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"En mi época el Ayuntamiento era una máquina registradora; ahora es una ruina"

Por Javier Esturillo - Marzo 10, 2019

Miguel Segovia Martínez nació el Viernes Santo de 1958 en una calle pegada al Arco de San Lorenzo. Estudió Químicas y Farmacia en Granada y Derecho en la Universidad de Jaén. Casado y padre de dos hijas que ejercen la abogacía en Madrid —lamentablemente, repite varias veces—, fue uno de los hombres fuertes de Miguel Sánchez de Alcázar en sus mandatos al frente del Ayuntamiento de Jaén.

Concejal de Urbanismo, en pleno boom de la construcción, su protagonismo en la escena pública jiennense fue absoluto durante una época. Disfrutó de sus mejores años en una Corporación no exenta de intrigas palaciegas, puñaladas traperas, envidias y roces entre compañeros de Gobierno. Sin embargo, Miguel Segovia siempre salió indemne de todo aquello. Respetado por los suyos y por sus más fieros adversarios políticos, con los que mantiene una estrecha relación de amistad pasados los años, no ha perdido ni un ápice de ese toque provocador, polémico y socarrón que tanto caracterizaron su carrera política y que exteriorizaba en los debates plenarios.

Su nombre ha vuelto a la palestra de la mano del presidente del Real Jaén, Tomás Membrado, como consejero y portavoz del club. Rezuma pasión por los cuatro costados y pocas personas hablan con tanto orgullo de Jaén como Miguel Segovia, genio y figura.

¿Se vive bien en Jaén?

—Se vive bien para quien tiene una posición buena en Jaén. A los que están empezando y a los que están todo el día tirados en la calle, les cuesta mucho trabajo. Jaén es una ciudad de funcionarios, de servicios, cómoda para vivir. Los que viven de eso pues están tranquilos. Otra cosa muy distinta es el mundo empresarial y la gente joven. Mis dos hijas, por ejemplo, están en Madrid, en dos despachos de abogados, con sueldos poco más de mileuristas, pero en una tierra de oportunidades, cosa que aquí es complicado.

Se lo pregunto porque ha salido un informe de la Fundación BBVA que dice que Jaén y Linares -los dos motores teóricos de la economía jiennense- son de las peores ciudades de España para vivir.

—No creo que sea así. Son parámetros muy técnicos, aunque creo que no tienen mucha relación con la realidad. Es cierto que Linares, ciudad que conozco muy bien, ha sufrido un parón muy grande, no solo por el cierre de Santana Motor, sino porque se le ha venido abajo toda la comarca, por lo que sufre más. Lamentablemente Jaén y Linares han dejado de ser lo que eran.

En su etapa en el equipo de Gobierno del Partido Popular, dijo en diferentes ocasiones que habían transformado Jaén, que había dejado de ser un pueblo grande para convertirse en una verdadera capital. ¿Desde aquel momento ha notado alguna otra transformación?

—No. Hubo un momento de un cambio muy espectacular en la ciudad, entre el año 1995 y 2004, porque la condición económica y política era muy favorable. ¿Esa transformación se debió toda a nosotros? Pues no. Hubo un boom de la construcción y nos tocó, en esa época, desarrollar todo el Bulevar, y aquello fue una expansión muy grande para la ciudad. También hicimos la primera fase del nuevo polígono industrial y comenzamos la segunda, que se ha quedado estancada. Toda aquella expansión de la ciudad fue muy significativa. Se hicieron grandes infraestructuras, se realizó el Plan Urban, con muchos millones para el casco antiguo. También le metimos mano a la Avenida de Madrid y al Paseo de la Estación.

La gente tenía una percepción de que la ciudad había cambiado. Y así era, porque, a partir de ese momento, se hizo otro Jaén, de la estación de tren para abajo. Después lo que ha habido ha sido un mantenimiento. Aquella época fue un boom económico, industrial y social, y nosotros lo aprovechamos para cambiar esta ciudad. Tuvimos ese acierto, aunque con operaciones muy dolorosas para ese momento, como fue el traslado de Industrias Garca. Aquello fue socialmente desagradable, pero al final la ciudad agradeció aquel empuje definitivo de Miguel Sánchez de Alcázar y mío para quitar ese tapón de la ciudad y tirar para adelante. Luego quisimos hacer más cosas, como quitar la vía del tren, pero se quedó ahí.

"EL GRAN FRACASO DE PEÑALVER FUE EL TRANVÍA"

Quisieron hacer hasta un aeropuerto.

—(Risas) Eso ya fue cosa de Alfonso Sánchez.

¿Pecaron de soberbia o prepotencia en algún momento?

—No, ni mucho menos. En absoluto. Lo único que hicimos fue aprovechar las circunstancias para cambiar Jaén. No olvide de que se sacaron tres mayorías absolutas y eso no era baladí. La gente estaba viendo ese cambio. Objetivamente había una percepción de que las cosas se estaban haciendo bien. La ciudad había cambiado y estaba evolucionando, con nuevos equipamientos, edificios, barrios... La gente lo notó y tres mayorías absolutas no se sacan porque sí.

Antes de que llegara la crisis, con usted en la oposición, ya advirtió al Gobierno socialista de que el dinero de Urbanismo se estaba agotando, de que no daba más de sí. 

—Carmen Peñalver quiso hacer otra transformación, y ya le advertimos de que no era posible hacer todo aquello que quería. Sin embargo, creo que el gran fracaso de su mandato fue el tranvía. Nos tuvo tres años con la ciudad absolutamente empantanada, parada para nada. Yo se lo dije el primer día: era un capricho. El tranvía no sirve para nada, pero hay que darle vida porque son 120 millones de euros de inversión. Es un tranvía que no sirve para nada, no vertebra la ciudad. El de Murcia, el de Zaragoza o el de Granada sí tienen sentido; este va de la puerta de mi despacho al polígono.

Yo le advertía de todo porque uno fue monaguillo antes que fraile y sé lo que son los problemas urbanísticos. Para mover una piedra se necesitan miles y miles de informes, de expedientes... Yo le decía que no servía para nada lo que estaba montando. Todo era a golpe de capricho, de esnobismo, de improvisación que no iba a ningún lado. Por suerte para el Partido Popular, la gente se dio cuenta que todo eso no iba a ningún sitio. Además, en un pleno le dije que llevaba la ciudad como su vida personal, un poco desordenada. Por aquello me tacharon de machista, pero ella sabía que se lo decía con cariño porque nos conocemos desde pequeños.

¿Se quedó en la oposición por vergüenza torera, por convicción o porque no le ofrecieron otra cosa?

—Porque era mi obligación. Yo siempre quería estar en la política local. Cuando ganamos, pues me tocó gobernar; cuando fue al contrario, pues a la oposición. No hay más.

¿Nunca le tentaron?

—Ni yo me hubiera ido.

Ha sido un agitador y un provocador.

—El problema no es ese, es que sigo siendo así. Me gusta generar debate y polémica. Dar guantazos, pero también recibirlos con toda la naturalidad del mundo.  

Su alma gemela, si se puede decir así, en el bando socialista, era Manuel López. Sin embargo, sé que son muy buenos amigos y mantienen una estrecha relación personal.

—Esta misma mañana he estado hablando con él sobre un chaval que está en el centro de menores, donde es subdirector, al que le van hacer una prueba porque juega muy bien a la pelota. Además, me ha pedido entradas para que vayan los chavales del centro a ver al Real Jaén. La política es como el fútbol, lo que pasa en el terreno de juego se queda ahí. Una vez que termina el partido, se acaba el enfrentamiento.

"LOS APARATOS SON EL GRAN PROBLEMA DE LA POLÍTICA"

¿Echa de menos aquellos tiempos?

—Lo echo de menos, pero no personalmente. Lo que realmente echo de menos es esa política, porque el 98 por ciento de todos los que estábamos allí, y los que estuvieron antes, era por ideología. Hoy en día, ese mismo tanto por ciento está por el sueldo, por lo que el panorama ha cambiado bastante. Uno miraba el pleno del Ayuntamiento de Jaén y de los 27 concejales, 25 ó 26 tenían su modus vivendi. Estábamos para echar una mano, y algunos me consta, incluido yo, que nos costaba hasta el dinero. Estábamos allí porque creíamos en una idea, queríamos participar en el proceso de cambio de la ciudad, con la libertad absoluta de hablar y pensar en alto sobre lo que nos pedía nuestra gente sin el corsé de decir las cosas sin miedo a perder el sillón.

Hablaban mucho de Jaén y menos de la política de fuera.

—Estábamos allí para eso, para hablar de Jaén. El aborto o el matrimonio gay son muy importantes pero aquí no tenemos capacidad de decidir, por lo que mejor era preocuparse de la feria, del campo de fútbol y del Bulevar. A lo que no depende de ti, le puedes dedicar una pequeña moción, pero no un pleno entero. Los ayuntamientos están para hablar de las cosas más cercanas. El Congreso, el Senado y las cámaras autonómicas tienen su función. Lo que no puede ser es embarrarlo todo porque al final se diluyen las responsabilidades. 

El Ayuntamiento de Jaén tiene que encargarse de sus calles, de los jardines, de su feria, de su limpieza, de que los autobuses pasen a su hora, de que los semáforos funcionen... El aborto y el matrimonio gay, magnífico, pero como algo colateral, porque hablar de esas cosas está el Congreso de los Diputados.

¿Cree que los aparatos de los partidos se han apoderado de los plenos?

—Es que los aparatos son el gran problema de la política, no solo en los plenos de los ayuntamientos. Lo que ocurre es que conforme está configurada la política en el mundo al final son necesarios, ya que son el mecanismo para canalizar la voluntad del partido. Los aparatos no tendrían ese peso si hubiera listas abiertas, que es lo que debería haber y por lo que siempre he apostado, más allá de las primarias. De este modo, la gente podría votar a quien más valora. Conozco a políticos del PSOE que han trabajado de puta madre por esta ciudad y son amigos míos. En cambio ha habido compañeros de mi partido que lo han hecho lamentable.

Listas abiertas, 54 tíos y yo elijo a 27, tan fácil y tan sencillo como eso. ¿A quién? Pues a quien me inspira confianza. Lo llevo diciendo desde hace mucho. Y, sobre todo, que sean de la ciudad. Aquí hemos visto gente de fuera que se mete ahí y viven bien.

¿Cuál es su visión de la política actual?

—Pues que está profesionalizada y ya no dependes de ti. Tu voluntad, tu criterio, tu opinión quedan muy anulados porque, si no, no vas en las próximas listas. Y si no vas, a qué te dedicas, qué haces. Esa libertad que teníamos antes no la hay ahora. Todo está condicionado. Que en el Ayuntamiento de Jaén, con todo el cariño del mundo, de 27 concejales haya liberados 26 y medio, pues da que pensar. Ese Ayuntamiento con 15 liberaciones va sobrado: ocho para gobernar y siete para vigilar; creo que está bien. No pueden haber 27 personas cobrando de lo público. Todos están muy atados. La política está muy mal pagada, pero esos sueldos no.  

El deterioro de la política es que está muy mal pagada. Por ejemplo, un profesional o un empresario no se va a meter de delegado por 47.000 euros brutos, que se te puede quedar en treinta y algo, vamos 2.600 euros al mes. Para un parado está cojonudo, pero para un ingeniero, un notario, un empresario... Mucha gente pasa de meterse en política porque está muy mal pagada, salvo que te guste, como me ocurrió a mí en un momento determinado. Renuncié a muchas cosas porque quería hacer cosas por mi ciudad, pero tenía la manera de ganarme la vida.

"HUBIERA SIDO CHULO SER ALCALDE DE JAÉN"

Cada vez que saltaba una crisis en su partido, decían que usted estaba detrás. ¿Es verdad?

—Que va, que va (niega con la cabeza y sonríe). Tenía una figura polémica y provocadora y era cojonudo echarme la culpa. Donde había un follón, pues me colocaban a mí. Unas veces estaba en el follón, pero la mayoría de la veces no.

¿Le hubiera gustado ser alcalde de Jaén?

—Sí, hubiera sido chulo, pero ya está. La política nacional me puede gustar pero no va más allá. La política local es la que se agradece y al final te quedas con el cariño de la gente. Tienes la posibilidad de solucionar problemas a tus vecinos. Ese agradecimiento y que todavía te recuerden por la calle es muy bonito. Todavía me preguntan si voy a volver y siempre digo lo mismo: eso ya ha pasado. Alcalde sí me hubiera gustado, la verdad, aunque fui primer teniente de alcalde y estuve muy contento y feliz.

Antes de que llamaran fachas a los de Vox, se lo decían a usted.

—No me preocupa lo más mínimo. Soy una persona de derechas y liberal. Y facha qué es, levantarse a la seis de la mañana y trabajar hasta las nueve de la noche, pues soy facha. Facha es llevar a Nuestro Padre Jesús -El Abuelo-, pues soy facha. Facha es ser socio del Real Jaén, pues también lo soy. Facha es estar casado o que me gusten las mujeres, pues soy facha. A partir de ahí, podemos seguir. 

¿Qué piensa del partido de Santiago Abascal?

—Vox ha venido a romper la fragilidad del Partido Popular, ni más ni menos. A todo el mundo que conozco de Vox en Jaén, que serán unos veinte, son gente del PP que se ha ido a ese partido como consecuencia del poco posicionamiento en determinados asuntos. En las autonómicas, me decían que votaban a Vox porque estaban hartos de los catalanes. No te decían otra cosa. Y eran las elecciones al Parlamento andaluz y me hablaban de Rajoy y de los catalanes. Es gente que estaba viendo debilidad.  

No sé si es la política o los medios de comunicación, pero lamentablemente nos están llevando a dos bandos. Por un lado, el PP, Ciudadanos y Vox y, por el otro, Pedro Sánchez con Podemos y los independentistas.

Yo no conozco Vox por dentro, pero sí a Santiago Abascal con el que ha hablado varias veces cuando éramos compañeros. También conocí a su padre que era un tío cojonudo que lo pasó fatal en el País Vasco y dio la cara en los peores años de ETA. Santiago Abascal se marchó porque no encontraba el encaje dentro del PP, como le ha ocurrido a otros muchos. No sé si ahora con Casado volverán. También le digo que de esos 20 o más que conozco de Vox en Jaén volverán a votar al PP en las municipales.

Lo de Vox ya pasó con Podemos que surgió en un momento de cabreo. Incluso a gente de derechas nos llamó la atención y pensamos que podían agitar el árbol para que se acabara el mamoneo que había. Luego, lamentablemente, hemos visto que es más de lo mismo. Ahora está Vox de moda. Creo que luego todo volverá al orden.

Cree entonces que Vox es una moda.

—Más que una moda, un cabreo. Es una postura frágil del PP en determinados aspectos que la gente no tolera, como la unidad de España. Es un poco como lo que definió Federico Jiménez de los Santos, 'maricomplejines'. Esa expresión dice mucho de lo que le ha pasado al PP en muchos asuntos. 

Creo que Vox en algunas cuestiones se está pasando, como la inmigración. Es un tema muy delicado y no se pueden tener esas posturas tan radicales. Por lo demás, es gente cabreada del Partido Popular, al menos los 20 que conozco aquí en Jaén. 

"LA DEUDA DEL AYUNTAMIENTO ES IMPAGABLE"

¿Ir de frente le ha causado problemas?

—Sí, porque hay gente que no lo entiende. Digo las cosas con lealtad, nunca con doble intención. Si no me gusta una cosa lo digo, pero siempre con lealtad. Y eso es muy importante. A Urbanismo subía mucha gente a proponer cosas y yo les decía, después de asesorarme, que no se podía hacer. El tío se iba jurando en arameo, y luego más de uno me lo agradeció. La lealtad es muy importante allá donde estés.    

¿Cómo ve el Ayuntamiento de Jaén?

—Muy mal, como todos. El problema del Ayuntamiento de Jaén es que no puede hacer nada. Tiene una deuda impagable. Esta Corporación, como las anteriores, está lastrada por una deuda que le impide moverse. En la época en la que fui concejal de Urbanismo, el Ayuntamiento era una caja registradora y ahora es una ruina. En aquella época, todos los días se daban licencias de bloques y más bloques de pisos. Hoy en día, hay cuatro localillos, cuatro reformas, una grúa, no más. Jaén está estancada porque la deuda la tiene atrapada.

En Navidad, vimos un impulso de imagen muy importante. Vi a la gente de nuevo sentirse orgullosa de pertenecer a esta ciudad. Hubo una buena iluminación, una buena programación cultural y se notó alegría, pero después nada. La deuda tiene muy lastrado al Ayuntamiento, y encima con los controles del Ministerio no te permiten hacer nada. Se te va todo con pagar el capítulo uno, y ya sabemos las penurias que ha pasado para hacer frente a este gasto. 

Pero esa deuda viene de otras corporaciones, incluida la suya.

—No, no, no. No recuerdo los datos, pero le digo que desde que empezó la democracia hasta que llegamos nosotros a lo mejor se debían 500 millones, y cuando nos fuimos nosotros unos 550. Carmen Peñalver lo subió a casi 1.000; José Enrique a 1.500 y después... La deuda que arrastra el Ayuntamiento viene desde 1975. En nuestra época se gastaba mucho, pero, al mismo tiempo, se ingresaba mucho. No reducías la deuda, pero tampoco la generabas.

Carmen recibió mucho de la Junta, pero gastó más de la cuenta. Y en el tiempo de José Enrique se frenó en seco la inversión, por lo que todo era deuda. 

¿Qué piensa del caso Matinsreg?

—No lo conozco en profundidad. Lo que sé es lo que escucho en los medios de comunicación. Una cosa es lo que se dice y otra bien distinta lo que viene en los papeles. Parece ser que la instrucción del juez es muy seria y parece ser que hay indicios de irregularidades. Hasta dónde llegan, pues no lo sé.

¿Confía en la inocencia de todos los que están siendo investigados?

—Como abogado, debo confiar en la inocencia de todo el mundo, porque es un principio sagrado y constitucional. Aquí mientras que no se demuestre lo contrario, todos son inocentes. No me puedo guiar por la información periodística ni por cuatro chascarrillos. Hay que verlo todo con detenimiento. Me consta que se está haciendo una instrucción seria. Si algún día tenemos acceso al sumario, podremos opinar, pero, de momento, no.

"DEBERÍAMOS TENER MÁS ORGULLO PATRIO EN ESTA CIUDAD"

Usted se siente muy jiennense y jaenero. Sin embargo, a la gente le cuesta decirlo. Solo se siente orgullosa de su ciudad en momentos puntuales. ¿Por qué ocurre eso?

—Critico que muchos de mis paisanos se marchen a otras ciudades y no valoren la suya. En cambio, los que nos visitan se marchan encantados y están deseando volver. Deberíamos tener más orgullo patrio y saber vender nuestra ciudad. Me gusta mucho Jaén porque creo que tiene mucho que ofrecer. El problema es que hay que saber explicarlas y, sobre todo, con sentimiento. Que la gente vea en ti pasión e ilusión y que vean que les enseñas la ciudad con orgullo y cariño.   

Casado con una linarense, seguro que le ha dicho que parece más minero que lagarto, por ese orgullo que muestra, más propio de los linarenses. 

—Mi mujer, y los linarenses en general, tienen un sentimiento muy arraigado a su tierra. Ella se vino con 11 años de allí y, sin embargo, ese sentimiento hacia su pueblo es muy profundo y lo tiene grabado a fuego.

Hablando de Linares, lo que montó con lo del futbolín.

—(Risas) Mi vida es muy pasional y esa provocación forma parte de esto. He ido miles de veces a Linares, a la que le tengo muchísimo cariño, pero el fútbol es pasión, ilusión. De chiquillo íbamos a Linarejos y decíamos eso: ¡Que salte, que salte el futbolín! Solo fue para liar follón. Ójala suban los dos equipos, porque se lo merecen y es fundamental.

Jaén y Linares se necesitan. Son las dos principales ciudades de la provincia y deben estar a la cabeza y tirar de ella. Lamentablemente estamos pasando un mal momento, especialmente Linares. Esperemos que todo sea coyuntural y se vuelva a recuperar.

Y en el ámbito del fútbol son dos equipos profesionales que están luchando por el mismo objetivo. Al igual que deseo que el resto se mantenga y suba el Porcuna a Tercera. Esto al final es beneficio para todos.  

"TOMÁS MEMBRADO HA SIDO UNA BENDICIÓN PARA EL REAL JAÉN"

¿Cómo llega al Real Jaén?

—Es muy simple. Como jaenero, soy socio del Real Jaén desde que tengo uso de razón. Incluso he sido socio los años que he estado fuera de Jaén. Y este presidente que tenemos, que ha sido una lotería para la ciudad, me llamó para que me incorporara, pero le dije que debía empezar él el proyecto porque no quería que vincularan la política con el Real Jaén. No quería que se contaminara. A los seis meses, me volvió a llamar y le dije lo mismo hasta que al final cedí porque le noté algo cansado.

Entré yo y otros siete más en el consejo de administración que ha sido todo un acierto porque hablamos de gente muy preparada en sus respectivas parcelas. Son gente que está de manera altruista, muy vinculada al Real Jaén que quiere lo mejor para el club.

Tomás Membrado ha sido una suerte loca para la ciudad porque sin él el club hubiera desaparecido. Es una persona con una cabeza privilegiada, un empresario que se ha equivocado muy poco y, sobre todo, un hombre que tiene mucho crédito personal y económico, y eso es muy importante. Ha sido una bendición para el Real Jaén.

¿No tiene la sensación de que el Real Jaén ha sido un juguete roto en manos de muchos presidentes que solo han buscado su proyección personal o empresarial?

—La gestión del Real Jaén ha sido siempre un desastre y al único que salvo es a Juan Carlos Hidalgo porque me consta que ha dedicado su vida al club. El resto han sido un desastre. Baste con decirle que no hay nada de la contabilidad de hace tres o cuatro años. El Real Jaén no ha desaparecido porque ha sido una bendición que aparezca Tomás.

Juan Carlos y Rafael Cabrera echaron una mano muy importante antes para que no desapareciera, pero, sobre todo, Juan Carlos al que siempre le estaré agradecido. Lo demás, un desastre.

¿Cree que se equivocaron con el campo de fútbol?

—Para nada. Que el campo de fútbol es muy feo, por supuesto, pero fue lo que la gente quiso. Ahora se tiran de los pelos. Se olvidan de que se pusieron las maquetas en la Gerencia de Urbanismo y votaron ese campo. Y para Tercera, Segunda B y Segunda A es un campo de puta madre, aunque sea muy feo vacío porque se ve mucho cemento. Lleno, como el día del Villarreal, es otra cosa. Se hizo el campo que la gente quiso. Los problemas estructurales que pueda tener es otra cosa propia del desarrollo del proyecto, como ocurre en otras muchas obras.

Fotos y vídeo: Esperanza Calzado y Javier Esturillo

 

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