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"Marroquíes Bajos no necesita mitos, es mítico por sí mismo"

Por Javier Cano - Octubre 20, 2019

Presidenta de la Asociación Cultural Marroquíes Bajos desde su fundación el pasado mes de junio, María Isabel Pérez Nieto (Jaén, 1991) es, además de graduada en Historia del Arte por las universidades de Jaén y Bolonia y máster en Profesorado por la UJA, una enamorada de la arqueología. Trabaja con el objetivo de que el yacimiento que da nombre a su colectivo tenga el tratamiento que cree que merece y, de paso, que la ciudad se beneficie cultural y turísticamente de lo que califica como "el libro abierto de la historia de Jaén". Firme en sus convicciones y apasionada en su discurso, se conoce las parcelas en que se divide Marroquíes como la palma de su mano y, siempre con la ciencia como compañera de viaje, duda de que la Atlántida tenga algo que ver con el mar de olivos.

—¿Cómo, por qué y para qué nació la Asociación Cultural Marroquíes Bajos?

—Hablé con compañeros, conseguí envenenarlos y así nació; también de diferentes personas del mundo cultural de Jaén, en muchos casos, que realmente cuando nos poníamos a hablar de la Judería, los diferentes movimientos culturales, las asociaciones que hay... empezábamos a hablar del tema y esa gente ya tenía su ruta, ya tenía su sentido, pero nadie hablaba de Marroquíes Bajos.

—¿Eso fue lo que la movió a crear el colectivo que preside?

—Sí, Marroquíes Bajos quedaba un poco en el limbo, mucho hablar de qué hay o no hay ahí, y lo buscabas en Google o en cualquier sitio y te salía el mito de la Atlántida por todos lados; pero también aparecían estudios desde el 93, incluso hablabas con Pilar Palazón o veías publicaciones suyas, sobre todo en torno a los íberos, y te hablaban maravillas de ello. 

—Nombra a Pilar Palazón y se le iluminan los ojos...

—Mi gran referente de admiración siempre fue y será Pilar Palazón; esa iniciación de bajar a Feduca y que ella nos enseñara a hacer una esculturita de escayola del tiempo de los íberos... Yo no entendía, era como ese ídolo inalcanzable con la que ahora puedo echar un café, hablar de tú a tú.

—¿Siempre le interesó la arqueología?

—Sí, incluso tuve la suerte de que con dieciséis años, con la asignatura de Cultura Clásica, ya tenía claro que quería ser arqueóloga. Desde segundo de la ESO, que una profesora nos metió el virus de la historia del arte, y en cuarto incluso nos presentamos a un concurso nacional de cultura clásica, y entonces la profesora, después de insistirle y darle tormento, empiezan las excavaciones aquí en la Ciudad de la Justicia, más o menos en 2005 o 2006. Fue el momento en que se empezaban a hacer visitas escolares a la zona y, aparte, esta señora, que era María Vallejo, profesora en el instituto Jabalcuz, conocía a los arqueólogos que estaban al frente de ello y habló con ellos para traernos. 

—Y quedó deslumbrada.

—Nos hicieron una visita por Marroquíes Bajos e incluso pudimos entrar a la cueva artificial, que era visitable y sigue estando ahí. En esa cueva, cuando ya como adulta me he puesto a investigar y a estudiarlo, fue donde se hallaron los dos idolillos, tanto el de la mujer como el masculino, que son las insignias del yacimiento realmente. Cuando después averiguo que yo había estado allí..., ahí fue cómo el bicho se metió totalmente en mi cuerpo; y dices, ¡jo, si yo estoy conociendo esto como estudiante de la ESO, qué no se podrá realmente!

—Lo suyo es vocación, entonces...

—Bueno, también me pilló la suerte de que fueron las primeras excavaciones en Egipto y Alejandro Jiménez vino a explicarnos al instituto, se dieron charlas en Jaén Debate, fue un momento de eclosión. Todo empezó por ahí.

—Sin embargo, no ha seguido por el camino profesional de la arqueología.

—Cuando llegó la Universidad, tenía muy claro que quería ser arqueóloga hasta que me fui a Cástulo con Marcelo Castro y descubrí que yo no valía para pasar tres insolaciones en dos semanas. Aquello era inhumano, te metías allí a las ocho de la mañana y salías a las tres, eran las primeras excavaciones en Cástulo que se hacía voluntariado, en julio. Mi padre dijo: "Aquí se va a curtir". Entonces seguí en la arqueología pero ya fue una cosa más bien anecdótica, de lo que me daban con las asignaturas. Y lo dejé como un hobby, al final me fui por el patrimonio histórico y documental y ahí fue donde me quedé.

 Restos arqueológicos de la parcela C de Marroquíes Bajos. Foto: Esperanza Calzado.
Restos arqueológicos de la parcela C de Marroquíes Bajos. Foto: Esperanza Calzado.

—Hacemos esta entrevista en la parcela C del yacimiento, herida de excavaciones en su suelo y poblada de impresionantes vestigios de otros tiempos. ¿Qué hay en Marroquíes Bajos que ni los propios jiennenses conocen?

—Aquí se esconde el origen de Jaén, de donde nacen los primeros pueblos y empieza a desarrollarse la cultura, todos los movimientos que posteriormente van a pasar. En esta parcela C tenemos, como si dijéramos, el libro de la historia de Jaén en cualquiera de las etapas que ha ido sufriendo y viviendo nuestra ciudad y con las que convive actualmente, es el testigo primordial de la historia de la ciudad. Son los primeros jiennenses. 

—A su parecer, ¿qué posibilidades tiene el yacimiento desde los puntos de vista, cultural, de dinamización de la ciudad, turístico..?

—Debemos de entender que una sociedad, para avanzar y para que los ciudadanos sean parte de ella, necesita conocer de dónde viene y hacia dónde va. Cuando el ciudadano vive de espaldas a su historia y a su patrimonio, al final se crea una identidad y realmente podemos recurrir a nacionalismos y a diferentes historias, pero cuando tú no sabes realmente cuál es tu ciudad y cuál es tu nexo... Para eso se necesita tanto que la sociedad sea partícipe y se le diga: "Esto eres tú, de aquí vienes y hacia dónde vas históricamente hablando".

—¿Y por qué no se hace?

—Para eso son imprescindibles tanto las universidades como las diferentes administraciones públicas, que en realidad tienen la titularidad tanto cultural como patrimonial de este territorio. Turísticamente podemos ofrecer la historia de un pueblo que se remonta a antes del Calcolítico y donde se encuentra el verdadero origen, y desde ahí también nos puede servir para positivar la Jaén del futuro, que queremos que visiten realmente los turistas que vengan a conocernos, incluso nuestros jóvenes y nosotros mismos, y poder reconocernos aquí y decir: "Eso soy yo". Entonces, una vez que lo conozcan podrán respetarlo y darle realmente la difusión que se merece.

—¿Conoce modelos al respecto en otras ciudades que se puedan adoptar aquí?

—No sé decir qué tiene en mente el Patronato de Cultura, sí sé lo que nosotros, como asociación, intentamos un poco buscar y cuando diferentes compañeros han viajado; tenemos viajes planeados a otras ciudades para ver cómo se trabajan estas realidades, cómo se conocen este tipo de yacimientos. A nosotros lo que nos gustaría es que la arqueología y estos restos se integren en la vida diaria del ciudadano.

—¿Qué propone, exactamente?

—Se pueden hacer estudios arqueológicos, se pueden hacer dinamizaciones con jóvenes y con familias, desde simples juegos a actividades interactivas que se organicen con los colegios, con las asociaciones de vecinos... Es decir, que al final todos digan: "Yo tengo una parte de Marroquíes Bajos, yo tengo una parte de Jaén en la que yo he sido el actor y el partícipe de ello". Es muy necesario que todos puedan ser partícipes de ello, sin fabulaciones. 

—¿A qué se refiere cuando habla de fabulaciones? ¿Piensa acaso en la Atlántida y su posible relación con Jaén y Marroquíes Bajos, proclamada desde algunos foros?

—Claro, hay un momento histórico en que se pasa del mito al logos; en ese momento filosófico, con nuestro amigo Platón, que nos habla de ello, debemos conocer cómo se pasa de un tipo de civilización a otro. Marroquíes Bajos ya tiene una historia en sí y un patrimonio que no necesita más, ya es mítico, Jaén no necesita más cosas míticas; ¿que puede ser que haya similitudes con una cosa o con otra...? Por ahora los restos arqueológicos que han ido apareciendo (todos publicados y cualquier ciudadano puede acceder a ellos) no demuestran ese tipo de evidencia.

—Pero se ha escrito mucho al respecto...

—Sí que hay ya una tesis doctoral presentada en Granada que habla del tipo de círculos y cómo se desarrollan hoy por hoy incluso en sociedades africanas. Realmente recurrir a eso se puede hacer como un mito, como una leyenda, pero las bases y los estudios arqueológicos nos dicen qué había aquí sin más fábula ni más historia que saber que Jaén ya es mítico.

—¿Puede existir un problema de comunicación, de lenguaje, que incite al ciudadano a decantarse por lo que obtiene mayor difusión mediática antes que por los estudios científicos?

—Claro, eso puede ser también problema de que no se ha conseguido llegar a las personas de la forma apropiada, usando la hermenéutica que nosotros conocemos, pasando de un lenguaje académico a uno que pueda entender la ciudadanía de a pie. Cuando eso pasa, necesitamos recurrir a algo mitológico que nos dé algo de grandeza, como ya vimos en los nacionalismos europeos y españoles, sin ir mas lejos. ¿Qué pasa, no puede convivir lo arqueológico con el asunto de la Atlántida? Sí puede, pero no podemos decir que una cosa, en este caso lo que se habla de la Atlántida, está por encima de los hechos científicos, porque sería, al final, negar la racionalidad que el ser humano ha profesado dentro del método científico, sin ir más lejos. 

—Olvido, especulación, voces encontradas en torno a la preservación del yacimiento... ¿Cómo se ha llegado hasta aquí, hasta el presente de Marroquíes Bajos?

—No ha estado nunca en el olvido; sí como algo privado, como iniciativa privada es cuando se empieza a extender la ciudad de Jaén, a partir del ensanche del siglo XIX va hacia abajo; Incluso Pilar Palazón me ha dicho que me va a pasar unos textos, unas primeras entrevistas que salen en la prensa jiennense en las cuales el concejal de turno de ese momento dice que eso que se está descubriendo ahí es una aberración, que hay que romperlo, que machacarlo. Hoy lo ves y dices "¡guau!". Ahí es cuando se empezó a hacer la parte del Banco de España, se empezó a sacar restos  en ese momento de la especulación, y siguieron construyendo.

—¿Y es necesaria una asociación para velar por sus intereses?

—Es que es un tema muy complejo realmente cuando hablamos de Marroquíes Bajos, es como coger una granada que te va a reventar en cualquier momento y no sabes por qué parte te va a reventar. Porque Marroquíes Bajos, realmente, era el ensanche de la ciudad, cuando se empieza a construir aquí ya se sabía lo que había, se empieza a saber lo que hay.

—¿Qué puede hacer el colectivo que usted preside por el yacimiento?

—Interesarse por lo que se está haciendo en cada parcela.

—¿Y en el día a día?

—Yo he venido mas de una tarde, a cara descubierta, y le he dicho a la gente: "Oiga, buen vecino, ¿sabe usted que lo que está haciendo es un delito contra el patrimonio?" Porque, realmente, si conocemos las distintas leyes sobre el patrimonio andaluz y sus sanciones, se nos quitarían las ganas de hacer muchas cosas, muchas, que ya se nos deberían de quitar por conciencia, no decir: "Esto está abandonado y nadie me ve, voy a seguir tirando cascotes, voy a meter al perro por debajo de la puerta". Nosotros tenemos que ser parte de eso, pero también hay que entender que cuando has visto esto casi veinte años abandonado, que solamente lo has conocido así...

 Restos arqueológicos de la parcela C de Marroquíes Bajos. Foto: Esperanza Calzado.
Restos arqueológicos de la parcela C de Marroquíes Bajos. Foto: Esperanza Calzado.

—¿Apela a la conciencia ciudadana, entonces?

—Hay varias generaciones que lo han conocido así, y hay que decirles: "No". Hay que hacer campos de voluntariado, visitas, que la ciudad de Jaén entre y lo mismo que es capaz de reconocer el arte en la Catedral, en la Magdalena, en Nuestro Padre Jesús, en diferentes piezas y en el patrimonio que tenemos en la ciudad, lo reconozca en nuestros orígenes, y eso es complejo. Tenemos razones aquí, tenemos que defenderlo, que hacer que esto deje de ser un pipicán al que venir y no respetar, algo de lo que nos sintamos partícipes, y eso está en manos tanto de las instituciones como de nosotros como asociación. Tenemos que decir: "Esto está aquí, es tuyo, tan tuyo como mío, por lo tanto tú tienes también la labor y la obligación de defenderlo".

—¿Quién decide qué se preserva y qué no merece ser conservado?

—La Delegación de Cultura de la Junta, sea del propietario que sea la parcela. Realmente, se contrata tanto de forma pública como privada a unos arqueólogos. Se dice que se debe hacer un estudio arqueológico de ese lugar y que se debe documentar, pero en la normativa no pone en ningún momento que se deba de preservar. ¿Qué pasa con eso? Y al no haber un plan de conservación como tal, pues cada arqueólogo le ha dado la importancia que ha creído oportuna a cada fase y a cada momento. No hay una planimetría de qué es lo más importante en cada momento ni lo que se va a destacar aquí, porque cuando hablas, por ejemplo, con algunas personas te dicen: "Una macropolis". Pero ¿eso es lo más importante, o son lo más importante los restos visigodos, los restos de la época emiral que tenemos aquí de la zona de huertas, o la parte que tenemos romana, que cambia todo el tejido de lo que era la recolección de la aceituna para producir el aceite de Jaén?

—Eso es muy importante, supone un hito en la historia de la producción de aceite...

—Cambia todo el concepto que había en Roma al respecto sobre la producción en masa, en cadena. Eso está aquí en Jaén, en Marroquíes Bajos, y eso parece que no lo sabemos.

—Pese a la singularidad con la que públicamente se califica este yacimiento, ¿cómo es posible que no esté explotado, puesto en valor?

—El hecho que te he dicho, que pertenece a diferentes manos, a diferentes administraciones. Yo, de lo que hayan hecho en el pasado no me puedo hacer responsable, si te digo lo que que ahora nosotros..., tenemos pedida una reunión con la delegada de Justicia para que nos explique qué proyecto se va a llevar a cabo ahí. Nosotros queremos hacerlo todo de forma legal, ciudadana, siempre desde la lealtad, pero si no cumplen lo prometido, les va a dar el sol. Ahora mismo estamos a la espera de esa reunión.

—¿Cómo debería enfocarse la puesta en valor de Marroquíes con vistas a la ciudad?

—Debería hacerse algo que nos permita a todos los jiennenses poder visitarlo, tenerlo de forma activa, porque si eso lo dejamos tal y como está se va a convertir en una parcela más abandonada y que realmente no va a avanzar y va a quedar lleno de tierra y arbolitos. Tal y como está ahora la economía española, andaluza y sobre todo la jiennense, si no se hacen esos proyectos y la administración pública no actúa sobre ellos, ¿quién se va a hacer cargo? ¿Se lo damos a una entidad privada para que haga lo que le dé la gana, porque no hay ley que le diga lo que tiene que hacer? Solo podemos creer en la buena voluntad, y que haya un arqueólogo que estime que sí y que la Delegación de Cultura de turno, la Consejería, le diga: "Sí, eso me interesa conservarlo o no". ¡Como no hay un parámetro fijo...! 

—¿Y una vez decidido qué se conserva y qué no?

—Desde la asociación vamos a pedir que sea visitable, que la ciudadanía lo conozca, que si va a estar sin construir, como actualmente, se puedan hacer visitas, se le pueda mostrar a la gente y que la gente reconozca en ello su identidad. Ya es un paso adelante el hecho de que, a partir de julio, empezaran a limpiar allí. Estamos pendientes de qué se va haciendo. Nosotros como ciudadanos podemos pedir que se avance rápido en esto, pero hay que entender también que están los tiempos de las administraciones. Si por mí fuera, como Maribel Pérez, no ya como socia de la asociación y presidenta, que empezaran ya, lo sacaran y se hicieran los sondeos, y el ansia viva de poder hacer publicaciones...

—Este tiempo de espera, esta incertidumbre en torno al yacimiento... ¿Cree que se está perdiendo una gran oportunidad para Jaén?

—Creo que la ciudad de Jaén necesita muchos más avances, que nos centremos realmente en un proyecto y lo demos todo en él pero sin olvidar que los ciudadanos son los que tienen que vivir en ella. O sea, esto tiene que ser parte de la ciudad activa, no puede ser que volquemos todo aquí, la ciudad de Jaén tiene que evolucionar; este poblado evolucionó, no podemos quedarnos estancados.

—Compatibilizar historia y presente, quiere decir...

—Con la vida de esta ciudad, con la evolución: es la expansión; ¿qué vamos a hacer, vamos a cortar Jaén? Ya sabemos que para la zona de Los Puentes no podemos, que para la zona de Torredonjimeno y demás podemos crecer, sí, pero vamos a alejar la ciudad cada vez más para que sea intransitable, una línea recta que no podamos habitar.

—Sin expansión, en muchas ocasiones, quizá no se hubiera descubierto más de un yacimiento, ¿no cree?

—Marroquíes Bajos nace y existe porque se empezó a construir en él, porque la expansión llegó aquí; si no se hubiera empezado a construir (y no estoy justificando la especulación), si aquí no se hubiera empezado a mover la tierra, no habría constancia de que existe. Hay que recordar que tanto Marroquíes Bajos como Marroquíes Altos pertenecían a una misma macroaldea; por ejemplo, sí que tenemos un espacio en la calle Cristo Rey, la del local famoso que a la hora de hacer unas cocheras encontraron unas cuevas de enterramiento en esa zona. La respuesta que se dio fue que no había dinero y rellenarlo de tierra, y ahí se han quedado. Y eran espectaculares, el hecho de cómo excavaban en la roca... ¿Qué rituales no se pudieron hacer ahí?

—¿Qué cree la presidenta de la Asociación Cultural Marroquíes Bajos que puede haber escondido aquí que no se sabe aún, a partir de su conocimiento de este lugar? ¿Puede que algún día aflore algún elemento espectacular?

—Creo que más espectacular que lo que hay, no; seguiría la misma línea de espectacularidad que hemos tenido hasta ahora: los círculos concéntricos, que aún no sabemos si todos funcionaron a la vez o no (seguramente no, porque realmente encontramos casas que empezaron a construirse ya encima de esos fosos); las famosas empalizadas, que no son tan grandes como se dice; la muralla que va a estar en el futuro Conservatorio, que según conocemos se va a conservar la zona y va a ser visitable incluso, y queda muy bien cómo se va a hacer... ¿Quién puede hacer eso? Una administración pública que va a aportar el dinero. Qué podemos encontrar ahí...

—¿Se atreve a aventurar algún hallazgo, desde su pasión por la arqueología?

—Aquí tenemos el inicio de Marroquíes Bajos, el inicio de esa macroaldea está ahí. Podemos encontrar lugares religiosos, conociendo un poco lo que se va sabiendo de estudios arqueológicos de ciudades similares a lo largo del globo, sobre todo en la cuenca mediterránea; desde templos religiosos a lugares de organización, o el origen ya de otros puntos visigodos, romanos, de épocas árabes..., podemos encontrar todo. Marroquíes Bajos se ocupó desde el principio hasta hoy, no ha dejado de ser. Incluso, cuando se empieza en el 94 eran huertas, la gente tenía sus parcelitas y sus tomaticos...

—¿Pero puede haber sorpresas tan llamativas como en el yacimiento de Cástulo, por ejemplo?

—Si me voy a la fantasía, sí; si me quedo en lo realista, no sabría qué decir, no me gusta especular sobre algo que no sabemos. Pero, de repente, podemos imaginar que encontramos una basílica visigoda, porque tenemos enterramientos ahí. Yo no quiero saber lo que podemos encontrar. 

—¿Quiere enviar un mensaje a los jiennenses para que se acerquen a Marroquíes Bajos y conozcan la riqueza arqueológica que esconden, usted que capitanea la asociación que defiende su preservación y puesta en valor?

—A la gente la invitaría a saber quiénes somos (las preguntas retóricas de quiénes somos, a dónde vamos y de dónde venimos); si quieres saberlo lo tienes aquí, ¿qué necesitas más mítico que eso? Jaén no necesita que de repente aparezca un gran atlante que fuera el que poblara esto, príncipe de palacios y castillos y treinta mil historias, no; Jaén tiene su historia, que se construyó desde abajo, por gente que luchó por vivir, por sobrevivir y por poco a poco, en las diferentes etapas históricas, hacer de este lugar algo grande para que sus ciudadanos se quedaran. Tenemos razones aquí, tenemos que defenderlo, que hacer que esto deje de ser un pipicán al que venir y no respetar a ser algo de lo que nos sintamos partícipes, y eso está en manos tanto de las instituciones como de nosotros como asociación llegar a decir: "Tenemos esto aquí, es tuyo, tan tuyo como mío, por lo tanto tú tienes también la labor y la obligación de defenderlo".

Fotos y vídeo: Esperanza Calzado

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