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DOS AÑOS Y UNA NUEVA VIDA

DOS AÑOS Y UNA NUEVA VIDA

Por Esperanza Calzado - Febrero 12, 2022
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El jueves decayó la obligatoriedad de utilizar la mascarilla en la calle y Lacontradejaén testea la opinión de los ciudadanos cuando está a punto de cumplirse el segundo año desde que se detectó el primer caso de SARS-CoV-2 en la provincia de Jaén. Testimonios que son un reflejo de lo que ha atravesado la sociedad y muestra de resiliencia

Incidencia, confinamiento, PCR, mascarilla, antígenos, anticuerpos, webinar, zoom... Son palabras que hace apenas dos años no estaban en el día a día del vocabulario de los ciudadanos. Cerca de 24 meses después estos y otros vocablos se encuentran totalmente normalizados, incluidos en la rutina diaria e interiorizados como algo normal. Lo mismo ocurre con ciertas prácticas como lavarse las manos con gel hidroalchólico antes de entrar a los establecimientos, ponerse la mascarilla al acceder a lugares cerrados o mantener una cierta distancia social.

La pandemia por Covid-19 ha cambiado algunos de los hábitos de vida del ciudadano al igual que el 11-S hizo con los protocolos de aviación. ¿Verdad que nadie cuestiona ya la imposibilidad de llevar líquidos a bordo de la cabina? Lo mismo ha ocurrido con determinadas acciones cotidianas vinculadas al coronavirus. ¿Cómo ha cambiado la vida de los jiennenses en este tiempo? Unos se han quedado sin empleo, otros han tenido hijos en plena pandemia, prácticamente todos han perdido algún ser querido, otros han demostrado ser empresarios con una gran capacidad de resiliencia... Todos tienen una cosa en común, tras dos años su vida ha cambiado.

El jueves decayó la obligatoriedad de utilizar la mascarilla en la calle y Lacontradejaén sale a testear la opinión de los ciudadanos cuando está a punto de cumplirse el segundo año desde que se detectó el primer caso de SARS-CoV-2 en la provincia de Jaén. Los cubre bocas siguen siendo el complemento a nuestro look del día porque todavía se ve a muchos ciudadanos con él. Muestra de la desconfianza y el miedo que todavía se le tiene al virus.

EL DÍA QUE TODO EMPEZÓ

Para los jiennenses el 28 de febrero es una jornada que va más allá del Día de Andalucía. 26 años han pasado de aquel fátidico 28 de febrero de 1996 que nadie puede olvidar en Bailén. El corazón del municipio, y el de todos, se encogió en una noche en la que 29 personas perdieron la vida. Un turismo chocó de manera frontal con el autobús en el que viajaban 58 personas que volvían de pasar el Día de Andalucía en Sierra Nevada. Fue en la antigua carretera N-323, cuando apenas quedaban cinco kilómetros para llegar a casa.

Pero los caminos de la vida hacen que tal día se cumpla otro aniversario. Habrán transcurrido dos años desde que se detectó el primer caso de coronavirus en la provincia de Jaén. Se ha pasado de la enfermera de Arjonilla a los 1.212 muertos que se ha cobrado la pandemia. Del "todo saldrá bien" se dio paso al "salvemos la Navidad, la Semana Santa o el verano". De ahí a la nueva normalidad para transitar, después, a la sexta ola marcada por Ómicrom e introducir en nuestro vocabulario la palabra endemia. 

TESTIMONIOS EN PRIMERA PERSONA

Víctor Teclemayer es un carolinense afincado en Linares que no puede evitar esbozar una sonrisa cuando se le pregunta por el balance de estos dos últimos años.

—La pandemia me trajo el nacimiento de mi segunda hija.

El matrimonio se enteró de que esperaban al cuarto miembro de la familia en pleno confinamiento y Marta nació en diciembre.

—Nada que ver con el parto de Víctor, el mayor de 5 años.

Visitas totalmente anuladas al hospital, dar a luz con mascarilla y no poder darle un primer beso a su hija, fueron momentos duros. Recuerda que antes de entrar al paritorio tenían la incertidumbre de saber si su mujer era positivo o no, ya que de eso dependía que pudiera acompañarla. El 11 de diciembre llenó de alegría su casa y una Navidad diferente. Tanto que presentaron a la niña por videollamada.

A nivel profesional, las cosas para esta familia han sido agridulces. Su mujer perdió el empleo a consecuencia del cierre de su empresa a causa de la crisis sanitaria.

—Nos planteamos que Marta no iría a la guardería y ella se encargaría de los niños. Entre maternidad y el paro podíamos permitírnoslo. Otra magnífica noticia.

Víctor Teclemayer es empresario y reconoce que su compañía, Impulso Dental, ha vivido estos dos años con mucha incertidumbre, una sensación con la que había que saber luchar cada día, tal y como relata.

—Un aprendizaje nuevo que nos llevó a mejorar procesos y ampliar incluso cartera de clientes.

Mari Trini López es de Torredelcampo y presidenta de la cooperativa Cinde. Recuerda cómo fue el inicio de la pandemia en el área profesional, con muchos miedos e incertidumbre.

—Vivo con la responsabilidad de tener varias familias al cargo de Cinde y siendo una cooperativa desde el principio tuvimos claro que los socios íbamos a asumir dejar de cobrar cuando hiciera falta para que a los trabajadores no les afectara.

Como tantas y tantas empresas, modificaron su rutina al teletrabajo con las dificultades psicológicas de tener que restringir todo el contacto social y laboral con los compañeros, amigos y familiares.

—Fue muy duro, hasta el punto de que me ha salido una enfermedad crónica y me generó mucha inseguridad, miedos, estrés... No volvemos a ser los mismos.

Esta jiennense reconoce que lleva dos años sin vida social, prácticamente ni con su pareja, porque se confiesa que es "súper estricta" con las medidas de seguridad sanitarias. No abrazar a sus padres, a su abuela con 92 años... todo ello le pesa psicológicamente. 

—¿Te parece poco lo que nos ha hecho esta pandemia?

La pregunta nos la lanza ella a nosotros, reconociendo que lo peor de la Covid-19 es, sin lugar a dudas, ese distanciamiento social y ese temor a lo desconocido que ha venido para quedarse. No le duele en prendas criticar la falta coordinación y transparencia en la información tanto de las administraciones como de los medios de comunicación que, a su modo de ver, han contribuido a convertir toda esta crisis sanitaria, ya estresante de por sí, en un calvario. Pero mira al futuro con esperanza, a pesar de la subida de costes de producción en un momento especialmente complicado para las empresas.

 Mari Trini López, presidenta de la cooperativa Cinde. Foto: Beatriz Rivilla
Mari Trini López, presidenta de la cooperativa Cinde. Foto: Beatriz Rivilla

Javier Soria vive en Guarromán, donde tiene su empresa, Saeso. Cuando se le pregunta cómo han sido estos dos años a título personal, su respuesta es clara:

—Un desastre, sin paliativos.

Ha perdido a muchos familiares en estos 24 meses de crisis sanitaria y en eso no hay vuelta a la normalidad que valga. Pero Soria quiere ser positivo y darle la vuelta a la situación.

—A título personal, la pandemia me ha enseñado que siempre podemos dar más de nosotros mismos, superarnos y lo que pensábamos que no podíamos hacer, lo hacemos. Se trata de sobrevivir. 

Javier Soria es empresario y reconoce que ha tenido que asumir una serie de compromisos que antes eran impensables y adaptarse a las necesidades de cada momento.

—Si tuviera que vivir una segunda pandemia, cosas que he aceptado y responsabilidades que hemos asumido ya no lo volveríamos a hacer. Pero el Covid-19 nos ha servido para aprender, porque siempre se puede extraer un aprendizaje de cualquier circunstancia.

"Insistir, persistir y nunca desistir". Con esa frase nos recibe Ana Serna, de Baños de la Encina, donde ocupa el puesto de concejal de la oposición por el PP. Unas palabras que son el fiel reflejo de su personalidad, que sin duda le ha ayudado a afrontar dos años complicados sin perder la sonrisa.

Ella no olvida el 19 de marzo de 2020. Inicio de la pandemia, desconocimiento, miedo y en la bandeja de entrada de su correo electrónico un mail le comunica que su empresa va a aplicar un ERTE. Paciente de alto riesgo, hasta junio no se incorporó a su trabajo, a media jornada. Pero los meses del confinamiento fueron para ella una vía de ayuda a los demás, a través de la red.

—Cuando te quitan la libertad, que es lo más valioso que tiene el ser humano, nos ponemos tristes. Yo decidí intentar que quienes estuvieran a mi lado no lo sufrieran. 

Su vida empezaba a ser "medio normal", con algún mes sin cobrar y sin incorporarse a jornada completa hasta octubre de 2020. Por "casualidad" se notó un "bultito". Cuando pisar un hospital era casi prohibitivo, le diagnosticaron cáncer de mama.

—El miedo me inundó, evidentemente, pero tuve que hacerme fuerte. Yo no quiero morirme y el cáncer no deja de ser una enfermedad más de las que tenemos en este siglo. 

Pasó mucho miedo entrando al quirófano. Su recuperación fue en el campo, para no tener interacción con prácticamente nadie. Este pasado 2021 fue, hasta el momento, "el peor año de su vida", consciente de que no sabe qué le depara el futuro.

—He valorado muchas cosas que antes ni sabía que existían como el tiempo libre, todo lo que he hecho por los demás, la salud...

Cada vez que la tristeza se apoderara de ella se ha venido arriba ayudando a los demás. Porque para Ana Serna toda la solidaridad que presta se le devuelve duplicada. En estos dos años ha logrado conocerse a sí misma y explotar todo su potencial. 

—He pasado momentos de decir que no puedo más con la vida. Pero aquí sigo, con actitud, con esperanza y orgullosa de este 2021, que ha sido fatídico pero que ha servido para descubrirme y haber hecho todo lo que he hecho por los demás. Me siento orgullosa de mi fuerza para salir adelante y haber vencido al cáncer, lo que no implica que esté bien.

A su cuerpo le ha pasado factura, todavía hoy tiene secuelas y una quimioterapia en pastillas que le deja prácticamente sin fuerzas. Pero si tiene que hacer un resumen de estos dos años es que quiere vivir y ayudar a los demás. Termina su feflexión con una frase: "Estoy encantada de haberme conocido".

—Es como si tuviera una laguna en mis recuerdos y en la noción del tiempo transcurrido que me cuesta trabajo identificar el momento en el que han transcurrido determinadas cosas. Me siento envejecido, como si hubiera pasado más tiempo.

Son las primeras percepciones que comparte Víctor Figueroa, al que muchos conocen por su puesto como subdirector de Uniradio Jaén. Pero él se dedica al apoyo y asesoramiento de personas emprendedoras, profesionales autónomos y empresas, con lo que ha conocido de primera mano los problemas que han atravesado. Relata que al inicio del confinamiento fueron muchas las llamadas de auxilio que recibieron.

—Podíamos escuchar su desesperación y nos necesitaban para desahogarse, pues cuando empezó todo todavía no estaban definidas las distintas ayudas que se irían convocando. Sentimos una impotencia tremenda, y sentimos parte del sufrimiento de nuestros usuarios y usuarias.

Tampoco olvida cuando comenzó la vorágine de ayudas y subvenciones de todo tipo, la carga de trabajo se multiplicó por tres e incluso por más, suponiendo un esfuerzo continuado en el tiempo que ha provocado, en sus palabras, un nivel de estrés, agotamiento físico y mental significativo que todavía hoy arrastra.

UN REPASO A LA HISTORIA RECIENTE

Hay que remontarse al 8 de diciembre de 2019 cuando una persona en Wuhan, en China, fue al médico porque se encontraba mal. Dos meses y medio después, ese malestar fue asociado a un virus desconocido que estaba a punto de llegar al mar de olivos. Han pasado más de 700 días desde entonces. Cuando todavía ni se discutía si el artículo era femenino o masculino, en el Hospital Alto Guadalquivir de Andújar se enfrentaban al primer caso de la (o el) Covid-19 en el mar de olivos. Se trataba de una enfermera de Arjonilla, de 25 años, que atendió a un enfermo positivo en el Hospital de Torrejón de Ardoz, en Madrid. Por aquel entonces, el país empezaba a ser consciente de la fuerza de esta amenaza. En España ese día había 32 casos diagnosticados, ocho en Andalucía y ya se empezaba a hablar de falta de mascarillas. Mientras tanto, en Italia ya iban por 650.

Esta primera paciente fue ingresada en Andújar, casualmente allí donde quince días después moriría el primer jiennense contagiado con este virus. Era un hombre de 89 años, con patologías previas. El total de casos en Andalucía ese 14 de marzo era de 376 y cinco fallecimientos en la comunidad, uno de ellos en Andújar. Fue el día que se decretó el estado de alarma. En Jaén los contagios ya se elevaban a 38.

Hoy, esas cifras parecen hasta irrisorias y tristemente el ciudadano ha creado una capa de insensibilidad para protegerse a sí mismo. Una coraza que se hace casi imprescindible. A lo largo de estos dos años se han diagnosticado 105.927 casos por Covid-19 en la provincia, una parte de ellos reinfecciones. 1.212 jiennenses han perdido la vida, pero otros 87.226 han recibido el alta médica, algunos hasta dos y tres veces.

El fiel lector de Lacontradejaén reconocerá a Víctor, Mari Trini, Javier, Ana o Víctor. Han sido protagonistas en este periódico por causas muy diversas y hoy queríamos conocerlos mejor tras estos dos años. Sus visiones no son más que el reflejo de una sociedad que todavía hoy intenta encontrar su lugar en tal excepcional situación que nuestros nietos y bisnietos estudiarán. Porque la pandemia de Covid-19 quedará por siempre grabada en la historia como esa crisis sanitaria que nos azotó pero que sacó le mejor de nosotros y demostró que Jaén es una sociedad resiliente.

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