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LA VOLUNTARIA QUE ENCONTRÓ UN REFUGIO EN LA PANDEMIA

Por Fran Cano - Septiembre 05, 2020
LA VOLUNTARIA QUE ENCONTRÓ UN REFUGIO EN LA PANDEMIA
Esperanza Gómez, en el voluntariado de Cruz Roja Juventud. Foto: Cedida.

Esperanza Gómez, voluntaria por primera vez en Cruz Roja Juventud, relata su experiencia en el plan Responde, la mayor operación de la organización para combatir la crisis sanitaria

Una de las experiencias más increíbles que ha vivido y vivirá Esperanza Gómez Marín (Úbeda, 1998) es muy reciente: ha sido voluntaria en Cruz Roja Juventud (CRJ) desde comienzos de abril hasta finales de junio. La ubetense estrenó voluntariado en condiciones excepcionales. Su nombre y apellidos cuentan entre las 50.000 personas en toda España que se han sumado al llamamiento de Cruz Roja Responde, la mayor movilización de recursos de la historia de la organización para enfrentar a la pandemia. El objetivo, asistir a 1.350.000 personas en dos meses. Esperanza Gómez ha sido aliada y testigo directo de quienes más han sufrido las consecuencias del coronavirus.

Todo empezó, cuenta ella por teléfono a este medio, porque el agobio creció ya desde antes del Estado de alarma. Había concluido el grado superior de Comercio Internacional en Jaén y estaba a las expensas de las prácticas. Gómez llevaba tiempo sin ver a su pareja. El viernes 14 de marzo a las ocho de la tarde él salió de trabajar en Úbeda y pensó en pasar el fin de semana con ella. "Ese día se anunció el inicio de Estado de alarma. Se iban a cerrar fronteras. Y nos quedamos quietos", relata. Esperanza Gómez se quedó sin ese 'minipuente' con su novio, pero sólo era el comienzo de más renuncias impuestas por la situación. "Mi compañera de piso, Ana Carillo, fue un gran apoyo. Yo estaba a la deriva. Sólo salía del encierro para sacar a mi perra Maly", detalla.

LA LÍNEA DE LA ESPERANZA

El jueves de la última semana de marzo Esperanza Gómez accedió a la web de Cruz Roja, comprobó que seguía vigente el formulario para entrar al área de Juventud y lo completó. El lunes siguiente recibió una llamada de la entidad: le dieron las gracias por el interés, pero le comunicaron que los grupos presenciales estaban cerrados. El móvil de la joven volvió a sonar dos días después: "Me dijeron que había una vacante en el centro de El Valle, en CRJ, para trabajar en el servicio Responde", cuenta. Aceptó y empezó su ayuda primero por teléfono y luego en persona a las familias más necesitadas de La Magdalena y del Polígono de El Valle.

En abril comenzó el voluntariado y conoció a María Jiménez, encargada de CRJ, y al técnico Alejandro Castillo. Los dos tenían que supervisarla y la primera tarea de la debutante consistió en llamar por teléfono a las familias auxiliadas antes de los repartos. "En aquella época del inicio del Plan Responde estábamos saturados. Los dos técnicos cubríamos la provincia entera: no parábamos con las llamadas, con los correos y con los repartos", recuerda María Jiménez. Enseguida advirtió el carácter introvertido de Esperanza Gómez, quien reconoce que le daba vergüenza hacer las primeras llamadas. "Hablaba con mucho tacto y cariño. Era muy sensible. Que haya trabajado antes con animales ya dice mucho de ella", expone Jiménez.

El voluntariado significaba y significa aún algo más para la joven de Úbeda y no sólo por el contexto; fue su primera experiencia laboral más allá de ayudas puntuales en la confitería de una familiar y del paso por la protectora. Se lo tomó muy en serio: fijó un horario y pasó de ir a la oficina dos días a consolidar una tercera jornada a la semana. La implicación creció y hasta los compañeros confiaron en ella para que hiciese en ocasiones tareas desde casa. "Yo siempre llamaba a las familias antes de los repartos, que eran sobre las diez de la mañana", dice. "Nunca se achantó pese a la carga de trabajo. Cada día quería saber más. Ha sido la voluntaria estrella en el momento adecuado", tercia María Jiménez. La atención por teléfono que prestaba derivó en un apodo cariñoso por más dramático que suene: "La línea de la Esperanza. Así la llamamos", apunta la encargada de CRJ.

DEL TELÉFONO A LA CALLE, LA REALIDAD EN CARNE VIVA

Esperanza Gómez estuvo al quite al teléfono hasta el último día del voluntariado. Pero llegó un día en que le puso rostro a las voces. Fue cuando formó parte de las grupos de reparto de alimentos. Reconoce que la experiencia resultó un 'shock'. "El primer día en la calle me inspiró mucho respeto. Una cosa es hablar por teléfono, escuchar la amabilidad de las personas que sufren, y otra es comprobar las condiciones en las que viven", analiza.

Quienes esperaban con más ilusión los repartos eran los niños, porque las caras de los voluntarios eran las únicas diferentes que veían en los meses del confinamiento. "Han sido los grandes olvidados de la crisis sanitaria", lamenta María Jiménez, quien pide más atención para ellos justo cuando está en marcha la vuelta al cole. "Yo advertí en la calle que el riesgo de la pobreza lo tenemos todos. La gente cree que este tipo de ayudas son sólo para migrantes", concede Gómez.

Además de alimentos, la voluntaria se sumó al reparto de tablets que contaban con internet gracias al apoyo de las compañías telefónicas. Se dio cuenta de que no en todos los hogares hay un ordenador por miembro. Por desgracia en algunos sólo hay un teléfono móvil para toda la familia; la brecha digital no se discute, es denunciada por quienes la han chequeado de cerca. "Parece que por vivir en la era de la tecnología todo el mundo tiene acceso a internet, pero no es así", manifiesta. En Jaén han sido apoyadas 180 familias, según datos de Cruz Roja.

"SI VUELVO A COLABORAR, LO HARÉ CON MÁS HUMOR Y VALENTÍA"

Esperanza Gómez ha vuelto a Úbeda y aún espera hacer las prácticas para completa el grado. Si hay un nuevo confinamiento, ¿repetiría la experiencia con Cruz Roja? Ella responde que sí, que lo haría desde su ciudad, porque ahora no tiene piso en Jaén, pero que claro que volvería a hacerlo y con más seguridad. "No me haría falta el guión que me preparaba antes", comenta entre risas. Dice que le echaría al asunto "más humor y valentía".

El pudor que le daría una posible asistencia en Úbeda es encontrarse con alguien conocido, circunstancia que no vivió en Jaén capital. "He perdido bastantes miedos y me he dado cuenta de que si no sé hacer algo, me pongo y soy capaz. Estoy muy agradecida a Cruz Roja, porque me he sentido muy valorada", añade.

María Jiménez le pidió recientemente a Esperanza Gómez que resumiese cómo había sido la experiencia de voluntaria. La encargada de CRJ no esperaba un testimonio tan sincero. No esperaba un audio de casi 19 minutos donde la joven subraya el impacto que tienen detalles a priori banales, como animarla a que saliese a la calle con los repartos. "El audio me emocionó. Lloré al escucharlo. Hay voluntarios y voluntarios, y ella es de las que ha estado aquí para aprender", alaba Jiménez. "Tenemos que dar confianza. De nada sirve que alguien venga sólo a hacer fotocopias", agrega. "El consejo que doy a quien quiera hacer un voluntariado es que sea formal. Yo llegaré con más ganas a la empresa donde me toque trabajar", concluye la joven que encontró un refugió inesperado en los peores días de la pandemia.

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