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"A mayor distracción, mayor infelicidad"

Por Javier Cano - Septiembre 12, 2021
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José Chamorro (Linares, Jaén, 1981), destila seguridad y hondura. Viene a esta entrevista impolutamente vestido de blanco, el color que en la iconografía cristiana es la suma de todos los demás: "la luz misma", lo llaman. Y es que este profesor, pedagogo, terapeuta Gestalt, escritor y hasta instructor de yoga transmite espiritualidad cuando habla y hasta cuando usa la boca para añadir silencio al mundo. Más que reciente la publicación de su último libro, en el que ofrece una metodología particular que anhela ver en los planteamientos curriculares del actual sistema educativo, Chamorro despliega su pensamiento, crítico y constructivo, para los lectores de Lacontradejaén.

—Un hombre de clara vocación docente, ¿verdad?

—Así es.

—¿Le viene de familia esa querencia, José?

—No, viene desde mi época de alumno, tenía profesores que eran referentes y que de alguna manera me hicieron sentir que a mí me gustaría formar parte de esto, hacer estas cosas. Luego sí tuve un punto de inflexión en el instituto, cuando me atendió el orientador, que era pedagogo; yo no sabía eso lo que era, y luego acabé siendo eso.

—¿Cuál fue ese punto de inflexión que marcó su trayectoria profesional para siempre?

—Me pareció interesante el trato de tú a tú, pero pensé: "Estaría bien que me escuchara", porque yo sentía que tenía más que decirle que escuchar lo que me preguntaba. Y eso creo que me marcó de alguna manera. No fui consciente hasta posteriori, pero marcó de alguna manera un punto de inflexión en la elección de la carrera, sí.  

—Docente, y también escritor con abundante obra publicada, que aúna ambas vertientes. En relación con su último libro, Apuntes de otra clase, ¿se trata de un trabajo dirigido preferentemente al sector educativo o lo puede leer cualquiera?

—El libro digamos que me lo provocan mis propios alumnos de Filosofía, porque me hacen caer en la cuenta de querer ofrecer algo que a la misma vez aúne mi propio proceso formativo y sintetice un poco mi propia búsqueda personal y casi espiritual, podríamos decir. Entonces he intentado ofrecer un trabajo que intente responder a esto del "Conócete a ti mismo", qué implica eso y no quedarnos meramente en aprendizajes curriculares, instrumentales, que hoy se aprenden, se hace un examen y se olvidan y es muy poco el poso, sino algo que puedan llevarse puesto. Esa es la preocupacion. 

—¿Cómo lo plasma en sus páginas?

—En el libro intento bajarme a ellos, al máximo, pensando fundamentalmente en alumnos de primero de bachiller, pero no es un libro solo para ellos, es un libro para una persona que tenga inquietudes en este sentido y quiera explorar qué es eso de nuestra sensibilidad, qué es eso de la emocionalidad, que no somos meramente lo que pensamos a nivel cognitivo, en el que nos movemos normalmente. Vivimos todavía en la inflación de la racionalidad que nos viene desde la Ilustración, en este sentido, y realmente hay otras dimensiones que nos constituyen y que si las integramos nos ofrecen una experiencia de la vida mucho más completa y mucho más rica. 

—En pleno comienzo del curso escolar, ¿puede ser su libro una suerte de guía recomendable precisamente para conducir este curso, tanto para docentes como para estudiantes?

—Es mi propia invitación para mis alumnos de este año (puesto que lo pensé con las promociones anteriores) de poder hacer un trabajo paralelo, o transversal si quieres, de fondo, de esto que comentaba. Evidentemente no solo para ellos, sino que también están los docentes y cualquier persona que quiera hacer ese viaje.

—¿A qué viaje se refiere, José?

—Porque el libro yo lo defino más como un viaje, porque está lleno además de propuestas prácticas, de ejercicios para pararse, no meramente leer y avanzar sino que hay que parar, hay que tomar nota. Invito continuamente a escribir sobre lo que a uno le pasa, para poner conciencia en ello, al final el objetivo del libro es el desarrollo de la conciencia, la transformación de la persona. Pero sí es un buen momento. También era un buen momento el verano, cuando salió el libro. Ese momento de pausa, de relax... Es un libro que puede acompañar el proceso del alumnado y de las personas en general. 

—Se trata de trabajar eso que llaman las potencialidades del alumnado, pero también las espirituales, las emocionales... ¿Cómo se lleva eso a la cotidianidad de un centro escolar, de un instituto?

—Bueno, al final las inteligencias están de fondo en los contenidos que se presentan, oficiales de alguna manera, pero también a nivel metodológico, ¿no? En función de las metodologías que trabajemos voy a poder utilizar una o utilizar otra, y luego también está el propio proceso de cada persona, que trae como una predisposición a tener una inteligencia más desarrollada que otra porque presenta más sensibilidad hacia unas cosas que hacia otras. Entonces no es un tanto un trabajo que intente aclarar: "Pues con esto estamos trabajando tal inteligencia", ponerle un nombre concreto, sino generar experiencias en las que al final la inteligencia se vaya activando en función de la persona que esté detrás de ese trabajo; en este caso, detrás de esa actividad del libro.

—A más de uno le extrañará que hable usted de inteligencias, así, en plural.

—En mi libro hay mucho tipo de experiencias que tienen que ver con la naturaleza, y podríamos pensar en la inteligencia naturalista, o experiencias que tienen que ver con escuchar una música concreta (a través de un código QR tiene muchas propuestas en este sentido); poder trabajar la cinestésica, en el sentido de si invito al movimiento, o a la emocional si invito a esa mirada. Ofrecer, sin tener tanta conciencia de hacer un trabajo expreso, la posibilidad de que hay una paleta de experiencias que las vayan tocando indistintamente. Por eso digo que el libro no es tanto de lectura, que implique una comprensión puramente linguística, una inteligencia linguística, sino que intenta tocar otras áreas, y especialmente aquellas que están más relegadas en el sistema educativo.

—Más allá de la Lengua, las Mates...

—Al final esto se termina simplificando en que pareciera que lo importante son Lengua y Matemáticas, pero el caso es que llevamos muchos años así y los resultados no mejoran. Creo que hay que trabajar a otros niveles y los profesores tienen que tener ciertos procesos personales desarrollados para que la práctica esté empapada de eso que quieren transmitir y no sea la mera idea de que he leído, me han dado un curso rápido e intento llevar a receta, tiene que ser algo que porque me transforme a mí, soy capaz de transformar y acompañar a los alumnos. 

—Todo eso que propone usted en Apuntes de otra clase, ¿ha pasado ya por un proceso experimental que avale su posible aplicación en las aulas?

—Así es. No es escribir sobre, y esta es una de las cosas que apunta el libro, no es tanto hablar sobre cosas sino que a partir de tocar ciertas, generar experiencias para hablar desde. Al margen de la Universidad hay otros procesos que uno tiene (como yo digo) que permitirse, pagarse, paralelos a esa formación reglada, institucional, en este caso estoy pensando por ejemplo en el enfoque de la psicología humanista, que como tal no forma parte como un área gorda ni de la propia formación en psicología, pero hay asociaciones creadas, en este caso, de psicologia humanista, estoy pensando en uno de los enfoques, la terapia gestal, en la que yo me formé y en la que yo experimenté, y el libro es fruto de eso.

—¿Qué conclusiones arroja esa terapia al respecto?

—Que porque el trabajo pasa por uno, aparece algo que cambia. Entonces, lo que cambia es la propia mirada, lo que cambia es la manera de acercarse al alumnado, lo que cambia son las respuestas, lo que cambia son muchas cosas, y no es meramente la memorización de una serie de técnicas o de historias sino porque a uno, digamos, le han cambiado el cristal de las gafas empieza a percibir las cosas de otra manera y por lo tanto se relaciona de otra manera, y eso los alumnos también lo reciben.

 

Efectivamente, junto con sus titulaciones universitarias Magisterio por Educación Especial (Granada), Licenciatura en Pedagogía (Salamanca), Grado en Ciencias Religiosas (Granada) y Postgrado en Psicoterapia Gestalt (UNED), José Chamorro suma su formación en Terapia Gestalt en EMTG (Madrid) y en Psicoterapia Integrativa del Eneagrama por el doctor Claudio Naranjo a través del Programa SAT y como instructor de Yoga (Madrid). A finales de este mes de septiembre Chamorro será uno de los participantes de la III edición del congreso on-line 'Revolución Educativa', que se podrá ver a través de YouTube.

 

—¿Se siente incómodo dentro del sistema con el que no tiene complejos a la hora de mostrarse crítico? En ese caso, cómo sobrelleva esta dualidad, qué le supone?

—Supone tener que conciliar las dos, aprovecharte de lo que la estructura te pueda permitir e intentar también dar respuestas. Yo no me salto la Ley, la Ley está ahí, pero sí que soy crítico, es decir: el cambio de la educación no viene de que vayamos cambiando las leyes continuamente y hablemos de que ahora se pueda repetir o no se pueda repetir y qué materias tienen más horas.

—¿Entonces?

—Tiene que ver con una visión que está mucho más al fondo, tiene que ver con preguntarnos si realmente el sistema educativo como tal responde a una pregunta muy seria, que es: El desarrollo integral de la persona, ¿realmente eso se está haciendo? Yo no entiendo el desarrollo integral de la persona como un desarollo de curriculum meramente con información en la era de la información en la que estamos, y seguir con la misma estructura de siempre, donde sí es verdad que evolucionamos y cambiamos metodológicamente, intentamos acercar los contenidos al alumnado de manera lúdicas, con gamificación, con metodologías cooperativas, que está bien, pero ¿de qué sirve? Y esta es la propia paradoja que yo vivo, ¿de qué sirve generar sistemas cooperativos y que los alumnos trabajen ahí si al final les estamos diciendo "la nota es la nota y el sistema, fuera, te va a medir por una nota". Al sistema económico le interesa que tú seas una persona competente y competitiva para que te reinsertes y produzcas, y generes tus impuestos para que esto se siga haciendo.

—¿Qué es para usted, pues, el desarrollo integral de la persona en el ámbito educativo?

—Yo dudo mucho de que esto sea una reforma al desarrollo integral. Entonces es como utilizar, y vuelvo a la pregunta que me hacía, la parte reglada, es decir la estructura, y a la misma vez ser capaz de poder ofrecer otras cosas que no tienen tanto que ver con que yo desarrolle una tarea concreta que en un momento determinado podrá ser así, sino con que la manera en que nos situamos en el aula es diferente porque nosotros, los profesores en este caso, estamos formando de una manera diferente. Entonces, evidentemente, esto es un macroproblema que tiene un montón de hilos, y habría que empezar a tirar, pero yo creo que cuesta poner el acento en lo nuclear porque en el fondo eso implicaría creer realmente en formar a alumnos que sean críticos con el sistema, y el sistema no quiere que la gente sea tan crítica, para que no se caiga el chiringuito.

—Defina 'chiringuito', por favor.

—Hay muchos intereses detrás, a todos los niveles, y en último término el mercado, que nos lo inventamos para facilitarnos la vida y lo hemos puesto como si fuera el becerro de oro, a la adoración. La propia pandemia ha puesto de manifiesto qué interesa, si la economía o la salud. Eso es muy dramático a dia de hoy decirlo,  pero las personas no estamos al servicio, esto lo hemos inventado nosotros para facilitarnos la vida.

—Vamos, que opta por intentar cambiar el sistema desde dentro, ¿no?

—Hace falta convivir con las dos cosas a día de hoy. Es verdad que hay experiencias que yo alabo, de centros con pedagogias alternativas que funcionan espectacularmente bien, quizá podría ser fácil irme y buscar algo de esto, o quizá lo más costoso sería mantenerme e intentar ofrecer el ejemplo de algo en lo que sigo aprendiendo. Es decir, yo no tengo, no puedo decirte "esta es la receta perfecta si la haces", sino que tengo que ser ejemplo, un poco, de lo que me va pasando y de lo que va pasando y contagiar a otros como otros me contagian a mí de las cosas y creen también en un cambio en la educación. 

—Por lo que dice, se sentirá como un equipo al que le han metido dos goles y no le queda otra que intentar remontar cuando escucha usted hablar del pacto de Estado para la educación, de cambiar el sistema, si se tiene en cuenta que usted apunta mucho más allá de lo que normalmente es objeto de controversia y anhela una auténtica catarsis metodológica.

—Claro. El pacto de Estado tendría sentido como en el área de la sanidad, pero a día de hoy no caben estas historias y estos juegos de entretenimiento en los que además nos confunden y se nos generan unas polémicas que generan un cierto malestar. Yo, para explicar esto, sí que practico mucho la economía del lenguaje y del tiempo;es decir, le dedico poco tiempo. ¿Por qué? Porque no tengo tiempo para perderlo en disquisiciones y en debates que no van a llegar a ningún sitio, siempre me entretiene, me distrae, y si me distrae me saca de mí y yo lo que pretendo en el libro es hacer lo contrario, lo que quiero es que vuelvas, porque si tú vuelves y estás centrado, tus respuestas serán totalmente diferentes, no serán las respuestas que te dan otros, que es lo que está pasando.

—¿Qué hay que hacer, señor Chamorro, con la educación en España?

—Creo que con la educación hay que sentarse a hacer ciertas cosas y pensar si realmente, en una mirada honesta, se está dando lo que se dice que se está dando. Lo que pasa es que nos conformamos con poco, nos conformamos con parches y decimos: "¡Bueno, yo qué voy a hacer!". Tú sé el ejemplo del cambio que quieras ver, que es lo que está en nuestra mano. Al final yo solo puedo responsabilizarme de cómo es mi práctica educativa diaria, que no es poco, ¡eh! y es un gran trabajo. Pero es que el cambio empieza por eso, yo no puedo simplemente esperar a ver si esto lo solucionan otros. Eso llegará o no llegará, no lo sabemos; entonces, al final, mi vida se concreta en lo que está en mi mano, y lo que está en mi mano es mi práctica diaria y a partir de ahí intentaré hacer lo mejor que pueda. No sé cuántos goles nos van a marcar o no nos van a marcar, lo que está claro es sentir que cada uno estamos siendo consecuentes con lo que creemos y no lo creemos simplemente como un ideario, sino que lo creemos porque lo hemos vivido en primera persona. Para mí esta es la clave, y esto es lo que marca la diferencia. 

—Un paseo por su amplio curriculum conduce a una actividad de precioso nombre: acompañante en procesos personales desde el enfoque de la filosofía sapiencial. ¿En qué consiste, concretamente, este ejercicio?

—Haríamos primero una diferenciación entre filosofía no clásica de la época clásica sino entendida como ese conjunto de presentación de las ideas y de los constructos teóricos de los autores, y esa otra filosofía sapiencial que responde al imperativo socrático del "Conócete a ti mismo", este proceso de volver la mirada hacia uno y ver lo que pasa, ver lo que pasa cuando la atención la llevas al nivel de sensaciones, al nivel de emociones, al nivel de la razón, o esto que en psicología lo han llamado transpersonal, que es aquello que nos excede. Por ejemplo, cuando uno contempla una puesta de sol y algo pasa por dentro, algo hay ahí que se ensancha, una dimensión espiritual del ser humano, el ser humano es el único capaz de eso porque tiene conciencia. Desde este enfoque, "Conócete a ti mismo", que era una de las partes de la filosofía que se ha quedado un poco relegada, ahora, hoy día, en los congresos de filosofía, se está recuperando.

—¿Dónde empieza, por dónde lleva, a dónde conduce ese acompañamiento?

—Es un acompañamiento a las personas para poder escucharlas desde esta perspectiva y ser capaz, simplemente, de ser un espejo para ella, es decir, que si tú me traes tus problemas yo sea capaz de escucharte y no darte mi parecer ni mi punto de vista, sino ser lo suficientemente locuaz como para hacerte la pregunta cuya respuesta que tú des te va a servir a ti, te va a iluminar. Esta es la clave, y esto digamos hoy dia se nos metería en el marco de los enfoques humanistas, por ejemplo, en terapia, que funcionan de esta manera, lo que hacen es acompañar a los pacientes, no que tú vengas a mí porque soy el especialista y entonces como en la medicina, te digo: "Pues tómate estas pastillas cada tres horas y ya está"; entonces me dejas a mí la responsabilidad de lo que te pasa a ti.

—Escuchar, y no opinar.

—Tú sabes que tienes algo que te puede ayudar, pero eres incapaz de verlo. Esto implica a veces conectar con ciertos sufrimientos, heridas personales que todos llevamos; entonces sería como acompañar: te escucho, te digo lo que me llega, lo que tú estás diciendo, el tono emocional, cómo te percibo corporalmente, y te lanzo preguntas para que la respuesta a ellas sea luz para ti, este es el acompañamiento desde el enfoque sapiencial, que evidentemente en mí se articula desde la formación gestáltica.

—¿En una consulta, en un bar, en casa...?

—Se puede hacer de muchas maneras. Podríamos hacerlo en una consult,a en un espacio concreto donde hay un par de sillas y nos sentamos uno frente al otro, o hacerlo en un banco y nos sentamos como dos amigos, lo que pasa es que la escucha no es de amigos, no es de amistad, contándole al otro lo que yo haría, que es lo que hacemos normalmente. Es intentar ayudar al otro descubriendo sus propias respuestas. Entonces, el espacio es indiferente, se hace de muchas maneras, porque el que es psicólogo y está formado en esta corriente lo hará en su consulta, en un despacho al uso; o podemos sentarnos con mi alumno en un pasillo con dos sillas, porque ahora mismo me gustaría hablar contigo, y escuchar desde ahí. Intentar no solo escuchar el contenido racional sino también un poco si hay coherencia entre el contenido y la emoción que hay de fondo, la actitud (el cuerpo no miente)... 

—Con estos mimbres, José, ¿dónde se ve usted? ¿En las aulas de ahora mismo o en una consulta, mañana?

—Verme me veo ahora mismo aquí, conversando. No lo sé, es cierto que voy viendo que, al final, esto se puede hacer de muchas maneras. Yo hablo de educación no solo escolar, sino en un registro mucho más amplio. Ahora mismo hago lo que creo que puedo hacer donde surge la oportunidad. Sí es verdad que el libro es un punto de inflexión que me gustaría que derivara en una especie de taller: el trabajo en grupo genera una riqueza que va más alla del propio viaje que uno pueda hacer. 

—Para concluir, en tiempos de pandemia, con tantas limitaciones para viajar, ¿cree recomendable este viaje interior? Ah, y por cierto, ¿ha generado la situación sociosanitaria más demanda de acompamiento para quienes, como usted, se prestan a guiar ese proceso?

—El chiringuito está montado para no mirar para adentro [ríe], y esto lo vemos como una conquista del ser humano, por eso nos vamos a tener que cambiar de planeta, porque nos estamos cargando este. Hay gente que está ya tan saturada o ha sufrido tanto en la vida que le toca mirar de otra manera, porque ve que algo no funciona en su interior, pero hay gente que sigue, que no se lo plantea. Podíamos decir que la época de pandemia podía haber sido un momento de revisión de una mirada diferente, pero para muchos ha sido una época de silencio, y eso a muchos les da miedo, acostumbrados a tener ruido permantemente, a distraerse. Esto no es nada nuevo, tiene la misma historia que el ser humano. A mayor distracción, mayor infelicidad. Tanto que intentamos llenarmos con cosas de fuera, nunca terminamos de llenarnos, seguimos con un agujero dentro. Y es que las cosas de dentro se llenan con lo de dentro, lo de fuera son meras distracciones.

Vídeo y fotos: ESPERANZA CALZADO

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