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CUSTODIOS DEL LENGUAJE DE LAS CAMPANAS

CUSTODIOS DEL LENGUAJE DE LAS CAMPANAS

Por Esperanza Calzado - Abril 06, 2019

El toque manual de campanas será Patrimonio Cultural Inmaterial. El Gobierno no quiere que la tradición se pierda. Para evitar que eso suceda están Elena, María del Mar, Yolanda o Alberto, custodios de un lenguaje y de unas piezas que deben perdurar por los siglos

... "Y el corazón siente abril, cuando repican por ti, campanas del Santuario. Sales Madre con Andújar y Andújar, siempre soñando".

Si hay un sonido que los iliturgitanos tienen grabado a fuego ese es el tañido de la Basílica Menor del Santuario de la Virgen de la Cabeza. Lo escuchó Benedicto XVI cuando cruzó la Puerta de Alcalá en la tarde del jueves 18 de agosto de 2011. Todos los bronces de Madrid tocaron, al tiempo que cientos de adolescentes hicieron sonar sus móviles y mp3, una reproducción del repique del templo de la Patrona de la Diócesis de Jaén. Era la Jornada Mundial de la Juventud.

Su sonido es inconfundible. Llama al momento más importante del año para la vida de un romero, la procesión de la Reina de Sierra Morena. Cuando las tres piezas fundidas con cobre alemán comienzan a sonar, las lágrimas afloran, la fe se desborda y el tiempo se para por un instante. Es el lenguaje de las campanas, de un instrumento musical que nos ha acompañado a lo largo de nuestra vida y cuyos custodios se cuentan con los dedos de una mano. Jaén es provincia protectora de un tañer patrimonial.

Sus melodías han ido regulando la vida cotidiana y acompañando a una comunidad que vivía al compás de los golpes del sacristán o sacristana. Lo hacía en tiempos en los que no existían los teléfonos móviles y los relojes eran cosa de ricos. Su repique controlaba los momentos de oración o recogimiento, pero también marcaba la jornada laboral. Por la mañana, con el toque de oración, se comunicaba que era hora de incorporarse al puesto de trabajo; al mediodía, con las notas del Ángelus, llegaba la comida, y por la tarde, con las de oración, se avisaba que la jornada laboral había terminado. La noche empezaba cuando se cerraban los portales de la ciudad al escuchar el toque de cierre de murallas. 

Nada de eso queda ya.

—Tengo que ir por las mañanas a abrir la puerta de la iglesia y luego volver a las dos. Los viernes es cuando hay misa y vuelvo a tocar las campanas.

A Elena Ramírez Ceballos se le conoce en la Ribera Alta, en Alcalá la Real, como la campanera. Es de las pocas, por no decir la única, sacristana de la provincia que todavía hace a mano lo que en la mayoría de las iglesias se ha mecanizado. 

A sus 75 años y con las rodillas ya resentidas, sube las escaleras con las llaves colgando, como repite desde los doce años, cuando su abuela le enseñó a tocarlas.

—Ella vivía en Santa Ana, donde yo nací. Pero luego nos vinimos a Ribera Alta. Con ocho años me enseñó todo lo que sé ahora y desde los doce llevo haciéndolo. Mientras pueda, seguiré.

Ya no tiene que pensar mucho a la hora de hacer sonar las imperiosas piezas. 

—Doy la señal de misa y la de difuntos, pero esto es muy pequeño y no hay muchos entierros por aquí.

Signo de una despoblación que amenaza con desertizar las tradiciones que nos hacen entender nuestra vida actual. Porque preservar el pasado es aprender para el futuro. Escuchar a nuestros mayores es martillear una experiencia que, como el repicar, se graba a fuego en nuestra mente. 

DEFENDIENDO EL PATRIMONIO DESDE 1881

En el polígono industrial de Torredonjimeno las campanas todavía marcan la jornada laboral. Empieza como este reportaje, con el repicar del Santuario de la Virgen de la Cabeza. Su sonido sale, días tras día, al despuntar el alba, de la megafonía de la empresa Campanas y Relojes Rosas. Se creó a finales del año 2005 para dar continuación a una saga de maestros fundidores que data del año 1881.

 Foto: Campanas y Relojes Rosas.
Foto: Campanas y Relojes Rosas.

A pesar de su veteranía en el sector, las técnicas de elaboración de sus esculturas musicales no difieren mucho de las utilizadas en las primeras fundiciones de campanas europeas. Se han ido actualizando con el paso del tiempo, ajustándose a mejoras de la calidad y el acabado del producto, todo ello sin dejar atrás el corte, diseño y sonoridad por la que sus piezas son reconocidas a nivel mundial. Con el paso de las décadas, la firma tosiriana ha ido sumando otras actividades como puede ser la automatización de campanarios, montaje y recuperación de relojería monumental, megafonía, sonorización e iluminación de edificios, entre otras. Pero las raíces no se pierden nunca.

María del Mar Rosas señala a su padre, su tío y a su abuelo en la fotografía en blanco negro. Ella sigue con la tradición que comenzó su bisabuelo. Son los únicos fundidores de campanas de Andalucía y una de las cuatro o cinco que quedan en toda España.

—Una campana no es ruido, es un instrumento musical. A pesar de lo que pueda pensar la gente, su cuidado y defensa sigue vivo. 

Mientras hacemos este reportaje, en sus instalaciones, vemos cómo se testa un sistema automático con wifi. Las nuevas tecnologías no son incompatibles con la tradición. Ahora se intenta imitar el toque manual, dándole el impulso a la campana poco a poco hasta que coge fuerza y empieza a dar las vueltas tan características. 

—Este tipo de sistemas optimiza todo. Mejora la protección de la estructura de la torre, porque las vibraciones tangenciales se minimizan. 

María del Mar Rosas defiende que el sonido de las campanas es algo cultural y característico de un pueblo. Lo dice mientras describe un trabajo que intenta recuperar el patrimonio, no solo por el tañir sino por la pieza en sí. También de los relojes monumentales, aquellos que el subconsciente asocia a las torres de los Ayuntamientos. Aunque se mecanicen, por ejemplo, hay veces que se deja el sistema de toque manual para preservar al máximo su originalidad. Pero además, en su labor diaria suelen operar con espacios declarados Bien de Interés Cultural, por lo que en sus procesos de trabajo hay todo un protocolo instaurado para mimar hasta la extenuación la historia de Jaén, Andalucía y España.

—El sonido de las campanas para la vida cotidiana es fundamental y en algunas provincias se han ido acotando las horas. Entiendo que la parroquia que toca las horas, los cuartos y las medias puede resultar molesta en algunos momentos.

Nos acordamos, durante la conversación, del vecino que denunció el ruido que, a su juicio, producían las campanas de la Catedral de Jaén. Su queja se remonta a 2005, cuando un residente de la plaza de Santa María presentó una denuncia porque le molestaba. No prosperó en primera instancia, pero dos años después, una sentencia del Tribunal Supremo le dio la razón y reclamó al Ayuntamiento a revisar los decibelios. El Obispado redujo el sonido, además de limitar la duración. En 2011 se aprobó una nueva ordenanza contra la contaminación acústica que permitía a las campanas de la Catedral de Jaén seguir sonando, al considerar su tañido como "singular" y autorizarlo como una de las excepciones.  

 Alberto Damas es el maestro fundidor de Campanas y Relojes Rosas. Foto: Esperanza Calzado
Alberto Damas es el maestro fundidor de Campanas y Relojes Rosas. Foto: Esperanza Calzado

En las instalaciones de Torredonjimeno trabajan diez personas, cinco socios y cinco empleados. Aunque sobre los papeles se diferencian los contratos, en el día a día, no. Porque todos sienten a Campanas y Relojes Rosas como parte de su familia. Es marzo y están interviniendo sobre doce piezas procedentes de Lebrija, de Nuestra Señora del Olivar, la Giraldilla como se le conoce. Son espectaculares. 

Alberto Damas es el maestro fundidor y lleva veinte años en el oficio. Empezó con 18 y todos sus compañeros llevan entre dos y tres décadas en el oficio, a excepción de los más jóvenes. Hace un recorrido por todo el proceso de fundición de una pieza, desde el inicio, con una terraja, que es el perfil interior de la campana y que comienza a fraguarse con barro y paja para hacer adobe. Cuando se hace el exterior, la campana ya está afinada con su nota musical. 

—La elaboración de una campana es complicada. Se necesitan entre 40 o 30 días, en función de los secados del adobe. 

La materia prima es oro guardado en paño. Son lingotes de bronce campanil, de Altos Hornos Bilbao. Conocidos como 80-20, que son especiales para poder afinarlos. Un material sensible que permite, por ejemplo, realizar un carillón musical con tantas notas como diga el cliente. Antes, el fundido cogía de chatarra y cojinetes. Hoy en día eso pasó a la historia.

La pieza se divide en tres partes. Al interior le sucede el estrato, el intermedio o 'falsa campana', que está cubierta de cera. Ahí quedarán grabados los motivos que pidan cada uno de los clientes. Una simbología que es parte de la historia. La tercera fase es calentar la matriz a fuego. El bronce se funde a más de mil grados centígrados para dar paso a uno de los momentos más importantes, ajustar la horma a su zapato. Una vez finalizado el secado, llegan los retoques finales. 

De una manera muy sintetizada, Alberto Damas explica el proceso con el conocimiento que le da ser el único artesano de este tipo que hay en Andalucía. Preguntado por si tiene temor de que esta tradición se pierda, a tenor de que solo hay cuatro maestros en España. Están en Gajano (Marina de Cudeyo, Cantabria), Saldaña (Palencia), Montehermoso (Cáceres) u Arcos da Condesa (Pontevedra). La respuesta es clara:

—No. Por ejemplo, aquí está ya mi sobrino, que tiene 18 años. Además, soy joven, tengo 38 años, y me queda tradición por delante. 

Alberto Damas se siente muy orgulloso de su trabajo, codo con codo con edificios patrimoniales y bienes de interés cultural.

—Es un orgullo trabajar en esto, más si te gusta. El 90% de los que están en esta empresa se dedican porque les gusta, lo llevamos inoculado en la sangre.

Él es capaz de viajar por España y reconocer, por el sonido o al mirarla, si una campana ha nacido de sus manos. Pero no solo eso. Identifica al instante si nació en la fundición, aunque sea de un siglo antes. Tiene el oído hecho al bronce tosiariano y al corte de la pieza, que es muy predefinido. 

 Campaña para conseguir fondos y cambiar las campanas de la iglesia de la Asunción de Iznatoraf.
Campaña para conseguir fondos y cambiar las campanas de la iglesia de la Asunción de Iznatoraf.

De sus manos nacieron, por ejemplo, las campanas de Iznatoraf, donde todo un pueblo se unió para recuperarlas. Fue en 2017. Vecinos del municipio realizaron mil y una actividades para recoger fondos para que las campanas de la Asunción sonasen en toda la comarca. Nuestra Señora de la Fuensanta. Es el nombre con el que bautizaron la más grande y la primera que se realizó. El grupo parroquial del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz tenía un objetivo claro: trabajar sin descanso para conseguir fondos para que el repicar se escuche en todos los rincones del municipio. Una campaña que logró movilizar a todos los vecinos y obtener un gran respaldo. 

Yolanda Molina Montoro, miembro del grupo parroquial, explica que fue con la llegada del párroco nuevo cuando surgió la idea de arreglarlas. “Fue una alegría para todos, ya que es algo que todos deseábamos que ocurriese. Era complicado porque siempre teníamos algo en lo que invertir el poco dinero que podemos recaudar los grupos parroquiales, pues el pueblo es muy pequeño y no tenemos muchos recursos”, reconoce.

EXPEDIENTE PARA DECLARAR EL TOQUE MANUAL PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL

 Dos de las campanas que se elaboran en Torredonjimeno. Foto: Esperanza Calzado.
Dos de las campanas que se elaboran en Torredonjimeno. Foto: Esperanza Calzado.

El 18 de febrero de 2019, la Dirección General de Bellas Artes publicó en el Boletín Oficial del Estado la incoación del expediente de declaración del toque manual de campana como manifestación representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial. El interés se debe a ser un lenguaje sonoro que ha funcionado a lo largo de los siglos como un medio de comunicación. Informar, coordinar, delimitar el territorio y proteger. Los toques, basados en el ritmo, han sido los encargados de organizar la vida comunitaria, de delimitar el tiempo y el espacio laboral, diario, festivo y de duelo. 

La Dirección General de Bellas Artes defiende que la protección de los toques de campanas manuales significa proteger cientos de sistemas locales de comunicación, con ciertas características compartidas por zonas, pero casi siempre únicos. Algo al borde de la extinción por dos motivos. Por un lado, la falta de campaneros y, sobre todo, la pérdida de sensibilización hacia este fenómeno de comunicación casi único en cada lugar, que tiene muchos y variados significados.

Para evitar que eso suceda están Elena, María del Mar, Yolanda o Alberto, custodios de un lenguaje y de unas piezas que deben perdurar por los siglos. 

 Campanas que se elaboran en Torredonjimeno. Foto: Esperanza Calzado.
 Campanas que se elaboran en Torredonjimeno. Foto: Esperanza Calzado.

COMENTARIOS

Juan Vicnete Córcoles de la Vega

Juan Vicnete Córcoles de la Vega Abril 09, 2019

Interesantísimo este reportaje sobre las campanas.

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Manuel Quintana Saguillo

Manuel Quintana Saguillo Abril 23, 2019

Muy interesante el articulo. Tengo entendido, que ademas de adobe para hacer el molde, añaden al barro sangre y clara de huevo. Es eso cierto? Acaso es para que la campana tenga mejor sonido?

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