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La final maldita de Kike

Por Antonio Pulido Casas - Febrero 25, 2019
La final maldita de Kike
Balo intenta consolar a un Kike entre lágrimas.

Había una cláusula en el contrato por la que podía marcharse en el caso de que el ElPozo llamara a su puerta. Su novia, además, era de Murcia, por lo que los pasos estaban encaminados hacia ese destino si su progresión continuaba siendo meteórica. Con 21 años, Kike Boned inicia su trayectoria en la entidad charcutera y, a su vez, empieza un camino tortuoso en el que el mayor talento del fútbol sala español en aquel momento será admirado en todas partes del mundo menos en una, su tierra: Valencia.

En octubre de 2001 quedaba palpable, a través de unas declaraciones del cierre, que estaba dolido después de confirmarse el movimiento del mercado: "El VIjusa ha tergiversado muchas cosas e intentado dañar mi imagen y no creo que me lo merezca. Creo que ellos tenían que justificar de alguna manera mi marcha y han elegido ir contra mí, una reacción que no esperaba". A tan corta edad, Kike ya era campeón mundial y se había mostrado como el referente sin discusión del equipo valenciano, donde figuraban nombres como Fede Vidal o Tete a las órdenes de Miki. Así lo recuerda el malagueño: "Quedamos huérfanos porque era el líder con tal madera que no te lo podías imaginar".

Lo que eran cruces de palabras no se escenificó hasta que llegó la final de la Copa de España en febrero de 2002, con ambos equipos como protagonistas y Kike disputando su primera final con el equipo grana, también como protagonista, pero de los tristes. Tanto el Valencia Vijusa como el ElPozo Murcia llevaban una trayectoria de buenas sintonías en Liga, a lo que había que añadir que los anfitriones eliminaron a su bestia negra, el Playas de Castellón, y los de Duda —en el primer año como técnico del hispanobrasileño— dejaron en la cuneta a la incipiente máquina verde de Schumacher y Marquinhos y al Caja Segovia rey de Copas. En definitiva, dos equipos muy competitivos. Salieron 11 autobuses desde Murcia. El resto de los aficionados, hasta llenar los 9.000 asientos, iban con los locales.

 Rafa conduce el balón durante la final.
Rafa conduce el balón durante la final.

Y gran parte de ellos recordaron de forma deleznable lo que les sugería el traspaso de Kike hacia la Región del sur, esto es, con improperios varios.

Su entrenador en la temporada anterior, Miki, atribuye ese ambiente hostil a una causa concreta: "Recuerdo que a esa final vino mucha gente que no seguía el fútbol sala. Había aficionados al fútbol, que eran los que estaban en contra de Kike, aunque más bien era que en fútbol está muy mal visto ese tipo de fichajes, como si fuera un traidor, cuando Kike lo único que hizo fue decidir lo que le interesaba mejor: irse al ElPozo, donde luego demostró lo que valía durante muchísimas temporadas. Era una lección que nada teníamos que ver en el Vijusa. En el vestuario, de hecho, fue una decisión totalmente entendible".

Tete también se acuerda de hechos que pocas veces se han visto en el fútbol sala: "Dos horas antes de la final, cuando llegábamos en autobús al pabellón, la gente ya estaba guardando cola. Nosotros estábamos flipando: '¿Esto es por nosotros?'. Nos creíamos capaces de todo".

Es cierto, el pabellón se presentó repleto y la animación era continua. Los insultos también, además de los pitos ensordecedores. Uno del bando charcutero, Javi Limones, lo reconstruye de esta manera: "Queríamos reivindicarnos tras la llegada de Duda, que supuso un cambio. El que haya conocido a Kike o haya compartido vestuario con él sabe que se abstrae de esos momentos y se centra en el partido. Quizá a otro jugador le puede afectar más, pero él lo lleva con naturalidad". El encuentro no dio tregua y, tras una serie de remontadas, en las que tanto el Vijusa como el ElPozo se alternaban en el marcador, Isco aprovechó una pared con Tete —MVP— para dejar el 6-5 definitivo a falta de 16 segundos para la conclusión. La Copa se quedó en casa.

 El Valencia se proclama campeón de España.
El Valencia se proclama campeón de España.

Fede Vidal —que se lesionó en el calentamiento de los cuartos de final y no disputó ni un sólo minuto en el torneo— levantó el trofeo junto con Tete, como el primero le había prometido al segundo la noche anterior como longevos compañeros de habitación en una instantánea que quedará para siempre. A lo lejos, el 13 grana miraba con la medalla de plata al cuello y lágrimas en los ojos.

Este periodista contactó con Kike hace 15 meses para obtener una respuesta que nunca llegó. También hubo otro intento semanas atrás con idéntico resultado. Sin embargo, el libro Kike Boned, el ídolo inteligente refleja el sentir del jugador varios años después de uno de los peores momentos de su carrera. "Más que impotencia lloro por incomprensión. Eran lágrimas que se asociaban a una derrota, pero a mí lo que menos me dolía en ese partido era haber perdido. Me hizo más mella esa falta de empatía y es que hay que saber que además de ser profesional uno es persona, algo que la afición de Valencia, que había sido la mía, no hizo y está claro que me dolió. Fue algo que veía como un espejismo. La Fonteta estaba llena como nunca, lo que me hubiera gustado ver muchas más veces, y no terminaba de entender la injusticia que allí se estaba produciendo. Sentí desilusión con los aficonados de mi tierra y también cierta decepción por el trato que recibí por parte de algunas personas del Valencia Vijusa. Fue desagradable y sentí desazón, aunque son sentimientos que, por suerte, el tiempo va borrando y prefiero quedarme con lo bueno", decía en las páginas escritas por Manuel Tallón.

El tiempo desvanece y emborrona los recuerdos, pero el pasado sirve como referencia para no repetir los mismos errores. Nadie tiene la supremacía del castigo, y mucho menos quien vocifera con la única autoridad de un asiento desde la grada.

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