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"Ser empresario es como tener la caja de bombones de Forrest Gump"

Por Esperanza Calzado - Agosto 19, 2018

En 2010, en plena crisis, se lió la manta a la cabeza y abrió Mi Red Empresarial, una consultora multidisciplinar especializada en empresa, emprendedores, agricultura, medio ambiente y desarrollo rural. Nada más abrir se dio "la primera en la frente" y así se ha ido labrando un camino, aprendiendo de las trabas que le ha puesto la vida. Ella es de las que no dan un paso atrás, ni tan siquiera para coger aire. El autoempleo ha sido su única manera de lograr la conciliación y es de las que piensa que ser empresario es como tener la caja de bombones de Forrest Gump: nunca sabes qué te va a tocar. Es lunes, en pleno agosto y ella siempre va corriendo. No para, es una mujer con energía. La esperamos en Bernabé Soriano, en Colombia 50 Café. Se disculpa por llegar unos minutos tarde, pero es por un buen motivo: reclamarle un pago a un cliente. Ella es Carmen Rueda Florido (Jaén, 1972) también presidenta de JAEM, la Unión de Mujeres Empresarias y Profesionales de la provincia de Jaén.

—¿Siempre quiso ser empresaria?

—No. Yo quería ser médico; más concretamente, pediatra. Pero cuando me dijeron que tenía que hacer autopsias fue cuando dije que eso no era para mí. Ya había cursado estudios de Auxiliar de Enfermería, de protésico dental... Iba disparada para hacer Medicina pero lo de las autopsias fue superior a mis fuerzas. Y entre medias de ese tiempo se me atravesó la informática.

—La Informática le cambió la vida.

—Entera. Fue ahí cuando redescubrí mi pasión. Para nada pensé que pudiera gustarme tanto. Empecé en un curso y descubrí que me encantaba. Después me saqué el título de técnico superior.

—¿Tu vida actual está ligada a la Informática?

—En cierto modo, sí. Yo empecé con gestión de ayudas del olivar en una empresa. Tenían un programa informático de apoyo para gestión de cooperativas y almazaras. Yo entré para atender todo lo relacionado con la informática, pero cuando me sobraba tiempo trabajaba en lo que estuvieran haciendo. Fue cuando aprendí qué era el tresolillo, las patas de los olivos... Estaba perdida pero aprendí a base de tortazos, como se suele aprender muchas veces.

—¿Entonces es usted una persona autodidacta y siempre con afán de aprender?

—No paro. Mi última titulación es Capacitación Docente en Competencias Digitales. 

—¿Y eso es...?

—Es la titulación que exige la Comunidad Europea, muy novedosa y que muy poca gente tiene. Soy formadora a través del programa Andalucía Compromiso Digital y me han capacitado para estar adaptada a la normativa europea. De hecho, somos de los primeros en Andalucía en hacerlo.

"SER AUTÓNOMO ES MUY DURO"

—¿Cuándo decidió que quería ser empresaria?

—Yo no creía en mí, fueron los clientes que conocí mientras trabajé en Aproliva. Ellos me decían que tenía que trabajar por cuenta propia. Una clienta me ofreció una oficina en Baeza para que la utilizara dos días en semana totalmente gratis. Otro se ofreció a darme los estatutos de la sociedad y los 3.000 euros necesarios para que se los devolviera cuando pudiera. Los clientes me ponían la empresa pero yo no quería porque mi padre ha sido autónomo toda la vida y yo sé lo duro que es. Mi padre trabajaba en el sector de la caza y cuando no era la temporada era muy complicado. Todo el mundo acudía cuando se abría la veda, pero comer y pagar facturas había que hacerlo todos los meses. La vida del autónomo la viví desde pequeña. 

—¿Al final cómo dio el paso?

—Como la gente creía mucho en mí lo que hice fue presentarme a un concurso de emprendedores. En un inicio quería presentarme a los premios de Innova Emprende de Diputación. Pero como no tenía nada, ellos mismos me derivaron al Imefe a los premios Jaén Emprende. Cuando presenté el proyecto lo primero que me preguntaron fue qué clase de proyecto era el mío porque no se entendía por aquel entonces. 

—¿Cuánto tiempo hace de eso?

—Estamos hablando del año 2008. No entendían muy bien que era una empresa tecnológica, a través de internet, sin oficina física y multiservicios con llave en mano. Estamos en 2018 y todavía cuesta entenderlo. El caso es que me presenté y al final gané. Y ahí fue cuando dije que tal vez el proyecto es bueno y que había que arriesgarse. Además, en ese momento entró en juego la necesidad de conciliar.

—La conciliación de la vida familiar y laboral, una utopía.

—En ese momento mi madre había muerto y me encontré con tener que cuidar a mi abuela y a mi padre, dos personas dependientes. Ese fue uno de los principales motivos por los que emprendí. Yo trabajaba por cuenta ajena y no podía estar cada dos por tres pidiendo permiso para ir al médico, porque eran ya muy mayores. Yo era la soltera y era a la que le tocaba siempre acompañarlos. Cuando trabajas por cuenta ajena no puedes estar pidiendo permisos cada semana. Mi solución para buscarme la vida y seguir trabajando en cosas que me gustarán fue el autoempleo. 

—¿Hoy en día puede decir que ha alcanzado la conciliación?

—Sí. Si no hubiese sido así no hubiera podido porque ninguna empresa aguanta esta situación. Eran dos personas dependientes y mi padre al final fue un gran dependiente. Es muy fuerte, pero tengo que reconocer que no estaba en la empresa trabajando a gusto. No sabía qué me iba a encontrar cuando llegara a casa. Ahora, mi trabajo me permite hacerlo desde casa y lo que no hacía de día, lo hacía de noche. Que tenía que ir a un pueblo, muchas veces me llevaba a mi abuela conmigo. Porque era una persona muy 'fuguilla' y estaba más tranquila controlándola que dejándola sola en casa. 

 Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado
Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado

—¿Era su única solución?

—No me quedaba otra. Sólo te daban 400 euros por cuidar a una persona, pero con ese dinero no tenía ni para jubilación ni para vivir. Además, estaban pagando una hipoteca y no podía ser. El autoempleo fue la salida menos perjudicial y la más provechosa. 

EMPRENDER EN PLENA CRISIS

—¿Qué balance hace de estos diez años?

—En 2008 empecé el concurso y hasta 2009 no se terminó. El premio fue un máster, el mejor que pude tener, y cuando ya terminé de formarme y montar la sociedad me alargué a marzo de 2010. Ya estaba la crisis. 

—¿Abrió su negocio en plena crisis?

—Me pilló de lleno. Además, como me fui de la empresa y perdí lo derechos no tenía nada. Cuando llegó abril el Gobierno anunció una retirada de subvenciones y esa era mi actividad principal, tramitarlas. Así que me tuve que reinventar desde el minuto cero. La primera, en la frente. Me reinventé con lo que había estudiado, la informática, y me vino muy bien. 

—¿Ese es el grueso ahora de su negocio?

—Es una parte. Doy formación en emprendimiento y en todo lo relacionado con tecnología digital. Pero también gestiono proyectos y hago las ayudas y subvenciones. Pero lo hago desde el principio hasta el fin, lo que se conoce como un llave en mano. El emprendedor delega todo en mí y tengo mi equipo de colaboradores. 

—¿Y sigue trabajando desde casa?

—Sí. Tengo oficina pero sólo la utilizo para reunirme con los clientes. El resto del tiempo suelo estar fuera porque viajo mucho, ya que me muevo con los organismos públicos. Muchas veces me voy con mi portátil y trabajo desde cualquier parte.

—Parece que cada vez es más normal entre las mujeres porque es la mejor manera de conciliar. ¿En Jaén también?

—Nos queda avanzar todavía. Piensa que somos una provincia rural, con eso ya te he dicho bastante. Los que están haciendo una gran labor son los centros Guadalinfo, ya que están disminuyendo la brecha digital en los municipios. Enseñan lo bueno que tiene conectarse a internet. Yo he dado cursos para enseñar a manejar smartphone a personas mayores y, poco a poco, han aprendido a pedir cita médica por internet o denunciar un desperfecto en su calle mediante Twitter. Una de ellas era bisabuela. Pero nos queda avanzar. La gente tiene que ver que no siempre es necesario tener una tienda física. Cuando uno emprende no tiene recursos y no hay ayudas a fondo perdido, solo el pago único del desempleo y las cuotas de la seguridad social, poco más. Todo lo que sea ayuda es buena, pero para el que empieza no. 

 Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado
Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado

—¿Qué se necesita?

—Cuando uno empieza lo que no tiene es dinero. Lo que le hace falta es tesorería. Pagar un alquiler de un local, acondicionar y mantenerlo, se te pasa el primer año de la cuota de autónomos a 50 euros y tal vez no hemos sido capaces de generar esos ingresos. A muchos proyectos les aconsejo que empiecen su tienda online e, incluso, en Facebook. Así ven si su producto tiene aceptación. Una vez que se tenga un nivel de clientes que permita pagar el alquiler, entonces sí. El problema es que vivimos del postureo y del aparentar y eso ha hecho mucho daño. 

"HAY MUCHA DISCRIMINACIÓN ENTRE LAS EMPRESARIAS DEL SECTOR DE SERVICIOS"

—¿Cómo llega a ser presidenta de JAEM?

—Madre mía, cada vez que me acuerdo... Yo me hice socia en cuanto me enteré de que existía porque era necesario que las mujeres estuviéramos unidas. Yo vengo del sector servicios y veía muchísima discriminación. Para abrirse camino, además, lo tenemos más difícil que un hombre.

—¿Es de la opinión de que las mujeres emprendedoras lo tenemos más complicado, pues?

—Sí, sí, sí. A mi me han hecho el boicot por ser mujer y no te quiero ni contar en el sector de la agricultura. Las mujeres siempre nadamos contracorriente. Cuando cumplí el primer año con mi empresa ya tenía una reputación en Jaén, y para celebrarlo decidí hacer un ciclo de formaciones relacionadas con la tecnología y emprendimiento. Se llamaba Emprendiendo en Red, proyecto que hoy todavía existe. Tuvo tal éxito que se creó una reputación grande. Fue entonces cuando me propusieron ser presidenta porque la que estaba renunció. Ella me propuso porque buscaban la reputación y nombre para ganar sinergias en la asociación. A mí no me pareció mal, porque lo que no quería era que desapareciera. De eso hace siete años. Pero me encontré un marrón muy gordo que no me lo dijeron.

—¿Qué marrón? 

—La asociación estaba endeudada. Si me lo hubieran dicho desde el principio tal vez no hubiera sido presidenta, porque no tenía necesidad de meterme en ese problema. Se debía mucho. Pero decidí tirar hacia delante y apliqué mi trabajo a la asociación. Empezamos de cero. No sabíamos ni a quién se le debía. El que venía pidiendo dinero se le daba. ¿Cómo? Busqué patrocinadores, hacíamos cursos y de ahí íbamos sacando dinero para saldar deudas. Al final se saneó y ahí estamos. De ser deudora a estar más que reflotada.

—¿JAEM ha crecido?

—Sí. Las mujeres no se asociaban porque teníamos muy mala fama. Pero cuando se demostró que éramos serias se empezaron a apuntar más. Asociaciones que forman la federación se pusieron en valor... La diferencia es grande.

—¿Cuántas asociadas tienen ahora?

—Cerca de 500 a nivel provincial. Hay muchas mujeres empresarias más pero no está mal después de todo lo que hemos pasado.

—¿Se notan los brotes verdes?

—Sí. Empresarias que quitaron sus negocios ya están montándolos de nuevo. Se nota color, se ve la luz un poco más cerca. Se nota cómo las mujeres se han animado, cómo colaboran entre ellas. Es muy bonito ver cómo se encargan trabajo las unas a las otras, se crean sinergias e, incluso, compañeras han contratado a otras que tuvieron que cerrar el negocio. Eso para mí...

—¿Hay un boom de mujeres dispuestas a emprender?

—Siempre ha habido más mujeres que hombres. Lo sé por mi trabajo. Había más altas, aunque la empresa fuera del matrimonio, porque en las ayudas siempre se ha favorecido a las mujeres. Y en muchas ocasiones eran emprendedoras sumergidas porque quienes estaban al frente eran los maridos.

 Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado
Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado

—¿Qué diferencia a un emprendedor de una emprendedora, si es que se diferencian en algo?

—Siempre hay de todo. La mujer JAEM es la mujer coraje, la que puede con todo, la que no se viene abajo, por muchos problemas que se pongan. Las mujeres tenemos la inteligencia emocional más desarrollada y eso se nota. Además, nosotros empoderamos a nuestros maridos y estamos orgullosas de ello. Yo tengo que reconocer que si no fuera por mi marido, muchas cosas no las pudiera haber hecho. En JAEM somos feministas, pero hembristas no, a los hombres también hay que reconocerles. 

—¿Qué actividades se hacen?

—Muchas. A partir de septiembre vamos a hacer los 'domingos'. Nos juntaremos para conocer el resto de las asociaciones que componen la federación y para conocer los pueblos de la provincia. Así nos conocemos más entre nosotras porque muchas de las socias no pueden dejar sus negocios para acudir a los cursos, por ejemplo. Es por eso que muchos los hacemos a través de internet, con teleformación. 

—¿Por dónde pasa el futuro de JAEM?

—Aprovechando las tecnologías estamos dando a conocer a las asociadas a través de nuestro canal de Youtube. El objetivo es hacer una marketplace de empresas de mujeres de la provincia de manera que se unan para vender a través del mismo canal y se vean sus productos aquí, en Cazorla, en Madrid o en China. También vamos a seguir con nuestra Feria de Empresarias, que cada año toca en un pueblo y es una manera de conocerlos, además de que creamos riqueza ese día en el municipio en la medida de nuestras posibilidades. El del bar, el de la gasolinera, que la gente conozca el municipio... todo suma. 

 Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado
Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado

LA FACETA MENOS CONOCIDA 

—¿Hace bombones?

—Sí, y tengo un libro de cocina publicado desde el año 2008. Es un recopilatorio de recetas de mi familia. Soy muy cocinicas, me gusta mucho. Los bombones los regalo todos, hago hasta bombones de aperitivo. Y luego los llevo a mis cursos y los utilizo. Aplico la creatividad, empresa e imaginación a través de un bombón. Es lo que se conoce como formación creativa. Como la película de Forrest Gump, cada bombón es una sorpresa. La gente se queda muy sorprendida porque no lo asocian.

—¿El mundo del empresario es como la caja de bombones de Forrest Gump?

—Claro, nunca sabes qué te va a tocar, siempre es una sorpresa. ¿Qué hacemos cuándo nos toque la sorpresa que no nos guste, cómo reaccionamos? Ahí entra la creatividad, la imaginación y la iniciativa. 

—¿Dónde se puede comprar el libro?

—Ya no se vende. Me encontré de casualidad uno en Peal de Becerro, donde fui a dar una charla. En el hotel que estuvimos alojados en Cazorla fue donde lo ví, en la recepción. Me lo llevé para mi suegra y ni tan siquiera yo tengo uno. 

—¿Cuál es su objetivo, su meta?

—Yo siempre estoy inventando. Si tuviera dinero haría una bombonería, como afición. En mi parte informática no paro, ahora me he estado certificando en Google y además estoy en el Internet de las Cosas haciendo investigación sobre cómo aplicar la inteligencia artificial a la vida diaria y a la dependencia. Eso me interesa mucho porque lo he vivido en primera persona.

—¿Jaén es cuna también de empresas tecnológicas?

—Aquí hay empresas muy buenas pero siempre se habla de olivar. ¿Sabías que la app del Banco Santander de banca electrónica se hace en Linares? Hay empresas muy potentes pero que van a su trabajo y no les gusta el postureo, por eso no se les conoce tanto.

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