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"El servilletero ya está permitido y tenemos ganas de salir hacia adelante"

Por Fran Cano - Julio 19, 2020

La pandemia ha tenido efectos económicos incuestionables en negocios como el de Custodio Cano Cano (Frailes, 1970), gerente de Manipulados Macserv III. La ausencia del servilletero en establecimientos de la hostelería minó la producción hasta reducirla al 10%, el volumen actual incluso cuando el dispensador ya tiene luz verde en la hostelería a petición del cliente, tal y como publicó el BOJA. Pasaron los meses más difíciles, el empresario está más comprometido que nunca e interpreta que es momento de mirar hacia adelante.

La entrevista es en la nave de Manipulados Macserv III, en el polígono de La Desehilla de Frailes. Suena de fondo una de las máquinas que fabrica las servilletas, mientras Custodio Cano repasa una carrera de autónomo que empezó a mediados de la década de los noventa. Ser empresario, reconoce, es diferente a ser un trabajador más del plantel. La responsabilidad invade horarios y requiere agallas. El mensaje que manda Custodio Cano, quien en su día fue entrenador de futsal, tiene algo del ámbito futbolístico: construir siempre es más difícil que destruir.

Dejó de producir servilletas el 13 de marzo, justo antes de la entrada en vigor del Estado de alarma. ¿Desde cuándo ha vuelto a la actividad?

—Desde hace un par de semanas aproximadamente —la entrevista se hace el pasado lunes—. Aquí en Andalucía el servilletero está permitido desde el 19 de junio. Y más o menos desde entonces hacemos los pocos pedidos que van entrando.

—El servilletero es aún un objeto perdido.

—Está permitido, según el BOJA del pasado 19 de junio. Se puede poner a petición del cliente en los establecimientos. Y cuando una mesa se va, el camarero lo limpia y lo retira, igual que el resto de artículos.

—Lo normal todavía es no verlos en los bares.

—Sí, por falta de información. Pero ya le digo que si el cliente lo pide, el camarero debe ponerlo.

—¿Qué tal está siendo el regreso?

—Estamos a un 10% del volumen de trabajo habitual que tiene la empresa. Todo va muy lento, con muy pocos pedidos a la semana. Como decía, el problema es la falta de información que tienen los hosteleros acerca de lo que pueden hacer. Ha habido momentos en que incluso les han dicho que no podían tener los servilleteros, y se han creado muchas dudas. El BOJA lo deja claro y además alude a varios formatos de servilleteros.

—¿Cuáles eran sus preocupaciones a la vuelta?

—Sobre todo lo que hablamos, la falta de información. Todavía la hay, porque cada cual interpreta la norma a su manera. Y si para colmo a alguno le han dicho que no se pueden poner los servilleteros, pues aún más dudas. Volver a lo que teníamos ya está permitido, pero aún falta información. Es muy fácil prohibir algo, pero volver a funcionar como antes será muy lento y muy complicado.

—¿En qué situación están los trabajadores de su empresa?

—Todos empezaron con ERTEs. Dos de ellos buscaron trabajo y lo han encontrado en una empresa de Santa Ana (Alcalá). El otro trabajador, en cambio, sigue en ERTE y continuará hasta que sea posible. Con un 10% de producción apenas hay trabajo para mí, que soy el dueño de la empresa. Antes yo echaba 12 ó 14 horas, y desde la crisis igual me basta con hacer la mañana, cinco o seis horas.

—La última vez que hablamos me dijo que tenía perspectivas incluso de aumentar el número de trabajadores.

—Claro. Tenía una máquina nueva que está lista, pero por ahora está parada. Estoy trabajando sólo con una de las que hay.

—Prácticamente a demanda.

—Exacto. No puedo ponerme a hacer stock como un loco, porque no sé si lo podré sacar o no. La materia prima no puede quedarse cinco o seis meses sin salir. Ahora aprovecho para hablar mucho con clientes y con compañeros del sector.

"ES MUY DIFÍCIL ENCONTRAR EL PUNTO MEDIO ENTRE LA SALUD Y LA ECONOMÍA"

—Han pasado ya cuatro meses del decreto del Estado de alarma. ¿Qué opinión tiene del confinamiento?

—Es muy difícil encontrar el punto medio entre la salud y la economía. La salud está por encima de todo, pero si la economía no se reactiva termina afectando a la salud. Si me quedo sin trabajo después de estar 15 años luchando por un negocio, derribado por la prohibición del servilletero, psicológicamente me afecta. Encontrar ese punto medio entre la salud y el trabajo es complicado. Creo que las personas que han tomado la decisión de prohibir de forma radical el servilletero desconocen mi sector. Ignoran cómo se producen las servilletas, que no se tocan en el proceso. Es muy higiénico. En mi caso, como digo, veo que se ha tomado una decisión que nos ha perjudicado cien por cien. Un servilletero no es una fuente de contagio, porque se limpia recurrentemente, y en cuanto a las servilletas el cliente sólo toca la tuya.

—Un segundo confinamiento sería un KO para la economía.

—Se me pasa por la cabeza. Creo que no se hará de forma total, pero entiendo que afectaría de nuevo a mi sector. La verdad es que no sé de qué forma volveríamos a trabajar.

—Su caso vio la luz en este periódico y luego tuvo difusión incluso en medios nacionales. ¿Cómo ha llevado la exposición?

—Es la primera vez que me he visto en esta situación. La mayoría de los periodistas que me ha atendido lo ha hecho bien. Han contado lo que yo quería decir. Mi reclamación es la que todavía defiendo: que nadie puede tirar abajo mi forma de vida. Quizá algún medio ha insinuado que ya hay ciertas cosas que deben hacerse de otra manera. Pero la mayoría de periodistas han contado lo que hay.

—¿Se ha interesado por su situación más gente de la que esperaba?

—Sí, desde luego. Si yo no me muevo y me atienden los medios, no hubiese habido difusión. Me hubiese quedado aquí, en una esquina. Con la exposición en prensa sí se me han acercado vecinos, amigos y colegas del gremio. Todo el mundo se ha volcado y la mayoría me ha dicho que no entendía la medida. Incluso otros fabricantes se han interesado por mi situación.

"LA EMPRESA COMENZÓ CON UN TRASPASO DE NEGOCIO"

—¿Por qué montó la empresa? ¿Cómo se dio?

—Yo trabajaba antes para otra empresa. Era autónomo, pero las condiciones eran como las de un asalariado. Me di cuenta que no podía mandar en prácticamente nada. Empecé a buscar tipos de negocio por internet. Surgió un anuncio sobre servilletas y empecé a tirar del hilo. Contacté con una empresa que iba a traspasar una máquina. Al final se concretó el traspaso de negocio. Fíjese que pasamos de una a cuatro máquinas. Ése fue el comienzo del camino. Ha sido mucha lucha, desde que empecé yo solo hasta llegar a los cuatro trabajadores.

—Supongo que después de la pandemia se ve capacitado para cualquier situación empresarial.

—Si yo levanto ahora cabeza, todo es posible. Uno nunca sabe qué deparará el futuro, pero desde luego que esta situación es una prueba muy fuerte. Quiero dejar claro que a nosotros nunca nos prohibieron fabricar servilletas. Pero si las servilletas que hacemos van en un dispensador, que es un servilletero, y no lo dejan poner, el efecto es prácticamente el mismo que si no pudiésemos hacerlas. Porque si no las pones, no se consumen. Si salimos adelante con esto debería venir algo muy grande para treparnos.

—¿Qué enseña la vida de empresario si la compara con su etapa de trabajador?

—Ahora tengo muchas más responsabilidades, desde el hecho de tener empleados hasta el trato directo con clientes. En cuanto a la calidad del producto, ese factor sigue igual que antes. La experiencia que tuve entonces me ha servido en mi empresa. La diferencia más grande es la responsabilidad. Uno va al frente con todo. Tener empleados ya supone controlar las medidas de seguridad y un protocolo para la prevención de riesgos. Siempre está el peligro. Esa responsabilidad no la tenía antes.

—¿Le cuesta más ahora conciliar el trabajo con la familia?

—Ahora es más difícil, sí. Antes había un horario, aunque fuesen diez horas por la mañana. Tenía la tarde para estar con mi mujer y mis hijos. Ahora, con los trabajadores de mañana y de tarde, estás todo el día al quite. La verdad es que quedan pocas horas para la conciliación familiar. Nos pasa a todos los autónomos.

—Estamos en polígono de La Dehesilla, donde ya hay un puñado de empresas. ¿Imagina aquí más negocios en el futuro? ¿Puede haber un escenario similiar al de Santa Ana?

—El nuevo polígono en Santa Ana fue atractivo incluso para empresas que estaban aquí, en Frailes. Creo que alguna más puede incorporarse en La Dehesilla. Yo tuve mucho apoyo del Ayuntamiento, que es diferente a que te lo regalen, obviamente. La ayuda siempre es válida para temas de papeles y demás. Aquí el hándicap es que los solares son privados. La comparación con el Polígono Llano Mazuelos también radica en el precio. Ojalá La Dehesilla se llene de empresas.

—Puede concluir la entrevista como quiera.

—Realmente lo que he vivido ha sido un tiempo de agobio y con mucha incertidumbre. El día que nos enteramos de la prohibición de los servilleteros nos derrumbamos totalmente. Montar una empresa y hacer que funcione es muy complicado. En cambio, me he dado cuenta que una palabra en un folio es suficiente para tirar una empresa familiar. Sé que la situación que hemos vivido es difícil, y quizá hay decisiones que se han tomado a la ligera. Lo que digo precisamente es que hay que considerar bien las cosas antes de tomar ciertas decisiones, porque quien las toma no imagina el daño que puede hacer a familias y a gente que lucha por un negocio. Siempre he dicho lo mismo: sólo quiero que nos dejen trabajar. Dicho esto, el servilletero ya está permitido y tenemos ganas de salir hacia adelante.

Fotografías y vídeo: Fran Cano.

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