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La emocionante historia del último zapatero de Santisteban

Por Javier Cano - Mayo 14, 2023
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La emocionante historia del último zapatero de Santisteban
Vicente Pardo, en su histórica zapatería santistebeña. Foto cedida por la familia.

Tras décadas manteniendo vivo un oficio tradicional y ejerciendo de músico, Vicente Pardo pasa las horas escuchando a sus canarios con los oídos del corazón 

"Un día cantó un ave, y él no oía su canto". Lo escribió José Hierro en su Cuaderno en Nueva York pensando en Beethoven, que "nunca pudo escuchar su Misa en Re, sus últimos cuartetos, su última sinfonía".

Pero, al leerlos, quien conozca la historia de Vicente Pardo Galdón (Santisteban del Puerto, 1934) pensará que, realmente, el gran poeta madrileño se inspiró en este hombre de campo, zapatero y músico que antes de "desembocar en la noche de los sonidos" se había convertido ya en toda una institución musical en su pueblo. Una historia, la suya, de esas que emocionan y sobrecogen a la par. ¿Que no? Lean, lean...

"Ha sido toda su vida zapatero, su padre lo era también y él siguió con el oficio; su padre empezó haciendo el calzado, luego un tío mío puso una zapatería y vendía, aparte de que tenían el taller. Y mi padre siguió con la reparación", explica Loren Pardo, hija del protagonista de este reportaje e intermediaria en las limitaciones que la sordera impone entre el personaje y el redactor. 

Sí, zapatero de dinastía que durante décadas y décadas ha atendido al personal en su entrañable negocio santistebeño y que ahora, a punto de cumplir los ochenta y nueve años de edad, Vicente deja por imposiciones de la edad y, también, por los méritos que a lo largo de tanto tiempo se ha ganado para disfrutar, tranquilamente, del invierno de su vida.   

Un establecimiento y una labor la suya con los que más que ganarse la vida, lo que ha hecho ha sido complementar los siempre esforzados e inestables ingresos de un hombre de campo a quien le llega el momento de decir adiós a su parroquia para pasar, definitivamente, a la memoria sentimental de los paisanos de los Higueras, los grandes escultores. "Había gente que quería que les enseñara el oficio, pero él no podía pagar a un aprendiz", aclara su hija. 

Con él desaparece una práctica tradicional que por mucho que el calzado de hoy en día cueste nada y menos, siempre tuvo clientela, atraída tanto por el buen hacer de Vicente como por su personalidad "divertida, dicharachera, bromista...".

En fin: un artesano al que le llega el merecido descanso, un gran trabajador que cuenta desde siempre con el aprecio de sus vecinos (no hay más que leer el sinnúmero de comentarios que generó la noticia del cierre de la zapatería en las redes sociales) y una persona ante cuyos ojos ha pasado la historia cotidiana de la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI. Hasta ahí, más o menos normal. 

 Vicente Pardo, en el centro de la imagen, con la tuba, en una instantánea de mediados del siglo XX. Foto cedida por Loren Pardo.
Vicente Pardo, en el centro de la imagen, con la tuba, en una instantánea de mediados del siglo XX. Foto cedida por Loren Pardo.

Cuando la emoción campa a sus anchas y genera un nudo gordiano es al conocer, de labios de su hija, las paradójicas circunstancias de una existencia tan marcada por la música como lastrada por el silencio:

"Ha sido músico toda la vida. Tocaba en la banda del pueblo, como su padre también y su abuelo; siempre tocó la tuba, se la dieron de pequeño, pero luego quedaron pocos músicos y se quedó con la trompeta, nadie le enseñó", comenta Loren Pardo, tan aquerenciada a la vocación de su progenitor que no lo dudó a la hora de estudiar música y, a día de hoy, dirige la Asociación Musical Santa Cecilia del municipio. Una influencia que alcanza también a una de los cuatro nietos de Vicente, María Mercado Pardo.

La hija de Vicente apostilla: "Tuvo siempre muy buen oído", tanto para la música como para apreciar la belleza del canto de los canarios, otra de las pasiones de Pardo Galdón, que describe las sensaciones que embargan al patriarca de la familia cuando acude a los conciertos que dirige: "No se pierde ninguno, aunque no escucha absolutamente nada; en Semana Santa le hicieron un pequeño homenaje que no esperaba, le hicieron regalos y le dedicaron unas palabras, y él estaba muy emocionado de ver a la gente mirándolo y aplaudiendo, sin poder enterarse del porqué".

Lo han intentado todo, han pasado por las consultas de algunos de los más reputados otorrinos de España y no han ahorrado a la hora de buscar el más eficaz de los audífonos, pero nada: "Nos dicen que es cosa del nervio". 

Casado con Sebatiana Olid Cerón (otra artista, pero del ganchillo), padre de dos hijas, abuelo de los nietos ya citados y hasta bisabuelo de tres churumbeles, Vicente no es ya aquel santistebeño encantado de conversar con la gente, de hablar y de escuchar, no... Y no por gusto suyo, ni mucho menos: 

"Antes se relacionaba mucho, ahora sale a pasear pero no puede entablar conversación y se siente mal, busca un poco aislarse, porque sufre". La pérdida total de la audición se llevó por delante un montón de tertulias, comentarios, chascarrillos..., pero los oídos del corazón no hay quien los ensordezca:

"Ahora, su día a día son los pajarillos, los canarios, que le han gustado mucho de toda la vida, con eso se evade, aunque no puede oírlos cantar. Se sienta con ellos en la terraza y comenta lo bien que cantan, aunque no los oiga". Imaginándolos, como Hierro escribió que componía Beethoven sus últimas obras. ¡Qué hermosamente triste, o qué tristemente hermoso! 

Lo mismo, con esos oídos hondos, sí escucha el aplauso inacabable de los lectores de Lacontradejaén. 

 Con su esposa, hijos y nietos en una reunión familiar. Foto cedida por Loren Pardo.
Con su esposa, hijos y nietos en una reunión familiar. Foto cedida por Loren Pardo.

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