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"Si algo positivo deja esta pandemia es que hemos valorado lo sencillo"

"Si algo positivo deja esta pandemia es que hemos valorado lo sencillo"

Por Javier Cano - Mayo 10, 2020

"Y solo reinó la incertidumbre entre los muros...". Es un verso de la baezana Filomena Garrido Curiel, delegada de la Asociación de Gestores Culturales de Andalucía en la provincia de Jaén, uno de los nombres propios del sector en el Santo Reino. Coordinadora cultural del Ayuntamiento de Baeza desde hace más de tres décadas, suma a su amplio currículo profesional una formación apabullante (es doctora en Teoría de la Literatura y el Arte y Literatura Comparada, licenciada en Filosofía Pura, máster en varias disciplinas...) y un conocimiento de primer orden de la realidad cultural jiennense. Esperanzada en la recuperación, lenta, de la vida creativa tras el zarpazo del coronavirus, apuesta por la ''reinvención' como el mejor de los caminos para volver a la normalidad perdida. 

—Baeza es sinónimo de arte, de creatividad. ¿Cómo percibe su paisaje, en pleno azote del coronavirus, sin la actividad cultural que caracteriza a la ciudad?

—Bueno, esta pregunta puede resultar algo ambigua, porque en realidad durante el estado de alarma yo no he salido a la calle, he realizado el trabajo desde casa y no he podido percibir, sino a través de una ventana, el exterior. Imagino que al igual que al resto, ha sido una sacudida, la percepción era de tristeza, de incertidumbre y acostumbrándonos a la nueva situación y al silencio. El confinamiento coincidió en plena Cuaresma y en Baeza teníamos una amplia agenda, marcada por las celebraciones de carácter religioso y a la vez por las culturales en torno a ella, es decir, pregones, conciertos... Durante esas fechas las redes sociales y los whassaps, tanto individuales como los de grupo, bulleron llenos de imágenes, de comentarios, de noticias (ya sabemos todo lo que se ha dicho sobre esas noticias y memes alrededor de esta situación) pero sobre todo hubo como un incremento de fervor cofrade y se multiplicó la presencia cofrade por esos medios.

—Una situación inédita...

—Hablando con amigos la percepción y la sensación ha sido similar, de vacío. Hay que tener en cuenta que la Semana Santa es una de las épocas del año donde casi toda Baeza se lanza a la calle y se vuelca en la ornamentación de tronos, en procesiones y en todo lo que conlleva, donde imaginería y arquitectura se funden y sin embargo la ciudad estaba desierta. Prosiguió el mes de abril y hubo que suspender toda la programación alrededor del Día del Libro, presentaciones de libros, valga la redundancia, conferencias, actividades de los clubes de lectura y así, una tras otra, todo se ha ido aplazando. Aunque surgieron iniciativas, por ejemplo el del Club de lectura al que pertenezco, Baeza lee, que convocó un concurso que consistió en subir fotos leyendo para esa conmemoración del 23 de abril. Desde el ayuntamiento se propició la participación de una lectura de Fortunata y Jacinta que después
se editó en vídeo.

 Filomena Garrido interviene en el acto de entrega de la Medalla de Baeza al IES Santísima Trinidad.
 Filomena Garrido interviene en el acto de entrega de la Medalla de Baeza al IES Santísima Trinidad.

—¿Qué hubiera sido de este confinamiento en casa sin la cultura?

—Es cierto que la actividad cultural o mejor dicho el 'consumo' cultural se ha trasladado a la casa, y se ha hecho a la carta, se ha leído más, se ha visto cine, aunque sea en formato televisivo, se ha escuchado música y gracias a la amplia oferta gratuita de muchas compañías se ha visto teatro, circo... que han ayudado a hacer más llevadera toda esta situación.

—Lleva usted toda una vida dedicada a la cultura, desde el ámbito de la gestión. Con su experiencia, ¿cree que los creadores se reencontrarán con la normalidad o que, por el contrario, la factura de esta crisis hipotecará al sector durante mucho tiempo?

—Efectivamente, son más de treinta años en esta profesión. Creo que se va a tardar en alcanzar la normalidad, al menos la anterior al Covid-19, porque todos estamos a la espera de la evolución y de la nueva normativa. Hablo a menudo con compañeros de otros municipios, no solo de Jaén sino de otras provincias, y estamos prácticamente igual la mayoría. Se han tenido que suspender actividades, otras se han aplazado, que llevaban meses cerradas, y otras habrá que pensar cómo se realizarán.

—¿Cree especialmente vulnerable este sector ante una situación como esta?

—Al igual que otros sectores, el cultural se verá resentido, porque ha estado inmovilizado este tiempo. Es un sector frágil y desprotegido, cuando paradójicamente supone aproximadamente un 3% del PIB, la situación de los músicos, de la gente del teatro, de los espectáculos, muchos son autónomos o se les contrata para la temporada veraniega. Por otro lado está el público, aunque pienso que cuando haya oferta volverá a participar. La prueba está en que la gente tiene ganas de salir y recuperar el tiempo que ha estado confinado.

—Un sector, por cierto, muy ramificado...

—No a todo el sector le ha afectado igual, el cierre de museos y salas de exposiciones, galerías de arte, ha dado lugar a la paralización de exposiciones, de traslados de obras, y a la vez ha tenido repercusión en otros empleos, no solo en los artistas. La suspensión de fiestas populares ha dejado en dique seco a orquestas, que tendrán que esperar posiblemente hasta agosto y así sucesivamente. Para esta nueva normalidad contamos con los tres fundamentos necesarios para su puesta en marcha, los equipamientos culturales, los creadores y los receptores, así que 'Arriba el telón', costará pero entre todos será posible.

—Usted es la representante de la Asociación de Gestores Culturales de Andalucía en la provincia jiennense. Un colectivo que, a mediados de abril, presentó ante las administraciones una batería de medidas para socorrer al sector. ¿Han obtenido alguna respuesta sus demandas al día de hoy?

—Ha habido movimiento de aceleración de medidas, como la de pagar ayudas y facturas pendientes. Lo está haciendo la consejería. También deben hacerlo diputaciones y ayuntamientos. Por lo demás, estamos esperando a que consejería y diputaciones nos convoquen para hablar de medidas de rescate concretas. Es prioritario que la consejería cree una Mesa de Rescate del Sector Cultural Andaluz, que ayude a aportar propuestas concretas, evaluar situaciones diversas y acordar tiempos y nuevos formatos de fomento de la cultura con las entidades del sector.

—El Gobierno central acaba de aprobar una serie de iniciativas con vistas a auxiliar a la cultura ante lo que se le viene encima. ¿Cómo valora usted las medidas puestas en marcha por el Ejecutivo de Pedro Sánchez?

—Ha habido un cambio muy positivo entre las primeras y las últimas declaraciones del ministro. Son medidas necesarias y hay que implementar algunas más para que el sector se reactive. Aplazar y no suspender es la mejor receta que ha dado el ministro.

—Si algo ha dejado claro esta crisis es la importancia de la cultura como cobijo ante la tormenta (usando un verso de Benjamín Prado) en pleno confinamiento. ¿Cree que la actividad cultural está lo suficientemente valorada, o ha tenido que pasar una pandemia como esta para ponerla en valor?

—Nuestro horizonte es la cultura como bien esencial y de primera necesidad. Así lo entienden en Alemania, Francia, Portugal, Italia, es decir, países de nuestro entorno europeo más cercano. Hay que lograr el mismo contexto de respeto y cuidado de la cultura y las artes en España, y especialmente en Andalucía, que depende y mucho de su patrimonio, artes, turismo cultural... 

 [caption] La baezana, momentos después de recibir la medalla que la acredita como académica de la Bibliográfica Mariana Virgen de la Capilla, de Jaén.
[caption] La baezana, momentos después de recibir la medalla que la acredita como académica de la Bibliográfica Mariana Virgen de la Capilla, de Jaén.

—En clave jiennense, Filomena: ¿cómo imagina usted la vida de la provincia, en general, y la cultural, en particular, dentro de unos meses?

—Yo estoy esperanzada por varias razones, nuestra provincia cuenta con algo muy importante, el capital humano, y mientras exista se podrá superar. No va a ser fácil, pues recordemos que antes de la crisis del Covid-19 los agricultores estaban inmersos en la lucha por el olivar tradicional, por la mejora de todo lo que conlleva la comercialización del aceite de oliva virgen extra. Hay que adaptarse y reinventarse en todos los terrenos, si algo positivo se puede sacar de esta pandemia es que hemos valorado las cosas sencillas, lo esencial, que hay que buscar
recursos propios, ponderar los territorios y buscar sinergias, echar mano de la imaginación y apoyarse recíprocamente en el de al lado. De esa manera se podrán salvar los pequeños y grandes negocios e industrias.

—Reinventarse, adaptarse... Pero, ¿cómo? ¿Se le ocurre alguna idea?

—Es necesario abrir nuevos horizontes, encaminando el conjunto de voluntades dispersas a través de una nueva etapa de cooperación, para que la cultura se convierta en motor de desarrollo y locomotora de otros sectores como el turismo cultural, por poner un ejemplo. En cuanto a la vida cultural, como he dicho antes habrá que ir adaptándola a las circunstancias, aunque en los primeros meses los aforos sean reducidos, se podrán utilizar espacios más amplios y posiblemente el otoño tenga una gran oferta provincial, pues me consta que los gestores y programadores de otros municipios (en nuestra provincia contamos con grandes profesionales), están trabajando y cerrando actividades para esas fechas, con lo que la programación será amplia y variada.

—Esa es una buena noticia. ¿Qué papel juegan en esta carrera de recuperación las instituciones públicas?

—En este marco no hay que olvidar el papel de la Diputación Provincial, que realiza una ingente labor cultural en toda la provincia, por un lado a través del Plan de Comarcalización Cultural, en el marco de los convenios con los Grupos de Desarrollo Rural de la Provincia, con la figura de los gestores comarcales que tienen la capacidad de dinamizar sus territorios, gestionando activamente la cultura a través de distintos programas, por otro lado están los Planes Locales de Cultura y además programas específicos. Tampoco podemos dejar de lado las actuaciones de la Junta de Andalucía, con sus espacios museísticos, circuitos y otros programas que llevan a cabo.

—¿Y desde la Universidad?

—Contamos con otras iniciativas importantes de la mano de la Universidad; desde la UJA, que tiene diseñado un gran proyecto, la Universidad Internacional de Andalucía, la Universidad Nacional a Distancia o la Universidad
Popular, cada una en sus distintos ámbitos de actuación e igualmente la programación y colaboración de otras entidades y fundaciones que hacen posible que la ciudadanía tenga cada vez más fácil el acceso a la cultura. Y aquí quiero aprovechar para hacer algo de campaña, en este proceso es indispensable la figura de los gestores culturales y animo a todos los compañeros de la provincia, tanto del sector público como del privado a que se sumen a GECA y a nuestro proyecto que no es otro que la cultura en todas sus facetas y en su máxima extensión, para que, como profesionales, no se nos meta en un cajón de sastre o en el “cajón desastre” y que se valore nuestro trabajo en la justa medida como motores del cambio en la sociedad.

—Si estuviera en su mano, ¿qué haría para prevenir una situación como esta, en el ámbito de los creadores, de los artistas, de la gente que se gana la vida en este sector?

—Ojala no haya que volver a vivir o encontrase con una situación similar, que ha sido imprevisible y aún no hemos terminado de ver la dimensión de sus consecuencias. Para muchos puede resultar frívolo pensar en un concierto o en una obra de teatro cuando hay personas que han perdido su trabajo, pero hay que pensar también que los músicos, actores y actrices, pintores, artistas en general, son trabajadores y que si no se consumen sus obras también se quedarán sin trabajo. Hay que tener en cuenta que nuestro Estado de bienestar le ha dado, y sobre todo desde la
segunda mitad del siglo XX, una especial relevancia a lo que se llama la industria del entretenimiento y ésta ha ido creciendo y cobrando valor en la economía mundial. Se han hecho grandes superproducciones, grandes instalaciones... A la vez se ha logrado un mayor acceso a la cultura, como un derecho.

—Pero ahora que el coronavirus ha sentado un precedente, habrá que tenerlo en cuenta, aprender a convivir con la amenaza de un rebrote...

—Es difícil encontrar la fórmula mágica para prevenir, pero al final volvemos a lo de antes, a la reinvención, a explorar nuevas formulas y formatos. Si se mira desde valores económicos, detrás de cada creador, de cada artista hay una industria, hay consumidores, proveedores, en realidad una cadena, y una cadena injusta. En la cultura hay precio, pero también hay valor, que no es lo mismo. Habrá que trabajar a escalas más sostenibles, adecuarse a las demandas y adaptar una nueva filosofía de la acción cultural y de la Cultura como un bien.

—¿Con qué obra de arte, con qué pieza musical u otra manifestación cultural resumiría usted lo que está ocurriendo en el mundo desde que comenzó la pandemia del coronavirus?

—Durante estos días se han oído muchas canciones, desde el famoso Resistiré al Aleluya de Leonard Cohen, pero si la música ha servido para exteriorizar sentimientos o ponerle voz, ha habido otras manifestaciones. He estado siguiendo en Facebook, y desde aquí lo felicito nuevamente, a Salvador Compán, que cada mañana nos ofrecía “en estos días de dura prosa un pequeño viaje a través de los poetas”, un poema y su comentario y así hemos compartido un periplo literario. Hasta yo, que llevaba bastante tiempo sin escribir, tuve necesidad de la poesía para no callar. No obstante, yo me quedo con un cuadro.

—¿Qué cuadro es ese?

Muchacha en la ventana, de Dalí. No resume lo que está ocurriendo en el mundo, pero sí me identifico con él. Mientras que ha habido bullicio en los balcones, que era una manera de salir al exterior, al límite de la vivienda, en cambio en ese cuadro se está en el interior, porque la muchacha sigue dentro, contemplando desde la ventana. Esta obra muestra la soledad, el silencio, la ausencia, porque así ha sido esta pandemia, cada uno se ha enfrentado al virus, ha buscado en el horizonte a otros. Y a la vez esa ventana del cuadro se abre, al puerto, al mundo y es una llamada a la esperanza; a lo lejos el mar trae luz y paz, como una promesa de que todo esto pasará pronto.

—¿Qué es lo primero que le gustaría disfrutar, culturalmente hablando, en cuanto la emergencia sanitaria lo permita? ¿Un concierto, teatro, música, una exposición...?

—Seré políticamente correcta, cualquiera de ellas me encantaría porque pondría de manifiesto que lo peor ya ha pasado y que la cultura toma la calle, las salas de exposiciones, los auditorios, los teatros. Quiero volver a sentarme en un patio de butacas y dejarme llevar por el veneno del teatro, por el ritmo y armonía del sonido de una banda, de una orquesta, de las voces de un coro o de un solista, pararme delante de un cuadro y todo esto hacerlo en compañía y así luego, cuando finalice, poder compartir, contrastar, porque sin involucrarnos no disfrutaremos del hecho cultural ni de su dimensión estética o conceptual.

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