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"Las preguntas más lúcidas vienen de alumnos sin miedo"

Por Fran Cano - Marzo 03, 2019

El ágora, o algo parecido, es la Plaza de Cervantes de la capital jiennense el miércoles 27 de febrero de 2019: dos reporteros que hacen preguntas, un señor de 54 años que da algunas repuestas, y adolescentes que contemplan hasta ser por segundos foco del momento. Jesús Cano (Jaén, 1964) imparte Filosofía en el IES Fuente de la Peña. Es el coordinador del departamento. La asignatura le da de comer y ha marcado su vida y seguramente la de terceros. Cuenta a este periódico que estuvo tentado de ser un guarda forestal con inclinaciones filosóficas. No lo fue, y desde hace 30 años es un activo de la docencia.

Cano tiene cierta textura literaria, y uno lo imagina entre el profesor John Keating (El club de los poetas muertos) y el excéntrico filósofo Slavo Zizek. El jiennese habla despacio, tiene tiempo para los silencios y para bendecir la tarde con un refresco aliñado. Acaba de comprarse un libro.

—¿Usted siente que ahora hay más debate o menos en la comunidad educativa?

—Bastante más. ¿Te refieres entre alumnos y profesores o a nivel de comunidad de profesores?

—En general.

—Se habla más, sí. Empecé hace treinta años y ha habido un cambio radical: los claustros son mucho más participativos y las clases infinitamente más que en mis comienzos.

—Su director, José Manuel Jiménez, nos dijo hace casi un año que el segundo trimestre es el peor de todos, el que marca el desenlace del curso. ¿Está de acuerdo?

—Sí, porque por ejemplo en Bachillerato el primer trimestre es de toma de contacto. Los alumnos pasan de una etapa a otra y se encuentran un ambiente nuevo, y es un trimestre complicado con el tema de la Feria de San Lucas y de los puentes. Hasta que ponen el pie en tierra los alumnos están despistados. Los resultados no son demasiado buenos. En el segundo están más centrados. Está comprobado estadísticamente que los que sacan buenos o malos resultados en el segundo trimestre terminan bien o mal. Es decisivo.

—¿Le gusta la atmósfera del día a día en el instituto?

—Me gusta mi trabajo. Nunca he dicho que sea un profesor vocacional, pero mi trabajo ha llegado a gustarme, porque trato con gente joven. Estoy enseñando y aprendiendo, y cada día hay un dinamismo y una vitalidad que pocos trabajos ofrecen.

"ME GUSTABA CURIOSEAR EN LOS LIBROS CUANDO ERA ESTUDIANTE"

—¿Ser profesor es mucho más difícil que ser alumno?

—No sé qué decirte. Cada cosa tiene su asunto. Lo pasé peor de alumno que de profesor.

—¿Qué tipo de estudiante era?

—Era normalito. Me gustaba aprender, pero como a la mayoría de estudiantes no me gustaba trabajar. Me defendía como gato panza arriba. Si te gusta aprender, tú tienes buenos resultados como estudiante. Siempre. Lo fundamental es la motivación. Y siempre he estado motivado porque me gustaba aprender. Recuerdo que cuando me compraban los libros —ahora en la ESO son gratuitos, por suerte— leía los de Ciencias y de Historia antes de dar los temas. Curioseaba en los libros. Me ilusionaba lo que veía. Luego había que estudiar para los exámenes, sí. Pero tenía la motivación.

—La última vez que hablamos me comentó que el poder siempre ha temido que los alumnos piensen. ¿Cree que llegará a España alguna vez un gobernante que dé más importancia a la Filosofía?

—La Filosofía, como hablamos en esa ocasión, anima a pensar. Y hace a los chavales y a las personas críticos. Porque el pensamiento te lleva a preguntarte las cosas. A cuestionarlas. Al poder, sea del signo que sea, no le interesa tener ciudadanos demasiado críticos. Porque preguntan. Todo lo que sea preguntar pone al poderoso en el compromiso de responder. Y ya sabemos cómo funciona la política. Son discursos que aluden a simbologías muy abstractas, pero que no dan respuestas a los problemas de la gente. Hace poco tuvimos un acto en el instituto con motivo del Día de Andalucía y un alumno le hizo una pregunta a una diputada que dio una charla: '¿Puede haber verdadera democracia en un país donde la gente no sabe?'.

—¿Es del PP la diputada?

—No te lo voy a decir. Ella se quedó fuera de juego, porque esa es la clave: la democracia depende de que el pueblo, que se supone que es el que tiene que gobernar, sepa. Eso lo decía Platón. La democracia es el peor de los sistemas políticos en lugares donde haya ignorantes. Hace falta educar al pueblo para que el pueblo decida. Tal y como está la cosa en la política, cualquier materia puede animar a pensar. La Filosofía se centra específicamente en eso, pero en cualquier asignatura se puede animar a debatir, a cuestionar y a preguntar. Y eso siempre es peligroso para la política.

"EN CUALQUIER ASIGNATURA SE PUEDE ANIMAR A DEBATIR"

—Le gusta proponer debates en sus clases. ¿Le sorprenden las intervenciones de los alumnos?

—Continuamente, continuamente. Y más las alumnas que los alumnos. Tienen una capacidad crítica tremenda. Lo que necesitan es perder el miedo. Perder el miedo a preguntar. El sistema tradicionalmente nos ha hecho cobardes. Y la educación tiene el reto de hacernos perder el miedo. Como decía Diderot, los seres humanos no nacen estúpidos; nacen ignorantes. Es la mala educación las que los convierte en estúpidos. El sentido común te lleva a hacer preguntas lúdicas, pero tenemos miedo. Cuando los niños pierden el miedo —y lo he notado progresivamente dando clase— te hacen preguntas muy lúcidas y críticas. Si les das la oportunidad, echan abajo todo el sistema.

—¿Le gusta poner películas a su alumnado?

—Sí, es un instrumento útil. Hoy tenemos en todos los centros educativos proyectores para ver documentales y películas. El material audiovisual es más atractivo.

—¿Recomienda alguna?

—Películas completas no suelo poner. Alguna que otra. Lo que les pongo son documentales y pequeños vídeos que nos dan oportunidad de debatir el tema durante la hora de clase. Sin ir más lejos, hoy hemos hablado de la relación entre la naturaleza y la cultura. He puesto un vídeo sobre los niños salvajes: menores que han sido abandonados en la naturaleza y sobreviven solos. También han visto un tráiler de la película El pequeño salvaje, de Truffaut. Aborda un caso real de un niño que fue encontrado en un bosque en el sur de Francia a finales del siglo XVIII. Eso es muy atractivo para los menores. ¿Películas? Sí, les puse una que me parece entrañable: La duda de Darwin, sobre la vida del genio. Plantea los conflictos morales que tuvo antes de publicar El origen de las especies. Él, que era una persona religiosa, llegó a conclusiones científicas que ponían en duda el orden del mundo que establece la Biblia.

—¿Los mejores políticos son los mejores filósofos?

—Bueno, eso lo decía Platón también. Que hasta que no gobernaran los filósofos no habría un buen gobierno, porque él pensaba que los filósofos eran los sabios. Son los que buscan saber, no los sabios. No estoy de acuerdo con Platón. Creo que es preferible educar al pueblo y que el pueblo, como estas chavalas que están aquí (aparecen un grupo de menores, que toman asiento en un banco de la plaza)...

—Esto ahora parece el Chester.

—Que sean ellas las que tomen las decisiones, aunque se equivoquen.

"LOS AÑOS TE HACEN MÁS SABIO Y MÁS LIBRE"

—¿Por qué se hizo profesor?

—No creo en la vocación, porque eso viene de una llamada divina. Vocación es la voz de Dios que te llama, y yo soy agnóstico. Llegué a la profesión de docente porque me gustaba aprender, y tomé la decisión de estudiar Filosofía porque era una carrera en la que había muchas cosas que aprender y donde se valoraba mucho el preguntar. La salida profesional era o pastor de ovejas en el monte o profesor en el instituto. Mi padre me aconsejó bien, aun cuando me planteé lo de retirarme al monte. Le hice caso a mi padre, me preparé las oposiciones y terminé dando clases de Filosofía.

—¿Ser pastor fue una alternativa?

—No exactamente ser ganadero, pero me tiraba mucho la naturaleza. Cuando hice el COU, escribí a la escuela de capataces forestales de Cazorla. Quería ser guarda forestal y filosofar por el monte.

—Buen trabajo.

—Buen trabajo. Pero me decidí por las oposiciones. Las aprobé y luego resulta que me encanta mi ocupación.

—¿Se siente más sabio con los años?

—Sí. Sabe más el diablo por viejo que por diablo.

—¿Y más libre?

—¿Más libre? También. Aprender a liberarte de necesidades superfluas.

—Ahora la libertad de expresión está bajo sospecha. Abundan censores.

—Vivimos en una época en la que hay que ser muy políticamente correcto. Porque hay que decir o no decir determinadas cosas, pero yo me siento libre. No debo nada a nadie. Como decía Machado: me lo debo todo a mí mismo. Entonces eso es la libertad. No depender de nadie. Hombre, podría ser más libre.

—Tiene jefe.

—Sí, pero los jefes son comprensivos. Por lo menos en nuestro trabajo lo son. Y el jefe que tengo yo no es en el que tú estás pensando, el director.

—No pensaba en él.

—Los jefes son ellas (y señala a las chicas del banco). Son las que te examinan cada día y quienes valoran tu trabajo. Nunca me ha preocupado, y es algo que me gusta de mi profesión, lo que mis 'jefes' puedan pensar de mi trabajo. Como a todos los profesores, lo que me ha preocupado es lo que estas 'jefecillas' piensen de nuestra labor. Si de verdad le enseñas algo valioso o les haces perder el tiempo.

—Hay de todo.

—Sí, hay días que salimos de clase levitando, porque hemos conectado, y otros que nos quedamos hundidos.

"EL INDIVIDUALISMO Y LA COMPETITIVIDAD ANULAN AL CIUDADANO"

—Esta semana estuve en una charla sobre los peligros de las redes sociales para los jóvenes. ¿Le gusta la tecnología en el aula?

—El problema es que se distraen. En vez de estar pendientes de la clase están distraídos con las redes sociales, los mensajes y las fotografías. A través de las redes tienen tentaciones y peligros muy serios. Eso es una asignatura pendiente no del sistema educativo, sino de la sociedad: aprender a utilizar las nuevas tecnologías. Ni siquiera sabemos los adultos.

—¿Tiene cuentas en redes?

—Desde que me estoy enterando de cómo funcionan cada vez participo menos. Tengo Facebook y WhatsApp, pero estoy distanciándome de las redes. Me gusta leer e informarme, porque ya no merece la pena comprar el periódico. Sí merece la pena, pero no lo compramos (risas).

—Hoy [por el jueves] se han entregado dos banderas de Andalucía a profesores que innovan. Han comentado que se sienten como islas en el sistema educativo. Y le han dicho a las autoridades competentes que no quieren ser islas, porque así es más difícil innovar. ¿Ocurre eso?

—Sí, sí. Es complicado no porque la administración ponga trabas. Es complicado porque la sociedad en la que vivimos presiona para que sigas con los métodos tradicionales e incluso los propios alumnos se niegan a participar en métodos innovadores. Pongo un ejemplo, el aprendizaje cooperativo consiste en que tú organizas a los niños del aula en equipos y ellos cooperan para aprender y comparten la nota, los resultados. Hay exámenes individuales, pero la nota es la media. Así lo hago yo. Algunos niños se cabrean mucho y dicen que no tienen nada que ver con el otro. Que necesitan notas para Selectividad. No están dispuestos a compartir la nota por si pierden un punto. Llevan razón. Les perjudica. El sistema no promueve el aprendizaje cooperativo, porque es competitivo, sálvese quien pueda. Otro ejemplo, si haces un debate, hay quien se molesta y te insta a dar más contenidos para Selectividad. 'Ya no vamos a ir bien preparados, como los de la clase de al lado', te dicen. Hay una presión externa que coarta la libertad de cátedra de la que se habla siempre. Por eso les cuesta tanto a los sistemas innovadores, que suelen ir contra el orden establecido.

—El sistema de cooperación parece que es innato.

—Cuando mis alumnos me argumentan el asunto de la nota, les digo siempre lo mismo: 'Como no estéis unidos, estáis perdidos'. O nos salvamos todos o nos hundimos todos. A la larga te das cuenta de eso en la vida: hace falta unidad.

—¿Se ha perdido el sentimiento de comunidad?

—El individualismo es tremendo. El individualismo y la competitividad son la estrategia para anularnos como ciudadanos. Hacernos enemigos unos de otros. Incluso a nivel de trabajo. Se lo digo a mis alumnos, que hoy se valora la capacidad de cooperación. Hay empresas que no quieren a los mejores, sino a los que mejor trabajan en equipo. Pero existe esa presión de las notas y de la Selectividad, incluso en las familias. En los últimos siete u ocho años he notado esa presión tremenda de la competitividad a nivel de Selectividad y de Bachillerato. Ya está llegando incluso a la Enseñanza Secundaria. Y ves a bachilleres con crisis de ansiedad, llorando porque sacan un 7 en lugar de un 9. Era algo inconcebible hace 20 años.

Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado.

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