Atrapados en la nieve cuando se desplazaban a los servicios de urgencias. Intentaban llevar a su hija, con fiebre, al médico. Dos agentes de la Guardia Civil, fuera de servicio, cenaban junto a sus familias en un restaurante de Santiago de La Espada. Con un espesor de nieve de un metro y medio, aproximadamente, y ante el riesgo de que el todoterreno quedara atrapado, emprendieron la marcha a pie. Caminaron dos kilómetros hasta dar con la familia. Ocurrió el 28 de enero del año pasado.

En marzo de 2016, el cabo Francisco Damián Vílchez y los guardias José Miguel Robles, Carlos Iván Morillas y Francisco López andaron cinco kilómetros por el manto blanco que cubría los Campos de Hernán Perea para rescatar a un senderista. Uno de los casos más recientes, el de hace unas semanas, cuando otro senderista llamó a la Guardia Civil al quedarse atascado con su coche allí. Esta vez fueron espesores de entre 25 y 30 centímetros los que obligaron al agente y a un vecino a caminar cuatro kilómetros a pie para dar con él.

Abel es el propietario de un cortijo ubicado a un kilómetro donde vive Verónico Muñoz, por todos conocido como Genaro. Su historia ha agitado sensibilidades en Segura de la Sierra. Abel también ha sufrido en sus carnes la dureza de los copos blancos. Fue junto con su mujer, su hermana, sus dos hijos y su marido. La nevada los dejó atrapados y tuvieron que acudir a casa de Genero a por comida y leche.

—No teníamos de nada al haber ido solo para el fin de semana. Genaro, como en otras ocasiones, nos dio más de lo que necesitábamos.

La nieve suele ser motivo de alegría para aquellos que no la ven con asiduidad. Las redes sociales se inundan de fotografías para inmortalizar un bello manto blanco. Pero, ¿cómo es convivir con ella? Con temperaturas tan gélidas como los 20 grados bajo cero registrados en los Campos de Hernán Perea. Eso es otra historia.

Hay que conocer sus aldeas rodeadas de nieve y frío, mucho frío. En medio de un paraje tranquilo, silencioso, donde el tiempo corre diferente, marcado por el tiempo estelar. Una belleza incomparable que no se paga con dinero. Toca lumbre y estar al lado de ella, sin apenas salir. Pero hay momentos que ni el fuego calienta y solo arropado en la cama se aguanta mejor. Temor cuando el teléfono deja de tener cobertura en alguno de esos núcleos en los que apenas viven unos pocos vecinos. Siempre con la alacena llena, por lo que pueda venir.

Foto: Restaurante casa rural Don Domingo
Foto: Restaurante casa rural Don Domingo

Es viernes, a las ocho de la tarde, cuando hablamos con Francisco Robles, del Restaurante casa rural Don Domingo. Se encuentra situado en la aldea del mismo nombre y de mayor altitud del término municipal de Santiago–Pontones, el más extenso del Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas. La aldea está situada en una de las zonas más remotas y por ende, de mayor belleza de todo el parque: junto a la entrada de los inmensos Campos de Hernán Perea.

—Hoy ha hecho calor. Hemos tenido unos 7 grados sobre 0.

Cuando le preguntamos cómo se vive a 20 grados bajo 0 se echa a reír. Calcula que hasta -32 se han podido alcanzar en los campos, porque allí, en la aldea, serán unos 15 bajo cero.

—Con una buena lumbre, calefacción, teniendo salud y una buena comida serrana, el frío se pasa bien.

Para ellos, las bajas temperaturas están inoculadas en el ADN. En las noches de agosto se tienen que tapar, porque el sol que quema durante el día se convierte en unos gélidos 16 grados por la noche.

—Para que se haga una idea, en la casa rural tenemos la misma ropa en invierno que en verano.

Esa afirmación basta para hacerse una idea. El manto blanco es una bendición que atrae al turista. Ellos están al norte del sur, allí donde el comensal se sorprende por la gran cantidad de comida que lleva cada plato.

—Son comos los kilómetros en la sierra, más largos que en la campiña.

Porque a Santiago-Pontones se va expresamente o, como dicen en el lugar, Jaén no está de paso, hay que ir.

Fotografías facilitadas por proyecto FrostSE.
Fotografías facilitadas por proyecto FrostSE.

INVESTIGACIÓN

El interés científico que despierta zonas como Hernán Perea traspasa fronteras. Es el caso del proyecto FrostSE impulsado por el departamento de Geografía de la Universidad de Murcia. Nació a raíz de la tesis doctoral de David Espín Sánchez. Versaba sobre inversiones térmicas, polos fríos, tendencias de heladas… bajo la necesidad de disponer de datos de ámbitos montañosos, principalmente la cabecera del río Segura.

—Existe una importante laguna de datos meteorológicos en estos ámbitos geográficos y se hacía necesario conseguir estas temperaturas a través de registradores (datalogger).

Fotografías facilitadas por proyecto FrostSE.
Fotografías facilitadas por proyecto FrostSE.

Actualmente, el proyecto lo integran trece personas, la gran mayoría de la región de Murcia. Hay dos colaboradores de la provincia de Albacete, y otro de Alicante. Además, nueve de los participantes son geógrafos. ¿Qué hacen? Como principal objetivo, buscan constituir una amplia base de datos de temperatura, principalmente en ámbitos montañosos, con la idea de poder extenderla en el tiempo. No hay que olvidar que las bases estadísticas adquieren verdadero rigor científico cuando poseen un gran intervalo temporal.

Además, con los datos registrados se analizan los procesos de inversión térmica, tanto tipología como de intensidad del fenómeno. Esto es un aspecto clave para la predicción de temperaturas mínimas y heladas en los fondos de valle. De hecho, en la actualidad constituye uno de los mecanismos de más compleja predicción en el mundo de la meteorología.

—Cómo no, también queremos buscar los puntos más fríos del interior sureste peninsular.

¿POR QUÉ LOS CAMPOS DE HERNÁN PEREA?

Fotografías facilitadas por proyecto FrostSE.
Fotografías facilitadas por proyecto FrostSE.

La respuesta la tienen clara. Principalmente, por ser el ámbito geográfico del sureste peninsular con los registros de temperatura más bajos.

—A través de estudios previos y de compañeros aficionados a la meteorología que ya monitorizaron algunos sectores de Hernán Perea en pasados inviernos, nos dieron la pista del potencial que efectivamente poseía esta altiplanicie, la más extensa de la Península.

De esta manera, han podido corroborar esta afirmación con los registros de temperaturas mínimas que han descendido durante el pasado año 2017, a -20,1 grados. Se han contabilizado 180 heladas, de manera que una de cada dos jornadas la temperatura ha descendido a 0 grados centígrados, según sus registros.

—Y finalmente, por el gran interés científico que despierta, siendo una verdadera joya desde el punto de visto geomorfológico y climático.

UN FEBRERO HISTÓRICO

Fotografías facilitadas por proyecto FrostSE.
Fotografías facilitadas por proyecto FrostSE.

Los últimos datos disponibles son del 13 de diciembre de 2017. Los miembros de este proyecto estiman que los primeros días de febrero se pudo registrar un valor inferior a los -20,1 centígrados. Los espesores de nieve fresca ayudan a que las temperaturas mínimas, durante noches estables, es decir, sin viento y cielo despejado, se desplomen de forma mucho más importante. En ese sentido, las poblaciones próximas a Hernán Perea (Don Domingo, Pontones, Cañadas de Nerpio, Huebras) han registrado temperaturas de entre 12 y 15 grados bajo cero durante estos días.

—A pesar de ser zonas realmente frías, este invierno ha supuesto registrar valores extraordinariamente bajos.

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