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"Quidadoor sería el álter ego del okupa"

Por Esperanza Calzado - Julio 25, 2021
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Belén López de la Casa (Jaén, 1973) es coach humanista. Se dedica a ello después de superar una de las crisis más importantes de su vida. Fue en 2015 cuando el estrés le jugó una mala pasada, o todo lo contrario, depende de cómo se mire. Esa ruptura con su vida anterior le ha llevado a crear su propio proyecto. Quidadoor es una plataforma en la que se unen necesidades. Pone en contacto a personas en situación vulnerable con propiedades cedidas temporalmente a las que atender y habitar de manera responsable.

Y es que España tiene 3.400.000 propiedades deshabitadas. No todas están en condiciones de ser habitadas, pero otras tantas sí, a punto de darle una mano de chapa y pintura. Descubrimos cómo funciona una plataforma pionera en nuestro país y que nace en Jaén.

—¿Cómo surge la idea de Quidadoor?

—Fue a través de mi proceso propio de coaching y analizando todas las etapas por las que había pasado como llegue hasta aquí. Entre ellas, por una de las etapas más importantes de mi vida cuando tuve una fuerte crisis en 2015 y enfermé por estrés. Tuve que dejar mi trabajo en una industria química en Sevilla, donde llevaba todo un departamento. En ese momento me quedé sin ingresos pero quería enfocarme en proyectos propios. Recibí la cesión de una persona en Sevilla, que me dejó su vivienda por un tiempo. No quería comercializarla y no me la quería alquilar, así que me hice cargo de pintarla y de arreglar los problemas de fontanería que tenía a cambio de mi estancia. Y ahí empezó a macerarse Quidadoor.

—Podríamos decir que usted fue su primera clienta.

—Efectivamente. Las cosas hay que vivirlas en primera persona antes de ponerlas en práctica. Al menos así lo veo yo.

—¿Qué es Quidadoor?

—Es una plataforma que pone en contacto a dos perfiles. Por un lado, el de propietarios que no quieren comercializar su vivienda y, por otro, el de personas que están pasando por momentos delicados. Son usuarios que tienen solvencia económica para hacer frente a los suministros, que son proactivos pero que, en este momento, no tienen ingresos. Con Quidadoor le damos la oportunidad de centrarse en ellos, en sus proyectos, facilitando los medios como puede ser una vivienda, un local para desarrollar una actividad o un terreno. Por ejemplo: tras esta crisis, hay personas que han querido iniciar una actividad agrícola pero no tienen posibilidad de alquilar un terreno, pues aquí podemos poner en contacto a ambas partes. 

—La gente podría pensar que se parece a la okupación, pero autorizada. Entiendo que este nuevo modelo cuenta con todo un proceso tipificado y unos contratos meticulosos.

—El 'quidadoor', que es como se llamaría al inquilino en este caso, es el álter ego del okupa. Es justo la versión opuesta. Es una persona hacendosa, cuidadosa... El 'quidadoor' tiene que reunir ciertos requisitos, debe rellenar un formulario, se le pide un certificado de antecedentes penales, la vida laboral, cartas de recomendación, etcétera. Todos estos documentos hacen que se valide al candidato, pero es el propietario, que también debe pasar un proceso para comprobar que no se quiere aprovechar, es el que elige al 'quidadoor'. 

—¿Cómo está siendo la acogida?

—El producto lo hemos puesto en el mercado hace muy poco tiempo y, de momento, no tenemos todavía propiedades pero sí una lista importante de 'quidadoores'. Realizando este proyecto, que me ha llevado unos seis meses, sí he podido comprobar que hay mucha gente que vive en cesión o que cede, pero de manera verbal. He estado viviendo en la zona de Las Villas, en una casa rural que se alquila de forma vacacional. Allí vive un chico que es carpintero y se encarga de cuidar todo el campo y la casa, ya que ahora no tiene solvencia. Además, pacta con los dueños la forma de quedarse cuando se alquila a otras personas. Hay mucha flexibilidad a la hora de negociar. Otro ejemplo es el de una chica que ha heredado una casa en Málaga pero tiene el tejado hundido. Ahora busca un 'quidadoor' que repare el techo y que se quede un tiempo determinado a cambio de ese trabajo. Ahora están mediando los abogados de Quidadoor para lograrlo.

—Es como volver al trueque de servicios de toda la vida.

—Digamos que es un "guardés" sin sueldo. Personas que viven en esas casas que contribuyen con otros servicios que no es un alquiler propiamente dicho. Y el propietario se queda totalmente tranquilo. Puede ser vivienda o un local, como está haciendo el grupo de abogados que trabaja con nosotros. Han cedido parte de su despacho a un negocio con el que tienen sinergias. No le cobran nada pero cuando empiece a tener ingresos, el despacho se percibirá un porcentaje de los beneficios. Este tipo de actividad inspira mucha creatividad. Pero sí hay cesiones de toda la vida pero no hemos encontrado una plataforma que las aúna.

—Es cierto que preparando esta entrevista no he visto ninguna otra plataforma en España de este tipo. ¿Son pioneros?

—Hay otras plataformas internacionales en las que me he inspirado. Son para personas que tienen su propiedad donde viven y las ceden durante el tiempo que están fuera para que alguien le cuide la residencia o a las mascotas. Pero el protocolo de admisión no es el mismo. El nuestro se basa en el apego que hay a la propiedad en España. Va a costar que se entienda en nuestro país pero todo es empezar y exponiendo los casos prácticos para que la gente conozca este tipo de economía sostenible, social e inspirada en la generosidad para con aquellos que lo están pasando mal. 

—Si emprender dicen que es una locura, hacerlo en pandemia más todavía y, encima, en tu caso con una idea original que costará un poco que la gente lo asimile... ¿Qué le dicen familiares y amigos?

—Me apoyan desde siempre. De hecho, he vivido parte de este proyecto en una cesión familiar. He tenido la suerte en tener su apoyo siempre durante toda mi vida, no sólo ahora.

—¿Va a seguir ejerciendo su profesión de coach humanista?

—Por supuesto. Estoy ejerciendo como coach y formadora, además de dar respaldo para aquellas personas que no encuentran su sentido de vida.

—Tras esta pandemia, ¿su perfil profesional es más necesario que nunca?

—Creo que ha sido siempre necesario. Somos profesionales que te aportamos herramientas enfocadas en tu personalidad, no válidas para todos. Aportarlas para encontrar hacia dónde tiene que ir desde sus valores propios es una maravilla. De hecho, Quidadoor sale de ese proceso y es un fiel reflejo de mi vida, de mis valores y de lo que me gusta. Es fundamental. 

—¿De quién fue la idea del nombre Quidadoor?

—Mía. Es la fusión de los términos quid pro quo y door, de la puerta que se abre. Además, con el nombre nos reímos mucho porque mi familia lo asoció a Chiquito de la Calzada. Si eso sirve para que se nos quede en la cabeza, pues fenomenal (ríe).

—¿Dónde se ve dentro de diez años?

—Uf. Me veo satisfecha por las personas que se hayan puesto en contacto entre ellas mediante la plataforma. Porque esto no se trata de hacer dinero, sino de ver que hay personas que han conectado y que un propietario ha cedido una vivienda y ha visto desarrollar la vida del 'quidadoor'. Poder compartir eso sería maravilloso.

—¿Cómo se pueden poner en contacto con usted los interesados?

—A través de la página web de Quidadoor donde viene toda la información. Ha sido una labor muy intensa para transmitir toda la esencia de este proyecto.

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