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"Todo el mundo tiene su caricatura, hasta el más guapo"

"Todo el mundo tiene su caricatura, hasta el más guapo"

Por Javier Cano - Marzo 13, 2022
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Bajo su inconfundible sombrero pork pie, el ojo creador de José Miguel Serrano Cárdenas (Jaén, 1977) no descansa. Cruzarse con él es convertirse en modelo involuntario y repentino de una de sus preciadas caricaturas, que en la mayoría de las ocasiones son auténticos retratos de esos que biografían el alma, función inexcusable de este género pictórico, al menos para todo un Nobel como Anatole France.

Hombre del mundo pero apegado a su tierra, reivindica el patrimonio sentimental jiennense con una singularísima exposición que, hasta el próximo 2 de abril, se puede admirar en La Fábrica del Arte, en pleno barrio jaenés de San Ildefonso. Una buena oportunidad para acercarse a algunos de los nombres propios de aquí desde el más artístico de los desenfados, de la mano de Las retraturas de Serrano, de Jaén ni pollas. Con perdón. O no...

—Usted vive de retratar rostros, de exhibirlos en su versión más satírica, más hiperbólica, pero seguro que muchos no le ponen rostro a ese cada vez más reputado caricaturista que es José Miguel Serrano Cárdenas. Por este periódico no será, porque esta entrevista va bien servida de fotos suyas pero, ¿cuándo, cómo tomó usted conciencia de que lo suyo era esto?  

—Me viene un poco de familia, porque el primer cómic que tuve en mis manos (el número 1 del The man of steel, de John Byrne) me lo regaló mi tío Mariano [el recordado guitarrista y compositor Mariano Cárdenas Palacios, Jaén 1960-2020]. Gracias a él conocí el mundo del cómic y claro, lo que veía en las páginas aquellas me alucinaba, yo quería hacer eso. 

—Así empezó todo...

—Como la mayoría de los dibujantes, copiando a sus grandes ídolos. Poco a poco fui coqueteando con el mundo del cómic, pero no fue hasta muy avanzado el tiempo, hará cosa de unos cinco o seis años, que empecé a tocar el mundo de la caricatura. Lo veía difícil, me animaban los compañeros y empecé a tomar conciencia. 

—En plena infancia, ¿no?

—Tendría yo unos siete años, sí. Me regalaron un cómic y dije: "¡Esto es lo mío!".

—¿El descubrimiento de su vocación fue parejo al de sus aptitudes, sus habilidades artísticas?

—Bueno, descubrí que me gustaba mucho y empecé a practicarlo. Como cualquier tipo de arte plástica, a través del trabajo es como realmente la desarrollas y puedes llegar a ser medio bueno. 

—Iba usted a caballo por el camino del dibujo, de la pintura, lo que hoy se conoce como zona de confort; una luz lo cegó y, como a Pablo de Tarso, le mostró el camino de la caricatura. ¿Fue así, o sobra literatura en esta pregunta?

—Yo era muy seguidor del gran maestro que teníamos aquí en Jaén, Pepe Vica. Cuando abría el periódico, me quedaba alucinado, cómo con cuatro trazos conseguía plasmar a la persona. De siempre me han gustado artistas como Vizcarra (dibujante de El jueves, también español). Me gustaba el mundo de la caricatura, pero nunca me atrevía a dar el paso. Sí que es cierto que había coqueteado con los retratos a bolígrafo, pero no era lo mismo. 

—Hasta que dio el paso...

—Un día, por casualidad, unos amigos me dijeron: "Anda, haznos una caricatura". Vi que no se me daba mal del todo y creo que he encontrado mi hueco dentro del mundo del dibujo. 

—Hay quien dice que un caricaturista es, en realidad, un retratista frustrado, alguien que no se ve capaz de reproducir al modelo y se pasa al género satírico. ¿Está de acuerdo con esta etiqueta?

—Yo creo que no, que tienes que tener, primero, unas bases de lo que es el retrato, de cómo captar la esencia de la persona, la mirada, sus gestos típicos, que individualizan a cada una de ellas. No es que te frustres y digas "como no sé retratar, voy a hacer caricaturas". Creo que es, incluso, más difícil una caricatura que un retrato, porque con este eres fiel a lo que estás viendo en ese momento, pero la caricatura te da cierta permisividad a la hora de exagerar rasgos, por ejemplo. 

—Es decir, que muchos retratistas se las verían y se las desearían para firmar una obra como las que usted firma...

—Habrá de todo; el buen retratista, al final, es capaz de hacer una caricatura. 

—Mucho está apareciendo la palabra caricatura en esta entrevista, José Miguel, pero, ¿qué es, cómo la explica usted, que se pasa el día con ellas?

—Es un retrato, pero con cierta permisividad a la hora de no ser fiel a la persona como en una fotografía, y jugar con eso, con poder exagerar los rasgos.

—No hay nadie sin sombra pero, ¿y caricatura? ¿Todo el mundo tiene la suya?

—Sí, todo el mundo tenemos una caricatura. 

—Casi como la huella dactilar, ¿no?

—Sí, hay quien tiene los ojos más pequeñitos, la nariz más grande o la cabeza gorda... Todo el mundo, hasta el más guapo o la más guapa, que dices: "Tienes las facciones perfectas, las facciones griegas".

—En su oficio, la deformación profesional debe de ser de lo más divertida. Vamos, que va usted por la calle y rostro que ve, rostro que caricaturiza en su imaginación.

—Sí, sí, efectivamente, la verdad es que sí. Hay gente que tiene más preparados sus rasgos faciales para ser caricaturizada, pero sí, por deformación profesional cuando miro a la persona pienso: "Le haría tal, le haría cual...".

—Esta exposición, Las retraturas de Serrano, de Jaén ni pollas, así lo evidencia: rostros, algunos de ellos míticos, del Jaén de toda la vida como Falito, Piturda, la Juanita, el Calaíllas, el Rápido... ¿Cómo se le ocurrió recrear a tanta leyenda junto a vivos que prometen?

—Las he ido haciendo durante un periodo de tiempo pero, realmente, me ha involucrado más en este proyecto formar parte de la asociación Viñeta 6 de dibujantes de cómic (y mucho más, porque abarca más que el mundo del cómic y la ilustración). Hace cosa de unos diez meses, formamos una revista, The New Poller, que es un poco un alegato a New Yorker, de cultura en general de Estados Unidos; nosotros quisimos hacer nuestra propia versión jaenera y nos centramos en temas de Jaén, en cosas de Jaén y sobre Jaén.   

—Ahí se explaya usted.

—Hago La entrevística; le hacen una entrevista a un personaje famoso, por una cosa o por otra, como pintores, músicos, poetas..., y yo le hago la caricatura. Ahí he ido juntando bastantes personalidades de la tierra. 

—Vivos, muertos... ¿Quién es más complejo a la hora de ser retratado? ¿Presentan la misma dificultad, o eso de haber cruzado los límites de la vida dota al personaje de otras posibilidades? 

—Presenta más dificultad el fallecido, porque partimos de la base de que para hacer una caricatura hay que tener una referencia: normalmente son fotografías. Entonces, no es fácil conseguir fotos de gente como Piturda, El Calaíllas..., una fotografía que sea medianamente buena como para hacer una caricatura. Ahí pone también el artista de tomarse libertades a la hora de hacerle su caricatura. 

—¿Este género es bueno para retratar no solo lo que se ve, sino el alma del modelo?    

—También, también. Cualquier dibujo, si no expresa algo, un sentimiento, al final no dice nada, es un dibujo sin más. Conseguir que alguien vea una caricatura, por ejemplo, de Luis, el de la heráldica, que todos conocemos, que ha estado por Jaén siempre, por todos sitios, un hombre tan amable, tan simpático, que no se metía con nadie..., ver esa caricatura, identificarlo al primer golpe de vista y que te transmita algún recuerdo, ese es el tema.

—¿Se le ha enfadado alguien tras verse dibujado por usted?

—No, no, la gente lo acepta de buen grado y con mucho agradecimiento, yo jamás he tenido a nadie que me haya dicho: "¿Por qué me has hecho una caricatura?", todo lo contrario, mucho agradecimiento porque hayas tenido el gesto con la persona. Además, muchas de las veces no lo hago con ánimo de lucro, por venderlas. Estas de Jaén, por ejemplo, las hago por eso, por dejar una pequeña constancia para las futuras generaciones y que dentro de la memoria colectiva puedan saber quién era Piturda, quién era el Calaíllas, quién era Fátima Jerez...

—¿Se le ha resistido algún rostro, ha tenido que tirar la toalla porque no conseguía plasmar lo que perseguía?

—No; sí es cierto que algunas caricaturas cuestan mucho más trabajo y, en vez de hacer un boceto, tengo que hacer tres, pero normalmente a la primera suelo sacar el dibujo. 

—Y entre los pendientes, ¿quién anda en su lista de caricaturizables?

—Aquel hombre que iba por la calle vestido de marinero, corriendo, un hombre mayor... A ese hombre me gustaría hacerle una caricatura, para que quedara.

—¿Pone el ojo en alguien y le pide que pose? Por ejemplo, ese señor al que se refiere, al que le gustaría caricaturizar, ¿le pide permiso para hacerlo o no hay límites en esto?  

—Lo primero, ese hombre ya no me puede dar su consentimiento porque ha fallecido, murió en un accidente de tráfico hace por lo menos diez años; lo segundo es intentar documentarme, recordar o que alguien me diga cómo se llamaba la persona, y a partir de ahí hago el proceso de intentar localizar fotografías en redes sociales (¡gracias a las benditas redes sociales, que a veces no son para mal y nos ayudan en el trabajo), datos, documentación. Cuando son fallecidos es más complicado. 

—¿Y caricaturizar a un caricaturista? No debe de ser fácil, con un modelo que sabe perfectamente de qué va el tema. 

—Sí, juegas con esa baza: "¡Uy, este que sabe de arte...!".

—¿Ha tenido la experiencia?

—Sí, sí, y me encanta, me ha parecido perfecto, no he puesto pegas, porque sé que es difícil hacer una caricatura y le doy mucho valor. Que tengan el gesto de dedicar parte de su tiempo a hacérmela a mí lo valoro muchísimo.

—Durero, Leonardo, Rembrandt, Picasso, Frida... Entre los grandes pintores, el autorretrato es el pan nuestro de cada día. ¿Entre los caricaturistas también? ¿Se ha hecho usted un selfie sin móvil, a base de lápiz y talento, o eso son palabras mayores?

—Sí me he hecho mi propia caricatura; bueno, me he hecho dos, una a color y otra a lápiz. Es superfácil, porque te ves todos los días en el espejo y sabes cuáles son tus defectos, los plasmas mucho antes que los de un extraño. 

—Esta interviú tiene algo peculiar, señor Serrano: todavía no ha aparecido en ella la palabra pandemia, hasta ahora mismico. ¿Recomienda esta exposición a los agotados, a los hartos de tristeza, a los enamorados del Jaén urbano, callejero, entrañable?

—Que vengan y vean las caricaturas, que conocerán a muchos de los personajes o a los que no conocían antes; verán que en nuestra tierra hay gente intelectual, poetas, pintores, artistas, músicos... Que tenemos mucha validez y no se la damos realmente a nuestra tierra, ¡nos dan más aprecio fuera de Jaén que dentro".

—Reivindicativo termina usted, pero con Jaén entre los labios. 

—Eso es. 

Vídeo y fotografías: ESPERANZA CALZADO. 

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