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"No entiendo qué interés tiene cualquier persona del sector en que el aceite esté barato"

Por Esperanza Calzado - Marzo 17, 2019

Juan Luis Ávila Castro  (Torrequebradilla, 1977) es biólogo y agricultor. Se ha criado en el campo, entre cereales y plantando olivos. Lo ha hecho con sus hermanas, que le han demostrado que la mujer tiene el mismo papel que un hombre en el tajo. Por eso, ni entiende ni comparte que sea expulsada. Es secretario provincial de COAG Jaén desde 2012, aunque antes estuvo al frente del área de Organización. También ocupa el cargo de responsable regional de Olivar de COAG Andalucía. En una semana muy importante para el sector y con la vista puesta en una futura campaña que no será tan buena como la que se cierra, hablamos de olivar, la mujer en el campo, agua, ganadería, agricultura y de Jaén. Pero, sobre todo, de precios, porque a Ávila no le entra en la cabeza que haya personas que puedan tener algún interés en que el precio del aceite esté tan bajo.

—¿Qué querías ser de pequeño?

—En el colegio lo sacaba todo muy raspado, pero se me daba bien todo lo relacionado con las ciencias naturales. Por eso, siempre he querido hacer algo relacionado con el campo, donde he estado desde pequeño con mi padre. Pensé un tiempo en ser ingeniero agrónomo, pero al final hice Biología porque la Universidad de Jaén estaba más cerca y así podía ayudar a mi padre en el campo.

—Cuando habla de campo, ¿se refiere a olivar u otro cultivo?

—Olivar sí, aunque yo me crié como cerealista, porque en mi casa lo que teníamos eran cereales. Pero viví toda la etapa de poner los olivos con mi padre y mis hermanas. Y eso te llega más profundo, cuando lo mamas desde chico. 

—Tiene dos hermanas mayores. ¿Han estado en el campo?

—Sí. Mi casa es una explotación familiar; ayudamos y trabajamos todos en lo que podíamos.

—¿Cómo se siente al ver que la mujer cada vez está más expulsada del tajo?

—Hay muchos factores que están influyendo en eso. Hay mucha palabrería pero pocos hechos. Todavía no hemos hecho un análisis serio, frío y buscando soluciones. 

 

—¿Cómo se arregla?

—El campo ha cogido el camino de la mecanización. ¿Por qué? Son muchos factores porque en otros sectores no ha ocurrido tanto. Que nosotros tengamos el jornal más caro de toda Andalucía y prácticamente de toda España creo que ha influido. Y no quiero decir con esto que la solución sea bajar el jornal, ni mucho menos, pero ha influido. Una vez que estamos en esta situación, con sus cosas buenas y malas, la única posibilidad real de que se resuelva el problema es que las mujeres accedan a todo lo necesario para llevar toda la maquinaria que existe. No hay que olvidar que en muchas ocasiones el punto de partida es el mismo que el del hombre. Pero estamos en una sociedad que sigue siendo machista, en la que parece que es más fácil que lo haga un hombre. Nosotros tenemos experiencias opuestas, que a nivel de manejo de maquinarias en muchas cuadrillas se están implantando mujeres y es más eficaz porque hay menos averías y menos problemas. Ese es el camino, abrir las puertas de una manera proactiva, no esperando a que suceda, para que las mujeres estén al mismo nivel o más que cualquier hombre que se acerque a una explotación a pedir trabajo.

—Pero hoy en día todavía hay quienes dicen que las mujeres somos expulsadas del tajo porque tenemos menos fuerza física para hacer un trabajo como el de recogida de la aceituna.

—Eso es un mito e insisto en la misma idea de antes. Si precisamente lo que está ocurriendo es una mecanización del campo, ésta supone mucho menos esfuerzo. Ahora no te hace falta más fuerza para ir al campo, sino saber utilizar las máquinas y ahí sí que es verdad que se está discriminando a las mujeres porque se da por hecho, de entrada, que ya no la saben llevar. ¿La fórmula de corregirlo? Ser proactivo.

UNA APUESTA POR EL ALMACENAMIENTO PRIVADO

—Semana complicada e importante. ¿Qué es el almacenamiento privado?

—Es de las pocas medidas que nos quedan a nivel de política comunitaria que nos permite tomar medidas en el mercado ante una situación difícil de precios. A Bruselas le cuesta reconocer que en el mercado ganadero y agrícola, en general, la ley de la oferta y la demanda no se cumple muy correctamente. Pero aquí hay dos versiones. Por un lado, la del Gobierno francés que lo dice a boca llena y claramente y, por otro, la de los gobiernos españoles, todos los que hemos tenido, que miran de lado y parece que eso no es un problema que les afecta. El almacenamiento, básicamente, es retirar aceite del mercado y que la Unión Europea dé una subvención a aquellos que quieran hacerlo para que durante ocho, nueve o diez meses..., se den las condiciones para que haya una subida de precios. Eso ya se ha hecho en dos ocasiones, no muy lejos en el tiempo, y supuso una recuperación.

—¿Qué podría pasar?

—Que nos pondrán pegas. El Ministerio ya nos ha dicho, como los anteriores, que es la Comisión la encargada y ésta nos viene a decir, a grosso modo, que nos están engañando a la hora de vender y que tenemos que espabilarnos.  

—Lo puedo medio entender mirando a los precios que vende Italia, que son más del doble que los nuestros. ¿Algo se estará haciendo mal?

—Eso es lo curioso. El teórico modelo de resultado nacional que nos proponen los políticos de que todos nos juntemos en una estructura, a lo que Competencia nos dice que no, pues tiene los resultados que estamos viendo. Sin embargo, un modelo de negocio como el italiano, basado en creerse que el aceite es un producto premium, de mucha calidad y que no se puede mal pagar a precios de risa, está triunfando. Ellos lo venden a cinco o seis euros y nosotros a 50 o 60 céntimos por debajo de los costes de producción. Esa es la realidad y nuestros políticos al final lo que hacen es ponerse de perfil y nosotros ya estamos muy cansados porque donde nos jugamos el dinero es con esto, no con las subvenciones.

—¿Cómo se arregla un problema que está encima de la mesa en reiteradas ocasiones?

—Es cierto que pasa y encima no contamos con una superproducción, lo cual debería ser una suerte para nosotros. Es más, si miramos a un escenario de diez años de campaña, no existe un excedente de aceite, ni mucho menos. Si me apuras, casi que falta cuando comprobamos los datos de enlazar una campaña con otra. Siendo eso así y teniendo un producto no perecedero, por qué no podemos tener un mecanismo que nos permita regular la oferta de alguna forma. Mecanismos que permitan que el consumidor no sufra unos picos de venta tremendos y que el productor no esté sometido a una horquilla de entre dos y cuatro euros. Lo venimos pidiendo desde hace mucho tiempo en la Interprofesional del Aceite, en Bruselas, pero el problema que no se cree en esto porque hay muchos entes e instituciones que responden a los intereses del gran capital. 

—¿Va a tener que hacer falta echarse a la calle como ya ha amenazado UPA?

—La amenaza es conjunta y estamos hablando. Nosotros lo tenemos clarísimo y lo estamos hablando. Vamos a andar los pasos de ver qué va a suceder y poner lo que tengamos para que el pulso que nos está echando la distribución se lo venzamos en parte. A ver qué disposición política hay. 

—¿Qué parte de responsabilidad tiene el ciudadano? Es más que habitual ver comentarios en contra de las quejas de los olivareros con argumentos como que se paga una garrafa en un centro comercial a 20 euros, por ejemplo.

—Este sector arrastra aspectos desde muy antiguo y que va a costar romper. Lo primero, que este año no se ha producido una bajada tan grande de precios en destino como en otras ocasiones. Pero, al final, la conciencia está también en la ciudadanía. El consumidor italiano, por ejemplo, lo tiene inoculado en su ADN, forma parte de una cultura en la que el aceite es un producto preciado. No lo compran en cualquier sitio y desconfían cuando ven un precio bajo. Hay una cultura del aceite que saben que no se puede malvender. En España, sin embargo, ha sido uno de esos productos que se utilizó durante la posguerra para bajar la cesta de la compra, como el pan. Esa política, a lo largo de los años, ha hecho que esté metida en nuestra conciencia e, incluso, hay productores que no lo entienden. Eso lo tenemos que ir cambiando y lo que tiene que entender todo el mundo es que como mínimo hay que pagar tres euros por un virgen extra, porque es lo que nos cuesta producirlo.

—Pero es que aquí hay gente que no sabe diferenciar un virgen de un virgen extra.

—Esa es otra. Parte de la culpa será del sector, no digo que no, pero que un jaenero no sepa distinguirlo... Cuanto menos un curso y un interés no está de más. 

—No llueve. ¿Cuál es el escenario que nos espera?

—Si no llueve nos quedaremos sin cosecha y el olivar de secano tendrá un año de 24 meses. Parece que estamos permanentemente en la queja pero es que este es un sector complicado. Los años con buena cosecha se hunde el precio y cuando no hay cosecha es cuando se puede respirar y, al final, sale la cuenta de resultado. 

—¿Asusta que países asiáticos intenten plantar olivos?

—Hasta ahora ningún país ha sido un problema para nosotros porque todos los que empiezan a producir consumen, finalmente, más de lo que son capaces de generar. El juego nuestro está en ser capaces de vender todo el aceite que produzcamos y que incrementemos el consumo. Pero eso no va a ser posible si se coge la línea que ha seguido parte del sector que es comprar muy barato en origen y malvenderlo a nivel mundial. Eso me parece un error estructural y no es el modelo italiano. Tampoco será posible si no somos capaces de colocar en el mercado mundial más aceite pero a un precio sensato.

JAÉN MÁS ALLÁ DEL OLIVAR

—Jaén es más que olivar. ¿Qué otros cultivos están funcionando?

—Se está poniendo mucho almendro y tenemos una superficie en la provincia muy interesante, y puede ser un cultivo con un escenario medianamente sensato. Pero hay que recordar que en Jaén ningún cultivo es la panacea. El problema nuestro siempre ha sido el tener todos los huevos en la misma cesta, pero con la diversificación logramos que los palos no sean tan fuertes. Porque es muy difícil que te coincidan palos en todos los sectores a la misma vez.

—¿Cómo están los otros sectores?

—El del cereal prácticamente está desapareciendo. El algodón es un sector estructural pero también va perdiendo hectáreas año tras año porque la gente se va incorporando a otros cultivos. Fuera de estos, lo que sí tenemos es un sector apícola muy potente en la provincia que muchas veces no se reconoce. Y es que somos una de las provincias más importantes a nivel nacional de producción de miel. Además, disponemos de un sector de ovino de los más grandes de España y que, además, está funcionando de forma muy profesional y recuperando la trashumancia y con elementos muy llamativos que parecen de otro tiempo pero que vuelven.

—¿Vuelve la trashumancia?

—Nosotros tenemos este año varias incorporaciones de ganaderos trashumantes que creo que es un hito. Son entre quince o veinte personas que inician esta actividad y que tienen la intención de seguir con la historia de sus padres y además es gente joven. 

—¿Este tipo de hitos sería el camino para luchar contra la despoblación?

—En Jaén existen algunos pueblos porque está el aceite de oliva, ni más ni menos. Si no existiera, desaparecerían. La evolución que ha tenido el sector olivarero no ha sido valorado y siempre tienen la crítica de que no saben vender bien. Pero es que nosotros no podemos hacerlo todo. A nivel mundial somos los mejores productores, frente a Italia que son muy buenos vendedores, pero de humo. Lo que no puede ser es que hagamos todo el proceso hasta el final. Sabemos producir y lo que necesitamos son unas normas mínimas que no permitan que nos juguemos 600 millones de euros que al final se la van a repartir siete empresas. 

—Dice que somos los mejores productores del mundo y se está apostando por la calidad. Solo hay que ver la cantidad de aceites que se han presentado a Jaén Selección. Pero no todo el mundo puede hacer un aceite virgen extra temprano premium...

—Nosotros somos la despensa mundial del aceite para todo, no solo para el virgen extra premium, que también. Muchas cooperativas no son capaces de vender envasado todo lo que produce y si nos lanzásemos todos a hacer este tipo de aceite temprano generaríamos un problema. Debe haber de todos los tipos de aceite. 

MIRANDO AL FUTURO

—¿Cómo imagina Jaén dentro de veinte años?

—Es una pregunta que no me he hecho muchas veces. Mis hijos tienen uno y cuatro años y me preocupa mucho cómo esté el Jaén de dentro de veinte años. Espero que no tengan que irse de aquí corriendo hacia otros lugares. Tenemos un potencial agroindustrial brutal. Si somos capaces de desarrollarlo y si nuestros políticos se dan cuenta de que esa es la posibilidad que tenemos, creo que Jaén puede tener un futuro sensato. 

—¿Teme que sus hijos tengan que marcharse fuera a trabajar?

—Espero que no porque estoy totalmente seguro que por ahí no te reparten nada. Voy a intentar que no sea así. Trabajo en el campo y también en su parte de patrimonio con esa intención, que tengan un futuro en la provincia. Voy a intentar darles de opción de que tengan salidas en una tierra que es tremendamente rica a todos los niveles. 

—Hay quien puede que no esté de acuerdo.

—Puede ser. Pero todos somos conscientes de que tenemos mucho potencial. Tenemos toda el agua de Andalucía, aunque nos la roban; tenemos de la mejor tierra, un nudo que puede encajar para suministrar alimentos a nivel mundial... Lo que hace falta es que nos creamos lo que tenemos y le saquemos el valor añadido. Hay muchos políticos que lo que están esperando es que llegue una industria y les genere mil puestos de trabajo, cuando nuestro sector ha generado casi mil puestos de trabajo de autónomos nuevos y a eso no le echa nadie cuentas.

—¿Qué papel juegan las administraciones en la promoción de Jaén?

—Hay momentos que creo que se está haciendo muy bien como es el caso de la Diputación, que está visibilizando el sector. Hace una labor con la agricultura y ganadería que no está haciendo ninguna otra Diputación que yo conozca. Pero lo que necesitamos es un plan estructural, que no sea algo de una administración concreta en una etapa determinada. Deben implicarse todas y con un horizonte y un plan definido. Las cosas importantes, como la visibilización de una marca de calidad, se debería de hacer de una forma más estructural. El que no tengamos la Indicación Geográfica Protegida Aceites de Jaén me parece demencial. Y eso no está porque no ha habido un plan integral. 

—¿Por qué no tenemos la Indicación Geográfica Protegida Aceites de Jaén?

—Hay cosas que no puedo entender y me da igual que una denominación de origen no esté de acuerdo. A Jaén le iría mejor si hace diez años la hubiésemos aprobado, estoy totalmente seguro. Porque la gente, lo que conoce de esta tierra es el aceite y si tuviésemos la IGP estarían mejor posicionados. Sé que se está trabajando e impulsando y espero que se consiga.

—Ha dicho que nos roban el agua.

—A ningún litro que baje por el Guadalquivir que se utilice de una forma sensata le voy a poner una pega. Hay sectores que tienen unos consumos de agua que me parecen una locura.

 —¿Por ejemplo?

—El arroz. O sectores que se están regando en el bajo Guadalquivir a manta y sin ningún tipo de control. Si hemos hecho un esfuerzo en la cuenca por intentar modernizarnos, esto lo tenemos que hacer extensivo a todos, no a unos pocos. No me vale que me digan que son riegos históricos porque eso no significa que se tenga que mantener para siempre. Creo que con el agua ha llegado el momento de tener la sensatez suficiente como para que se haga un estudio de lo que genera cada cultivo y, en base a eso, se den dotaciones de agua sensatas y cuando falte, que se reparta con criterios de sensatez. Y si el arroz un año no puede sembrar porque se carga la riqueza de toda la cuenca completa, pues a lo mejor vale más la pena buscar la fórmula de que a esa familia se le pague lo que se le tenga que pagar. 

—¿La presa de Siles se pondrá en marcha?

—Y la del Cadimo (ríe). Creo que por muy mal que se haga ya tiene que llegar el momento. Terminará funcionando pero entre tanto se ha perdido mucho dinero. Todo acaba siendo una guerra política absurda, que no genera votos a ninguno de los bandos porque solo crea indignación en todos los frentes. Lo de la presa de Siles y del Cadimo es tremendamente grave. 

—¿Está de acuerdo con el proyecto de macroganja que afecta a Huesa, Pozo Alcón e Hinojares?

—No estamos de acuerdo con ningún proyecto de macrogranja y con ningún proyecto de integración. A veces, en este sector se producen cosas que huelen a integración y me da terror todo lo que se asemeje a un sistema donde te pongan un sueldo, te controlen por todas partes y te ordenen hasta si tienes que respirar. La gran baza que tenemos los agricultores y ganaderos es que disponemos de la libertad de estar en lo nuestro y yo, por lo menos, no estoy dispuesto a perderla. 

—¿Hay algo que se haya quedado en el tintero?

—Estamos en un momento muy difícil para el sector. No es el único que vamos a vivir, igual que volveremos a tener el aceite a cuatro euros. Pero ahora estamos viviendo una etapa crucial porque sin que se den las condiciones de mercado para que el aceite esté a dos euros, lo está. Hemos llegado al punto en el que cada cual se tiene que confesar y mostrar qué quiere para el sector. Si no sucede esto ahora, ya cualquier cosa es posible. Las administraciones tienen, de una vez por todas, que mostrar sus cartas. ¿Qué quieren? ¿Van o no van a actuar? ¿Y las organizaciones agrarias? ¿Y los grupos de concentración, qué opinan de este tema? Y el agricultor que vaya viendo. Yo voy a intentar que cada uno muestre las cartas y ojalá que todas sean que vamos todos a una para que no nos roben la cartera. No me cabe en la cabeza qué interés tiene cualquier persona que sea de este sector en que el aceite esté barato. Que alguien venga y me lo explique. 

Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado

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