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El solar: el virus que ataca mortalmente a Jaén

Por Agustín Garzón Martínez - Febrero 10, 2017

El conjunto histórico de Jaén está plagado de solares, ese gran problema que se ha extendido como un virus por todos los barrios. Un conjunto histórico marginado por las administraciones, las cuales no frenan desde hace décadas su deprimente y lamentable estado de conservación. Un conjunto histórico que se ningunea, que se va despoblando y marginando, al que no se le concede proyectos de rehabilitación serios y atractivos para incentivar y dar vida decente a calles y plazas que se ven infectados por el mortal virus.

Por desgracia hay muchísimos solares críticos, pero si hay uno de ellos que deslumbra más que ninguno otro, dada su ubicación, ese es el de la calle Carrera de Jesús, junto a la sacristía de la Catedral.

Se trata de un espacio que hasta 2007 contaba con dos ejemplares de arquitectura, por un lado, hacia la calle Portillo, nos encontrábamos un ejemplar con líneas de posguerra con típica tribuna de época, donde en el bajo se instaló la afamada Librería Metrópolis. Por otro lado, concretamente en su lateral derecho, nos encontrábamos con la esquina de la calle Abades, lugar donde se levantó un edificio de viviendas en el siglo XIX. Este último edificio fue habitado por familias acomodadas. En uno de sus pisos tuvo su residencia Don Pablo Martín del Castillo, que fuera director de la Escuela de Artes y Oficios en 1963 y también director del Museo Provincial.

Destacaba su gran cancela de hierro muy parecida a la que se conserva hoy unos metros más arriba en el rehabilitado Palacio de los Corbull. También resaltaba una elegante portada enmarcada en piedra y bellas rejas y barandas de hierro fundido. Es un edificio que tenía contemplado el nivel (B) de protección ambiental en su fachada desde 1996, y que en 2007 se derribaría sin conservar nada. Es así como de nuevo se saltaron y vulneraron las leyes de protección arquitectónica y patrimonial en nuestra ciudad.

Otra fachada histórica que engalanaba los alrededores de la Catedral fue destruida por la piqueta, sin más, dejando de nuevo mellado el rico patrimonio que abrazaba el Templo Mayor. Tras el derribo de ambas casas, entre la calle Abades y Portillo, se produjo un extenso solar dondedejó al descubierto restos de la muralla que bajaba hacia la antigua puerta Noguera. En 2011 la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura protegió dicha muralla.

Desde 2007 el gran solar quedó paralizado y protegido por una valla metálica impropia del entorno y que se vencía cada dos por tres. El 26 de agosto de 2013 se decidió ocultar dicho terreno con una tapia y así tapar la porquería y la mala imagen que se ofrecía en el lugar. Pero, claro, dicha tapia se realizó con bloques de hormigón y una mano de pintura blanca que sería el lienzo perfecto para toda clase de pintadas, a todo esto se le suma su terminación cutre y dos postes de luz con el cableado colgando o enmarañado, imagen degradante e intolerante que desmejora la gran obra cumbre de Andrés de Vandelvira.

Hoy, en pleno 2017, tras una década del derribo de una fachada protegida y del desastroso estado de conservación de los restos hallados de la muralla, parece que nadie pone remedio a este destartalado rincón al que se le sumó en 2016 un nuevo solar en la calle Portillo.

Seguimos teniendo una tapia sin vigilancia alguna, sin solución digna y estética hasta que se resuelva su problema administrativo, y sin que tampoco se aporte alguna idea de futuro, por ejemplo, proyectar una plaza pública que diese amplitud para disfrutar de una grandiosa perspectiva de la catedral.     

Con respecto al problema, el virus sigue acechando sobre nuestro conjunto histórico, que llega a ser preocupante, desesperante y que desmejora y margina todo a su alrededor. La Catedral como testigo, los ciudadanos como los grandes martirizados y los turistas como grandes sorprendidos al ver la joya del renacimiento junto a un entorno hostil e impresentable dentro de una capital de provincia.

Un solar que mientras tanto sigue aglutinando pintadas y sigue engrosando porquería en su interior, puesto que la puerta que cierra dicho lugar es arrancada al antojo del descaro impune del incívico, hecho que produce la exposición de las vergüenzas de una ciudad, donde se asoma los antiquísimos restos de muralla pidiendo auxilio y un poco de atención ante la parsimonia que campea a sus anchas.

Ya no se puede permitir más años de descaro junto a la imagen catedralicia, no se puede permitir más despropósitos en nuestra ciudad y conjunto histórico, los cuales manchan la imagen de una ciudad, de su historia, de sus habitantes o antepasados, aquellos que nos dejaron una ciudad patrimonial encantadora, y que en tan solo treinta o cuarenta años se está perdiendo a un ritmo descarado y burlón por el gran virus que hiere de muerte la ciudad histórica. ¿Cuánto tiempo debe de pasar para adecentar este dramático entorno? ¿Cuándo se le dará valor a los restos arqueológicos que alberga este solar? ¿Cuándo se tomará verdadera conciencia del valor que atesoramos para saberle dar su merecida importancia y puesta en valor por el bien común de la capital? y lo que es más importante ¿cuándo llegará el antídoto ante la indiferencia y la dejadez del virus que campea por la ciudad?

(Más información en Reconstruyendo el pasado arquitectónico de Jaén,  partes primera y segunda. Es una recopilación y reconstrucción de toda aquella arquitectura palaciega, civil, religiosa, privada o urbana que ha desaparecido o ha sido modificada.)

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