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"La heráldica parece algo antiguo y rancio, pero es todo lo contrario"

Por Javier Cano - Octubre 03, 2021
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El próximo 9 de octubre, Vilches acogerá la II Jornada de Heráldica y Vexolología Municipal de la Provincia de Jaén. Todo un día en torno a los blasones, las banderas y los escudos a cargo de reputados especialistas y de la mano del Grupo de Estudios Vilcheños, que preside el vilcheño Francisco Luis Sola-Isidro Olmo (1968) desde su fundación, hace ya una década. 

Licenciado en Filosofía y Letras, geógrafo de la Diputación de Jaén e historiador vocacional, Sola-Isidro trabaja en un entorno fetén para un enamorado de los símbolos como él, dentro de ese Palacio Provincial que destila ambiente nobiliario y conventual. De palacio a palacio (Lacontradejaén tiene su redacción en uno de los antiguos caserones jiennenses de los marqueses de Navasequilla), el protagonista de esta interviú pone luz a unas disciplinas tan apasionantes como desconocidas para la mayoría de los mortales. 

—La mayoría de la gente sabe lo que es un taxidermista, un talabartero o un sexador de pollos pero, ¿qué son, exactamente, un heraldista y un vexilólogo?

—Son personas que se dedican a estudiar los símbolos que representan linajes o, en el caso municipal, de grupos, municipios, villas, ciudades... Los heraldistas estudian los escudos y los vexilólogos, las banderas, que son los símbolos principales tanto de un linaje particular como de un pueblo, de un grupo de vecinos. 

—¿Dónde, cómo se prepara una persona para desarrollar estas actividades? ¿Son carreras regladas?

—No hay una formación reglada, siempre son formaciones complementarias. Instituciones nobiliarias normalmente, como la Asociación de Hidalgos, la Academia Matritense de Heráldica..., o incluso la Universidad a Distancia, que tiene un Máster en Nobiliaria, Heráldica y Genealogía. Es siempre una formación complementaria. De hecho, en la Jornada que celebraremos el día 9 hay un heraldista que es ingeniero de Telecomunicaciones, no tiene nada que ver que tengas formación humanística con dedicarte a estudiar los escudos.  

—De alguna manera el heraldista y el vexilólogo, como el poeta, el 'youtuber' o el sacristán, son autodidactas entonces... 

—Sí, sí, exactamente. A través de publicaciones que existen, de los archivos... Ayer mismo estuve viendo una conferencia virtual de la Maestraza de Ronda que hablaba de la heráldica eclesiástica; es una forma de formarme yo también, de ver lo que en otros sitios se está haciendo. Y es siempre continua, no tiene un final. 

—En un mundo globalizado, prácticamente digitalizado, más de un lector se preguntará ahora mismo para qué sirve esto de la heráldica y la vexilología, de los escudos y las banderas.

—Tienes razón en un mundo en el que parece que esto no tiene importancia, pero sí tiene importancia. A mí me interesa (mucho más que la heráldica personal), la comunitaria, los símbolos de los pueblos y de las ciudades. Yo entiendo que una agrupación de personas que viven en un pueblo tiene que ser representada por un símbolo, entonces creo que la importancia que tiene es valorar esos símbolos. No deja de ser un valor, valga la redundancia, del que tienen que sentirse orgullosos, lo mismo que algunos pueblos tienen un castillo o un monumento, la patrona o un museo, tienen un escudo que los representa, que es el resumen de toda su historia. 

—Una suerte de patrimonio sentimental, se podría decir.

—Claro, y en el caso de la heráldica de las personas, al fin y al cabo muchas tenemos el afán de tener un símbolo que nos identifique, no ha cambiado mucho desde la Edad Media, cuando nace la heráldica, hasta ahora. Algunas personas no le darán importancia y otras sí dirán: "Yo quiero tener mi escudo, me representa y quiero que me identifiquen con él". 

—Una representación que no resulta práctica, que no tiene un uso convencional, ¿verdad?

—Práctica no, la verdad, es más bien sentimental, que tú puedas decir que tienes un símbolo propio. 

—Una vez formado en la materia, ¿para qué y desde dónde puede ser requerido un heraldista o un vexilólogo? ¿Desde el ámbito particular, desde las instituciones?

—Desde las dos. En este caso hay que andarse con pies de plomo. Todos vemos, en las tiendas que hay por ejemplo en Toledo o en Granada, que te venden escudos de un apellido: esos escudos no son, quien requiera a alguien para que le haga un escudo o para que indague en su genealogía, en su linaje, para ver si ese escudo le corresponde, esa es una tarea más complicada que simplemente comprar el apellido González. Hay que indagar en archivos, en el árbol genealógico, en la propia familia y ver a dónde lleva. Puede ser que ese González corresponda a un linaje noble o no. Es decir, todos los González no deben de tener el mismo escudo. En ese caso, lo que sí se le puede ofrecer es un escudo propio. 

—¿Cualquiera puede tener su escudo propio actualmente?

—En teoría, antes solo tenían escudo los nobles y los hidalgos (que eran los nobles de menor categoría); ahora puede tener escudo cualquiera, no está regulado de esa manera. Ahora llega uno y dice: "Yo soy de formación de Geografía y quiero que mi escudo represente mi formación, mi trayectoria personal y mi familia", por ejemplo; "yo tengo dos niños y quiero poner dos estrellas que los representen y un castillo que va a ser mi mujer, que represente la fortaleza de la casa; y como he hecho Geografía, en los cuarteles (que son cada una de las particiones que tienen los escudos) voy a poner una bola del mundo o una estrella".

—Algo relacionado con la persona en cuestión, está claro. Porque más de uno seguro que propone virguerías, disparates, ¿no? Un balón de fútbol, una piocha, un ratón de ordenador... ¿Todo vale para un escudo? 

—Hay proyectos disparatados, y esa es otra lucha. La heráldica tiene unas reglas que son relativamente estrictas, que hay que cumplir siempre en cuanto a colores, formas de las figuras, posición... No hay más que conocerlas. Los heraldistas conocen esas normas y te orientan. Bueno, muy bien, tú me has dicho unos muebles (es el nombre de lo que compone cada escudo); por ejemplo quieres tener un león, pues vamos a disponer esas figuras de esta manera para que sea vistoso, porque un escudo debe ser vistoso, aparte de tener contenido. 

—Eso en el ámbito individual. ¿Y en el institucional?

—Pasa lo mismo. Hay gente que sí se dedica profesionalmente (bueno, profesionalmente no, porque tampoco da). 

—Al hilo de lo que dice, Francisco Luis, y perdone el inciso. ¿Se puede vivir de esto, tenerlo como oficio, ser un profesional del símbolo?

—Hay quien cobra y hay quien no cobraría y lo hace porque le gusta. Los que estamos metidos en esto somos así, que nos gusta.

—No están colegiados, vamos.

—No, no. 

—Hablaba usted de los símbolos de los ayuntamientos...

—Sí. Muchos de los escudos que tienen los ayuntamientos ahora proceden de los años 40, se hicieron en serie. En los años 40, a nivel provincial, hubo una orden para que los pueblos que no tuviesen escudo presentasen uno, y de hecho en el año 41 se hizo una recopilación de escudos, un armorial se llama, de escudos locales. El que tenía escudo histórico lo presentó y el que no, lo tuvo que improvisar. El de Vilches es de esos años, teniendo un escudo anterior, cuando se le dio la independencia de Baeza en 1627, pero ese escudo dejó de usarse, se perdió con el tiempo y se hizo el actual. 

—¿Todos los municipios de España, por hablar del ámbito nacional, tienen que tener escudo y bandera por norma?

—En el tema de la heráldica o de los símbolos municipales, locales, a cada autonomía se le dio la capacidad de legislar al respecto. En Andalucía no es obligatorio, pero lo que sí es que el que tenga los símbolos los tiene que inscribir obligatoriamente.

—Es decir, que hay municipios que no los tienen.

—Los hay, los hay. Y hay quien tiene bandera y no la tiene inscrita. Deben de inscribirlo, la Ley de Símbolos de Andalucía lo dispone. Incluso dice la Ley que no se podrán usar sin estar inscritos, pero los ayuntamientos, en aras de la autonomía municipal, hacen lo que les da la gana. Ese es otro de los objetivos de estas jornadas, que van dirigidas sobre todo a los ayuntamientos.

—Antes de centrarnos en la jornada del próximo 9 de octubre, ¿cómo están las 'vocaciones' en esto de la heráldica y la vexilología? ¿Hay cantera, o existe el riesgo de que se pierdan por falta de personas interesadas en desarrollar ambas disciplinas?

—Es una cosa absolutamente minoritaria, residual y de poco interés para la mayoría de la gente. De hecho, para la Jornada me está costando mucho trabajo que interese, habiendo cronistas en todos los pueblos de Jaén, a los que les debería llamar la atención. Están en sus historias, en sus archivos, y no le dan importancia a esto. Por eso son jornadas minoritarias, ni siquiera las de carácter nacional llenan el auditorio de asistentes. Casi todos nos conocemos en este mundo. 

—¿A qué achaca ese 'desinterés'? ¿Han pedido apoyo institucional o de otro tipo desde el ámbito corporativo para corregir esta situación?

—Yo he pedido apoyo en Jaén, tampoco puedo irme a toda España. Una de las pretensiones de nuestro grupo es que el Instituto de Estudios Giennenses tenga una parte que estudie este tema. Sería un respaldo a nivel institucional, lo mismo que la Diputación de Zaragoza tiene una cátedra de Simbología, que son los emblemas de este tipo, y se dedica a asesorar a los ayuntamientos; lo mismo que la Institución Gran Duque de Alba tiene una parte de heráldica. Tiene que ser un apoyo, por lo menos a nivel local (a nivel individual, eso ya dependería de cada persona, que cada uno haga lo que quiera).

—Es curioso que teniendo un argot propio y rico, ese lenguaje específico de la heráldica y la vexilología no haya trascendido a la cotidianidad, como sí ocurre con prácticas como el deporte, los toros...

—No cala, porque parece que estamos hablando de algo antiguo, medieval, algo rancio, cuando es todo lo contrario, porque tenemos símbolos en cualquier lado. De hecho, los ayuntamientos están modernizando esos símbolos, en algunos casos bien y en otros mal. ¿Cómo?, haciendo que sus escudos, que su heráldica tradicional se convierta en logotipos. No dejan de ser un símbolo, no deja de tener las mismas reglas que la heráldica, es una cosa muy actual. La heráldica la encontramos en todos lados, en las marcas de los coches por ejemplo.

—¿Y en los clubes de fútbol?

—Claro, ahí iba. ¿Por que no se respetan los símbolos locales pero en cambio la heráldica futbolística, esa no la toques? El Atlético de Madrid, cuando cambió su escudo, tuvo un problema. No se te ocurra poner el escudo del Real Madrid sin corona, no se te ocurra, y en cambio en los ayuntamientos sí sucede eso. Yo he visto en un anuncio de televisión de Canena y sale sin corona, eso no se les ocurre a los del Real Madrid. ¡Tendría que irse Florentino!

—Ahora sí, Sola-Isidro, ahora toca hablar de esa Jornada en Vilches. Una cita para la que cuentan con reputados especialistas y un programa intenso. ¿Cómo se presentan?

—Se presentan interesantes, tanto por los ponentes, que son de primera fila, como por los asistentes; en este caso sí está habiendo una buena respuesta de gente, creo que va a ser bastante fructífera. 

 

La inscripción puede realizarse a través de https://www.facebook.com/1850006845277177/posts/3042726286005221/ o en el correo electrónico grupoestudiosvilches@gmail.com 

 

—¿Qué les diría usted a aquellas personas que puedan estar interesadas en estas ciencias, o que simplemente sientan curiosidad o cierto interés, para que se animen a acudir a Vilches el próximo 9 de octubre?

—Que se van a encontrar con una serie de personas especialistas, muy difícil de volver a encontrarlos; que no pierdan la oportunidad quienes tengan ese interés en la heráldica, que se ha llamado ciencia auxiliar de la historia aunque no deja de ser una ciencia propia. Al que le guste, no va a tener otra posibilidad de asistir a una jornada de este tipo hasta al menos dentro de dos años. En la provincia, pocas jornadas de este tipo se realizan (en Jódar se hicieron en el año 19, pero no hay intención de repetir). Que participen, porque el congreso nacional será en Madrid y es una tontería teniendo Vilches a un paso. 

—Y aprovechar para disfrutar de un pueblo con tanta riqueza patrimonial, cultural, paisajística...

—Claro, hay actividades complementarias. La poca heráldica pétrea que quedan, los pocos escudos que hay, vamos a enseñárselos a la gente. En el almuerzo vamos a hacer una cata de aceite a los asistentes, porque muchos de los ponentes y asistentes son de fuera. En función de lo posible se visitará una almazara el día siguiente, para los que vayan a pasar la noche allí. 

—Esta entrevista, Francisco Luis, se realiza en los bajos de un palacio blasonado, en una zona de la capital jiennense con más símbolos y edificios nobles. Se habrá sentido usted como en casa, ¿no?

—Una de las calles más blasonadas, sí. Todos los escudos de Jaén están recogidos en una ficha del Ayuntamiento del Pepri, del plan urbanístico, y explican su contenido. También hay publicaciones de la Diputación. La verdad es que es un privilegio hacer esta entrevista junto a tanto escudo como hay aquí. 

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