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"¡Qué lástima que en Jaén casi no se hable de mi tío Rafael Porlán!"

"¡Qué lástima que en Jaén casi no se hable de mi tío Rafael Porlán!"

Por Javier Cano - Mayo 22, 2022
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El día que se tomó la célebre fotografía fundacional de la Generación del 27 en el Ateneo de Sevilla, el poeta cordobés-sevillano-jiennense Rafael Porlán y Merlo (1899-1945) estaba allí y no precisamente porque pasaba y entró, sino como nombre propio de la mejor poesía del momento. Un grande que vino a pasar sus últimos años a la capital del mar de olivos, en cuyo viejo cementerio reposa y al que la ciudad, al menos hasta ahora, no le ha hecho hueco siquiera en su callejero. Convaleciente de un accidente doméstico pero plena de ánimo y envidiablemente lúcida, su sobrina Julia Porlán Muñoz (Sevilla, 1933), una de las últimas personas que pueden presumir de haber tratado con el escritor, rescata su figura para los lectores de Lacontradejaén. 

Entrevistar a Julia en el salón de su casa del barrio de San Ildefonso (que tiene el pasillo más largo del mundo) se hace difícil para un enamorado del arte, y no porque la conversación no sea amena, que da gusto hablar con ella, no... Es por ese soberbio paisaje de Manuel Serrano Cuesta, ese bodegón y esos dos retratos de Francisco Cerezo que presiden la sala y que hacen complicado no mirarlos, no desviar la atención hacia ellos.   

—Hija de Manuel (Manolo) Porlán y Merlo, hermano del autor del célebre Soneto a Córdoba, quizá sea usted una de las poquísimas personas que, a estas alturas, puede presumir de haber tratado personalmente con un poeta de la Generación del 27, una leyenda para el común de los mortales pero, ¿y para su sobrina? ¿Quién es para usted Rafael Porlán?

—Para mí fue un tío muy cariñoso. Convivimos con él nada más que dos años. Él vivió en Jaén diez años, pero nosotros no vinimos hasta el 43. Como estaba solo, no tenía familia aquí, estaba soltero y llevaba una vida... regular, se unió muchísimo a nosotros. Vivía en el Hotel Rosario, y nos invitaba a los dos sobrinos mayores a comer los domingos. Para nosotros, que veníamos del pueblo, eso era una novedad. Muy cariñoso, sí.  

—Usted, entonces, era una adolescente, pero oyéndola está claro que ha preservado perfectamente el recuerdo de su tío en la caja fuerte de su memoria. Pese a su juventud, ¿era consciente ya de que su tío formaba parte de la edad de plata de la literatura española?

—Yo creo que no, para nosotros era nuestro tío de Jaén nada más, aunque creo que mis padres sí tenían conciencia de eso. Yo, por ejemplo, gracias a mi tío he conocido a Gerardo Diego. 

—¿Cómo era Rafael Porlán? ¿Una persona melancólica, un poeta escondido en su torre de marfil, o todo lo contrario?

—No, no, era alegre. Estaba operado, laringectomizado, por lo visto tenía cáncer de garganta o algo así y llevaba una cánula. Decía mi madre que yo, cuando era chica, me asustaba de él, pero yo no me acuerdo. el tiempo que estuvimos en Jaén nos veíamos muchísimo, tuvimos una relación muy buena hasta que murió. 

—Ha dejado usted caer, líneas arriba, que llevaba una "vida... regular". ¿Un bohemio, eso quería decir?

—Sí, un bohemio, una vida un poquito así... 

—Que murió joven, además, a los cuarenta y seis años. 

—Claro, sí; de tuberculosis, por su vida. Gracias a Dios murió aquí en compañía de mis padres, no murió solo. 

—Y aquí recibió sepultura incluso, en el patio de San Juan, sección 27, del romántico cementerio de San Eufrasio, donde siguen sus restos. ¿Fue decisión manifestada por él, o es que vinieron así las cosas?

—Como nosotros ya vivíamos aquí, pues se decidió enterrarlo aquí. Sus padres ya habían muerto y estaban enterrados en Sevilla, pareció oportuno que se quedara aquí. 

—Qué curioso, Julia, que defina a su tío como todo un bohemio siendo, como era, secretario del Banco de España en Jaén, un puesto que sugiere de todo menos juerga, vida disipada. 

—Y además un caballero, un señor, al menos de aspecto. Para mí lo era. 

—¿Fue él quien trajo a los Porlán a Jaén? ¿Cómo nació la relación que los ha vinculado de por vida con el Santo Reino?

—Sus padres, mis abuelos, vivían en Córdoba, trabajaban en Carbonell y Cía. Luego lo trasladaron a Sevilla, y allí vivió él su juventud hasta que colocó en el Banco de España. Después lo trasladaron, ya con el banco, a Talavera de la Reina (Toledo), y de allí vino a Jaén. 

—Ya no hay guía telefónica como las de toda la vida pero, si las hubiera, ¿aparecerían muchos abonados con su apellido, o se contarían con los dedos de una mano?

—En Jaén tengo yo seis hermanos. Cuando vinimos, al principio, no estaban aquí más que mis padres y mis seis hermanos, pero luego nos fuimos casando aquí. 

—Vamos, que fueron sus padres (los de usted, Julia) los responsables de que vivan aquí, no el poeta...

—Mi padre trabajaba también en Carbonell y lo trasladaron aquí. Luego se fue a Córdoba, y murió allí, pero nos quedamos aquí tres ya casados. 

—La importancia de la obra de su tío cada vez es más reconocida. ¿En Jaén también?

—Bueno, la Universidad acaba de volver a editar un libro suyo, Romances y canciones.

—¿Echa en falta que la tierra donde vivió sus últimos años 'presuma' de haber sido su último paisaje vital, donde se creó incluso un grupo de discípulos que tuvieron mucho que decir en la poesía jiennense posterior? 

—Yo pienso que sí. El otro día leía en el periódico una noticia sobre Hernández y Jaén y pensé: "¡Qué lástima que no se hable casi nada de mi tío aquí!". No sé...

—Tiene calle en Sevilla y, por lo que me dice, le han concedido otra en su Córdoba natal. ¿Le gustaría que ocurriese lo mismo aquí?

—No lo he pensado mucho, la verdad, pero claro que sí, sería bonito. Es curioso que en Córdoba y en Sevilla vivió y escribió menos que en Jaén, y sin embargo se le tiene más aprecio. 

Fotografías y vídeo: MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ MÉNDEZ

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