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"Quiero que ser scout sea otra puerta para acercar a la juventud a Dios"

"Quiero que ser scout sea otra puerta para acercar a la juventud a Dios"

Por Javier Cano - Septiembre 11, 2022
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En ese paréntesis de silencio que es el Seminario tiene su sede la Asociación Diocesana de Scouts Católicos de Jaén. Hermosos patios y amplios pasillos por los que cruza, como Pedro por su casa, Juan José Armijo Montesinos (Santisteban del Puerto, 1988), presidente de este singular colectivo. Un conocido coleccionista de pasiones que, cuando no imparte clase, lo mismo jalea al Real Jaén de su alma que lanza gorgoritos vestido de tuno, se disfraza de Carnaval o se pone la túnica cofrade, según se tercie. 

A pocos días del inicio del curso escultista, el responsable de este grupo de exploradores comprometidos con su fe desgrana para Lacontradejaén el programa de actividades con el que tienen previsto recuperar su normalidad tras la pandemia. Bueno, desgrana eso y muchas cosas más, que viene con la pañoleta al cuello y, por lo tanto, dispuesto a a la aventura, o sea, a la entrevista.  

—Lleva usted media vida en las filas scouts, que al final ha terminado liderando en la diócesis. 

—Con dieciséis años llegué, soy un scout tardío. 

—Tardío pero le ha tocado vivir al frente de su asociación episodios tan tremendos como la pandemia. Precisamente en pocos días, el cerro del Cabezo acogerá la cita del reencuentro tras el parón impuesto por el Covid. Parece que van ustedes a hacer ruido.

—El motivo es que todos los años, en torno a la festividad de San Jorge, nuestro patrón, nos encontramos a nivel diocesano, interdiocesano y andaluz para celebrarlo todos juntos, y este años, tras la vuelta de la pandemia, cuando nos pusimos a preparar el encuentro, vimos que no había recursos materiales ni económicos para afrontar ese encuentro con calidad, así que lo que hicimos fue posponerlo para el inicio del curso. Los grupos han pasado un año muy complicado para retomar la actividad, y pensamos en un congreso para tomarnos el pulso, para ver cómo está la asociación, los niños, los padres, los responsables...

—¿Por qué en el santuario, Juan José?

—Qué mejor que irnos con la Virgen de la Cabeza, con la patrona de nuestra diócesis, a su casa para, todos juntos, tomarnos ese pulso y, con esta actividad, intentar que se recuperen esos sentimientos, esas anécdotas, esa llama que para muchos a lo mejor se ha visto apagada en estos últimos años y, a través de estos tres días, celebrar una serie de actividades lúdicas, de comprensión natural, de sensibilización con los mayores. 

—¿Tiene a mano el programa o se lo sabe de memoria?

—Hemos preparado un abanico de actividades que van desde el viernes 16, con el pistoletazo de salida de la eucaristía del señor obispo, que está muy implicado con todos los movimientos de la diócesis y con nosotros en especial. 

—¿Por qué lo dice, señor Armijo? 

—Don Sebastián llegó a Jaén y lo primero que se encontró fue un encuentro de rutas andaluz de doscientos jóvenes, que le hicieron preguntas y lo acogieron; él se sintió muy cómodo, ha querido tener mucho vínculo con nosotros y ha aceptado de primeras siempre. Estuvo con nosotros con la luz de Belén y sin ningún tipo de problema ha querido inaugurar esta cita.  

—Después de la calma de la misa inaugural llegará la aventura, ¿no?

—A partir de ahí tendremos una serie de actividades, a lo largo del fin de semana, en torno a una ambientación, que es el marco simbólico dentro del cual desarrollamos nuestras actividades para que los niños y jóvenes lleguen a los objetivos de una forma totalmente transversal. La ambientación que hemos escogido para esta acampada es Dragon Ball, que llama mucho la atención. Damos la vuelta al trasfondo de la serie, cogemos los personajes, la historia, y montamos otra historia en la que un dragón oscuro llega a la Tierra para sembrar el mal. ¿Cómo? A través de las malas acciones, de la contaminación, generando que la gente se encuentre mal... 

—¿Cuál es el objetivo principal del programa? ¿El entretenimiento, la concienciación, la convivencia...?

—Que se conciencien de que tenemos que estar ahí para derrotar al dragón oscuro. 

—Habla usted de este encuentro con entusiasmo, ¿espera mucho de él?

—Mucho, sí. Es que, a nivel asociativo, es la gran actividad aparte de la luz de Belén. Pero, al final, la luz de Belén es una eucaristía, en un templo, tienes que guardar la compostura y no puedes desarrollar tu actividad scout al cien por cien. Venimos de unos campamentos de verano que han sido espectaculares, pero creemos realmente que este encuentro va a ser, para muchos de los grupos, el que va a iniciar la actividad con muchísimas ganas, semilla que luego se podrá trasplantar en los diferentes ámbitos locales. 

—Allá por el mes de febrero de 2020, pocas semanas antes de que llegara la pesadilla mundial del Covid, su predecesor en el cargo respondía a una entrevista de este periódico y cifraba el número de scouts católicos en la provincia de Jaén en alrededor de mil o mil cien personas. ¿Ha hecho mella la pandemia en las filas escultistas?

—Por supuesto que ha hecho mella. Para que nos entiendan quienes nos lean, cuando iniciamos el curso hacemos un ceso para tener totalmente controlado el número de personas que tenemos en el escultismo, porque tenemos un seguro. Yo revisaba las inscripciones del último encuentro, 2017-2018, y teníamos una masa, un volumen de unas quinientas personas en nuestros encuentros. Actualmente tenemos unas doscientas cincuenta inscritas; y estamos ilusionados.  

—Un bajón importante. Acaso la imposibilidad de desarrollar normalmente la actividad scout durante el confinamiento y sus secuelas se encuentre detrás de ese descenso, ¿no?

—Es que el escultismo no se puede hacer en casa, hay que hacerlo fuera, hay que vivirlo en el medio ambiente, que es la casa de todos. Por ejemplo, en Santisteban hay grupos que han mantenido muy bien la actividad durante la pandemia, antes de pandemia teníamos cien miembros, bajamos a setenta en pandemia y ahora hemos vuelto a los niveles de antes, pero hay grupos muy fuertes, con una idiosincrasia y amplia trayectoria, que han visto cómo sus filas han pasado de ochenta a veinte o veinticinco personas. A nivel asociativo estamos bastante ilusionados porque estamos viendo un renacer de muchos grupos. 

—Vamos, que la cita en el Cabezo tendrá mucho también de altavoz, de 'campaña de captación'.

—Debe serlo, por eso agradezco tanto que os hagáis eco de esta actividad. Si después de esta entrevista me llaman dos o tres párrocos y me dicen: "Juanjo, vamos a montar un grupo scout", nosotros adelante, estamos deseando que el escultismo sea una puerta más para acercar a los jóvenes al misterio del Señor. 

—Pero Juan José Armijo es mucho más (o al menos no es solo) que el presidente de los scouts católicos de la diócesis. Docente de marcado compromiso con su fe, cofrade activo y, a la par, carnavalesco y hasta tuno. Cuadra usted hasta el fondo con la definición que Cela hacía de la persona como un ser con muchas caras, poliédrico. 

—[Ríe] Para eso hay que tener una mujer que te permita hacer todo ese tipo de actividades, siempre digo que es necesario tener el apoyo de la familia, y en mi caso lo tengo. Me encanta mostrarme a través de las redes sociales, tal y como soy tanto para lo bueno como para lo malo, si tengo un día de crisis también, lo mismo que si tengo un día de subidón. A través de las redes sociales ayudamos a mucha gente a que vea que no está sola, me gusta focalizarlas para eso. Sin mis padres (en su momento), mi mujer y ahora mi hijo no podría hacer todo lo que hago. Cuando me dicen "¿por qué lo haces?", yo digo que mi tiempo está para darlo a los demás. En mi vocación está el sentido de hacer las cosas por los demás. 

—¿Se refiere también a los encuentros de tuna que organiza, por ejemplo?

—Claro que sí, cuando yo organizo un encuentro de tunas estoy trayendo a la ciudad a cuatrocientas personas que se van a gastar un dinero, que aquí se lo van a pasar genial y promociono mi ciudad. En eso ya gozo yo. Las cofradías exactamente igual, cuando organizan un pregón o la Semana Santa están ofreciendo un servicio a los demás y yo, en eso es donde gozo. Es mayor la satisfacción que me lleva todo ese tipo de cosas (Real Jaén, tuna, Carnaval, mi pueblo, que lo amo...). Todo eso me ayuda. 

—¿No hay choque ético entre, por ejemplo, su actividad cofrade y su apego al Carnaval?

—Creo que hay que saber diferenciar. Cuando me entrevistaron en el cole [es profesor en Cristo Rey], en la primera entrevista que me hicieron, me preguntaron cuál era el último libro que había leído, y acababa de leer una obra que se llama Entre lo divino y lo humano, de Antonio Martínez Ares.

—Todo un nombre propio del género.

—Es mi autor favorito, y ha sido y es muy crítico con muchos sectores de la Iglesia; bueno, es que el Carnaval sirve para eso, para decir lo que uno piensa y, cuando acaba el Carnaval, uno vive su vida. No quiero decir que se pongan caretas, simplemente que uno tiene que sacar lo mejor, hay letras que me gustan y hay letras que a lo mejor las escucho y no me dicen nada. El que uno se pueda expresar con libertad, si queremos ser demócratas de verdad, no hay que ponerse nerviosos. Esto, algún político tenía que escucharlo, a veces nos ponemos muy nerviosos y en la política, como en la vida, uno tiene que sentarse, escuchar, conversar e intentar salir por la puerta con un acuerdo. 

—La política... Ahora que lo dice, es de lo poco que le falta por hacer. 

—Bueno, no hay que descartar nada, yo no cierro puertas a nada. Siempre digo que sé de dónde vengo, me gusta decir que soy de Santisteban del Puerto, amo a mi gente, es mi gente y ha sido el cariño de ellos lo que me ha hecho llegar a los diferentes sitios, a la presidencia de los scouts católicos, a ser jefe de la tuna, a ser un universitario con relativa relevancia en su momento... Si el día de mañana hay oportunidad, lo pensaré. Lo hablaré con mi familia y veremos. 

—Uy, uy, a usted lo han tentado, Juan José. 

—Me gusta mucho pringarme cuando me hacen una entrevista, pero en este caso hay que ser cauto. Las cosas llegarán cuando tengan que llegar. De momento soy muy feliz en mi ámbito laboral, que es la docencia. 

—Cada cuatro o cinco frases, Santisteban del Puerto aparece en su conversación. Hasta cuando guarda silencio parece pronunciar el nombre de su patria chica pero, ¿qué hace un santistebeño como usted en Jaén capital, cómo, cuándo y para qué llegó a la ciudad?

—Bueno, no soy el primero, muchos me han prevalecido y la verdad es que en mi casa, particularmente, mi familia ha tenido un vínculo directo siempre con la ciudad. Mi padre en concreto, tenemos familia aquí y mi tío Paco Armijo ha realizado también toda su vida política aquí, en Jaén. A nivel familiar, en Jaén nos encontramos cómodos, y con once o doce años yo venía con mi padre a ver al Real Jaén, hacíamos cien kilómetros para verlo. Por todas esas cosas, cuando a mí me toca decidir qué voy a estudiar, decido que en Jaén, me quedo aquí. Soy un enamorado de la tradición de Jaén pero sin olvidarme de mi gran casa, intento ir al mes bastantes veces a Santisteban. Sigo teniendo el marco simbólico de mi parroquia, pertenezco a las calles de mi pueblo, leer e investigar sobre los ilustres de mi tierra, que ha dado bastantes.

—Santisteban, la cuna de los Higueras. ¿Cuándo llega Semana Santa tiene usted una tendencia ancestral que lo impulsa a salir a las calles en busca del Cristo de la Buena Muerte, o no su chovinismo es más moderado? 

—Es verdad que siento pasión por Jacinto Higueras padre e hijo, en Santisteban las dos figuras han sido muy relevantes. Siempre digo que me siento privilegiado porque he visto al Señor de la Buena Muerte en barro, allí en su museo; mi mujer vive enfrente de la casa en la que nació Jacinto Higueras y vemos esa placa que hace alusión a ellos, vivimos cerca de la plaza que tienen dedicada. Cuando paso por el Parque de la Victoria y veo ese monumento, me recuerda a mi casa, en Santisteban también tenemos una obra que hace alusión a ello. Existen sinergias que me hacen pensar que estoy en Santisteban cuando paso por Jaén. 

—Y patria, también, del cardenal Merino, una figura muy importante para Juan José Armijo, ¿verdad?

—Sí, sí, sí; fue una persona que a nivel diocesano le dio la vuelta totalmente a la tortilla de lo que le tocó a él. Comparto con mi gran amigo Fran [el deán Martínez Rojas] que la Catedral actual es lo que es gracias al cardenal Merino. Y eso a mí, siendo de su mismo pueblo, me da una gran satisfacción. 

—Dice usted de un cardenal... Esta entrevista se realiza dentro del Seminario, uno de los destinos vocacionales por excelencia. Con permiso de su esposa e hijo, ¿una persona como Juan José Armijo Montesinos, con tantas inquietudes religiosas, ¿nunca ha pensado en ordenarse sacerdote?

—Los que me conocen saben que esta es mi casa. ¿Por qué? Yo, gracias a un sacerdote, Luis María Salazar, que fue mi párroco, dentro de estas inquietudes fui monaguillo de mi parroquia y tuve la inquietud de saber a qué me llamaba el Señor. Actualmente, el 80 o el 90% de los sacerdotes son mis hermanos. 

—Espiritualmente, claro...

—Porque he vivido aquí, aquí discerní mi vocación y aquí el Señor me dijo: "Tú, en vez de sacerdote, necesito que hagas estas funciones, estas tareas". Y las hice, de la mano de don Santos, un gran sacerdote, muy querido en la diócesis. Esta es mi casa, me encuentro en mi casa, aquí he pasado muchas horas, muchos fines de semana, y nunca he tenido una sensación negativa por estar aquí. Agradezco esta pregunta, porque yo soy todo lo que soy (también tuno, carnavalero...) con el complemento de mi Iglesia. Se puede ser cristiano del siglo XXI perfectamente, muchas veces pensamos que solo se puede ser cristiano de la Edad Media, y afortunadamente no. 

—"Tú, sacerdote no", dice que le dijo el Señor. ¿Cómo le envió ese mensaje, a través de qué camino, con qué forma?

—Don Luis María lo dijo muy bien. Le preguntaron, "¿y este chaval, qué?". Y él respondió: "Este chaval, una mujer nos lo quitó". Apareció mi mujer, que es la única novia que he tenido, así que pasé de no entrar al Seminario a tener novia. La vida familiar, que concibo como eso, como una vocación, crecer en la familia, aportar, ayudar. La Iglesia también necesita de los laicos sin consagrar, para llegar a más, para sentirse cómodos y ver que pueden confiar en nosotros en esta misión compartida, como dice el Papa. Esto es trabajo de todos. Por desgracia, cada vez las vocaciones son menores y los laicos tenemos que apoyar para que esto siga avanzando.

—Casado y padre de una criatura que, usted que ama tanto las tradiciones, ya será cofrade. ¿También carnavalesco, tuno, hincha del Jaén...?

—Tuno lo será cuando entre a la Universidad, mientras tanto ni le pongo la beca, porque yo soy tradicionalista y si la quiere, que se la gane, como su papá. Obviamente yo soy muy cofrade y mi hijo, desde que nació, puedo decir que es cofrade de Los Estudiantes y puedo decir que es cofrade de Nuestro Padre Jesús, la devoción de Jaén. En Jaén hay muchas devociones, pero la principal es Jesús. Lo hice cofrade cuando nació, yo quería que tuviese esa antigüedad. También es cofrade de la Virgen de la Capilla y del Divino Maestro, de la Virgen Santísima del Collado Coronada...

—Con ese currículo, lo mismo sigue sus pasos iniciales y decide pasar por el Seminario. Incluso ordenarse cura. ¿Cómo le sentaría al papá?

—Su padre coge, deja el trabajo y se va con él a todas las parroquias donde tenga que irse, pero del tirón. Esa sería mi jubilación, aunque él luego tiene que hacer su vida. El otro día me hicieron esta pregunta: "Cuando vea tu hijo al obispo (lo quiere mucho don Sebastián), lo mete en el Seminario". Yo dije: "Por nuestra parte no habría ningún tipo de problema, sabemos que aquí estaría muy bien cuidado·. Se lo digo a todo el mundo cuando me preguntan: "Tu hijo es de muchas cosas y quieres que siga tu estela. ¿Y si no sigue tu estela? ¿Y si decide ser ateo?

—¿Y cómo responde usted a eso?

—Que los designios del Señor son los que son. Yo voy a intentar, por mi parte, sembrar, pero luego la siembra caerá donde tenga que caer y el destino lo llevará a los sitios que quiera. Igual que a mí mis padres no me han puesto nunca una obligación de ser o de no ser, sino que han dejado fluir, creo que en ese sentido tengo que ser como ellos. 

—Una maldad, Juan José. Al final, el cargo de presidente de los scouts católicos diocesanos le permite tener esta oficina en el Seminario. Se sentirá en la gloria, ¿no? Ha vuelto a sus orígenes. 

—Es la segunda vez que soy presidente, y la última acción que hice antes de terminar la primera legislatura fue conseguir el traslado desde la calle Colegio, que nos dificultaba para aparcar y demás, hasta el Seminario. 

—¿Pero había otras opciones, o es que tenía claro que este era su sitio?

—Teníamos claro que era la mejor.

VÍDEO Y FOTOGRAFÍAS: ESPERANZA CALZADO

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