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Tarde de Pokémon GO junto al Bulevar

Por Fran Cano - Octubre 25, 2018
Tarde de Pokémon GO junto al Bulevar
Antonio Gutiérrez muestra su teléfono con el pokémon Giratina. Fotos: Fran Cano.

Un grupo de jugadores de Pokémon GO se amontona en la calle Esteban Ramírez para capturar a Giratina, uno de los animales virtuales más recónditos

Aún no son las 18:30 horas del miércoles 24 de octubre, y junto al número 2 de la calle Esteban Ramírez hay un chico medio apoyado en la pared de un bajo del que entra y sale gente, junto al pub Nueva York City. El joven mira el móvil, como lo hacemos todos; muy de vez en cuando levanta la cabeza de la pantalla. A los pocos minutos llegan otros chicos, más o menos de su edad, en un coche. Hacen amago de aparcar cerca, saludan a su amigo y buscan donde dejar el coche. Lo aparcan no muy lejos. Cuando vuelven y se colocan junto a él también sacan el móvil. Uno de ellos llevo dos teléfonos inteligentes.

De tres pasan a ser cinco y de cinco diez y de diez a una quincena. Todo en apenas minutos. Hay un chico de pelo rizado que ha llegado con una amiga; un joven de barba y camiseta morada Levis, y un hombre rapado con el chándal del Barça. Son solo algunos. También se suma Antonio Gutiérrez, de 36 años. Lleva un auricular en la oreja y dos smartphones a los que tampoco quita ojo.

—¿Estáis jugando a algo?
—Sí. Es Pokémon GO.

Gutiérrez explica a este periódico que el motivo de la concentración de jugadores es Giratina, uno de esos animales virtuales que aparecen muy de vez en cuando.

—¿Y conoces a toda esta gente?
—No, a un par de ellos —dice.

Dos mujeres pasan junto al grupo, y una de ellas expresa su desconcierto:

—¿Qué están haciendo aquí?

Pero nadie contesta ni se da por aludido, o directamente no escuchan el comentario.

"YO VENGO POR MI HIJO"

La quedada es posible a partir de los grupos de Telegram. Sirven también para intercambiar datos y estar a la última de los animales que surgen. Es el día de Giratina.

Un Seat azul gris aparca junto al lugar. De él se baja Manuel Molina, ya con el móvil de la mano. Ha venido a traer a su hijo.

—Yo he venido por él —admite a este periódico.

El pequeño, que es bien pequeño y tiene cara de pasarlo en grande, ya está manos a la obra.

—¿Todavía no?

El padre apremia a la captura, pero todo lleva un tiempo. Porque Giratina cae como fruta madura, mientras la mayoría de los presentes inicia una estampida silenciosa hacia el Bulevar.

Se van todos. También el padre y el hijo, otra vez en el coche. Tienen que irse.
En cada puerto un Pokémon espera. Y aún es de día.

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