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"Sé que la vida es un paréntesis"

Por Fran Cano - Octubre 07, 2018

Pedro Moya Campos (Madrid, 1946) ha escrito su primera novela, Mayo, amor rojo. La narración une dos momentos separados en el tiempo por medio siglo: el Mayo del 68 en Francia y el 15-M de España. El amor también tiene su espacio en un libro que no disimula las convicciones ideológicas del autor, digestólogo de profesión.

Atiende a Lacontradejaén en Renfe, y reconoce que su paso por la capital fue efímero. Le tocó, además, vivir un infarto en tierras jiennenses. Él, que ha escrito un libro de más de 600 páginas, afirma que la vida es un paréntesis. No hay, al menos no lo parece en la conversación cercana, un trasfondo religioso ni espiritual en esa afirmación vitalista. Ya ha presentado el libro en Jaén, y las primeras reacciones apuntan a la capacidad del autor para describir ciudades. Ha escrito más de una treintena de libros de viajes. En la entrevista, Pedro Moya tiene algo de presentador de televisión. Da bien a cámara y le acompaña una voz de narrador de cuentos. A su lado, fuera de escena, está su esposa.

—¿Qué le empujó a escribir ficción?

—Fue una pura intuición que tuve cuando estaba escribiendo un libro sobre París. Se me ocurrió unir el 15-M que surgió en ese momento en la Puerta del Sol, mientras yo escribía el libro sobre París, con el Mayo del 68 francés. ¿Cómo relacionar medio siglo de diferencia en el tiempo? Lo hice a través de una historia de amor entre un estudiante que va a ver el Mayo francés y una parisina revolucionaria del movimiento estudiantil. Mantienen la relación en la distancia incluso cuando él vuelve a Madrid. El estudiante termina la carrera, hace su vida y tiene una serie de incidencias que lo obligan a ir a Lisboa para interesarse por la Revolución de los Claveles. También ahí tiene una breve relación amorosa, y vuelve a Madrid. Es entonces cuando muere Franco y se produce la Transición española.

—En la novela combina, como dice, dos momentos muy alejados en el tiempo: el Mayo del 68 y el 15-M. ¿Por qué elegir esos dos momentos?

—Porque son muy importantes en la vida no solo en España, dado que el 15-M tuvo repercusión en Latinoamérica y coincide con la Primavera Árabe. Y de la importancia del Mayo francés no hay que hablar. En el siglo XIX se decía que cuando Francia estornudaba, Europa se constipaba. En el 68 Paris tosió y el mundo entero se contagió. Hubo movimientos estudiantiles sobre todo en México, y coincide, aunque sean culturas diferentes, con la Revolución de los Guardias Rojos en China y con el movimiento hippie. Es una época que marcó un antes y un después en la vida social y política del mundo.

 Vídeo y fotografías: Esperanza Calzado.
Vídeo y fotografías: Esperanza Calzado.

—Pasado el tiempo, ¿cómo ve ahora el 15-M?

—¿Cómo veo el resultado del 15-M de la Puerta del Sol? Un poco diluido. La ilusión, la esperanza y la lucha que se extendió a todas las ciudades y a los pueblos grandes de España se han diluido lentamente en abulia, en el botellón y en los malditos móviles. Me da rabia y pena ver a un grupo de seis o siete jóvenes alrededor de una mesa, juntos, cada cual con su teléfono. Nadie habla. Cuando estoy con gente, si alguien coge el móvil, le digo que lo aparte o que se vaya a hablar con su amigo o con su amiga.

—Su generación ha vuelto a salir a la calle por las pensiones, pero los jóvenes parecen apáticos. ¿Qué piensa?

—Me entristece mucho. Y por ellos. A mí me da igual, pero da pena, porque hablamos de una generación entera. Es el futuro de España, y sin embargo parece que a los jóvenes les trae sin cuidado.

"La fuerza y la lucha del 15-M se han diluído"

—¿Se inspiró en alguna pareja real para la historia de amor del libro?

—No, es ficción.

—¿No pensó en nadie?

—El libro tiene algunos detalles biográficos, pero son más bien nimios. Me facilitan el desarrollo de la acción. Pero mi experiencia amorosa no está plasmada en el libro.

—Está bien aclararlo con su mujer delante.

—No tiene nada que ver —responde y amaga con reír— porque eso pasó hace muchos años.

—¿Cómo fue la presentación en Jaén?

—Se dio bastante bien para la afluencia que suele haber. Yo la había presentado ya antes en el Colegio de Médicos, y me quedé sorprendido: fue más gente de la que esperaba. Asistió gente que yo había invitado por Facebook y otras personas que no conocía, y tuve el placer de saludarlos. Ahora seguimos manteniendo el contacto. Poco a poco me voy introduciendo en la vida social de Jaén. Hasta hace poco estaba aislado.

—¿Qué pensó cuando le comunicaron que trabajaría en el hospital de Jaén?

—En realidad no me lo comunicaron, sino que elegí yo venir a Jaén. Hubo concurso de traslado en Andalucía, y pedí todas las plazas que había vacantes para ocupar. Me tocó Jaén, porque era la cuarta opción que puse. A la provincia ya la conocía de siempre. Mis padres son de Jódar. Tengo dos hermanos también en Jaén, y, aunque yo haya nacido en Madrid, todos los veranos de mi infancia los he pasado en el cortijo de Jódar, que es un pueblo grande.

"Sufrí un infarto al poco de trabajar en Jaén"

—¿Cómo fue el contacto con la capital y qué destaca de los jiennenses?

—No me dio tiempo a relacionarme mucho, porque al poco de llegar sufrí un infarto. Estuve de baja laboral unos cuantos meses, me incorporé, pero me di cuenta de que no podía realizar la labor bien, como Dios manda. Y me dieron la invalidez absoluta. ¿Contacto? Ni siquiera pude tener mucho con los compañeros médicos, salvo con los miembros del equipo de Digestivo. No conocí a prácticamente nadie del hospital. Me encerré en casa y me puse a escribir. También viajé mucho. Yo en Las Palmas estuve muy a gusto, pero mis hijos empezaron a crecer y yo quería que viesen mundo. Creo firmemente que quien no viaja, no vive.

—¿Notó algo extraño en los días anteriores al infarto?

—El infarto de Jaén fue el segundo. Ya en el año 1993 me dio el primero en Sevilla. Estuve ingresado en La Macarena. Aquí en Jaén fue subiendo la Cuesta de los Civiles, de camino al trabajo. Me fui directo al Cardiólogo para decirles: 'Miren, creo que tengo un infarto'. Así lo confirmó el electro. Tenía cafinitrina —la pastilla del infarto— en el bolsillo, siempre la llevo desde 1993, y me tomé un par de cafinitrinas para subir la cuesta.

—Siendo médico, digestólogo, desde fuera parece que puede ser más fácil afrontarlo a posteriori. ¿Es así o uno se siente igual de vulnerable que alguien alejado de la medicina?

—Es una situación vulnerable, claro. Pero sí es cierto que tienes conocimientos, aparte de mi experiencia anterior. Con el primer infarto estaba con mis hijos mayores. Cenábamos en un restaurante cuando me dio el dolor y le pedí a ellos que avisasen al camarero, porque tenía un infarto. Yo ya lo sabía. Pero, claro, soy especialista en medicina interna y aparato digestivo. No sé si alguien ajeno a la medicina podría autodiagnosticarse —apunta con cierta sorna.

—¿Le cambió la forma de ver las cosas o ya anteriormente era consciente de la fugacidad de todo?

—No, no me ha cambiado en absoluto. Yo sé qué es la vida. Sé que es un paréntesis. Hay que vivirla lo mejor posible: follando mucho y jodiendo poco, lo menos posible. Lo puedo decir más alto, pero no más claro. Quiero decir que la vida es un paréntesis que hay que disfrutar sin molestar ni ofender a nadie. Nada más.

—¿Está tan mal la sanidad andaluza como aseguran profesionales críticos como Spiriman? O tiene razón la Junta, y está muy bien.

—Está mal, diga lo que diga quien lo diga. Está mal. Y creo que irá a peor. En vez de recortar en Sanidad y en Educación, los políticos deberían recortar sus sueldos vitalicios y otras muchas cosas.

"Mirar las musarañas no es perder el tiempo"

—Después de estrenarse con la novela, ¿le apetece probar nuevos géneros como el relato?

—De joven ya hice teatro, con unos 16 ó 17 años. Entonces escribí pequeños sainetes que no eran graciosos, pero sí eran sainetes en cuanto a la forma de teatro. Me gusta el relato. Ahora estoy con un thriller de un asesino en serie. Y la poesía también me gusta. De hecho en Mayo, Amor Rojo hay dos poemas hechos ex profeso para el libro. Pero un poemario no me convence. Prefiero poesías sueltas que pueda incluir en narraciones.

—¿Es fácil administrar tanto tiempo libre o se puede caer en la tentación de pasar tiempo mirando las musarañas?

—Sí que es fácil. Y por otra parte, mirar a las musarañas no es perder el tiempo, siempre que se piense un poco. Es bueno tener tiempo para uno mismo. Cuando escribo en el ordenador, cada dos horas y media lo dejo y me voy a pasear por el patio, o hago bicicleta. Descanso media hora, porque no quiero tener la cara cuadrada de la pantalla.

—Qué bien le entiendo. ¿Se escribe mejor sobre la emociones teniendo tanto conocimiento sobre el cuerpo humano?

—A ver —y hace un breve silencio—, para describir relaciones amorosas hay que conocer el cuerpo. Pero eso lo conoce cualquiera, no hace falta ser médico para conocer el cuerpo humano. La descripción de los sentimientos está más vinculada con la iniciativa de cada uno y con el pensamiento individual que con el conocimiento externo.

—En la literatura interesan más la psicología y las emociones.

—Sí, claro.

—¿Qué libro recomienda a los lectores de Lacontra?

—Cualquiera de Arturo Pérez-Reverte. Aparte de Alatriste, tiene novelas muy buenas y muy interesantes. Ahora estoy leyendo su última historia, Sabotaje. Sobre mi novela, les digo a los lectores que es amena, con su punto de ironía. Seguro que pasarán unos días agradables.

Fotos y vídeo: Esperanza Calzado.

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