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"Hay gente que cree que por tener un libro antiguo tiene un tesoro, y no es así"

Por Javier Cano - Enero 10, 2021

Jaén también tiene su particular cuesta de Moyano, y precisamente en una de las pocas calles llanas de la capital. Allí, Rafael Monje González (Granada, 1963) hace honor a su apellido entre el olor venerable de los viejos (y no tan viejos) ejemplares que 'mima' para ponérselos en bandeja a los lectores que se adentran en el paréntesis urbano de su librería

—¿Qué hace un hombre como usted, aparentemente joven, en un sitio como este, en una librería de viejo?

—Ejercer un oficio que tiene mucha solera, que creo que empezó en la Edad Media o así, y hacerlo lo mejor que sé. 

—¿Un oficio que le viene de familia, impuesto por las circunstancias?

—Es una cosa que yo siempre tuve en la cabeza. Estuve trabajando antes en una empresa privada y cuando tuve la suficiente valentía como para dejarla, abrí la librería aquí en Jaén, en el año 97.

—¿Cuál es la historia de Rafael Monje hasta el momento en que decide establecerse en Jaén?

—Poca cosa. Un chaval granadino, de provincias, con un trabajo en una empresa de coches.

—¿Una empresa de coches? Vaya cambio radical, ¿no?

—Sí. Estaba allí de cajero, de contable, nueve años y medio estuve. Hasta que di el paso.

—Lo suyo era vocación, entonces...

—Era latente, sí. No sé si vocacional, pero latente sí. Y la verdad es que lo disfruto mucho.

—¿Cómo reaccionó su familia cuando supo a lo que quería dedicarse realmente?

—Intentaron por todos los medios que desistiera pero claro, en el último momento, cuando di el paso, ya me apoyaron. 

—¿Y por qué en Jaén, qué lo trajo aquí?

—Más que nada, porque no había ninguna librería de viejo en Jaén. Yo pensaba que iba a pitar mucho pero no, lo que me encontré es que había que abrir camino. No ha sido fácil.  

—Investigó, hizo lo que llaman un estudio de negocio.

—En ningún momento, yo nunca hago planes. Fue algo totalmente espontáneo.

—Vamos, que si no es por la librería, quizá no se le hubiera visto el pelo en Jaén, y eso que lo tiene largo, que se ve a la legua.

—Sí, vine expresamente a montar la librería. 

—Empezó junto al Arco de San Lorenzo, en un sitio histórico, en un escenario de cultura.

—Sí, estuve allí entre el año 97 y finales de 2000.

—Aquellos comienzos, ¿cómo fueron?

—Antes no había internet, se trabajaba por medio de catálogo. Lo imprimíamos, lo enviábamos a algunos clientes y entre la venta directa en la librería y el catálogo, la cosa se iba manteniendo. Los primeros años fueron duros, recuerdo que en los veranos me daba de baja en Hacienda. 

—No pasaban ni los grajos por la calle Almendros Aguilar, ¿no?

—Sí, esos tres meses me daba de baja y trabajaba un poco a escondidas. Así fui abriéndome camino.

—Y caminando, caminando llegó a este local de la calle Capitán Oviedo, a cuatro pasos del centro de la ciudad.

—Me trasladé en enero de 2001, creo. Este local es tres o cuatro veces más grande y aquí sí empecé ya, de alguna manera, a desarrollar lo que es mi oficio.

—No abandona usted el Jaén histórico. 

—Bueno, el local quizá sea el adecuado. Pienso que las librerías de viejo deben estar escondidas y en el centro de la ciudad.

—Dio en el clavo entonces cuando decidió establecerse aquí.

—Sí, está en el centro y está escondida.

Rafael Monje habla despacio, ni una palabra suya pisa a la siguiente; tiene ese deje propio, ese acento granadino que ralentiza la conversación como hace la nieve con la prisa. Eso sí, tras más de dos décadas en la capital jiennense, su persona y su negocio forman parte ya del paisaje cultural de la ciudad que escogió o para la que fue escogido, cualquiera sabe. 'La librería de un hombre es su retrato', escribió Gregorio Marañón, y al hacerlo definió a Rafael Monje, lo clavó. 

—Llegan las rebajas de enero pero, ¿traspasan las puertas de este negocio también?

—Nosotros tenemos ahora mismo enfocado el negocio, como la mayoría de negocios están enfocando, a la venta on-line. Tenemos en nuestra página web los libros un diez por ciento más baratos que en cualquier portal. Llevamos con eso quizá un par de años o así, incluso a los clientes que son habituales les regalamos algún detalle, un libro...

—Hay que fidelizar...

—Quizá lo que hay que hacer ahora mismo es un trabajo de captación, sobre todo con la gente más joven, que está un poco, digamos, polarizada en el tema de todo lo digital. Hay que mostrarles lo que es analógico y el libro físico.

—No debe de ser fácil, ¿verdad?

—Me comentan profesores que es muy difícil competir con los móviles, pero creo que es un trabajo que tenemos que hacer entre todos, no solo el librero, sería imposible.

—Aquello de que el libro físico desaparecerá para dejar paso al electrónico no va con usted...

—Yo creo que va a prevalecer; ahora mismo están viviendo los dos pero claro, un ebook de estos o como se llame, dentro de unos años va a estar obsoleto; yo quiero creer que la gente no quiere dejarle a sus hijos un montón de chatarra, que quiere dejarle algo más. 

—Si entrara ahora mismo a este local un representante de libros electrónicos, ¿saldría mal parado?

—No se han atrevido todavía a entrar [ríe a carcajadas contenidas]. De todas maneras tengo una garrota por aquí.

—Cuando eligió Jaén para su negocio, dice que no había este tipo de establecimientos por aquí. Eso ha cambiado, ¿no?

—En Jaén capital no había. Ahora sí las hay, desde hace unos años. En la Avenida de Ruiz Jiménez, en la calle Espartería, en Linares...

—Entre tanto libro, hay también grabados, dibujos...

—Sí, grabados cada vez tenemos menos, porque no es algo que se venda con facilidad; dibujos originales también, pero sobre todo estamos enfocados al libro.

Sí, los libros copan la tienda de esta calle oscura que une al esfuerzo de las farolas el escaparate de Mimo, ese que el gran David Padilla inmortalizó en un lienzo como se hace con los sitios entrañables, referentes...

—Y la pandemia, ¿cómo le afecta, si es que la ha notado usted en las ventas?

—Bueno, pienso que como a todos, quizá un poco menos por el tema de la venta on-line, por ahí nos salvamos un poco, pero sí, claro que afecta, como a todos los negocios.

—Su sector no se cuenta entre los que más han levantado la voz para pedir ayuda...

—Yo ahora mismo, en este momento, intento salir por mis propios medios, con mucha dedicación. No sé si a partir de ahora necesitaré ayuda.

—¿Nota usted las consecuencias económicas del coronavirus en una mayor afluencia de clientes que quieren venderle libros, en lugar de comprarle?

—Sí, sí, hay mucha gente que quiere vender.

—¿Qué le traen? ¿Libros antiguos, modernos, auténticas joyas, cosas sin valor alguno?

—Bueno, de todo. Quizá lo que más viene la gente vendiendo sean novelas y cosas así.

—Hablando de joyas: ¿qué virguerías guarda usted en estos estantes?

—Siempre hay cosas curiosas, depende de lo que vaya buscando cada uno. Hay gente que busca el libro curioso moderno del siglo XX y otra que busca libros más antiguos.

—¿Qué es para usted una joya bibliográfica? Más que nada, por si alguien tiene en casa un libro curioso y le viene bien darle salida.

—Para mí una joya es un libro escaso, que no haya muchas copias, que sea un libro curioso en el tema que toca...

—¿Cuál es el proceso para adquirir ese tipo de ejemplares? ¿Es el propio cliente quien se lo ofrece, o le toca moverse por las redes y el boca a boca para hacerse con uno de ellos?

—No es fácil que entre por la puerta, hay que moverse, buscarlo.

—¿Lo más raro que ha tenido aquí?

—Una serie de manuscritos de la familia Vázquez de Salazar, que uno de ellos fue secretario de Felipe II. Tuve parte de un archivo importante, desde la época de Felipe II hasta el siglo XVIII, unos ciento y pico manuscritos.

—En esto, la prudencia es básica cuando alguien viene a venderle material.

—Hay que revisar bien, sobre todo.

—¿Intentan darle gato por liebre más de una vez los vendedores de libros particulares?

—Muchas veces ni ellos mismos lo saben. Son objetos que ha pasado por varias generaciones y puedes encontrar cualquier sorpresa.

—A más de uno le echará un jarro de agua fría cuando llega con un libro que piensa que es un incunable maravilloso y le abre usted los ojos...

—Hay gente que piensa que porque tiene un libro antiguo tiene un tesoro, y no es así.

—Cotiza lo raro, lo escaso...

—Bueno, lo que cotiza... Quizá sea lo más interesante de trabajar desde el punto de vista del librero. Lo que más cotiza, digamos que fluctúa. Yo empecé hace veinte años y había unas preferencias, hoy hay otras, ha cambiado el tipo de comprador.

—Está a gusto con los libros, es su zona de confort. ¿Nunca ha pensado en negociar con otro tipo de antigüedades?

—No, es que me gusta el libro, me interesa sobre otras cosas, más que el cómic o que el vinilo, que es una cosa que ahora mismo está de moda; y también me interesa el grabado, aunque no se venda bien.

—¿Por qué no se vende bien el grabado en Jaén?

—La gente, en general, no lo sabe apreciar. Incluso el grabado moderno tiene que ser de un artista muy sonado para que le presten atención.

—¿Ha abierto este local a actividades culturales alguna vez?

—Hemos hecho alguna cosa, pero hace años que no, por falta de tiempo. 

—¿Lo hará?

—No sé... Tendría que organizarme, y que fuese algo que me atrajera, que me capturara a mí.

—Granadino de nacimiento, Rafael: ¿se ha planteado extender el negocio a su tierra?

—Para nada.

—¿Y volverá, como cantaba Miguel Ríos?

—Si vuelvo a Granada será a tres piernas, con bastón.

—Le gusta Jaén, se ha enamorado de la ciudad...

—Bueno, yo creo que Jaén tiene encanto. 

—No todo el mundo piensa así, puede ser revolucionaria incluso esa visión suya.

—Hay que buscarlo ese encanto. Y yo lo he encontrado. 

Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado

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COMENTARIOS

María Dolores Martínez

María Dolores Martínez Enero 10, 2021

La entrevista a Rafael Monje es muy interesante por su contribución a contribuir con la cultura dando otra oportunidad a las bibliotecas ya leídas

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Fernando Huete Contreras

Fernando Huete Contreras Enero 10, 2021

Muy interesante la entrevista, hace bastantes años cuando la librería estaba junto al Arco de San Lorenzo la visité alguna vez

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Lucía Bigurra

Lucía Bigurra Enero 12, 2021

Excelente entrevista a un amante de lo que hace. Cuántas ganas de estar ahí por horas palpando y oliendo libros, metida en el acogedor mundo del mimo...

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