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"Los periodistas no somos los perros de los políticos"

Por Esperanza Calzado - Febrero 24, 2019

Dicen que la credibilidad y la influencia del periodista se debilitan cuando depende de un partido, pero se refuerza cuando se convierte en un fiscal de su actividad. Javier López López (Villanueva del Arzobispo, 1963), redactor del ABC desde hace más de 30 años, es de esos profesionales a los que, como él mismo reconoce, no quieren en ningún sitio, algo de lo que se siente orgulloso. Convencido de que los periodistas deben morder para convertir esta realidad en algo mejor, recuerda con Lacontradejaén sus tiempos de peón de albañil, vendimiador, cuando ha dormido en la calle, sus inicios en la profesión, sus carreras inacabadas y su faceta de escritor. Sin miedo a confesar sus ideas políticas, analiza la realidad política actual, con la que se ha llevado algunas sorpresas. Católico, periodista y un fin de semana largo para los que le conocen, nos adentramos tomando un café en los pensamientos de un compañero con décadas de experiencia.

—Formación.

—La de Cervantes. No tengo estudios universitarios. He estado en cuatro facultades y no he sacado ninguna. Empecé a trabajar muy pronto en el periodismo. Gracias a Dios que me dio el don de saber escribir y eso es lo que he aprovechado. Con el tiempo te haces periodista y vas viendo que tienes madera para ello. Me hubiera gustado estudiar una carrera.

—¿Cuáles fueron las que empezó y dejó por el camino?

—He empezado tres y una que me voy a matricular ahora. Son Filología, Ciencias Políticas e Historia. Y no es que sea un inepto para no poder terminarlas; es que no he podido asistir porque tenía mucho trabajo como periodista. Ahora empezaré Ciencias Religiosas, a ver si saco algo parecido a Teología. 

—¿Recuerda su primer trabajo?

—He sido peón de albañil y jornalero durante diez años, tanto en Francia como en España. Siempre digo que soy periodista y vendimiador, más que periodista y escritor, porque he escrito solo cuatro libros y vendimiar sé muy bien. He vivido lo que es estar fuera, he dormido por las calles... He dormido en la Universidad de Navarra, pero fuera (bromea). Fue en Sanfermines cuando acabé por allí sin dinero y con hambre. Los toros desde esa barrera no son muy buenos. Luego aprobé unas oposiciones, que por entonces se llamaban Andalucía para mayores de 25 años, y fueron para la Diputación. Entré como auxiliar administrativo y creo que soy de las pocas personas que se ha salido.

—¿Por qué?

—Me aburría soberanamente. Gobernaba la Diputación Cristóbal López Carvajal y, estando allí, Diario Jaén me ofreció colaborar sin cobrar. Por aquel entonces estaba Antonio Avendaño de redactor jefe, un periodista al que quiero mucho y que es una excelente persona y profesional. López Carvajal le dijo a Felipe Pedregosa, que fue mi primer director, que sacara una revista en la Diputación. Se llamaba Al sur y me fui a trabajar en la revista. Fue entonces cuando me llamó Rafa Olmo, al que también le debo muchísimo. Me enseñó lo que en la Facultad hubiera tardado muchos más años. Me pedía que escribiera sobre algo, se lo llevaba y lo rompía. Cuando ya me lo había tirado diez veces conseguía el visto bueno. Así aprendí. En Diario Jaén pasé trece años preciosos y muy apasionantes. Así que nunca me he arrepentido de dejar la Diputación.

—Has hecho un poco de todo, radio, televisión, gabinete de comunicación...

—Sí, así es. Incluso trabajé en Gente, el programa de Televisión Española, pero es que iba de muerto en muerto. No es que no estuviera capacitado, porque cuando eres periodista le echas mucha cara a todo, pero no era lo que yo quería hacer. A mí, en el caso de la televisión, lo que me gusta es el periodismo político. Es lo más fácil, lo menos arriesgado, lo más brillante, un trabajo considerado y además, temido. En televisión, eh.

"TRABAJAR EN ABC ES COMO QUE TE FICHE EL REAL MADRID DE FLORENTINO"

—¿Si tuviera que quedarse con alguno?

—ABC, sin duda. Llevo ya treinta años y el ABC es el Real Madrid del periodismo. Es como que te fiche Florentino. Tengo una experiencia genial, un trato fantástico y nunca he tenido un problema en treinta años, que no es fácil de decir. Sintonizo mucho, además de que desde el punto de vista ideológico estoy muy situado en la esfera del conservadurismo liberal. Creo mucho en la libertad y por eso soy de derechas.

—Nunca ha tenido problemas en decir abiertamente su pensamiento político, algo que los periodistas no solemos hacer.

—Lo que no he tenido es vergüenza, ni miedo en decirlo. Y en este aspecto quiero apostillar: Yo no le pido a mis informaciones que piensen como yo, eso se lo pido a mis artículos de opinión. Mis informaciones no piensan como yo, son las que son y jamás he hecho una información tendenciosa, o al menos es lo que yo creo, para perjudicar a un partido político o a los demás. Eso, te lo puedo garantizar. De hecho, creo que no me quieren en ninguna parte y esa es una buena carta de presentación.

Tengo varias querellas y las he ganado. Siempre digo que un periodista sin querellas es como un defensa central sin tarjetas amarillas. Algo estás haciendo mal, no estás entrando con todo, y en el periodismo hay que entrar con todo. A nosotros nos suelen definir, y no me gusta nada, como notarios de la realidad. No, nosotros debemos ser el fiscal de la realidad, porque no es buena. Dicho de otro modo, cuando entramos en una rueda de prensa el político, en general, nos da azucarillos y nosotros nos los comemos y eso no puede ser. El político tiene que temblar cuando hay un periodista. Es mi opinión.

Pero yo he votado muchas veces a Izquierda Unida, me gustaba muchísimo en la época de Julio Anguita. Al PSOE lo voté al principio y no me gustó nada. Es como si desde el principio viera lo que era. He ido evolucionando un poco. Uno va cambiando y he visto que mi sistema de valores lo encarna mejor unas formaciones que otras. Pero mi primera votación, con 18 años recién cumplidos, fue al PSOE. Es más, te voy a decir una cosa que creo que casi nadie sabe. Me gustó mucho Adolfo Suárez en una época y me afilié al CDS.

—De la vieja escuela, valiente, sin miedos... ¿eso se ha perdido con las nuevas generaciones de periodistas?

—¿Tú eres valiente?

—No lo suficiente, y menos desde que tengo mi propia empresa.

—La gente no es valiente, en general, porque se piensa que van a vivir eternamente. No hay que tener miedo porque todos sabemos cómo acaban las cosas. Lo único que les puedo decir a los periodistas es que muerdan, porque no es normal que una provincia como Jaén, con su naturaleza, geografía, riqueza, gastronomía y valor humano, esté donde está. De eso hay unos responsables y son políticos. Eso no paro jamás de decirlo. Cuando das el primer paso a la valentía ya te encuentras con fuerzas para los siguientes. Es verdad que al final te puedes encontrar sin trabajo, pero, qué es el empleo en comparación con sentirte como te tienes que sentir.

—Decir eso en una provincia con tanto paro puede que no se entienda.

—Al final te sale trabajo. Hay muchas personas que admiran la valentía que uno tenga. Y no es una cuestión de vieja escuela, lo único que tiene que hacer el periodista de ahora es creérselo, de verdad. Somos diferentes, no miramos la realidad como el resto de las personas. Estamos más formados intelectualmente que el político, por ejemplo, y por qué debe predominar en una relación. Hablo, en general, porque hay políticos que están perfectamente preparados.

LA CENSURA 

—¿Alguna vez se ha sentido censurado?

—No. He tenido muchas peleas, incluso, con jefes, aunque no en ABC. Pero eso es comprensible. Los periodistas tenemos diferentes maneras de pensar. He tenido la gran fortuna de que, en cierto modo, me tutelara Esteban Ramírez, que en paz descanse, que fue una persona muy importante en mi vida porque, además de que creyó en mí, me dio una contraportada que fueron las primeras apariciones en serio que hice como articulista de opinión, que creo que es donde mejor me manejo en el periodismo. Me dio toda su confianza y no quería tener cortapisa. No me las puso. Debo decir que en Diario Jaén tampoco me he sentido cuestionado ni censurado.

La única vez fue precisamente con vosotros, pero fue que la horda salió a degüello y entiendo que estas cosas pueden alterar la vida de un medio, pero no debería ser normal. En este caso fue un artículo que escribí en vuestro medio cuando Susana Díaz perdió las elecciones y se generaron insultos, comentarios y demás... (El gesto de Susana). Yo entiendo hasta los insultos. Entiendo que si doce o catorce millones de españoles pensamos de una manera y otros tantos piensan de otra, ninguna de las partes tiene la verdad absoluta. Los insultos me alimentan, en serio. Lo que le digo a toda la gente que tiene ánimo de censurar es que a mí, por ejemplo, no me gusta La Sexta nada, pero defendería su derecho a existir donde fuera. La libertad de expresión es que el que no piensa como yo pueda decir lo que quiera y yo aceptarlo. Pero bueno, en ese momento tampoco me sentí censurado, la verdad. 

—Autocensura.

—Nunca ejerzo la autocensura, ejerzo el sentido común. Sé que hay algunos asuntos que no toco pero por un mero sentido común. Lo políticamente correcto sí lo pisoteo, porque es un acto de censura total. ¿Por qué no voy a defender a la mujer, al hombre, al niño, a las personas provida, por qué no voy a atacar a la ley del aborto si yo estoy en contra? Tengo todo mi derecho y otros tendrán el derecho a decir que no. Me siento un periodista libre, muy libre.

EL CAMBIO DE GOBIERNO EN LA JUNTA DE ANDALUCÍA Y LAS ELECCIONES

—Su profesión como periodista en ABC prácticamente ha ido paralela a los años de mandato del PSOE en la Junta de Andalucía. ¿Esperaba lo que ha pasado?

—No, ni de coña. Recuerdo que le dije a Marisa, mi mujer, cuando a las ocho de la noche el sondeo de ABC daba diez escaños a Vox: 'Al final va a pasar lo de siempre, pero nada más que por estas tres horas de mal rato que van a pasar, merece la pena'. Pero cuando al 96% de los votos escrutados vi que iba a haber un cambio, no me lo esperaba. Me puse contento, la verdad, como si me hubiera tocado algo. Tenía la sensación de que se necesitaba este cambio. Ahora veremos si los que han entrado lo hacen bien, o no, pero era un régimen ramificado en toda la sociedad, colonizada por un sistema político que no es beneficioso, no ha generado una gran riqueza ni un gran desarrollo para Andalucía. Por eso, me pareció algo bueno, en principio.

—¿Vox es facha? ¿Es extrema derecha?

—Yo hablo de extrema izquierda para definir a algunos partidos, a veces, para definir algunas actitudes de Podemos. Así que si a Vox se le llama extrema derecha, también tendrán sus razones. Yo no les veo un peligro en tanto en cuanto estén en el discurso constitucional. El tema de la inmigración, por ejemplo, y que da mucho juego, en mi caso, que ejerzo la caridad, la solidaridad con la gente con el poco dinero que tengo, pienso que todo el mundo tiene el derecho a buscar una vida mejor. Ahí, por ejemplo, creo que chocaría mucho. Pero eso sí, hay que regularla y, por supuesto, que no altere un sistema de valores como es el nuestro, el de Occidente, que se ha demostrado que es el mejor y el que más desarrollo y felicidad produce a la gente.

—Hablemos de Cataluña.

—Lo de Cataluña ha sido un golpe de estado de libro y el que no lo quiera ver que no lo vea. Hay un país, que es el nuestro, en el que la Constitución impide que se fragmente y no se puede hacer lo que han hecho. Además, en este tema pienso en la izquierda. Está la de Felipe González, la del socialismo anterior, que es una buena izquierda para mi gusto. Y está la de ahora, que se ha radicalizado hasta tal punto que yo la defino como un antisistema que se ducha. Y quiero dejar bien claro que hablo y me refiero única y exclusivamente a la dirigencia. Desde luego, ni hablo ni me refiero a la gente que vota al PSOE, ni que es simpatizante. Que quede claro que es la dirigencia la que veo que se radicaliza y que, en cierto modo, es un antisistema reprimido, que no se atreve a romper el escaparate pero no le importa que se haga. Mi padre es un socialista de la época antigua, fue presidente del PSOE en Villanueva y lo admiro a él y a su generación, la que hicieron posible esto. 

—¿Pero cómo se arregla el conflicto, con un 155?

—La historia nos demuestra que nada es inmutable. Es posible que con el tiempo Cataluña sea una nación independiente. Pero eso se debe hacer desde dentro, nunca desde fuera, y que por la fuerza tiene las de perder y se va a generar mucha más frustración. Me abrió los ojos una opinión que leí, en no sé qué periódico, que decía que los catalanes se desengañarían porque no iban a hacer ningún tipo de revuelta multitudinaria. ¿Por qué? Porque una comunidad con una renta per cápita superior a 35.000 euros no la hace. La gente querrá que Cataluña sea libre, pero tiene que pagar su casa, comer, estudiar, ser feliz... Si Cataluña tiene que salir de España deberá de hacerlo mediante un acuerdo de los españoles, y eso lo dice la Constitución, que ha sido la garante para que durante 40 años no estemos como en un cuadro de Goya, pegándonos palos. 

—¿Qué resultado espera en las elecciones generales?

—El PSOE va a ganar pero Podemos no va a pegar el descalabro que se estima. Los socialistas ganarán con bastantes menos escaños de los que les dan, desde luego el CIS, que es un chiste. Creo que Ciudadanos va a subir y que el PP va a bajar pero no tanto como pronostican algunas encuestas. Vox va a ser una fuerza significativa pero no determinante. 

—¿Y en las municipales? ¿Sería posible un vuelco en la Diputación?

—No lo tengo claro. Creo que no. El poder del PSOE es espectacular en los pueblos todavía. No hay que olvidar que ha ganado en 94 municipios, luego no veo que vaya a perder tan fácil. Lo que sí veo es que están haciendo unas quinielas muy optimistas en Jaén capital y no es que vaya a caer en picado el PSOE, que tiene nueve, pero no va a subir en exceso. Lo va a hacer Ciudadanos, Vox sacará dos y ya veremos el PP cómo se queda. Puede haber un pacto de derechas, sobre todo con un Podemos atomizado. Lo que sí vamos a ver es un trasvase muy interesante de votos de resentidos.

CUATRO LIBROS Y OTRO A LAS PUERTAS

—Escribió un libro para decir que era católico. ¿Por qué? 

—Sí, porque se necesita. Dios nos pone a los creyentes en el lugar que cree que nos corresponde. Soy soldado, lo tengo más claro que el agua. Estoy ahí para defender y me fue muy bien con el libro. Yo me declaro, católico, periodista y un fin de semana largo para los que me conocen. El libro lo empecé a hacer en un blog y tengo una manera de escribir que es diferente, con un estilo propio, y pensé que en un libro podía encajar muy bien la defensa que yo quiero hacer del catolicismo. Los católicos tenemos fama de cierta intransigencia, pero en una época como la actual, el católico es el que está perseguido.

A mí me sorprende cuando un político dice que la religión es algo íntimo y se tiene que dejar en la casa. Entonces yo pienso que una religión como la católica, que está fundamentada en el amor al prójimo, no puede ser nada íntimo porque exporta su caridad. Segundo, si un político dice que no puede ser católico porque tiene que dejar su fe en la casa y ejercer a secas, yo digo lo contrario, que un político no puede ser ateo porque se tiene que dejar su ateísmo en casa y gobernar para todos, incluidos los millones de católicos que estamos en España. 

—Ha publicado hasta la fecha la novela El apátrida (2011) y los libros de ensayo Soy católico, ¿pasa algo? (2013), Soy católico, ¿algún problema? (2014) y El pudor del macho alfa (2015). Tiene otro a punto de salir.

—Tengo una obra de teatro también, que se llama Mamá y el cielo, pero no está editada. Está en el cajón y es un alegato contra el aborto. El libro que tengo en cartera creo que va a generar poca polémica. Se llama El año que Eva María se fue. Es un homenaje a los años 70 en los que yo era un niño, pero fue una época esplendorosa. Acababa de llegar la libertad, llegaba de un desarrollo económico bueno en los años 60, cuando mi padre dejó de ser emigrante en Suiza. Era una época de mucha luz y felicidad. 

"NO HA EMPEORADO EL NIVEL DE LOS PERIODISTAS, SINO QUE HA EMPEORADO EL NIVEL DE LOS LECTORES"

—En ese libro habla de Interviú, la primera publicación española que mostró fotografías de mujeres semidesnudas en su portada pero que incluía buenos reportajes de investigación. ¿Se pierde con la digitalización y con la inmediatez?

—El problema del periodismo de prensa, por ejemplo, pero también del digital, no es que haya empeorado el nivel de los periodistas sino que ha empeorado el nivel de los lectores. Ya no están a la altura del periódico, por eso hay cada vez menos. Si la prensa lograra conseguir convencer de que el periodismo fuera para dos o tres millones de españoles como un artículo de prestigio y que leyendo van a conseguir ser mejores, sería fantástico.

—¿Es posible hacer un periodismo más de reflexión en digital?

—Claro que sí y tengo que reconocerlo, vosotros hacéis un periódico fantástico. Me quedo maravillado porque sois una plantilla limitada pero es maravilloso lo que hacéis, supongo que con mucho trabajo. A eso es a lo que hay que tender. Todos escribimos para que nos lean, pero no a cualquier precio. Yo no voy a cambiar mi modo de escribir porque haya gente que no sea capaz de leer con mucha metáfora, comparación, con un modo que no están acostumbrados. Lo que quiero decir que las visitas a la web no van a ser las mismas con un artículo de reflexión que con otro de Lady Gaga, pero tu misión es hacer ese artículo de reflexión. Tenemos el deber de no hacer cosas para consumo rápido, sino para que perduren, para que la gente piense. 

—La realidad nos da una bofetada y somos esclavos de la audiencia, porque sin ella es imposible sobrevivir como empresa. ¿Qué se hace ante eso?

—Nada. Hay que compaginar las dos cuestiones. Lo importante es que el origen no se pierda. Todo ha evolucionado al nuevo lector y es normal. Se tiene que conseguir audiencia, pero no a cualquier precio. Lo importante no es el fondo, es que la forma sea el fondo. Es decir, escribir muy bien, incluso sobre tonterías. Se le puede dar a todo un giro que haga que tenga cierta prestancia, originalidad y valor. 

—¿Tiene ideas para arreglar los problemas de Jaén?

—Mi idea es dotar a los jiennenses de un espíritu reivindicativo, de verdad. De saber que no son personas que por definición tengan que estar marginados. El político jiennense que se precie tiene que dotar de autoestima a los jiennenses antes de empezar. Hay que darles el carácter. Si yo fuera político con condiciones, dotaría a los jiennenses de tanta autoestima que daríamos la vuelta al dicho y Granada sería un barrio de Jaén. 

—¿Algo que no le haya preguntado y quiera apuntar?

—Quiero elogiar al periodismo como esencia para transformar a una sociedad, en este caso, la jiennense. El periodista también necesita autoestima. Los veteranos estamos en un proceso de casi de vuelta, cuando un periodista nunca puede estar de vuelta. Los de Jaén son muy buenos y siempre se han exportado. Tenemos que dotarnos de autoestima y no plantearse que por estar en Jaén somos peores. Y, desde luego, intentar siempre que la sociedad a la que sirve sea mejor. El periodista no es el perro del político, en todo caso está a la par y en muchos casos por encima, y tiene que ejercer como tal. Tiene que ser una persona que denuncie, más que que aplauda. A un periodista no se le puede pagar, ni un político debería hacerlo para que le aplauda. 

 

*Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado.

COMENTARIOS

Juanjo Herrerac

Juanjo Herrerac Marzo 16, 2019

Enhorabuena Javier!!!

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