cierta forma ya se ha dado. Él se define como un creador que buscar emocionar sin caer en la crónica fotográfica. Ahora, dice, tiene menos pretensiones artísticas que en la juventud. Busca la espontaneidad. La busca con ganas. "Soy de Andújar y lo he reivindicado. Cuando me preguntan con admiración sobre mis trabajos en Nueva York, siempre respondo igual: 'Sólo es un pueblo más grande'", remarca. Pueblo y obra, actores que se retroalimentan. Motivos artísticos que —también— narran la historia de la provincia.

Fotografía principal: Valdepeñas, de Blas Prieto.

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