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EL POETA DEL HIMNO DE JAÉN

EL POETA DEL HIMNO DE JAÉN

Por Javier Cano - Octubre 15, 2022
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Se cumplen 90 años desde que Emilio Cebrián y Federico de Mendizábal dieron a luz y estrenaron aquel Canto a Jaén que entusiasmó a los jiennenses hasta el punto de llevarlos a hombros, como toreros triunfantes, hasta las puertas mismas del Ayuntamiento que, tres años después, lo convirtió en himno oficial de la ciudad

Hoy, en plena Feria de San Lucas, Lacontradejaén repasa la figura de un poeta madrileño enamorado del Santo Reino, de cuya inspiración nacieron versos como "Bella ciudad de luz / que tienes, cuando miras, / el corazón y el sol / rendido a tus pastiras", y lo hace de la mano de algunos de sus descendientes directos, que generosamente aportan testimonios y fotografías inéditos para un reportaje que destila jaenerismo a espuertas. O eso pretende. 

 

Dos Federicos poetas le han cantado a Jaén a lo largo de la historia del siglo XX: uno de ellos granadino y universal, Federico García Lorca, que se inspiró en el misterio olivarero de la provincia para firmar su soberbio Romance de la pena negra en Jaén, como lo tituló en un principio.

El otro, Federico de Mendizábal García-Lavin, un madrileño de 1901 que arribó al Santo Reino en plena juventud para desarrollar una de los menos poéticos oficios que una persona puede ejercer (secretario general de Hacienda) y, eso sí, nada más pisar la ciudad del Lagarto puso al servicio de esta tierra su talento creativo, su delicadísima inspiración.  

Un caudal lírico en cuyas aguas siempre navegó Jaén, hasta el punto de convertirla en musa de un canto que, inmediatamente, cautivó a los jiennenses y, apenas tres años después de su gestación (un mes de octubre como este, pero de 1932), se convirtió en la letra de su himno oficial, con música de su entrañable amigo el maestro Emilio Cebrián:

"Mi padre siempre conservó el recuerdo de Jaén, tanto o más que yo; además colaboró continuamente en cuantas cosas le pedían, tanto desde el periódico como desde el Instituto de Estudios Giennenses; en mi casa siempre se respiró Jaén. A mi padre, hasta el día que murió, le servían el periódico", recuerda Rafael de Mendizábal Allende (Jaén, 1927), hijo del poeta. 

Del compositor toledano evoca Rafael: "Mi padre me llevaba alguna mañana de domingo a oír los ensayos de la Banda Municipal, que acababa de reorganizarse con la llegada de Cebrián a Jaén; era músico militar, tenía el título de director de banda y le tocó Jaén".

Dos mitos de aquí a cual más queridos, de los que hoy se erige en principal protagonista el escritor porque, a estas alturas, del recordado músico se ha dicho ya todo o casi todo: un toledano de 1900 que llega a Jaén para dirigir su banda de música y halla en estas tierras una suerte de raíz desconocida, de enlace telúrico, que lo llevaría a crear sus mejores composiciones, de sabor cien por cien Jaén: Churumbelerías, Ragon Falez, Nuestro Padre Jesús... ¡o el Himno de Jaén", y una vida malograda, en circunstancias que todavía generan inquietud, cuando solamente contaba cuarenta y tres años de existencia:

"Cebrián era muy vehemente, muy entusiasta, por eso mi padre y él coincidieron siempre, y después de ese conocimiento primero ya nunca dejaron la amistad, hasta su muerte [la de Cebrián]. Eso fue un gran golpe para mi padre, no podía creérselo". 

En este punto de la conversación con el hijo de Mendizábal, que desde el mirador privilegiado de sus noventa y cinco años de edad puede presumir de una vitalidad y una memoria más que envidiables, su voz se acomoda al relato para aportar una opinión, cuando menos, inquietante:

"Cebrián, por los avatares de la vida y la guerra (que acababa de terminar), no había podido tener ningún momento agradable, y en Liria [Valencia] si no recuerdo mal, se cayó por un balcón que no estaba protegido, con los consiguientes rumores, que yo creo que carecían de fundamento... Allá él si quería hacerlo, soy partidario de que cada cual debe cumplir su vida según su criterio", relata. 

Una calle y un monumento, recientemente trasladado frente al Camarín de Jesús, y hasta un conservatorio privado evidencian el aprecio de la ciudad hacia el maestro. 

Pero y de Federico de Mendizábal, ¿quién mejor que sus propios descendientes para, con toda la generosidad del mundo, trazar un perfil próximo que ayude a los lectores de este periódico a conocer al autor de libros tan jaeneros como Por la senda de los huertos (tierra de mis hijos)? Por partes.

 Mendizábal, segundo por la izquierda, y Cebrián (primero por la derecha), junto al busto de Bernardo López, en la calle Ramón y Cajal, en una imagen de los años 30. Foto: Archivo de Javier Cano.
Mendizábal, segundo por la izquierda, y Cebrián (primero por la derecha), junto al busto de Bernardo López, en la calle Ramón y Cajal, en una imagen de los años 30. Foto: Archivo de Javier Cano.

UN HIMNO NACIDO DE LA AMISTAD

Sabido es, porque lleva más tiempo en los papeles que el Evangelio según San Mateo, que el Himno de Jaén nació de la camaradería de Cebrián y Mendizábal. Así lo dejó escrito Manuel López Pérez, el inolvidable cronista e investigador (1946-2016), con su inconfundible prosa, de ascendencia ortegasagristiana:

"Mendizábal, que aparte de poeta también tenía sus ribetes de músico [y de novelista y hombre de teatro], ya que en su niñez había recibido estudios musicales e incluso formó parte de algunas capillas musicales, trabó pronto cordial amistad con el maestro Emilio Cebrián. No fue ajeno a esta amistad el concejal Vicente González, responsable de la parcela musical del municipio, que los presentó, en agosto de 1932, en un encuentro casual en el estanco de la Plaza de San Francisco".

Vamos, que músico y vate no podían ocultar que eran fumadores; curiosamente, aquella expendeduría, testigo del primer apretón de manos de ambos, todavía sigue en pie, desde 1895 atendida por la misma familia, como apuntan desde el propio estanco a este periódico. 

Continúa López Pérez: "El primer domingo de octubre, al finalizar el concierto dominguero de la Banda Municipal en la Plaza de Santa María, Federico de Mendizábal y Emilio Cebrián se unieron en fraternal paseo por la calle Maestra, en aquellas fechas fundamental lugar de encuentro de nuestra sociedad local" [que se lo digan, si no, a quienes ya peinan canas, pero canas, canas].

Al parecer, así surgió "la idea de hacer un canto a la mujer de Jaén, a la belleza de su paisaje... Mendizábal estaba muy sensibilizado con el tema de la mujer de Jaén, pues estaba reciente el nacimiento de su hija Blanca [fallecida en 2007]. Y desde allí mismo, para no perder la repentina inspiración, Mendizábal y Cebrián se marcharon a la casa número 45 de la calle de Martínez Molina (esquina a Campanas de Santiago) donde Emilio Cebrián tenía su vivienda. Y en el pequeño estudio, sin tomar asiento siquiera, improvisando, casi, Emilio Cebrián ante el piano las notas que bullían en su mente y ajustando Federico de Mendizábal la letra a los compases, dieron vida a su entrañable obra". 

El estreno llegó trece días más tarde, en el añorado teatro Cervantes [Rafael de Mendizábal duda sobre la denominación del espacio escénico en cuestión], en la que supuso una sesión "apoteósica", la califica el cronista: "Hubo que cantarlo cuatro veces, la última de ellas coreado por el público. Y al final, en multitudinaria manifestación que llevó en hombros a Cebrián y a Mendizábal, Carrera arriba, hasta la Plaza de Santa María, hubo que repetirlo, ya a cielo abierto, ante las piedras doradas de la Catedral".

 Federico de Mendizábal, el día de su boda con Leonor Allende. Foto cedida por la familia De Mendizábal.
Federico de Mendizábal, el día de su boda con Leonor Allende. Foto cedida por la familia De Mendizábal.

FEDERICO DE MENDIZÁBAL Y JAÉN

"A quien Dios quiso bien, casa le dio en Jaén", reza el refrán. Ha quedado dicho que Mendizábal llegó a la capital en el 26, con las oposiciones a Hacienda recién aprobadas; venía de estudiar, muchos años antes, para militar, pero al final acabó en otras filas, las del Fisco:

"Mi padre era, esencialmente, poeta; sin embargo reconocía la necesidad de comer todos los días, de hacer tres comidas, por eso hizo las oposiciones de Hacienda. Fue, durante mucho tiempo, secretario general de la delegación de Jaén", aclara su hijo Rafael con esos guiños de humor que encandilan a su interlocutor nada más comenzar la charla. 

"Primero vivimos en la calle Salido, número 3, y luego en Egido de la Alcantarilla, bajando desde el arco de Noguera, en una casa que había a la izquierda, en una zona con unas escaleras de peldaños muy anchos". 

Ocho años pasaron Federico de Mendizábal, su esposa, Leonor Allende Molina, y sus dos hijos, Rafael y Blanca, en tierras giennenses, ni siquiera una década pero el tiempo suficiente como para llevarse el corazón teñido de morado para los restos:

"Cuando naces en un medio como el andaluz, que es todo luz y todo espontaneidad, no te puedes sustraer a eso, y es muy importante establecer raíces con la tierra que te ha visto nacer. Yo estoy muy contento de ser de Jaén, es lo primero que pongo siempre en todas partes", presume Rafael, cuya trayectoria profesional está jalonada de hitos. Ahí van:

Magistrado del Tribunal Supremo, doctor Honoris Causa por la Universidad Benito Juárez de Oaxaca (México), doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, magistrado del Tribunal Supremo, presidente de la Audiencia Nacional, consejero del Tribunal de Cuentas y presidente de la Sala Tercera del Tribunal Supremo, secretario general de Promoción de Sahara, subsecretario de Educación y Ciencia, director general de Justicia y subsecretario de Justicia, varias veces condecorado con importantes medallas, numerario de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación...

"Yo creé la Universidad de Jaén, primero como colegio universitario y al cabo de tres años como universidad, cuando era subsecretario, por entonces, de Educación y Ciencia, en el año 69, creo recordar".

 En esta casa esquinera de la calle Martínez Molina se creó el Canto a Jaén. Foto: Google Maps.
En esta casa esquinera de la calle Martínez Molina se creó el Canto a Jaén. Foto: Google Maps.

Hablando de recuerdos... "Me llevé todos los recuerdos, los más vivos de mi memoria son los de Jaén, para mí es una época de luz. Cuando era pequeñito, me gustaban mucho las faenas taurinas y a mi padre, cuando todavía no lo conocían, le llamaban el padre del niño torero", comenta recreando el primer verso de un soneto suyo [cosas de la genética] que comienza así: "Hombre nací en Jaén y Andalucía / me hizo español con aire de torero...".

Alumno del legendario colegio de San Bartolomé, Rafael de Mendizábal, como su padre, se cruzaba diariamente, por las calles de aquí, con el cronista Cazabán, con el pintor José Nogué, con el mítico Manolito Ruiz: "A don Manuel Ruiz Córdoba me lo presentaron en una de mis visitas a Jaén, era un hombre (en el mejor sentido de la palabra) extravagante, se salía de lo normal". Después, toda una vida en Madrid pero, como su padre, el autor de la letra del Himno de Jaén, siempre con el alma dividida entre la tierra natal y la adoptiva. 

De él, del protagonista de este reportaje, traza este breve pero valiosísimo retrato: "Mi padre era un hombre de apariencia física muy normal, casi moreno (el primer rubio de la familia fui yo) y al que las cosas que le gustaban y que veía buenas, las tomaba con entusiasmo y contagiaba a los demás".

"Volvimos muchas veces, una de ellas para inaugurar su calle, la antigua Mesones, en el 61 [la misma donde, cincuenta años antes, vio la luz primera el pintor Pedro Rodríguez de la Torre]. Luego [a finales de los 90] vine a recoger, en una ceremonia para mí inolvidable, el título de Hijo Predilecto de Jaén que le concedieron a mi padre, en un acto en el que estaba presente todo el Ayuntamiento. Él tendría sus ideas, digo yo, pero era muy discreto. Por ejemplo, en el Himno de Jaén no introdujo ni una sola denominación partidaria ni conservadora ni proletaria, como entonces se decía, lo del PSOE fue más tarde", celebra.

No fue el único tributo que recibió en vida, ni mucho menos: medalla de oro al mérito en las bellas artes en 1973, condecoraciones militares, académico de diferentes instituciones. Pero...

"Para él, escribir el himno fue, como poeta, uno de sus grandes triunfos", concluye, y a la pregunta de si él mismo, Rafael de Mendizábal, llegó a aprendérselo de memoria, responde cantando a través del auricular: "Eres harén con luz de sol / en que cautivo se deshoja el corazón...".

El Ayuntamiento conserva, enmarcada, aquella partitura ofrecida por sus autores, igual que ocurre en la casa de algún ensolerado giennense enamorado de eso que se llama las cosas de Jaén.

Y puestos a escucharlo, a día de hoy existen versiones para saciar gustos variopintos, desde la clásica que José Sapena adaptó para la coral giennense hasta la jonda de Vicky Romero y el tenor Miguel Ángel Ruiz, la elegantísima de Jacobo Herrera al piano, la jaenerísima, a pulso y púa y voces, del coro de la asociación Lola Torres o la roquera de Los condensadores de fluzo, que por más revolucionaria que parezca huele a olivar desde el quinto pino. Ya lo dijo Whitman, la literatura está llena de aromas.

En 1988 cerró sus ojos, y sus labios, para siempre, Federico de Mendizábal García-Lavin. En el moderno cementerio de El Pardo descansa para siempre el poeta del Himno de Jaén.

 Federico de Mendizábal, en primer plano en el centro, con sus compañeros de la compañía teatral capitaneada por Eufrasia Roselló.
 Federico de Mendizábal, en primer plano en el centro, con sus compañeros de la compañía teatral capitaneada por Eufrasia Roselló.

DESDE LA ACTUALIDAD

Teresa de Mendizábal Sanz es nieta de Federico, su primera nieta. Con él compartió años y vivencias, que hoy pone en bandeja a quienes pasan sus ojos por estas páginas digitales:

"Puedo decir que siempre está en mis pensamientos y en muchas de las cosas que hago todos los días, pero sobre todo fue la persona que me dio las coordenadas de mi existencia en el mundo, porque desde muy pequeña sabía quiénes eran mis bisabuelos y tatarabuelos, lo que hacían, sus excentricidades, aficiones y tragedias. Muchas anécdotas eran de su tía, la cantante de ópera Bianca Lavín de Casas, a la que quiso mucho y cuyo baúl de trajes de escena se conservaba en la casa familiar proporcionándonos grandes momentos, porque podíamos revolver y sacar los trajes y disfrazarnos con ellos. Recuerdo especialmente una gigantesca corona egipcia procedente de Aida. Era muy divertido".

De Mendizábal Sanz evoca también los pasajes giennenses que su abuelo le narraba, de lo más entretenidos: "De Jaén nos contaba los paseos que él daba solo o con amigos y muchas veces acompañándolos su pequeño hijo Rafaelito, sus andanzas con la compañía de teatro cuya actriz principal era Eufrasia Roselló y en la que gran parte de los actores pertenecían a esa misma familia…También hablaba de su forma de trabajar con su gran amigo Cebrián, primero siempre se componía la música y luego la letra, para que se adaptaran perfectamente. Y que cuando apretaba el calor sacaban el colchón al balcón para poder dormir". Ay, el calor de Jaén.

Y del himno en cuestión, afirma: "Todos en la familia sabemos el Canto, el Himno de Jaén, y nos emocionamos al oírlo interpretar. Es uno de los pocos himnos que tienen como letra un poema, además de una música maravillosa". 

 Documento gráfico en el que, junto a su hijo Rafael y su bisnieta Teresa, se puede ver a un ya octogenario Federico de Mendizábal (primero por la derecha) allá por 1986. Foto cedida por la familia De Mendizábal.
Documento gráfico en el que, junto a su hijo Rafael y su bisnieta Teresa, se puede ver a un ya octogenario Federico de Mendizábal (primero por la derecha) allá por 1986. Foto cedida por la familia De Mendizábal.

Por su parte, Teresa Oliveros de Mendizábal es bisnieta del autor de la letra del Himno de Jaén; en otro testimonio impagable, la descendiente del poeta comparte con los lectores de Lacontradejaén el papel que la capital del Santo Reino ha jugado en su vida familiar: 

"Desde pequeños siempre se ha hablado mucho en casa de mi bisabuelo Federico; como escribía tanto, desde que era pequeña estaba empapada un poco de eso, a lo mejor no leía sus obras de pequeña pero sí sabía que escribía muy bien. Además, a mi abuela [María Teresa Sanz Fernández, esposa de Rafael], él la conocía desde pequeña, a ella también le encantaba la poesía, lo mismo que a mi abuelo". 

Amante de la literatura ella misma y escritora de poesía, de su bisabuelo conserva un vago recuerdo, seguramente el primero de su memoria:

"Siempre han contado en mi familia que aparte de ser un poeta maravilloso y de estar en el mundo maravilloso de las tertulias, era una persona muy familiar, muy divertido y muy buen abuelo, que jugaba con sus nietos. En todas las conversaciones familiares, incluso actualmente, Federico está ahí".

 Rafael de Mendizábal con sus hijos Miguel, Teresa, Rafael y Diana, nietos del autor de la letra del Himno de Jaén, y su bisnieta Laura. Foto cedida por la familia De Mendizábal.
Rafael de Mendizábal con sus hijos Miguel, Teresa, Rafael y Diana, nietos del autor de la letra del Himno de Jaén, y su bisnieta Laura. Foto cedida por la familia De Mendizábal.

Teresa de Mendizábal, niña aún, asistió a finales de los 90, en el Darymelia, al acto municipal de homenaje a Federico de Mendizábal: "Allí me di cuenta de que no solo era una figura familiar, sino que la gente lo quería mucho. Hasta entonces yo prácticamente no conocía su himno, y recuerdo con mucha emoción que se cantó en aquel acto, me encantó; a día de hoy lo canto algunas veces, es precioso", manifiesta su bisnieta. 

Un himno "precioso, muy representativo de Jaén, que una vez que lo escuchas y lo interiorizas te das cuenta de que dice cosas muy importantes", indica.

Una tierra que le corre por las venas, "sangre hacia arriba / hacia el primer encuentro", con palabras de Luis Rosales. Una ciudad que ha conocido en diferentes visitas y que, asegura, está presente, de forma continua, en las conversaciones familiares. "Yo soy un poco de Jaén, Jaén es muy importante para nosotros, un lugar familiar, lo tenemos en el corazón, en las entrañas". Entrañas de pastira. 

 Manuscrito autógrafo del Canto a Jaén, que el poeta regaló al alcalde Ramón Calatayud Sierra. Foto cedida por Ramón Calatayud Lerma.
Manuscrito autógrafo del Canto a Jaén, que el poeta regaló al alcalde Ramón Calatayud Sierra. Foto cedida por Ramón Calatayud Lerma.

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