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"Todas las películas te aportan algo"

Por Miguel G. Barea - Junio 30, 2019

A pesar de su juventud, Juan José Patón (Linares, 1983) parece haber vivido unos cuantos años y vidas de más. La culpa la tuvo el Cine, cuyo gusanillo le picó desde muy pequeño. Primero como espectador, luego como estudiante y finalmente como director. Zombie World, Todo acaba al final del día o 'S' son solo algunos de sus trabajos, caracterizados por combinar el cuidado y minuciosidad con un presupuesto más bien modesto.

Juan José Patón recibe a Lacontradejaén en su domicilio. Habla sin prisa pero sin pausa, con el talante de un sabio heleno y un discurso plagado de referencias a la cultura popular, en especial al cine de los ochenta y noventa. Eso sí, siempre con un pie en la provincia de Jaén, una tierra donde, en su opinión no falta el talento.      

—¿Cómo llega Juan José Patón al mundo audiovisual?

—En mi infancia me gustaba mucho ver películas, series, dibujos... Cuando era pequeño me levantaba a hurtadillas para ponerme la tele muy pronto; mi madre me decía que me volviera a acostar y cuando se ellos se dormían, volvía a bajar. Con diez u once años me di cuenta que ser director de cine era una profesión; que podías trabajar de eso. A partir de ahí, creo que mi obsesión por ser director de cine y dedicarme al audiovisual no para. Tanto el Bachillerato, ya que tuve la suerte de ser uno de los primeros que disfrutó del modalidad artística aquí en Linares, como mi Diplomatura en Dirección Cinematográfica, así como todos mis estudios posteriores, han estado relacionados con el mundo audiovisual.

—Para la persona que no lo sepa, ¿cómo funciona un rodaje?

—Un rodaje tiene tres fases principales. Una es la preproducción, otra es la producción o realización del proyecto, y otra es la posproducción. En la preproducción tú te encargas de que todo quede cerrado de cara a la grabación: pedir permisos, buscar actores, hacer ensayos, planificas cómo vas a grabar y en cuántas secuencias... Las películas no se graban linealmente, en los rodajes hay saltos temporales que dependen sobre todo de la localización o de la disponibilidad de los actores. Entonces empieza esa segunda fase que es la realización. Normalmente suele hacerse en un periodo de tiempo cerrado, para no salirte del presupuesto. En España suele durar entre cuatro y ocho semanas; poco más de mes y medio. Luego ya llega la fase que suele ser la más lenta: la posproducción. En nuestro caso, con proyectos de bajo presupuesto, ha podido llegar a durar incluso un año. Editando sonido, la película, añadiendo efectos especiales... dejándolo todo cuadrado para que el proyecto final dé a luz. En la posproducción se cierra la música, la imagen, la textura que tú quieras darle. También el sonido. El sonido es fundamental. Nosotros muchas veces hemos tardado más por el sonido que por otras variables.

—Háblenos un poco del cortometraje 'S', su último trabajo.

'S' fue un proyecto diferente. Yo llevaba un tiempo queriendo grabar en inglés, y creo que se alinearon los astros. En aquella época conocimos a Verónica Cervilla, creo que ella estaba organizando la segunda edición del Festival de Literatura Fantástica Tártarus. Yo la llamé para que fuera jurado de Cine No Visto. Ella era escritora y también escribía en inglés, lo que nos venía muy bien. Al mismo tiempo conocimos a Tania Serrano, una actriz que había estado formándose y trabajando en Hollywood y por problemas de política se tuvo que volver. A la pobre le coincidió la llegada de Trump con la renovación de su visado, y mientras se lo concedían o no se lo concedían, regresó. Algo negativo, pero para nosotros fue algo muy positivo porque 'ganamos' a una gran actriz. Total, que coincidieron mis ganas de grabar en inglés con Verónica, que podía escribir en inglés, y con Tania, que podía actuar en inglés. Lo teníamos claro: teníamos que hacer algo juntos. Y nos decidimos por el terror porque queríamos que fuera un proyecto que se viera sobre todo en Estados Unidos. Por circunstancias diversas, no me gusta mucho cómo funcionan la gran mayoría de los festivales de España. Creo que, como casi todo en España, dependen más de los contactos que de tu trabajo. Decidimos apostar por Estados Unidos, hicimos un proyecto de terror con unos parámetros muy claros de lo que podía gustar allí, nos lanzamos, estuvimos grabando durante diez días seguidos. La preproducción duró bastante; la posproducción, también. De momento lleva 18 selecciones internacionales, de las que la gran mayoría son de Estados Unidos.

—Su trayectoria cuenta con un largometraje, Todo acaba al final del día. ¿Cuál es la diferencia a la hora de plantear un corto y un largometraje?

—Diferencia entre 'S' y Todo acaba al final del día, poca. Eran proyectos muy ambiciosos con mucho equipo. 'S' se grabó en diez días, lo cual es bastante tiempo para tratarse de un corto. Diferencia puede haber con otros cortos que nosotros hacemos más 'light'. Proyectos que han ido muy bien, como De padres a hijos, que grabamos practicamente en un día, que en dos días estaba terminado y que ha funcionado muy bien por festivales y ha ganado premios. Ahí sí hay una gran diferencia. Las diferencias son sobre todo de equipo y de logística. Tiene que haber mucho traslado de material. Eso lleva una planificación muy concienzuda. Nuestros cortos más pequeñitos no van más allá de un par de localizaciones. En 'S', la suerte que tuvimos fue que prácticamente todo el rodaje transcurrió en las instalaciones del geriátrico de Linares, por tanto no había traslados. Pero tuvo un presupuesto a la altura de Todo acaba al final del día.

—¿Qué es lo que ha aprendido de trabajar con producciones de mayor presupuesto?

—Aprendí un montón con Zombieworld, que fue la primera película que hicimos. Nos tiramos a la piscina y no había agua. Entonces no sabíamos lo que era hacer una película. Ahí aprendimos mucho: a cómo grabar, a seguir adelante pese a los obstáculos... y aun así, aunque aprendimos, volvimos a cometer fallos en Todo acaba. Yo de Todo acaba me quedo con que, en los proyectos que son independientes y colaborativos, tienes que hacerlos con gente que sea de plena confianza. Gente con la que puedas hablar y si hay algún problema, puedas ir de cara, puedas hablarle sin que se enfade o si se enfada, que sea algo puntual. Porque involucrar a una persona a la que no conoces bien en un proyecto que puede durar un mes y que es colaborativo, puedes exigirle hasta cierto límite. Seguramente esa persona te dé hasta cierto límite. De otra forma, se crean discrepancias y un malestar difícil de superar que lo vuelve todo más dificultoso. Normalmente, esos problemas suelen salir a partir de la segunda semana, que es cuando la gente ya está machacada. Eso no quiere decir que la gente sea mala trabajadora, ni muchísimo menos. Pero si te das cuenta de que cuando tú tienes un equipo que conoces bien, con el que has hecho varios proyectos y te puedes lanzar a algo más grande, sabes que las asperezas que puedan surgir sí se pueden limar. Y que el proyecto va a seguir adelante porque la gente va a seguir creyendo en él y van a dar el cien por cien.

—Hablemos de su productora, 'Menos es Más'. Su propio nombre indica un poco su espíritu y su línea editorial, ¿no es así?

—Sí, claro. Estamos muy acostumbrados a Hollywood, a “más es mejor”. Cada vez más, las grandes producciones apuestan por presupuestos elevados y por la grandilocuencia de lo que se ve. A mí me parece que muchas veces lo más sencillo es lo mejor. Pongo el ejemplo de Michael Haneke. Es un director que realiza con escasez de planos. Él va a la puesta en escena, él va a la sencillez de la historia que quiere contar, él se centra mucho en su actor. Te das cuenta que no necesita parafernalia de efectos para contar una buena historia. Al final, es una forma de entender la vida. No necesariamente más es más. Y bueno, intentamos que todos nuestros proyectos sean así. Eso no quiere decir que no luzcan como grandes y buenos proyectos. Yo creo que una de las principales virtudes que tenemos en 'Menos es más' es que con muy poco conseguimos mucho. Tenemos poco presupuesto, pero nuestros proyectos no te dan esa sensación de bajo presupuesto. Pero implica ser muy concienzudos con lo que hacemos, contar con una buena planificación y trabajar con parámetros de lo que podemos realizar.

—Cambiemos de plano. ¿Considera difícil dedicarse al cine en una provincia como Jaén?

—Es imposible. Creo que son muy pocos los que se dedican solo al cine. Yo diría que no hay nadie que se dedique exclusivamente al cine en la provincia de Jaén. Porque casi todo se mueve en las grandes provincias. En Andalucía, sobre todo en Málaga y en Sevilla. ¿Te puedes dedicar al audiovisual? Sí. ¿Es complicado? También. Yo no vivo del cine. Yo vivo del audiovisual. Y menos mal que por lo menos me puedo ganar la vida con mi profesión.

—Y entre todas las personas dedicadas al mundo audiovisual en Jaén, ¿a quién destaca?

—Hay muchas. Una de las cosas buenas que tiene Jaén es que hay mucha gente dedicada al mundo audiovisual que hace muy bien su trabajo. Por ejemplo, Juan Antonio Anguita. Para mí siempre fue un referente. Cuando comencé a trabajar en televisión lo primero que vi fue a él trabajando en un corto. Yo no lo conocía por aquel entonces, y cuando tuve la oportunidad de conocerlo, él me apoyó en algunos de mis proyectos. Y cuando vi que él hizo su primera película independiente, a mí me dio envidia sana. Me dio alegría. Que una persona que yo conocía hubiera podido sacar adelante su película independiente con gente de su entorno me dio a mí esperanza de poder hacer lo mismo. Y de hecho, en mi primera película, que fue Zombieworld, conté con Anguita para un papel. Fue muy motivador. Y hay otros muchos que lo hacen muy bien. Están José Casas, Asensio o Carlos Aceituno, por decirte unos cuantos. No paran de hacer cosas y sus proyectos se seleccionan y ganan premios.

—¿Cree que las instituciones deberían implicarse más con el cine y el mundo de la cultura, como sucede por ejemplo en Francia?

—La cultura es fundamental. Una de las cosas por las que nos maravillamos las personas cuando vamos de viaje a otros paises es su cultura. Tú no vas a un país para hablar de sus políticos. Vas a ver monumentos, obras de arte, teatro. Todo lo que rodea artísticamente esa ciudad. Lo artístico lo engloba todo. Cuando ves películas, a menudo ves películas de otros países. Y las disfrutas y las ensalzas. Cuando lees libros, lees libros de autores de otros países. Creo que una de las señas de identidad de cualquier país es su cultura. Por eso, cualquier país que se precie debería apoyar la cultura. Porque cuando pasen cien años, ¿de qué nos vamos a acordar? ¿Con qué se queda cada país? Su historia es su arte. Sus filósofos. Sus investigadores. Creo que son cosas que no se cuidan mucho. Carecen del mimo que deberían de tener. Es verdad que se apoyan, pero a veces cuesta mucho alcanzar ayudas y no son tan buenas como parecen. Claro, la gente puede decir, “es que el arte debería ser una industria también”. Ojo, que no digo que no. Puedes poner el ejemplo de Estados Unidos. Pero no se nos puede olvidar que en Estados Unidos, muchos de los estados disfrutan de ayudas fiscales. En este sentido, ¿por qué se ha grabado tanto en Canarias últimamente? Porque la comunidad ofrece beneficios fiscales y las grandes producciones vienen. Y eso no deja de ser una forma de ayuda.

—¿Cree que el cine debe servir para evadirse de la realidad o por el contrario debe tener un pie en esta y tener en cuenta todas las transformaciones sociales y políticas que nos afectan?

—Pueden ser las dos cosas y al mismo tiempo. Puedes ver una película muy entretenida que al mismo tiempo trate un tema social muy importante. Por poner un ejemplo, los recientes estrenos de Jordan Peele, como Nosotros o Déjame salir. Son películas con un envoltorio de terror que tratan temas sociales. No creo que tengan que ir las dos cosas por separado. Puedes hacer una película social, que llegue, como La lista de Schindler y otra de entretenimiento como Scary Movie. Las dos tienen su espacio.

—¿Considera que hay discriminación dentro de la industria?

—Hay techos. ¿Discriminación? Sí la hay. Evidentemente, las mujeres tienen que estar peleando constantemente por llegar a ciertos puestos que en otras circunstancias no llegarían. No es que lo diga yo; ahí están los datos. Hay gente que dice: “Es que es vocacional”. No hay directoras de fotografía porque las mujeres no tienen esa vocación, según ellos. Bueno, pues a lo mejor tendríamos que buscarles referentes. Yo entiendo que cuando una mujer llega al mundo del cine y no encuentra ejemplos a los que imitar, que los hay aunque no sean tan mediáticos, pues a lo mejor le cuesta más seguir por ese camino. Los referentes están ahí, simplemente se les da más cobertura a unos que a otros. Sucede en el mundo del fútbol, por ejemplo. No hay más que ver cómo ha crecido el fútbol femenino en España en los últimos años gracias a que recibe más cobertura mediática. En efecto, sí que hay discriminación en el cine, no hay más que ver cuántas películas están protagonizadas por gente de diferentes razas o transgénero. Con esto abriríamos una caja de Pandora que creo que sería un debate aparte.

—Vamos a la parte más personal. Como cineasta, ¿a qué directores considera imprescindibles?

—Uff. (Pausa). Yo es que he llegado a un punto en mi vida que creo que lo mejor es ver todo lo que podamos ver. Particularmente me ha influido siempre John Carpenter, pero porque me gusta el estilo de cine que hace. ¿Es el suyo el mejor cine? Evidentemente no. Por mucho que a mí me gusten, no puedes comparar sus películas objetivamente con los grandes clásicos. Otra cosa es el aspecto subjetivo. Yo lo que sí recomiendo es que la gente vea todo el cine que pueda, tanto el actual como el pasado. Que vea cine mudo, que vea a Hitchcock, que vea a Roman Polanski, Spielberg, la Nouvelle Vague... y que vea lo actual. Que lo vea todo. Si te quedas solo con lo que te gusta, sí, podrás hacer lo que te gusta. Pero también puedes hacer lo que te gusta con la inspiración de otros directores. A mí me gusta mucho Carpenter, pero para mis proyectos me he inspirado mucho en Haneke, que es totalmente opuesto. Yo lo que le digo a la gente es que vea todo tipo de cine. Hoy en día tenemos plataformas, salas de cine, videoclubs... puedes ver mucho material muy diferente.

—Le hago la misma pregunta, pero con respecto a las películas imprescindibles.

—Y te respondo igual. A mí me preguntan: “¿Qué películas te llevarías a una isla desierta?”, y digo: “No, yo me llevaría una conexión a internet”. No podría quedarme solo con unas cuantas. Todas las películas te aportan algo, tanto las buenas como las malas. Elegir solo una me parece una injusticia. Me he dado cuenta con el tiempo de que no tengo una película favorita. Tengo muchas, y no puedo quedarme con una sola.

—Para acabar: ¿qué consejo daría a cualquier aspirante a cineasta?

—Constante formación, porque el cine va cambiando. Tú antes no practicabas si no tenías en tu casa una Súper 8. Después llegaron las cámaras analógicas, con cinta. Luego han llegado las digitales. Y ahora las 3D. Primero, una formación continua. Y segundo, insistencia. Ser constante. Porque esto son carreras de fondo. Una de las cosas buenas que tiene este mundo es que da igual llegar con 20 que con 30 que con 50 años. Pero tienes que ser constante. Va a haber muchas situaciones en las que vas a querer decir “aquí lo dejo”. Pero si eres constante, llegas. Y aunque solo sea por estrenar una película, esa sensación de haber conseguido tu objetivo no te la quita nadie.

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