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"Tengo la suerte de dedicarme a lo que me gusta y de hacerlo en mi tierra"

Por Javier Cano - Enero 12, 2020

Cualquiera diría, visto lo visto estos días, que José Guirao se olía su salida del ministerio y echó el resto a la hora de  dejar la cultura bien atada, en buenas manos. En esa línea, apostó por la excelencia y lo tuvo claro: antes de irse designó miembro del Consejo Estatal de las Artes Escénicas y de la Música a Javier Marín López (Úbeda, 1977). Un órgano consultivo en el que el musicólogo jiennense pondrá a disposición de responsables nacionales de estos sectores la amplia experiencia que sintetiza en un impresionante currículo. En su despacho de la Universidad de Jaén, rodeado de libros, carteles del Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza (que dirige desde hace trece años), recuerdos gráficos de sus académicas aventuras americanas y un teclado electrónico, el flamante consejero desmitifica tópicos y hasta 'absuelve' géneros condenados al éxito popular y el desprecio crítico.    

—Enhorabuena, profesor.

—Muchísimas gracias.

—¿Cómo ha recibido el nombramiento? ¿Se lo esperaba?

—Ha sido algo totalmente inesperado. Bien es cierto que desde el Ministerio de Cultura tienen conocimiento del Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza, que en breve cumplirá su vigesimoquinto aniversario, y lógicamente sí que hay contactos con gente del ámbito de la música, con algunos de los técnicos, que son también los que supervisan toda la documentación relacionada con las colaboraciones que el festival hace con el ministerio. En este sentido ellos sí conocían el festival, pero lo que es el nombramiento ha llegado de manera totalmente sorpresiva.

—¿Qué supone ser consejero estatal de las Artes Escénicas y de la Música? ¿Qué competencias tiene este órgano?

—Es un puesto fundamentalmente de carácter técnico. Lo que buscan es recabar opiniones de profesionales del sector que tengan experiencia. En este consejo estatal hay varias áreas aparte de la música, como danza, teatro, circo... Aunque existe una serie de comisiones sectoriales, en el pleno están todas las áreas. 

—Pero usted prestará su asesoramiento en el campo concreto de la música, ¿verdad?

—Exacto, sí, en una de las vocalías de música, así es.

—Y personalmente, ¿qué ha supuesto para usted esta designación estatal? ¿Estará satisfecho, no?

—Sí, bueno. Algo de satisfacción hay, pero implicará también trabajo, viajes a Madrid... Y, en todo caso, la oportunidad de poder aportar, en la medida que está al alcance de uno, la experiencia, el conocimiento acumulado a lo largo de estos años.

—¿Coincidirá con otros jiennenses en las reuniones del Consejo, o tiene el honor de ser el único miembro de esta institución nacido en la provincia?

—No sabría indicarle, el pleno del consejo es amplio, en torno a cincuenta personas, puesto que hay miembros de las comunidades autónomas, fundamentalmente de sus servicios centrales. Hay también miembros de la Federación Española de Municipios y Provincias y representantes de las principales asociaciones del sector de las artes escénicas y musicales. No sé si por alguna de las categorías hay alguien de Jaén, pero hasta donde alcanza mi conocimiento, y específicamente en el área de música, no hay nadie que yo conozca.

—Un reconocimiento personal, el aplauso a toda su trayectoria... 

—Creo que no deja de ser un reconocimiento, por un lado al propio Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza, con el que estoy relacionado como director desde hace trece años, pero ya antes había estado otros cuatro como segundo de a bordo, colaborando en el programa de conciertos didácticos, realizando cuestiones un poco más generales de apoyo logístico y de coordinación.

—Eso por un lado, ¿y por el otro?

—Es un reconocimiento a la labor desarrollada en ese campo y también a la faceta de investigación que se desarrolla desde las universidades españolas, y en concreto desde la de Jaén. En realidad no somos profesores, somos PDI (personal docente investigador), lo cual implica que uno tiene que dar clase pero también realizar labores de investigación y algo en lo que se incide mucho últimamente, labores de transferencia.

—¿A qué se refiere? ¿Puede definir ese concepto? 

—Es decir, articular el conocimiento de base que se genera en la investigación, transferirlo a la sociedad y que eso llegue de alguna manera a su conjunto. En ese sentido el festival es un brazo, una herramienta de acción que permite dar visibilidad al trabajo de investigación que se hace en el campo de la música. 

—¿Ha recibido ya su 'lista de funciones' en el Consejo?

—El Consejo Estatal tiene sus estatutos, su normativa, sus propias funciones, perfectamente delineadas y que incluyen diversos aspectos; por un lado, supervisar todo lo relacionado con acciones en el ámbito de las políticas públicas en los sectores de la música, el teatro, las artes escénicas, la danza y el circo. Hay una serie de reuniones periódicas en las cuales se supervisa cuál es la situación actual y posibles líneas de mejora, nuevas iniciativas para poner en marcha... Siempre, claro, en el marco de las políticas estatales.

—Hace hincapié en ese detalle. ¿Por qué, profesor?

—No hay que perder de vista que muchos de los aspectos del desarrollo de la cultura, y de nuestra vida cotidiana en general, están ya transferidos a las comunidades autónomas; por lo tanto aquí hablamos de todo aquello que corresponde al ámbito estatal, del ministerio. Fundamentalmente asesorar, supervisar... Es un órgano consultivo y representativo. Lógicamente la última decisión la tienen los responsables, pero este tipo de organismos están precisamente para recabar opiniones de profesionales del sector y que la acción de gobierno pueda ser la más relacionada con las necesidades que el sector tiene. 

—Hablemos de su biografía, de su trayectoria. ¿Músico o musicólogo?

—Músico y musicólogo, sí. Digamos que para ser musicólogo hay que andar dos caminos. Por un lado, las enseñanzas de conservatorio: en torno a una serie de rudimentos de la parte técnica del lenguaje musical, etcétera, y luego la parte de musicología, que es la que le da el componente más científico, más de investigación, más académico. No olvidemos que la profesión musical tiene fundamentalmente esas dos vertientes, la de los músicos prácticos que están sobre el escenario y se dedican a la interpretación musical y la de aquellos que nos dedicamos al estudio de la música desde una perspectiva más amplia, técnica, histórica, analítica, sociológica, antropológica..., todo eso entraría en el campo de la musicología y, lógicamente, no se puede desarrollar si no se tienen las herramientas básicas del dominio del lenguaje musical que se adquiere en los conservatorios. 

—No me ha quedado claro si estudió algún instrumento. 

—Estudié piano y trompa.

—Fue 'cocinero antes que fraile', entonces...

—Exacto, es imprescindible; de hecho, en los tiempos en los que yo hice Musicología había que hacer una prueba de acceso en la Universidad en la cual se medía justamente el nivel de conocimientos técnicos.

—¿Por qué optó por la musicología en lugar de por la interpretación?

—Bueno, llega un momento en que uno está dividido y, realmente, la profesión de músico práctico, de intérprete, es altamente exigente, como todos saben. Requiere muchísimo tiempo y una especialización, de forma que solo puedes dedicarte básicamente a eso si realmente quieres tener un nivel que sea profesional. Lo mismo pasa en el caso de la musicología; como disciplina universitaria requiere todo el esfuerzo de sacar un título universitario, y luego no digamos si uno decide embarcarse en un máster, en un doctorado, en una tesis..., eso es una carrera de años.

—Y tiró por la parte más académica.

—Las dos son realmente carreras de años, y para desempeñarlas en un nivel alto de excelencia requieren el mayor esfuerzo y la mayor concentración. Pero llega un momento en el que uno, como tantas veces pasa en la vida, tiene que elegir, y yo opté por esta parte más vinculada al mundo académico, universitario, de investigación, que era también una vocación que siempre había tenido; pero estoy muy en contacto con colegas del mundo de la práctica, entre otras cosas porque el festival de música antigua así me lo exije también.

—¿Lo dice con conocimiento de causa? ¿Ha llegado a actuar sobre un escenario como intérprete alguna vez? 

—Sí, sí. Siempre, en el conservatorio, hay recitales periódicos. También fui músico de banda en Úbeda; así fue, justamente, como me inicié en el mundo de la música práctica, tocando en grupo, en una banda, como por otro lado muchísima gente: las bandas han sido una cantera de práctica y de amor genuino por la música; ahí hay mucha gente que no se dedica profesionalmente a la música pero que no puede entender su vida sin ella; en ese sentido las bandas me parecen un espacio privilegiado para aproximarse a este fenómeno desde una perspectiva quizá no tan exigente ni en un clima de tensión y responsabilidad como el que requiere la interpretación profesional, de una manera un poco más amable.

—Vamos, que ha tocado en alguna procesión de su Úbeda natal...

—En muchas.

—¿Es usted el único profesional del mundo musical en su familia?

—No, no, para nada. Somos seis hermanos, yo soy el menor de ellos y de los seis, tres se han dedicado al mundo del Derecho, a la rama jurídica, y los otros tres al mundo de la música, todos con formación musical, algunos más vinculados al mundo de la interpretación, de la práctica, otros más al de la academia, pero todos en la familia hemos tenido formación musical.

—¿De dónde viene esa afición?

En parte, de mi padre, que era músico 'amateur', de estos que comentaba antes, no profesional pero con grandes cualidades para la música y un amor muy genuino por ella. Eso es algo que se ve de pequeño y, al final, de manera natural, te acabas viendo envuelto en el mundo de la música a veces sin haberlo elegido de manera consciente.

—¿Se siente realizado, acertó en su decisión?

—Sí, sí, la verdad es que tengo la doble suerte de dedicarme, por un lado, a lo que me gusta y por otro, de hacerlo en mi tierra, una doble confluencia que no se da en otras circunstancias. Para mí el trabajo no es tal trabajo, es mi vocación, algo que me gusta, me encanta lo que hago y, encima, tengo la suerte de poder hacerlo en mi tierra. Eso me da un plus, un elemento de vinculación emocional, afectiva con el trabajo, que considero muy importante. Por encima de profesionales, de académicos, somos personas, y la persona es emoción. En este sentido es muy importante que el trabajo que uno haga lo colme también en términos afectivos, espirituales, si se me permite la expresión. 

—Y la docencia, ¿también es vocación, o simplemente una buena salida profesional?

—No, no..., me gusta dar clase, tengo trayectoria docente desde hace ya muchos años. Comencé como profesor de Secundaria y cuando se implantaron los estudios de Historia del Arte en la Universidad de Jaén, había varias asignaturas de música; automáticamente, por BOE, se creó una plaza que no existía en plantilla. Yo estaba entonces viviendo en Jaén y vi la oportunidad. En paralelo desarrollaba mi tesis en Granada, y era algo que yo tenía clarísimo que quería hacer, estuviera o no en la Universidad. Fue una de esas situaciones en la que se alinean todos los astros y, finalmente, pude incorporarme a la plantilla d ela Universidad en 2007.

—Cambiamos de tercio, o de ritmo. Si se montara usted en mi coche, ¿qué música tendría que ponerle para no quedar mal?

—Cualquier música iría bien, siempre y cuando sea buena.

—¿Y eso, cómo se sabe?

Música es todo. A veces tenemos una visión muy estrecha y asociamos la música al ámbito de lo culto, de lo clásico. Eso genera una disfunción en la gente y cierta lejanía de lo que es un patrimonio cultural enorme pero que a veces parece ser solo patrimonio de unos pocos. Yo conozco a mucha gente que tiene una capacidad de apreciación musical enorme sin saber lenguaje musical. Es decir, que lo de saber música es una afirmación que requiere muchas matizaciones. En ese sentido yo estoy muy abierto, me gusta música de todo tipo.

—¿Sin excepciones?

Bien es verdad que por mi formación, por mis inclinaciones, tengo ciertas preferencias al ámbito de la música clásica o culta (una etiqueta que no me gusta, pero que usamos por convención); dentro de ese repertorio amplísimo mis preferencias van hacia la música antigua, el repertorio latinoamericano, algo así; en principio cualquier música que sea buena, que tenga buena intención, que esté bien construida en términos técnicos y que sea interesante estaría sonando a mi plena satisfaccción. Digamos que dentro de la música culta o clásica también hay músicas malas, y dentro de lass populares, y dentro del rock. No es una cuestión de etiquetas, de estilos, de géeneros, sino de aspectos que van mucho más allá de essos compartimentos tan estancos que a veces utilizamos. 

—Y del 'reggaeton', por ejemplo, ¿qué opinión tiene?

—Para la apreciación de esas músicas también necesitamos un poco de perspectiva histórica. Yo me defino, sobre todo, como historiador de la música, pero creo muy importante que para valorar las cosas en sus justos términos es necesario tener un tiempo de por medio que te permita poner eso en perspectiva, analizando bien cuál es el contexto, la situación. Muchas músicas están vinculadas a movimientos sociales, incluso políticos de todo tipo, y es muy importante, para hacer una valoración de conjunto de cualquier repertorio (no solo históricos sino también actuales) conocer el contexto en el que se gesta esa música. La música suele ser casi siempre una respuesta a una situación que se está produciendo en ese momento, y no contemplar eso puede conducir a interpretaciones un poco erráticas y confusas. 

—¿Ir con usted a una discoteca puede ser una mala idea? ¿En locales como esos 'sufre' usted deformación profesional, analiza lo que escucha desde una perspectiva científica, técnica, aunque se trate de 'chunda, chunda'?

—El contexto, a veces, hace que uno valore las cosas de manera distinta. Digamos que cada música tiene su situación y su razón de ser, y en ese sentido creo que hay que estar abierto a otro tipo de manifestaciones musicales en general. Pero lógicamente, si nos sentamos y hay que hacer un estudio, quizá sea bueno discriminar unas cosas de otras. Toda música, si se considera su calidad en valor de su función, incluso este 'chunda, chunda' que dice, es una música extraordinaria, porque cumple perfectamente la función para la que ha sido creada. Ahora, si introducimos otros parámetros de análisis, lógicamente puede cambiar la visión o el juicio que podamos establecer sobre esa manifestación. 

—Lleva trece años al frente del Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza. ¿Cuál es el leit motiv de esta cita?

—El festival es, siempre, casi como un trabajo de laboratorio, como el de los comisarios de exposiciones, por ejemplo; un trabajo de pensar muy bien cuáles son las líneas temáticas, los ejes estratégicos, a qué cosas se les quiere dar realce con respecto a otras... En el festival siempre estamos pensando en ediciones temáticas, cada edición se dedica a un aspecto concreto de la historia de la música o, a veces, de la historia de la cultura vinculado con fenómenos representativos de la historia de la música ibérica y latinoamericana, intentando también reestablecer esas conexiones a veces perdidas o ignoradas que relacionen la Península con el Nuevo Mundo. Ahí hay un trasvase continuo de relaciones de intercambio, un mundo riquísimo, muy poco estudiado.

—¿Ya tiene pensado, aunque sea por encima, el cartel y el tema de este año?

—Para el festival de este año todavía no hay un tema definido como tal, hay varios orbitando y seguiremos en la línea de trabajo de años anteriores, de exhibir la riqueza patrimonial e histórica que tienen Úbeda y Baeza como sedes, pero también el conjunto de la provincia. El Ciclo Vandelvira es una muestra del potencial artístico que tenemos como provincia, del cual no sé si somos demasiado conscientes pero ahí está, y eso necesita (aunque no me guste nada la expresión) ponerse en valor. Una de las formas de hacerlo es justamente a través de la música, y en ese sentido uno de los ejes del festival es la vinculación con el patrimonio histórico-artístico.

—¿De qué otra forma persigue conseguir sus objetivos el festival?

—La otra son la recuperación de músicas inéditas, poco transitadas. Muchas veces tengo la sensación de que insistimos sobre un conjunto de obras y autores que se han canonizado.

—¿Qué quiere decir, exactamente?

—Es interessante que esos cánones se conserven y se estudien, porque a veces establecen un estándar, un ideal de perfección, pero en ocasiones, automáticamente y de manera muy voluntaria, han marginalizado manfiestaciones muy dignas de ser escuchadas por su función social o por su calidad y características musicales. En el festival se pone énfasis en esos repertorios menos conocidos, en hacerlos revivir y traerlos al gran público con conciertos de estreno. Y todo eso vinculado a través de la idea del festival como un gran proyecto cultural. No es solo una sucesión de conciertos de artistas famosos, eso pueden hacerlo otros festivales que además tienen mucho más presupuesto. Eso no nos interesa, no jugamos a eso ni podemos; apostamos por una programación que haga guiños no solo al oído, sino también al intelecto de las personas que se acercan al festival y que, por fortuna, cada año son más.  

—Para terminar, profesor. ¿Cómo está la cantera de musicólogos en Jaén?

—En la Universidad de Jaén no tenemos un título propio de Musicología, es un título de grado, todavía minoritario, que no existe en todas las universidades españolas ni mucho menos; en nuestro caso tenemos un Grado en Historia del Arte que sí que tiene algunas asignaturas de música, pero el énfasis se pone, lógicamente, en la Historia del Arte.

—¿Sabe si se ha planteado la posibilidad de implantar este titulación en la UJA?

—Quizá sería una posible idea a medio plazo porque, realmente, es una carrera muy demandada. Los colegas de la Universidad de Granada, donde existe ese título desde hace muchos años (yo me formé allí), todos los años llenan el número de plazas y hay gente que se queda en espera. Es una carrera que suscita interés, con una tasa de inserción relativamente alta. Pero es una cosa que hay que pensar con calma y ver si puede funcionar.

FOTOS Y VÍDEOS: Esperanza Calzado.

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