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"Los usuarios son el alma de la biblioteca"

Por Fran Cano - Junio 28, 2020

Alicia Arenas Villén (Alcalá, 1964) no intuyó de niña que iba a ser bibliotecaria. Le gustaban las letras, tenía carné para el préstamo de libros, pero jamás pensó que desarrollaría décadas de profesión entre volúmenes de toda clase. Dirige la Biblioteca Pública Municipal Carmen Juan Lovera de Alcalá desde 1996. La digitalización y la llegada de las nuevas tecnologías es, dice, un camino que sigue en marcha. Una obligación que la ha estimulado como profesional.

Acerca del coronavirus, Arenas alaba la respuesta que ha tenido el comercio local, el de los barrios. Ella apenas salió en el confinamiento, aunque en cuanto pudo regresó a trabajar desde la biblioteca. "Estamos deseando de que vuelvan los usuarios", reconoce la semana en que regresaron las actividades culturales. La quietud del espacio en medio de una tarde noche de lunes impacta. Entra la luz todavía con fuerza. Alicia Arenas atiende a Lacontradejaén.

—¿Cómo llevó ser una bibliotecaria confinada?

—Fue sorprendente. No sabe una hasta qué punto puedes llegar a encajar lo que ocurre, y eso que habíamos leído y escuchado noticias acerca del coronavirus en China. Parecía lejano. Y de pronto nos llamaron a una reunión urgente en el Ayuntamiento de Alcalá. Creo que fue el 12 de marzo. Nos comunicaron que había que cerrar la biblioteca al público. Fue un mazazo. La verdad es que no pensé en el trabajo, sino en lo que se venía. Recuerdo que me fui a casa, por la tarde volví a la biblioteca y le comentamos a lo usuarios que estaría cerrada a partir del día siguiente, viernes 13. Nadie encajaba lo que ocurría. ¿De verdad nos estaba pasando? Pusimos el cartel y el viernes ya trabajamos a puerta cerrada.

Además se comunicaron las medidas de seguridad. Me organicé para trabajar internamente con el personal. Siempre hay mucho trabajo interno en la biblioteca. Yo soy personal de riesgo, y me comunicaron que no podía venir. Tenía que teletrabajar.

—¿Qué tal ha sido el regreso a la presencialidad?

—La vuelta la he llevado bien, porque ya habíamos encajado la situación. No he parado de trabajar. Es cierto que todo es raro. Los libros siguen aquí, pero el alma de la biblioteca son los usuarios. Es extraño venir y ver la biblioteca vacía. Lo único presencial son los préstamos y las devoluciones. Si alguien viene a preguntar por novedades, le mandamos la información por correo electrónico y se formaliza la reserva. El encargo del libro siempre es previo.

—¿Han cambiado las inquietudes de los usuarios desde el confinamiento hasta la nueva normalidad?

—No. Fue curioso lo que pasó con el libro La metamorfosis, de Kafka. De repente tuvo una gran demanda. Pero no han cambiado las inquietudes, sino la manera en que los usuarios se acercan porque ahora no pueden buscar entre las estanterías. Antes el usuario era independiente. Nosotros tenemos todo el catálogo informatizado, unos 28.000 registros, y todo se puede buscar por título, materia, editorial e incluso por fechas. Pero el usuario no está acostumbrado a esta modalidad. Lo normal es venir y conversar desde el mostrador, donde el diálogo lleva a los libros. Ahora la gente dice: "¿Cómo me llevo el libro sin verlo?". Estamos abundando en el ámbito digital, con la creación de guías de lectura para mandarlas por correo y publicarlas en la cuenta de Twitter de la biblioteca.

—Esta semana han regresado las actividades culturales a la biblioteca. ¿Cómo lo ha vivido?

—Muy bien. Es cierto que también ha sido raro, porque cuando hay una actividad la biblioteca está abierta de par en par. Esta vez fue en el Patio de la Lonja del Arcipreste, con la valla medio abierta para controlar el acceso previa inscripción. Hemos hecho grupos familiares para que la gente de la misma familia pudiese estar junta. Se han respetado las medidas establecidas, desde el metro y medio de distancia hasta el uso de mascarillas.

"EL LIBRO ELECTRÓNICO HA TENIDO MÁS ALTAS QUE NUNCA"

—Ya estamos en nueva normalidad. ¿Tenía ganas?

—Sí, muchas. Yo me vine a trabajar a la biblioteca en cuanto pude, después de Semana Santa. Como estaba todo desinfectado, pude trabajar desde aquí. No había riesgo, porque estaba sola. Puse al día el fondo local y la verdad es que tenía ganas de volver. También me resultó extraño, porque impactaba ver las calles sin vecinos.

—¿Pudo teletrabajar?

—Sí, al principio me agobié, pero con el tiempo me di cuenta que podía hacer muchas cosas. La herramienta principal es el ordenador. Instalé la aplicación necesaria sin problemas y autoricé altas para que los usuarios pudiesen descargar el préstamo de libros electrónicos en la plataforma eBiblio. Me llevé también el teléfono físico y solventé dudas como las vinculadas al carné digital. El libro electrónico ha tenido mucho éxito. Con la pandemia se dieron más altas que nunca. Existía desde hace años, pero el asesoramiento ha ayudado a que sea más utilizado y normalizado. Mi inquietud también era el fondo local, que es la niña bonita de la biblioteca. Faltaban libros por catalogar. Todo fue más sencillo desde aquí, claro.

—¿Cómo ha visto a la ciudadanía de Alcalá durante el confinamiento y en la desescalada?

—He visto poco a mis vecinos. Soy personal de riesgo y no he salido más allá de lo estrictamente indispensable. He sido otra observadora desde el balcón y desde la ventana. Hemos observado más que nunca. Creo que el comercio local ha respondido muy bien, sobre todo a nivel de alimentación. La respuesta en mi barrio, donde hay mucho comercio pequeño, ha sido genial. Me han servido estupendamente. Se lo han currado mucho. El otro día hablaba con una empresaria familiar y me decía que estaban muy cansados. El comercio local está en alza.

—Precisamente ahora la consigna es apostar por lo local, tanto en el comercio como en el turismo. Al final quienes han puesto la cara en el día a día del coronavirus han sido los pequeños comerciantes.

—Exacto. Quienes nos conocen son nuestros ojos a la hora de comprar. Quizá perdemos la referencia de lo que ha pasado, pero lo hemos pasado mal. Con el regreso a la normalidad, me fijo en los bares y siento una contradicción: la alegría de volver a gente en calle y la preocupación de qué puede pasar con las aglomeraciones. Sí creo que estamos siendo en general coherentes y responsables.

"LA GENTE LEE AHORA MÁS, PERO NO SABEMOS QUÉ"

—¿Por qué estudio para ser bibliotecaria?

—Fue casualidad. No era vocacional. Entré en la segunda promoción de la carrera. He tenido carné de biblioteca de Alcalá desde que tenía nueve años. Recuerdo que estaba en un grupo de teatro y en el edificio de los juzgados, donde antes estaba la biblioteca, teníamos un punto de encuentro. Con los años conocí a Paco Toro, que era de la primera promoción, y me habló maravillas de la carrera. Me decía que tenía futuro. Al final me decanté por la diplomatura de Biblioteconomía y Documentación. También me gustaba Turismo. Finalmente hice la carrera, no era algo vocacional, pero es lo mejor que me ha pasado. Me siento muy afortunada, porque me gusta mi trabajo y me da alegrías.

—¿Cuáles son las virtudes para ser eficiente en su profesión?

—Ha cambiado mucho la profesión, sobre todo con la llegada de las nuevas tecnologías. Además, hay que tener en cuenta la figura del documentalista. Yo hice la licenciatura y es una labor que ahora demandan las empresas dado que se genera mucha información.

—Imagino que el perfil es una persona ordenada.

—Claro. El orden tiene que estar, pero ya le digo que las nuevas tecnologías han cambiado el perfil. Yo ahora me he vuelto a formar en biblioteca digital y me doy cuenta de lo importante que es gestionar de forma telemática. También es importante ser buen comunicador desde las redes.

—Decía antes de la entrevista que las tecnologías cada vez le gustan más. ¿Han propiciado que leamos más?

—Pienso que sí. La gente lee más, pero no sabemos qué. Todo es más accesible. Cuando surgió el libro digital, pensé que no tendría éxito, pero la verdad es que ha llegado ya hasta usuarias mayores, que incluso lo reciben como regalo. Algunas me cuentan que les va de maravilla: no pesa, pueden poner la letra que quieran... Es un producto muy útil, muy ligero.

—¿Usted lee ya indistintamente en papel y en digital o tiene preferencias?

—En mi caso tengo en papel todos los libros que no puedo leer. Tengo libro digital, pero no lo utilizo. Entiendo perfectamente a la gente que lo utiliza mucho, porque viaja y es muy cómodo llevar todo en un aparato. El móvil es diferente, pero el libro digital es muy funcional. Incluso puedes subrayar.

—Sabina cuenta que una vez entró Alejandro Sanz a su casa y cuando vio la biblioteca del ubetense dijo: “¿Y tanto libro para qué?".

—(Risas) ¿Sí? ¿Eso le dijo?

—Se lo cuento por una cuestión: ¿cree que la gente le da la importancia que tiene al libro como fuente de conocimiento?

—Está claro que el libro físico es una fuente de conocimiento. Lo que ocurre es que ahora también hay otras herramientas disponibles. Los libros te dan la capacidad de ser más crítico y las claves para entender el mundo. Como los periódicos. Aquí tengo lectores de libros y lectores de prensa.

—¿Qué tipo de lectores son?

—De todo. Es cierto que el lector que viene a consumir aquí se decanta por la novela. Especialmente la histórica, la novela negra y la romántica. Tenemos, como le decía, muchos usuarios de periódico. Tienen un punto de encuentro y se interesan y comentan las noticias locales. Cada día me gusta mirar las noticias de Alcalá y los propios usuarios reconocen el vínculo con el municipio de protagonistas de informaciones. También tenemos usuarios de tipo familiar. Son parejas jóvenes que utilizan la biblioteca infantil. Y por último tenemos a la gente que viene a consultar el ordenador con acceso a internet. Es muy importante abrir las puertas. La biblioteca es una de las instituciones más democráticas. Aquí está en un punto muy de paso, estratégico. La gente viene como quien va a casa. Es de todos. Incluso hay usuarios que consultan dudas. Sirve para socializar.

—¿Cuándo abrirán como antes?

—Aún no lo sabemos. Estamos deseando de abrir las puertas con las medidas necesarias, como la cita previa. Nosotros estamos trabajando de mañana, de 08:00 a 15:00 horas. Ojalá se llene la biblioteca de personas otra vez.

—Un libro para terminar la entrevista.

—Últimamente he leído obras cortas de autores que no conocía. Me ha gustado Ordesa, de Manuel Vilas. Habla de la memoria familiar y está contado con mucha honestidad. Estuve hace un año en Ordesa de vacaciones y vi el libro. Esperaba que fuese algo parecido a una guía del municipio y es una biografía novelada. Es un libro muy humano y muy profundo. Me ha gustado leerlo en este momento. Los libros también tienen su tiempo.

Fotografías y vídeo: Fran Cano.

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