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"Debemos defender más nuestros productos"

Por Fran Cano - Marzo 01, 2020

Rubén Montañés Castillo (Granada, 1974) es el gerente de Casa Montañés, una empresa que cumplirá 103 años de vida el próximo 18 de septiembre. La historia del negocio es la historia de una familia cuyo primer apellido tiene una resonancia muy particular en Alcalá. Montañés significa, básicamente, trabajo y constancia.

El hoy gerente estudió Administración de Empresas y encontró en el periodismo "una vocación tardía". Llegó a Radio Alcalá en 2003 y va camino de 20 años delante de un micrófono. A Rubén Montañés le preocupa su pueblo y la provincia. Estuvo en la última protesta en aras del olivar tradicional. Entiende la naturaleza de las protestas. Y espera que la ciudadanía tome nota, sobre todo los comerciantes.

—Todo empezó con una empresa de embutidos, Casa Montañés, fundada por Valeriano Montañés, su bisabuelo. ¿Cuáles son los primeros recuerdos que conserva?

—Tengo recuerdos desde que eché los dientes. Es el negocio donde trabajó mi padre, donde estaban mi abuelo y mis tíos. El paseo que mi madre me daba de pequeño consistía en ver al abuelo, a papá y jugar un rato en la Plaza del Ayuntamiento. Me viene a la memoria cómo eran las tiendas antiguas, donde las cosas se vendían a granel. Me acuerdo cómo olía la tienda en la época de la matanza y no se me olvidan los jamones colgados en una barra enorme.

—El negocio siempre estuvo en el centro de Alcalá.

—Siempre en la misma ubicación. El negocio sí ha ido cambiando. La tienda que abrió en 1918 era de ultramarinos y el cliente igual compraba una alpargata, un bacalao o productos de la matanza. Había de todo. Luego evolucionó y mi abuelo tenía además de la tienda una suerte de tasca. Era un sitio de reunión del mediodía, con funcionarios del Ayuntamiento y trabajadores del campo, que echaban la copa. En una parte también se daban comidas. Calculo que fue tras la Guerra Civil. En la década de los años 60 el negocio deja de ser una tasca y se convierte en un supermercado innovador. Hubo un negocio paralelo, porque mi abuelo también hacía bodas a partir de la posguerra. Iba a los cortijos con su material y cualquier cosa que le pidieran los novios: salchichones, jamones... Así fue hasta que se abrió el primer salón de bodas de Alcalá, en la calle Espinosa, en el casco antiguo. Era una antigua casa comunal que quedó desfasada con el paso del tiempo.

—Que una empresa se mantenga viva más de cien años habla bien de los gerentes y del relevo generacional. ¿También cree que influye la suerte?

—Por supuesto. Yo creo que hay muchos factores. Hay cosas que no están en tu mano para que un negocio funcione, como una Guerra Civil.

—Casa Montañés sobrevivió a una guerra...

—Claro. Son circunstancias que se escapan al dueño de las manos. La suerte es un factor importante, y otro de ellos en la historia de mi familia ha sido la constancia en el trabajo. Desde que tengo uso de razón la tienda se cerraba el Día de la Virgen en Alcalá, el Viernes Santo y el Corpus. Tres días. Si un domingo un cliente necesitaba algo, ahí estaba mi abuelo para atenderlo. Mis tíos y mis padres trabajaban de lunes a viernes en la tienda y luego en fin de semana hacían bodas. El trabajo es muy importante, y el ser referencia para tanta gente.

—En 2016 cerró la tienda de ultramarinos. ¿Cuál fue el motivo?

—La jubilación y la falta de relevo generacional. Mi abuelo tuvo siete hijos. Cuatro siguieron en la tienda, mi padre falleció y otro hermano, también. El resto tenía otros empleos. Entre los primos hay maestros y otras profesionales. El relevo generacional fue difícil. Cuando el negocio cerró en agosto de 2016 el sentimiento en la familia era de pena: perdíamos algo muy importante. Yo estaba vinculado a otra cosa, y empecé a darle vueltas. Me parecía una idea bonita mantener al menos la parte de los embutidos, porque con la tienda no podía.

"CUANDO SE PIERDE UN NEGOCIO SE PIERDE UN PATRIMONIO INTANGIBLE"

—¿Por qué decidió ponerse al frente?

—Hay dos motivos fundamentales. Yo creo en este negocio y sé que se puede vivir perfectamente de él gracias a la capacidad del producto artesanal para crecer. Y luego está el valor sentimental. Cuando se pierde un negocio se pierde un patrimonio intangible. La reacción de la gente al enterarse de que se volvían a hacer los embutidos fue increíble: me paraban por la calle para darme las gracias. Algo bien ha hecho la familia, pensé. Un caso similar y reciente fue el cierre del negocio de Pepillo el Aguardentero. Afortunadamente otro empresario ha cogido el testigo. Espero que le vaya muy bien.

—¿Tuvo dudas o sintió presión?

—Las dudas siempre están. Porque la empresa no repercute sólo en mí, sino en mi familia. Tengo dos hijos y van creciendo. Las necesidades de ellos repercuten. Mi mujer tiene otro negocio. Es un puzzle que debes encajar. Finalmente, en la balanza pesó más apostar por Casa Montañés.

—¿Qué balance hace de la etapa más reciente al frente de la gerencia?

—Estoy muy contento, muy satisfecho y sobre todo muy agradecido a la gente de Alcalá y a quienes nos conocen desde hace mucho tiempo y confían en nosotros. Hay muchas anécdotas de personas que nos llaman en Navidad desde hace treinta años. Hay quien nos pide que le mandemos los productos a Mallorca, y que sabe de las vicisitudes de la empresa. En fin, hay mucho cariño. El balance es muy positivo. Tenemos ahora una apuesta por la industralización de un producto que seguirá siendo igual de artesanal para hacer cosas nuevas que se den aún más a conocer. Me refiero a dar a conocer un relleno de carnaval, que es algo muy de Alcalá, fuera de nuestra tierra.

—¿Cómo ve al comercio alcalaíno de toda la vida?

—Todos lo vemos con preocupación, porque los hábitos de consumo han cambiado. Y la oferta que nos llega desde grandes plataformas y desde el móvil es muy importante. Creo que no puede dejar de existir ese tipo de comercio.

—Recuerdo que en el acto de conmemoración del siglo de Casa Montañés usted pidió un esfuerzo al Ayuntamiento para lograr "más vida" en el centro. ¿Qué tal anda ese tema?

—Yo creo que todos tenemos que ir de la mano. Por un lado, hay que agradecer las ayudas que el Ayuntamiento ha dado, de 10.000 euros, para negocios que abren en el centro histórico de Alcalá. En muchos casos, al emprendedor le sirve de arranque. Hay negocios que perviven aún en El Llanillo gracia a ese apoyo inicial. Por otro lado, creo que es vital que la gente pueda vivir en el centro. Si no hay relevo generacional ni facilidades para reformar viviendas, perdemos población en el centro. Y sin población es muy difícil que haya negocios.

También pienso que el futuro del centro pasa mucho por la hostelería, como se ha visto en otros municipios, donde el sector revitaliza el centro. Tiene que ser un lugar para acudir el fin de semana, y se me ocurren ideas como peatonalizar la Plaza del Ayuntamiento para que la gente puede pasear e ir con sus hijos sin peligro. Contar con la opinión de los vecinos es muy importante.

—¿Qué opina de la bonificación del 70% para las tasas de las terrazas en el casco histórico?

—Considero que es una medida imprescindible. Es cierto que los turistas que vienen al municipio se encuentran con una realidad: en el centro apenas hay establecimientos donde tomar un café. Los empresarios de Alcalá tenemos que creernos que el volumen de turistas que llegan cada vez es mayor. Se dice que los turistas no bajan al centro, que se quedan en La Mota, pero hay que darle opciones para que bajen, consuman e incluso pernocten. Es vital que los sectores público y privado vayan de la mano.

Recientemente los asociados de Sicted organizaron unas jornadas muy interesantes en las que se compartieron experiencias de éxitos en otros destinos, como Huelva. Alcalá tiene mucho potencial. ¿Un parador? Sería la bomba para nuestro municipio. Veremos si hay otras posibilidades. Me consta que empresas como Pangea saben la cantidad de turistas que pasan por el centro histórico. Más de lo que pensamos los empresarios. Igual la gente no sabe que pasan más de 800 personas haciendo el Camino de Santiago. Son más de dos personas al día, y eso tiene repercusión económica.

"ME GUSTA EL PERIODISMO LOCAL PORQUE CUENTA HISTORIAS CERCANAS"

—También es periodista. ¿Lo tuvo claro siempre?

—No todo el mundo tiene la suerte de tener las ideas muy claras al tomar una decisión como qué carrera estudiar. En mi caso estaba terminando Administración de Empresas y en el último año hice un curso de radio y televisión. El periodismo me ha atraído desde siempre. Soy muy fan del deporte, y el periodismo deportivo me encanta. Me hubiese gustado haber tirado por ahí. Pero ese tren ya pasó.

—¿En qué momento llegó a Radio Alcalá?

—Estaba estudiando Inglés. A nivel periodístico se me habían agotado las opciones hasta que un amigo me cuenta que decide irse a Inglaterra a estudiar el idioma. Me pareció una buena opción. Estuvimos tres meses. Y estando ahí trabajando en una fábrica en la que hacían embutidos muy demandados en Navidad en Reino Unido se me abre la puerta de Radio Alcalá a través da una empresa de Granada que tuvo la concesión. Era 2003 y aquí sigo desde entonces.

—¿Quiénes son sus referentes en la profesión?

—En el periodismo escrito me encantan columnistas como Jabois y Gistau, que falleció hace poco. Son referencias, y Gistau también destacaba por su rama deportiva. Escribía de boxeo, de fútbol y de valores deportivos. En la radio nací en plena guerra entre García y De la Morena. Ahora sigo poco ese periodismo deportivo, que se ha intoxicado con la salsa rosa. Siempre me ha gustado Luis del Olmo, y ahora me encanta Alsina, que ha innovado y es capaz de mezclar géneros periodísticos.

—¿Le gusta el podcast?

—Sí, porque me permite escuchar programas que seguía antes y ahora no puedo, porque tengo niños. Me gusta La rosa de los vientos, un programa nocturno que combina misterio e investigación. El podcast me parece muy cómodo para escucharlo en el coche. Es una herramienta para ir al grano.

—Yo sostengo que el periodismo local, el de contar historias sobre tus vecinos, tiene un punto de kamikaze. ¿Lo comparte?

—Sí. Y me encanta. Porque me encantan historias que se han publico en su medio, como la de la ganadera que tomó el relevo generacional en Frailes a partir de su madre o el ermitaño que vive solo en un cortijo de Valdepeñas. Me gusta que este periodismo cercano cuente historias así. El periodismo nacional no puede detenerse aun cuando se nutre de esos relatos periodísticos. Hay historias que dan para una novela de Almudena Grandes, como El lector de Julio Verne, que pone el foco en Valdepeñas. Sí, el periodismo local tiene un punto de kamikaze, pero está bien.

—Se lo preguntaba porque no es lo mismo publicar una información sobre un vecino que te encontrarás en la calle a estar en Madrid, escribir de alguien y no volver a verlo.

—Por supuesto, hay gente que no está de acuerdo con lo que opinas o publicas. Pero nuestra obligación es contarlo. Me siento identificado cuando leo a los corresponsales de Alcalá y veo el punto de vista, y sabes de dónde llegarán los palos. Igual que cuando yo doy algo en la radio y sé que no gustará porque es una noticia negativa o porque alguien ha metido la pata. Es complicado. Pero debe ser así. Lo de matar al mensajero no lleva a ningún lado.

"LOS AGRICULTORES DEBEN UNIRSE MÁS ALLÁ DE LAS CONCENTRACIONES"

—Le tengo que preguntar por el histórico cambio de Gobierno en Alcalá. ¿Le sorprendió?

—Yo pensaba antes de las elecciones que iba a estar muy ajustado. Y se decidió en catorce votos. Recuerdo que IU pasó de tener dos concejales a quedarse sin apoyo y estuvo muy cerca de tener un concejal. De ser así podría haber pactado con el PSOE. Quizá hubiese habido un Gobierno local más complejo con PP, Cs e IU y se podía haber dado. Todos sabíamos que la mayoría absoluta tocaba a su fin, fuese en las últimas elecciones o en las siguientes. El desgaste es un factor muy importante y a nivel nacional no estamos en ese tiempo de mayoría. Ya llegó a la Junta de Andalucía antes de que ocurriese en Alcalá. No creo que haya sorprendido tanto. Lo que debe provocar es autocrítica en el PSOE, de la misma manera que el nuevo Gobierno tomará decisiones que no gustarán a todos.

—¿Qué opinión tiene de la rebelión de los agricultores en la provincia?

—Tienen un punto de razón muy importante, porque es su medio de vida y es una forma de trabajo que aquí en la provincia repercute en todos los sectores. El año que la cosecha no es abundante, el consumo se restringe. Los años de crisis el impacto fue menor en zonas rurales quizá gracias al olivar. Está claro que no puede ser que los olivareros estén con esos precios. Me solidarizo con la causa, porque no se les puede negar ni el trabajo ni el esfuerzo. Es cierto que hay que unir el sector. Es el discurso que llevamos escuchando en periodismo desde hace años, como la idea de que los distribuidores se llevan los márgenes. No se trata sólo de la unión para manifestarse, sino de concentración de la oferta. Los vecinos en general debemos defender más lo nuestro.

—La última: dígame qué historia no ha contado y le gustaría hacerlo.

—Las que más me gustan tienen que ver con el empresariado local. Con historias positivas. El sector del plástico está creciendo mucho en los últimos años, y me preocupa que a nivel de ecologismo siga determinadas tendencias. Creo que de aquí a unos años puede ser un problema en Alcalá, por la especialización que hay. Me gustaría contar historias de un sector que sepa reconvertirse y sea capaz de combinar lo tradicional con las nuevas tecnologías. Y otra historia que me gustaría dar es que Alcalá tenga un parador. A fin de cuentas, Jaén necesita empleo y un futuro para fijar población. Conozco a empresarios con muchas ganas de hacer cosas por su pueblo.

Fotografías y vídeo: Fran Cano.

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