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AYUDA SOCIAL SIN LÍMITES

AYUDA SOCIAL SIN LÍMITES

Por Fran Cano - Mayo 23, 2020

Organizaciones sin ánimo de lucro, entidades benéficas y colectivos sociales llegan al límite en la crisis sanitaria del Covid-19 y calibran esfuerzos para la ayuda humanitaria que vendrá con la recuperación económica

La ayuda sigue en Jaén con motivo de la pandemia y continuará a medida que consuma etapas la recuperación económica, también humana y social. El tejido de voluntarios renueva energías después de dos meses de cuarentena que han llevado al límite las capacidades de quienes velan por los demás, tanto da si son organizaciones señeras como Cruz Roja y Cáritas o entidades benéficas jóvenes como la ONG Azul en Acción Santiago-Pontones. ¿Hay fuerzas para contrarrestar el previsible repunte de pobreza? Todas coinciden en que han aguantado el primer envite; ahora es vital recobrar cierta normalidad —ésa que tanto se anuncia al final de la desescalada— para seguir en la brecha.

María del Carmen Martínez tiene 40 años y es voluntaria en Cruz Roja desde 2016. "He estado en las trincheras", dice en conversación con este periódico acerca del trabajo de campo que desempeña desde La Carolina como vicepresidenta de la comarca norte y referente del programa para mayores Cruz Roja Responde. Esta iniciativa sintetiza qué ha supuesto el coronavirus: ayudar a las personas mayores, al colectivo más vulnerable ante el Covid-19.

La estrategia, cuenta Martínez, ha exigido reconducir la atención con un plan estratégico sujeto a un condicionante, cómo ayudarlos sin entrar en casa. La atención por teléfono ha sido crucial. "Habilitamos una centralita y hemos estado atentos a las necesidades en cada lugar. Ha habido pueblos donde personas mayores se han quedado solas, con los familiares lejos", ejemplifica. El contacto telefónico ha posibilitado otra línea de atención: contestar a todas las preguntas de personas que sólo consumen noticias a través de los medios tradicionales, como la radio y la televisión. Dos voluntarios en La Carolina y otros tantos en Linares se han encargado de las llamadas. Han sido, en cierta manera, filtros ante los bulos y ante las estafas, en auge durante el confinamiento. "También hemos habilitado las tarjetas monedero gracias a un convenio con La Caixa", apunta. Son cantidades de dinero puntuales que han permitido comer a personas sin recursos, aún más empobrecidas en cuarentena.

En Jaén capital Cruz Roja no se ha olvidado de los asentamientos. Ramón Rojas, voluntario referente en este tipo de ayuda, explica a este periódico han continuado las visitas de carácter semanal —una vez cada siete días y con un par de efectivos— a los extranjeros que malviven en un lugar conocido como La Piscina y en otro núcleo consolidado en la Avenida de Granada. Cerca de treinta personas que estaban detrás de una superficie de alimentación en el Polígono de El Valle han regresado a Rumania con motivo del Covid-19. "No he podido colaborar durante la crisis", lamenta Rojas. Su ausencia es por causa mayor: pasó por una neumonía hace años. Contraer el virus hubiese sido muy peligroso para él y para sus dos hijas.

 Una voluntaria de Cruz Roja en un asentamiento de Jaén.
Una voluntaria de Cruz Roja en un asentamiento de Jaén.

"NOS HAN LLAMADO 20 FAMILIAS DE HORNOS QUE NO TENÍAN NI PARA COMER"

Tampoco ha podido ayudar en la calle por motivos de salud Rafael López-Sidro, director de Cáritas Diocesana en Jaén desde 2010. "Estoy enclaustrado", dice a este medio. No sale de casa, pero está al corriente de todo. Reconoce que nunca había vivido nada semejante. "El coronavirus motivará un cambio radical en la vida de las personas. Tenemos que volver a valorar al ser humano como el centro de nuestro quehacer", afirma, y lamenta que hayan ocurrido llamadas de auxilio inéditas: "Por primera vez nos han contactado hasta 20 familias de Hornos que no tenían ni para comer", lamenta.

La pandemia ha supuesto una reorganización tan mayúscula como sólida en Cáritas. Los 2.039 voluntarios en la provincia también han cambiado el método de atención en las parroquias, sujeto a citas previas por teléfono. "Al inicio de la crisis sanitaria tomé dos decisiones: proteger a nuestros voluntarios y buscar la vía para que el miedo no obstaculizase la atención a las personas que ayudamos, sobre todo a las de las residencias", expone. Es por ello que quedaron cerradas las cocinas de los comedores sociales, tanto el propio de la organización como los de Belén y San Roque y Linares. Los cocineros —la mayoría mayores— han vuelto, pero ahora las comidas se hacen para llevar. En las residencias de Santa Clara, de las mujeres que sufren maltratos y la de mayores en Andújar se prohibió la entrada y la salida. Además, las dos guarderías y el Centro de Formación quedaron cerrados.

¿Cuáles son las necesidades básicas? La respuesta remite al caso en Hornos de Segura, personas acostumbradas a generar ingresos en actividades que van y vienen, fronterizas con el mercado laboral. "La principal es la alimentación, y después los gastos de luz, los alquileres y el resto. Estamos preparados para cubrir todas las carencias, pero es cierto que lo estamos notando", explica. Cáritas sigue recibiendo alimentos. En previsión del vendaval inició una campaña de recogida recursos, con donaciones de dinero. "Los tres comedores están funcionando con los donativos", valora. Rafael López-Sidro tampoco ofrece dudas acerca del horizonte poscoronavirus, cuando la epidemia arroje datos menores de contagiados y muertes: "El problema es hasta dónde vamos a llegar en Jaén, con el paro tan grande que hay y que se duplicará o incluso más", advierte. En medio del caos, el director de Cáritas subraya una realidad halagüeña: "La provincia es extraordinariamente solidaria".

 Confección de batas para sanitarios en Cáritas Torreperogil. Foto: Cáritas.
Confección de batas para sanitarios en Cáritas Torreperogil. Foto: Cáritas.

EL CASO DE MARIA ISABEL Y LA MUDANZA INTERMINABLE

Una de las personas que más ha sufrido la cuarentena en Jaén capital ha sido Maria Isabel Guimarães, brasileña de 52 años afincada hasta hace días en una vivienda de la calle Martínez Molina. Vivió parte del confinamiento sin agua y nunca tuvo acceso al suministro eléctrico en aquel domicilio. El apoyo de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) le permitió vivir en compañía un desahucio que quedó sin ejecución, pospuesto por el Estado de alarma. El Ayuntamiento de Jaén ha ayudado en la mudanza a su nuevo piso, en la calle Adarves Bajos.

Maria Isabel Guimarães pagó la fianza el pasado 14 de abril con el aval de una voluntaria de la PAH, que ha denunciado junto con Barrios Ignorados a Endesa por la falta de suministro en el lapso de tiempo hasta la mudanza. "En este tipo de situaciones tenemos que plantar cara al poder económico, que al final decide sobre la vida de las personas", asevera Isabel Mateos, portavoz de la PAH. "Maria Isabel Guimarães nunca quiso poner en riesgo a nadie. Es la victoria de una mujer que ha logrado vivir dignamente", añade.

Además de en la PAH, Mateos milita en la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), siempre volcada en el apoyo al colectivo obrero más empobrecido, desde las empleadas del hogar hasta los migrantes pasando por los cientos de personas en ERTEs, que han recibido información para solicitar moratorias del alquiler. "Hemos colaborado con la Fundación Secretariado Gitano para facilitarle documentos útiles en el empadronamiento de familias que lo necesitan para recibir ayudas ante la falta de ingresos", indica. En Villargordo un voluntario ha registrado los testimonio de más de una decena de mujeres que buscan regular su situación. "Cada militante demuestra su compromiso ayudando a los demás", apostilla en alusión a personas que están integradas también en la PAH, en la Asociación de Vecinos Passo, en la Plataforma por la Salud y en la Plataforma Solidaria Jaén Covid-19. La HOAC ha empleado un fondo de solidaridad con trabajadores de la economía sumergida. El objetivo, que nadie quede atrás. Y que la idea no sea sólo un eslogan político.

 Maria Isabel Guimarães, en su nuevo piso.
Maria Isabel Guimarães, en su nuevo piso.

ONG AZUL EN ACCIÓN SANTIAGO-PONTONES, DE LA COOPERACIÓN EN EL MUNDO A LA ASISTENCIA LOCAL

Inés Sánchez Lara (Santiago de la Espada, Santiago-Pontones, 1987) es odontóloga, tiene 32 años y una de las fundadoras de la ONG Azul en Acción Santiago-Pontones, deudora de la misma oenegé anclada en Murcia. Lo hizo porque advirtió un nexo que trasciende lo local: vecinos de Santiago-Pontones quieren ser solidarios con otras tierras empobrecidas. El Covid-19 ha alterado los planes de la oenegé, centrada ahora más en la asistencia en el municipio que en proyectos internacionales que apuntan a menudo al continente africano.

Una de las mejores aliadas de Inés Sánchez fue su madre, María Inés Lara, modista que hizo un paréntesis en su retiro para crear una red mayúscula de material de protección. De coser inicialmente 30 mascarillas pasó a que llegaran centenares a Andújar, Jaén, Cádiz, Murcia, Albacete y Valencia, entre otros municipios, aparte de abastecer a Santiago-Pontones y las aldeas. A Lara la ayudaron más mujeres que cosieron con esfuerzo. Y al mando de las operaciones de logística estuvo Sánchez, desde Granada. "Le dije a mi madre que yo me encargaría de coordinar la logística, tanto de las donaciones como de que se crearan grupos de WhatsApp para agilizar el trabajo", cuenta a este periódico.

Entre las funciones también estuvieron verificar tanto el material como las empresas de destino de las mascarillas. Inés Sánchez ha llegado a estar hasta 10 horas al teléfono con proveedores de tela. "En nuestra sierra todo llega más tarde. También el virus, y por eso hemos podido ayudar". Con ella están sus compañeros Yolanda Vizcaíno, de Pontones, y Antonio Rodríguez, de El Cerezo, quienes han trabajado como enfermeros.

Sánchez y el resto voluntarios respiran. Reconoce que la ola del inicio de la cuarentena ha remitido: "Hemos remado todos en la misma dirección. El pueblo siempre nos ha ayudado, y en cuanto pase esta campaña tendremos que recuperar las fuerzas. Ha reinado el respeto y la paciencia entre nosotros", razona, y remarca una clave para que el voluntariado tenga sentido y no agobie: disfrutar del camino. A Sánchez le emociona que el esfuerzo de su madre haya servido para mostrar más empatía por los trabajos que la odontóloga ha hecho en países como República Dominicana, Haití y Camerún: "Ella ha vivido con una experiencia propia la satisfacción que provoca ayudar", aporta.

La reflexión que la sociedad debe extraer del Covid-19, apunta Inés Sánchez, es que siempre ha existido un sentimiento de colectividad: "Tenemos que tener en cuenta que todos nos necesitamos en el mundo, aunque no nos veamos. Nadie está de forma independiente", sostiene. Vivir con menos es otra de las claves de un discurso cuyo respaldo social cuando pase la pandemia es una incógnita. ¿Quedará todo en buenas intenciones o habrá ese cambio radical que anuncia Rafael López-Sidro?

Los que ayudan en Jaén, en la capital y en el resto de la provincia, están tocados, porque nadie saldrá indemne, pero con fuerzas para seguir. "Le pido a la gente que sea responsable, que no le tenga miedo al virus, pero sí respeto", tercia María del Carmen Martínez, de Cruz Roja. "Que todos piensen en el cansancio físico y emocional de quienes seguimos al pie del cañón", implora. "Sólo podemos ayudar al resto si estamos bien", concluye Inés Sánchez.

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