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"UN ANDALUZ PARA TODOS LOS ANDALUCES"

"UN ANDALUZ PARA TODOS LOS ANDALUCES"

Por Javier Cano - Junio 12, 2021
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Calles con su nombre, un colegio, un premio literario, monumentos, una biblioteca... Pero ¿conocen bien sus comprovincianos la figura y la obra del polígrafo iliturgitano-marmolejeño-jiennense Antonio Alcalá Venceslada? De la mano de su hija y su nieta, Lacontradejaén acerca hoy a sus lectores a todo un académico de la RAE cien por cien mar de olivos  

La celebración del Día Mundial de los Archivos, el pasado miércoles, hizo que más de uno recordase a aquel ilustre archivero nacido en Andújar, criado en Marmolejo y fallecido en Jaén que se llamó Antonio Alcalá Venceslada (1883-1955). 

Una conmemoración a la que, puestos a justificar la oportunidad de este reportaje, se suman por derecho propio la inauguración de un azulejo en su honor en el municipio marmolejeño, a finales de mayo; el 70 aniversario de la segunda edición de su célebre y celebrado Vocabulario Andaluz (obra de referencia en el ámbito de la lexicografía), y las siete décadas que, este año, cumple el Instituto de Estudios Giennenses, institución a la que desde sus comienzos perteneció el polígrafo iliturgitano. 

Cualquiera no da nombre a tres calles en sendos municipios de la provincia, a un colegio en la capital, a una biblioteca y un premio literario (en 'stanb by', actualmente) en su pueblo natal (donde, además, un monolito le rinde honores) y una placa recién inaugurada en pleno casco urbano de la ciudad del Balneario. Algo tendrá el agua cuando la bendicen, reza un refrán. 

Por todo ello, a un mes escaso del sexagésimo sexto aniversario de su muerte en la preciosa casa de la calle Los Peñas que todavía lo evoca con los poéticos aromas de su coqueto jardín, Lacontradejaén acerca hoy a sus lectores este esbozo biobibliográfico del autor de Coplas Andaluzas, los cuentos de Maricastaña; De la solera fina, La flor de la canela, La buena simiente... y un buen número de inspiradísimos poemas dedicados a las principales costumbres y devociones de aquí. 

 Poema de Alcalá Venceslada, inaugurado el pasado mes de mayo en la calle dedicada al poeta en Marmolejo. Foto: Ayuntamiento de Marmolejo.
Poema de Alcalá Venceslada, inaugurado el pasado mes de mayo en la calle dedicada al poeta en Marmolejo. Foto: Ayuntamiento de Marmolejo.

ESBOZO BIOBIBLIOGRÁFICO

Prolífico escritor, inspirado poeta, archiverofilólogo, profesor, perito calígrafo, singular dibujante... Alcalá Venceslada, como buen aficionado al flamenco que era, tocó muchos palos (nunca mejor dicho) en el campo de la cultura, y en todos destacó, si se atiende al constante recurso a su producción desde diferentes ámbitos a casi siete décadas de su desaparición. 

Nacido en Andújar, como se ha indicado ya líneas arriba, su ascendencia marmolejeña lo vinculó profundamente a este pueblo de La Campiña, con el que siempre mantuvo un vínculo insoslayable.

Cuentan sus biografías que estudió el Bachillerato en Málaga, Derecho y Filosofía y Letras en Granada y Sevilla, perteneció al Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos con destinos en Santiago de Compostela, Huelva, Cádiz y, finalmente, Jaén, ciudad con la que se comprometió no solo culturalmente sino también desde el ejercicio de la política activa.

Ahí están sus periodos como concejal y teniente de alcalde en las corporaciones presididas por Juan Pedro Gutiérrez Higueras, o su etapa como presidente de la Comisión Provincial de Monumentos.

Amante de las tradiciones seculares de estas tierras, ocupó diferentes cargos en las filas de El Abuelo (que lo nombró cofrade de honor en 1948) y formó parte, también, de la Santa Capilla de San Andrés y las cofradías del Santo Rostro y de la Virgen de la Capilla. Incluso, como aclaran a este periódico su hija, Rosario Alcalá Muñoz-Cobo (única superviviente de los cinco vástagos del polígrafo) y su nieta Rosario Pérez Alcalá, "antes de la guerra fundó los Cruzados de la Virgen de la Cabeza", colectivo en el que dio rienda suelta a su fe romera. 

Imprescindible en las publicaciones de la época y en los diarios nacionales de mayor relumbrón, fue asiduo en las páginas de Don Lope de Sosa, la legendaria revista de Alfredo Cazabán, con colaboraciones de gran valor que, junto con el resto de su obra, mantienen vivo su vasto legado cultural.

En el aspecto puramente personal, contrajo matrimonio con la arjonera Isabel Muñoz-Cobo, unión de la que nacerían sus cinco hijos: "Manolita, Juan Manuel, Isabel, Joaquín y Rosario", aclara la nieta de Alcalá Venceslada, cuyos ojos para los restos en plena onomástica mariana, el 16 de julio de 1955, a un paso de la Senda de los Huertos, en aquel caserón de puertas de cruces dominicas que el escritor adquirió en 1947:

"El jardín tenía una adelfa preciosa, color de rosa, y debajo había un pasadizo en el que mi padre no consintió que entrara nadie, no fuera a haber algún accidente, y se tapió; conducía al Castillo", explica.

Y apostilla: "Era perito calígrafo también, venía de Úbeda, de un juicio relacionado con un testamento hológrafo, y un amigo lo encontró por la calle en tal estado que creyó que estaba bebido, por la forma de andar. Lo ayudó a llegar a casa, mi madre llamó al médico, don Vicente García de la Puerta, y vio que tenía un tumor cerebral. Mejoró unos días, pero lo sentábamos en el porche y nos dimos cuenta de que le poníamos delante algún libro y ya no pasaba las hojas; eso le pasó el día 13 de mayo, y se murió el día de la Virgen del Carmen ".

Sus restos mortales, junto con los de su esposa y los de un sobrino, yacieron durante años en el viejo cementerio de San Eufrasio hasta que la familia decidió incinerarlos y esparcirlos en uno de los lugares más amados por el poeta: el cerro del Cabezo, los territorios de La Morenita, otra de sus grandes pasiones. 

 Camino del santuario de la Virgen de la Cabeza, el poeta posa (segundo por la derecha de la primera fila) con la banda de cruzado de la Virgen de la Cabeza. Foto cedida por Rosario Alcalá Muñoz-Cobo.
Camino del santuario de la Virgen de la Cabeza, el poeta posa (segundo por la derecha de la primera fila) con la banda de cruzado de la Virgen de la Cabeza. Foto cedida por Rosario Alcalá Muñoz-Cobo.

TESTIMONIO DE PRIMERA MANO

"Tengo muy pocos recuerdos de mi padre", lamenta Rosario, nacida en 1933 y, a día de hoy, dueña de una memoria excepcional y custodia de los manuscritos del poeta. 

Estaba muy poco en casa, tenía un despacho en el edificio de Hacienda, porque llevaba todo, la biblioteca, el archivo y el museo; además era profesor del instituto [el Virgen del Carmen, a la sazón instalado en el antiguo convento jesuita de la calle Compañía]; desayunaba, se iba y luego, cuando salía, iba a la Peña Los 15 Solera, que formó con otros amigos en la calle Maestra, "en un piso con entrada por la calle Francisco Martín Mora", justo donde estuvo hasta hace poco tiempo el afamado Restaurante Manila, evoca.

 Rosario Alcalá Muñoz-Cobo, hija del poeta (a la derecha), junto al alcalde de Marmolejo, el día de la inauguración del azulejo en honor de su padre en Marmolejo, el pasado mes de mayo. Foto: Ayuntamiento de Marmolejo.
Rosario Alcalá Muñoz-Cobo, hija del poeta (a la derecha), junto al alcalde de Marmolejo, el día de la inauguración del azulejo en honor de su padre en Marmolejo, el pasado mes de mayo. Foto: Ayuntamiento de Marmolejo.

"Era muy afable, con mucho sentido del humor, e improvisaba muy rápido; recuerdo que lo llamaban de la radio, en Navidad, para que hablase, y él decía que sí; mi madre le comentaba que cómo iba a hacerlo, que no había preparado nada, y él le contestaba que no había problema, que lo haría por el camino", recuerda. 

En Jaén vivieron el conflicto del 36, mientras habitaban todavía una casa de la calle Llana, el número 27, en cuyo patio el mismísimo Jacinto Higueras esculpió el busto del protagonista de este reportaje que, actualmente, se conserva en el Ayuntamiento jiennense:

"Mi padre estuvo en la cárcel los tres años de la guerra, supongo que por no ser adepto al régimen, y tuvo la suerte de que no lo fusilaron; y mi madre estuvo año y medio, acusada de católica". Ay, la guerra.

Cuenta su hija que no fue hasta la muerte de su padre cuando tuvo conciencia de quién era su progenitor, de lo que representaba para la cultura de aquí, de la trascendencia de su obra. Fue expirar y comenzar los reconocimientos oficiales, aunque Rosario lo tiene claro: 

"Por entonces no se le reconoció mucho, Jaén no se portó demasiado bien con él", confiesa. Luego, la sucesión de homenajes, ediciones de sus libros y acercamientos a su figura terminaría atenuando esta sensación, aliviándola, solo eso:  

"Creo que las personalidades, si son muy importantes y si se saben mover las cosas a su alrededor, se recuerdan; pero si no, se dejan de recordar. Creo que se recuerda poco el bien que mi padre hizo a Jaén, y a muchos de los alumnos que tuvo en Jaén. Era muy dado a ayudar a todo el mundo", sentencia su hija. 

Según su testimonio, en tiempos de José Rodríguez de la Borbolla (pariente de Alcalá por vía paterna) al frente de la Junta de Andalucía, la administración autonómica manifestó su intención de reeditar el más representativo de los trabajos firmados por el escritor, el Vocabulario Andaluz: "Quisieron darle una connotación política, y dijimos que no, que él había sido un andaluz para todos, que había recogido palabras de todo los estratos sociales, y al final lo editó Gredos, no la Junta".

 Familiares del polígrafo iliturgitano rodean su busto el día de su colocación en la calle jiennense que lleva su nombre. Foto cedida por Rosario Alcalá Muñoz-Cobo, que aparece en el centro de la fotografía.
Familiares del polígrafo iliturgitano rodean su busto el día de su colocación en la calle jiennense que lleva su nombre. Foto cedida por Rosario Alcalá Muñoz-Cobo, que aparece en el centro de la fotografía.

ACADÉMICO DE LA LENGUA Y DE LA HISTORIA

Muchos fueron los méritos que acumuló Antonio Alcalá Venceslada durante sus casi setenta y tres años de existencia: hijo predilecto de Andújar, correspondiente de las reales academias de la Historia y de la Lengua, consejero del IEG...

Todo un académico que, entre tanta actividad, tuvo tiempo para recoger miles y miles de vocablos propios del habla andaluza y exponerlos en una suerte de diccionario referente en su campo, que además le valió el Premio Conde de Cartagena concedido por la RAE y dotado con la nada despreciable cantidad de diez mil pesetas de comienzos de la década de los 30.

"Don Antonio es un filón inagotable para la cultura de nuestra región, por su cultivo del léxico y de la literatura. Su Vocabulario Andaluz (1951) aún no ha sido superado", certifica el catedrático, paisano del lexicógrafo y escritor Francisco Manuel Carriscondo, uno de los más reputados investigadores (y defensores) con los que cuenta la producción de Alcalá junto a nombres como el de Francisco Fuentes. 

Un libro cuya valía merece, en su opinión, "adaptarlo a un nuevo formato acorde con las nuevas tecnologías, que permita una mayor eficacia y un acceso universal de su consulta. Además, quedan muchos textos inéditos que convendría recuperar, a fin de que sean conocidos por cualquier lector, el andaluz en particular", concluye el investigador.

Con estos mimbres (diría, con la gracia que le era propia, el mismísimo don Antonio), parece que todo homenaje es poco a quien, desde el más hondo amor a su patria chica, amplió miras y rubricó una tarea filológica del más alto valor: 

"Estoy muy agradecida a las instituciones y los particulares que se han preocupado por mi abuelo, cada cierto tiempo se hacen reediciones del Vocabulario, que es muy conocido a niveles académicos e intelectuales, y es verdad que no tengo más que palabras de agradecimiento hacia Jaén, Andújar y Marmolejo, pero echo de menos el reconocimiento general de la Junta: se merece la medalla de Andalucía", concluye la historiadora y nieta del polígrafo Rosario Pérez Alcalá. 

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COMENTARIOS

Dionisio Morillo Alcalá

Dionisio Morillo Alcalá Junio 12, 2021

Si mi abuelo fue un gran escritor enamorado de toda Andalucía, más grande fue como persona. Querido por "unos" y admirado por "otros".

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José Luis COLLADA ZABALA

José Luis COLLADA ZABALA Junio 13, 2021

¡Ya tengo muchos años y un gran recuerdo de D. Antonio, mi profesor de francés en el Instituto de la calle Compañía. Parece que lo estoy viendo con su capa española, subiendo la cuesta de la calle para darnos clase. Me acuerdo perfectamente del día de su sepelio en el verano del 55. Un gran hombre y un muy valioso intelectual jiennense. Me dio clase en los primeros años de la década de los 50, hasta que falleció

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