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"La mente siempre tiene que estar inventando"

Por Fran Cano - Agosto 29, 2021
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Ana Romero (Santa Ana, Alcalá la Real, 1994) es artista y ni ella sabe qué disciplina le gusta más: la pintura, el muralismo o el diseño gráfico. Halló paz y un ángulo de creatividad diferente con el máster de Arte Terapia, una suerte de punto de encuentro entre Bellas Artes, la carrera que estudió en Granada, y Psicología, la carrera que pudo estudiar.

Romero participa desde hace tres años en Abierto por Arte, el certamen de muralismo en Carchelejo, impulsado por la Asociación Huerta de los Frailes y el Ayuntamiento de Cárcheles, tiene dos murales gigantes en el pueblo y recomienda la experiencia con una máxima: los artistas no compiten o al menos ésa no debe ser la prioridad, según concibe la expresión artística.

Es lunes 16 de agosto de 2021, rondan las nueve de la noche en Santa Ana. En el patio de la vivienda de Ana Romero, junto a una piscina, hay un mural de flores. También enseña a este periódico el estudio donde pasa las horas en la noche. Ella duerme de día.

—¿Cómo lleva el arte con las altas temperaturas?

—Para mí es fatal. Lo peor del mundo. Porque cuando hace mucha calor en general no fluye nada. Cojo el pincel, me sudan las manos y todo se escurre. Y las ideas son lo peor, porque al fin y al cabo el calor te hace ir mucho más lento. En verano yo soy nocturna. Mi vida social es entre poco y nada, porque me levanto muy tarde.

—¿A qué hora?

—A las cinco de la tarde. Si me dejan, a las cinco de la tarde. Y me acuesto a las seis de la madrugada. Si eres un búho, no hay manera de conciliar tu vida social con la productiva. Yo por la mañana puedo echar cinco horas, pero si lo hago por la noche equivale a una en productividad. Me cunde mucho más por la noche.

—Hace más de un mes de Abierto por Arte en Carchelejo. ¿Qué tal recuerda la experiencia en otra edición marcada por el virus?

—Hubo muchos normas, todo fue muy regulado. Nos hicimos la prueba antes de ir. En caso contrario, había que aportar el certificado de vacunación. Es cierto que durante las comidas había que tener la mascarilla si no estábamos comiendo. En general, ha sido de los mejores años. He hecho más convivencias, y en ésta, aunque hubo muy poca gente, conectamos unos con otros. Quedó muy bien.

—¿Cree que se conoce lo suficiente esta especie de fiesta del muralismo en la provincia?

—No se conoce lo suficiente. Yo supe del certamen por Claudia, que es una de las organizadoras y fue compañera mía de Bellas Artes. Lo vi por una web que se llama Arte Informado, donde los artistas compramos y vendemos obras, también hay certámenes e incluso convocatorias para entrar en residencias. Vino a la última edición de Abierto por Arte incluso gente de Latinoamérica. Y creo que no se le da el suficiente bombo, para lo que supone en Jaén y en Andalucía.

—¿En Jaén no hay otro similar?

—Nada. Es el único. No hay más.

—¿Qué le llamó la atención la primera vez que hizo un mural en Carchelejo?

—Yo he participado tres años. En la primera edición hice pintura rápida, que se solapaba con el muralismo. Fue justo el año anterior a la pandemia. Yo no sé si nos juntamos quince personas entre muralistas y pintores. Lo que más me llamó la atención fue el buen rollo. Generalmente en las carreras creativas, sobre todo en Bellas Artes, Teatro y Música, hay muchísima competencia. Y competencia mala. No es te echo una mano, tú me la echas y hacemos piña para crear una obra colaborativa. Es lo contrario, a matar. Yo de la carrera salí con un sabor agridulce. Lo positivo es cuando te das encuentro con gente que ha tenido formaciones distintas y da la casualidad de que son buenas personas. Cuando no hay competencia, los artistas se relajan y en vez de sumar puntos de vistas, multiplicamos. Todos aprendemos de todos, y sigo en contacto con la mayoría de la gente con la que participé en los últimos años en Carchelejo.

—Ha participado tres años y ya tiene dos murales en el pueblo. ¿De cuál se siente más orgullosa y por qué?

—Del primero que hice. Se titula El nacimiento de la vía láctea. Fue el que más me gustó. Recuerdo que el primer día pinté la pared entera negra. Era un muro de dos metros de altura y 16 de largo. Una barbaridad. Había que pintarlo negro, porque era la base del lienzo. Cuando las señoras que estaban sentadas al fresco vieron el inicio, me preguntaban: '¿Eso lo vas a dejar así?. No me digas eso, que me da depresión'. Pero luego ya vieron el proceso del mural y al final les gustó. Menos mal. Es del que más orgullosa me siento. Le echamos muchísimas horas y tuve un montón de ayuda. Por problemas del virus, fuimos un grupo reducido.

"LOS PROFESORES NOS INCITABAN A COMPETIR UNOS CON OTROS"

—¿Cuándo decidió que iba a estudiar Bellas Artes?

—No lo he tenido claro en mi vida. Desde que podía sostener un lápiz o un rotulador en mi mano, he hecho murales por toda mi casa. Se lo puede preguntar a mi madre, que está contenta conmigo. Con dos años empecé a pintarle todas las paredes. A partir de ahí mi familia me apuntó en talleres de pintura. Siempre he sido muy creativa. La mente siempre tiene que estar inventando cosas. Si algo está roto, hay que arreglarlo. Mi cabeza está siempre en plena ebullición. ¿Cuándo lo supe? Yo hice el Bachillerato de Griego y de Latín, porque era más o menos lo que más me puntuaba. Mis opciones para el futuro inmediato entonces eran Bellas Artes o Psicología. Una de las dos. Estaba cansada de estudiar en Bachillerato y al final opté por Bellas Artes para ver qué pasaba. No se me daba mal. Siempre hay tiempo de hacer Psicología, pensé. De no saber por dónde tirar, elegí ese camino y la cosa ha salido medio bien.

—¿Los años del Grado en Granada fueron cómo los imaginó? Le pregunto en todos los sentidos, desde la propia carrera a la vida sin padres.

—Si miro atrás, en cuanto a la carrera, no tenía nada que ver con lo que esperaba. Por lo que le comentaba antes, había mucha competencia. La mayoría de los vínculos no eran sanos. Los profesores nos incitaban a competir unos con otros en lugar de construir una comunidad. Y en lo que concierne a la nueva 'vida', me gustó muchísimo porque por fin constaté lo que era capaz de hacer sin un tutor pendiente. La convivencia en los pisos, como todo: cosas buenas y malas. Yo siempre he sido muy nocturna, con las clases por la tarde. Una compañera era lo contrario, muy diurna y quería que nos fuésemos fuera, y yo lo único que quería en la mañana era dormir. Al final, acabamos regular.

—¿Compartió piso con personas que conocía?

—El primer año, sí. Luego dos de ellas dejaron las carreras y no podían permitirse vivir en Granada y pasé a vivir con gente nueva. Lo recuerdo muy bonito. Es cuando realmente empiezas a vivir. Aquí, en Santa Ana, lo que hacías era seguir la corriente. En Granada empecé a tomar mis propias decisiones más lejos de la familia. También te invita a plantearte qué cosas echas de menos. Cada vez que regresaba, lo disfrutaba.

—¿Y volvía mucho? ¿Todos los fines de semana?

—Intentaba que no (ríe). Pero como máximo, una semana sí y otra no.

—Si ahora un estudiante de Bachillerato quiere estudiar Bellas Artes y le pide consejo, ¿qué le dice?

—Que eche mucha paciencia, que no se deje amedrentar ni por profesores ni por alumnos. Que haga lo que de verdad sienta y necesite expresar, que nunca deje de creer en lo que puede hacer y está haciendo. El tiempo nos pone a todos en nuestro sitio.

—¿Recomienda la carrera?

—La recomiendo, pero sin tomar todo muy a pecho. Porque yo siempre he sido una estudiante que he ido 'a full' con todo. Muy apretada. Si me lo hubiese tomado todo menos en serio, como las críticas, hubiese aprendido más. Y no lo hubiese pasado mal. ¿La recomiendo? Sí, totalmente, porque aprendes muchísimo, pero tienes que tener muy claro qué es lo que quieres, dónde estás y la opinión de quién importa.

—Claro que con 18 años la mayoría no sabe ni dónde está.

—Sí. Quienes mejores lo pasaron fueron gente más mayor, que ya habían hecho otra cosa y se metieron en Bellas Artes porque les gustaba de verdad. Iban a su bola, les daba igual todo, aprendían técnica y teoría e iban genial. Mientras que los más jóvenes iban a muerte, unos detrás de otros.

"NUNCA HE SIDO TAN YO MISMA COMO CUANDO ESTUDIÉ ARTE TERAPIA"

—Hábleme del máster en Arte Terapia. El título suena bien.

—Es una disciplina terapéutica, de Psicología, que sigue en pañales. Es una mezcla entre Bellas Artes y Psicología. Supone una manera de lidiar con los conflictos que tiene cada uno a través de obras creativas. En Bellas Artes prima el resultado final. Lo bonito o lo que quiere expresar la obra que haces. En Arte Terapia lo que interesa es lo que tú has elaborado mientras estás haciendo esa obra, aunque al final sea un mojón. Empiezas a sanar con el proceso de crear una obra. Es más fácil hablar de un conflicto a partir de un dibujo, de un cuadro o de una escultura de barro que hablar de ellos hablando de mí misma. La base de la Arte Terapia, tal y como yo la concibo, es lidiar con los conflictos o con cualquier tipo de problema a través de los medios creativos. Esos medios los modificamos y finalmente acaban modificándonos. Para mí, es mucho más fácil sanar así que simplemente contándole tus problemas al psicólogo. Es un camino más poético de descubrirse a uno mismo, porque la obra te dice cosas en las que no habías caído. Me gustó el máster. Lo pasé muy mal en los últimos años de la carrera.

—¿Por la competencia?

—Por todo en general. Estaba muy agobiada de tanta competencia y de intentar cambiar mi visión porque pensaba que no era válida. Intentaba adaptarme a todos los profesores y a toda la gente para que todo el mundo me diera su visto bueno. Y al final piensas que para qué lo necesitas, si yo ya valgo con lo que soy y lo que quiero expresar también es válido. Hice un minicurso de tres días de Arte Terapia y aquello fue la bomba. Me encantó. Ahí me di cuenta que era la mezcla exacta entre la expresión artística y la elaboración de conflictos de la mente. El máster fueron dos años en Granada y lo disfruté muchísimo. Nunca he sido tan yo como en esos momentos. Es muy importante. Luego ya tomas unos y otros caminos, y por eso este año hice el mural del faro, pensado para seguir reconectando. De eso me ha servido a mí la pandemia.

"QUE LA PANDEMIA NO NOS HAGA MIRAR A LADOS QUE NO NOS LLENAN"

—Me ha contado antes de la entrevista que está a la espera de saber si podrá irse a Bélgica para estudiar. ¿De qué se trata?

—Hice los exámenes hace unos meses, y los hice para ver qué ocurría. Soy una persona que me ilusiono mucho con las cosas. Si luego no salen, me vengo un poco abajo. Lo normal. Decidí tomarme el año de relax. Hago los exámenes y si los supero, ya veo qué tengo que hacer. Aprobé los exámenes. Tuve que hacer el oral, porque eran pruebas de nivel de idiomas. Sacaron las notas, aprobé todo. Genial. Al mes siguiente sacaron la convocatoria provisional y figuro entre las 25 plazas de cerca de 200 postulantes. Hay que tener en cuenta que la gente que lo consiguió el año pasado y no se pudo ir por el coronavirus tenía este año preferencia. Pensaba que no tenía opciones. Y estoy en la convocatoria provisional. En septiembre nos dicen las 25 personas que son finalmente elegidas. Estoy de vacaciones hasta que me digan si me voy o no.

—¿Y qué va a hacer?

—Pues supuestamente son cinco meses con todo pagado en Bruselas, y se trata de buscar una empresa que quiera a gente de prácticas para fomentar tanto que la juventud vaya hacia allá y que viaje para relacionarse con otras personas. La beca ronda los 6.300 euros.

—¿En qué le gustaría trabajar? No sé si tiene un puesto concreto o prefiere algo más abierto.

—Creo que voy por rachas. Como soy muy intensa, lo doy todo, pero mi mente necesita variedad. Necesito estar con varios proyectos a la misma vez. No puedo estar toda la vida pintando cuadros, tocando la guitarra o haciendo diseño gráfico. Tengo que variar. Me interesa un trabajo que precisamente me permita variar como para que la cabeza no se estanque en la monotonía. En el diseño gráfico entra todo. Arte Terapia exige muchísimo. La gente se vuelca en ti y necesita que estés centrado para que las emociones no te desborden. Ahí en el día a día me acabaría quemando. Si son cosas creativas, no tengo problemas, soy muy versátil, aprendo muy rápido y todo me interesa.

—¿Qué me dice de Santa Ana?

—Es como una familia. Todo el mundo se saluda por la calle, como ocurre en los pueblos pequeños. Todo el mundo te conoce y te pregunta qué haces.

—¿Tiene amistades aquí?

—Tengo a mis compañeros de Primaria. Creo que la única que queda por aquí soy yo, y de Alcalá la Real sí que tengo amigas. Ahora con el curso de Diseño Gráfico también he hecho nuevas amistades.

—¿Le gusta Santa Ana?

—Sí, me gusta la quietud, me gusta la paz. Me gusta estar encerrada en casa tranquilamente y que no se escuche nada. Mire qué tranquilidad ahora, por favor. Esto en Granada es imposible.

—¿Tiene pensado desarrollar en Jaén algún proyecto relacionado con el muralismo o con el arte?

—Claro, claro. Me encantaría. La cuestión es que el proyecto en Carchelejo es obra de una asociación, con muchísimas personas que se implican y todas están miran al mismo foco. Yo sola no sería capaz de mover todo esto. Necesitaría una asociación que respaldase el proyecto. Los ayuntamientos tienen sus prioridades y la cultura no es prioridad. Haría falta una persona sólo para lidiar con el ayuntamiento. Es probable que en Carchelejo se sumen más disciplinas, como la escultura, la literatura, poesía y música. Imagine unas jornadas con 50 personas de distintas materias convivan y hagan una obra conjunta. Es un proyecto muy ambicioso y vamos por buen camino.

—No le he preguntado por sus ídolos en el arte. ¿A quién admira?

—Uf. Creo que mi inspiración máxima y a quien siempre he mirado con estrellitas en los ojos es a Van Gogh. Esos colores, esas vibraciones, esa manera de expresar tantísimo con obras tan 'pequeñas'... El pobre hombre sólo vendió un cuadro antes de morir, y ahora sus obras son famosas. Me encanta poder mirar su trabajo y quedarme sin palabras porque las obras lo dicen todo. Los colores me flipan.

—Puede acabar como quiera. Un mensaje al mundo.

—No sé. Me lo mando a mí misma para que no se me olvide: hay que seguir recordando cada día quiénes somos, qué trozitos de la vida son los que forman nuestro núcleo y que no se nos olvide quiénes somos y a qué hemos venido. Que la pandemia no nos despiste mirando hacia lados que no nos llenan.

Fotografías y vídeo: Fran Cano.

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