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"No dejemos que nos roben también las palabras y la imaginación"

"No dejemos que nos roben también las palabras y la imaginación"

Por Javier Cano - Abril 05, 2020
Compartir en X @JavierC91311858

De la obra del poeta Manuel Ruiz Amezcua (Jódar, 1952) han escrito desde José Saramago hasta Camilo José Cela, pasando por Muñoz Molina, Fernando Fernán Gómez... y un buen número de estudiosos; el último de ellos Carlos Peinado, que ofrece en Singular y plural una batería de claves para apurar su producción hasta el deleite. Todos, escritores y filólogos, coinciden en un aspecto: la calidad de su poesía. Licenciado en Filología Románica y en Filología Hispánica, ha compatibilizado la docencia con la escritura hasta situarse en el lugar que ocupa a día de hoy: el espacio de privilegio reservado a los autores de culto. Crítico y sin pelos en la lengua, el autor de Humana raíz, Más allá de este muro, Las voces imposibles o Contra vosotros (por citar solo unos cuantos ejemplos de su amplísima producción literaria) habla (y hasta lee) para Lacontradejaén. Lástima que la cuarentena impuesta por el coronavirus impida escucharlo en la grabación que, habitualmente, acompaña esta sección. Otra vez será. 

—¿Cuándo, cómo tomó conciencia Manuel Ruiz Amezcua de su condición de poeta?

—A los 18 años, cuando escribí mi primer poema. El impulso me vino después de leer otro de Pedro Salinas, de La voz a ti debida, creo. Un préstamo de la biblioteca del instituto San Juan de la Cruz de Úbeda, donde yo estudiaba. Recuerdo el ejemplar, de la editorial Losada, de color blanco y letras negras. Recuerdo que sentí un poder especial, el poder de las palabras, el más grande que tenemos los humanos, aunque a otros les interesan otro tipo de poderes, relacionados con otro tipo de intereses, tan ajenos a la grandeza que pueden encerrar las palabras. El poema era un desahogo, sin interés literario, pero fue muy importante sentir la compañía de la escritura, de la cultura, para expresar mis pensamientos y mis sentimientos. Y para sentirme menos solo a lo largo de mi vida.

—Pero… ¿qué es la poesía?

—Algo tan variado como el mundo. En griego significa creación, en sentido general. Hay muchas maneras de concebir la poesía, no solo puede estar en los poemas, afecta a la vida entera. Como está usted preguntándole a alguien que la concibe como poema, he de decirle que los poemas, y la poesía, pueden ser buenos, malos o regulares. Sobre gustos hay mucho escrito y al asunto me remito. El juez supremo parece que ha sido siempre el tiempo. El asunto se complica: hoy todo el que escribe quiere ser famoso ya, o sea en cinco minutos. La espera, la reflexión, el silencio, el conocimiento de la tradición cultural, y otros conocimientos, no son respetados ya, ni siquiera por el sistema educativo, donde la gente verdaderamente culta y crítica, con excepciones, claro, escasea cada día más. Cualquier cosa vale si vende. El verdadero y poderoso caballero para el mercado es el dinero. Con excepciones también, ni en las escuelas, ni en los institutos de secundaria, ni en las universidades, ocupa la poesía ya el sitio que ha ocupado durante siglos. Tampoco en la prensa escrita, ni en la radio, ni en la televisión. En esta última los programas culturales se programan cuando la población ha alcanzado la zona más profunda del sueño. Además, la cultura, en general, está dominada por la política, subvencionada por ella. Hablaremos más adelante de todo este entramado. De la trama de la trama de la trama al servicio de la incultura.

—¿Qué papel juega, o debe jugar, la poesía en la sociedad de las nuevas tecnologías?

El de la vulgarización, en el peor sentido de la palabra. A lo largo de la historia, el arte y la cultura (y otras cosas, como el sexo) han oscilado entre lo sublime de lo sagrado y el descrédito de lo vulgar. Hoy lo sublime y lo sagrado ya no le interesan a nadie, ni siquiera a las religiones. La cultura y el arte han sido convertidas en puro espectáculo de masas. Hace mucho tiempo que ni el pensamiento, ni la belleza, ni la verdad, interesan a nadie. Por eso el Arte ha dejado de inquietar y de ser peligroso. Las nuevas tecnologías son el ataúd del féretro que va dentro, sin vida y sin pensamiento. Pero la Historia da muchas vueltas. Seguro que este no es el Juicio final. Cuando la gente se canse de esto, o esto no le interese a los verdaderos poderes del mundo, manipularán lo que haya que manipular para poner de moda lo que más interese. Con el miedo o con la seducción. O con la seducción del miedo. Tiempo al tiempo.

—Ser de Jódar y, por extensión, de la provincia jiennense, ¿aporta peculiaridad a su obra?

—A mí el localismo como tal me interesa poco. Me interesa mucho convertir lo local en algo universal. Los que me han leído detenidamente han escrito sobre esto. Tengo muchos poemas (y prosas) sobre el asunto. Hace unos meses, presenté un proyecto por escrito en la Diputación Provincial de Jaén para convertirlo en disco, o en un libro-disco. Pedí audiencia a los responsables culturales, y políticos, de la institución y les expliqué detalladamente la cuestión. Es un recorrido, real y simbólico, por lo más importante de la historia, y de la geografía, de nuestro “territorio”, desde la Antigüedad a hoy mismo. Desde la figura de Vandelvira a las de Miguel Hernández y Vicente Aleixandre, vecinos y constructores de la imagen universal de la provincia. Con poemas dedicados a Úbeda, a Baeza, a la Sierra de Mágina y a otros lugares de esta tierra, a su pasado y a su presente, a su historia y a su intrahistoria. Considero que en las actuales circunstancias las preocupaciones tienen que ser otras, y así debe ser. Pero sí me gustaría que, cuando se pueda, se haga palpable este trabajo. Y si no lo saca la Diputación (que sería lo deseable), que lo saquen otros. Yo no cobro nada, lo doy gratis. Por amor al Arte, se decía antes.

—Si tuviera que definirse como jiennense a través de un poema de su amplia producción, ¿con cuál lo haría?

—En principio, la cosa no es fácil. Tengo bastantes poemas emparentados con esta tierra. Todos los escritores partimos de un “territorio”, que luego habitamos en sus realidades y en sus símbolos, y queremos universalizar. Yo le hice un poema al arquitecto Andrés de Vandelvira, verdadero genio del lugar, genius loci, decían ya los romanos de algunos de sus hombres. He leído mucho sobre él y creo que conozco casi toda su arquitectura y sus singulares soluciones estéticas. Me atrae Vandelvira también porque vivió en los márgenes, nunca en los grandes centros de poder. Y, a pesar de esto, hizo una obra grande, tan grande, o más, que la de los más famosos arquitectos de su época. El tema central, aunque hay otros, del poema que le dediqué es el motivo de la eternidad. En un hombre del Renacimiento, artista y hombre de fe, se entremezclan la construcción de la eternidad artística, simbolizada en la piedra, con la creencia cristiana en la eternidad de la otra vida después de la muerte. De ahí parte el poema. Pero pretende más. Se titula Lo que verán los otros (el arquitecto Andrés de Vandelvira sueñas sus iglesias, sus palacios) y está dedicado a Juan de Dios Vico.

         

Mi verdad no está en un sueño,

sino en muchísimos sueños.

                       

Sueño en la soledad de tanta piedra

el refugio que merecemos.

Sueño en la soledad de tanta noche

el rostro que nunca veremos.

Sueño en la soledad de tanta sangre

la voz de todos nuestros muertos.

 

Al amparo de la piedra.

Al amparo de la sangre.

Al amparo de los siglos.

Al amparo de los sueños. 

 

Cobijando en la paciencia 

la construcción del silencio.

Imaginando en el mundo

la perfección de lo eterno.

Suplicándole a la piedra

que me entregue su misterio.

Pidiéndole eternidad 

a la oscuridad del cielo.

Buscándose su verdad

a la leyenda del tiempo.

Buscando la resistencia

de las verdades del miedo.

Buscando sobre la sombra

la luz del entendimiento.

 

Así consumo mis días:

oyendo la voz del viento.

Así consumo mi mente:

imaginándome un sueño.

 

Buscando siempre en la vida

algo que parezca eterno.

Buscando siempre consuelo

donde nunca puede haberlo.

Buscando, siempre buscando

las claridades que encuentro.

Buscando, buscando siempre

entre las piedras el fuego.

 

Buscando la salvación

en la mente de lo eterno.

—Usted ha construido una obra que ha sido comentada y alabada por grandes de la literatura y el arte contemporáneos… ¿Está de acuerdo por lo general, con lo que otros dicen de lo que escribe?

—Es verdad lo que dice: he tenido suerte con los que han leído detenidamente mis poemas y mis libros, unos son muy conocidos y otros lo son menos, a todos les doy las gracias por haberme dedicado su dedicación y su tiempo. Tengo la suerte también de que todos esos comentarios estén recogidos en un volumen de casi mil páginas. Se puede consultar gratis en mi página web, directamente o a través de Wikipedia.

 Portada (en blanco y negro) del último estudio publicado sobre la obra del poeta.
Portada (en blanco y negro) del último estudio publicado sobre la obra del poeta.

—En el universo de los poetas, Manuel, ¿anida también la corrupción? Usted está en primera línea de la lírica nacional, ¿qué se ve por ahí, por esas alturas?

—La corrupción se ha instalado en casi todo. Y el caciquismo político, como forma de gobierno, lo invade todo. Igual que hace más de cien años, sigue vigente aquello de Joaquín Costa cuando escribió el libro Caciquismo y oligarquía como forma de gobierno. Prefiero estar en la segunda fila, o en la tercera, o en la que sea, de eso que llama usted “la lírica nacional”. Aunque lo mejor es no estar en ninguna línea, ni fila. Visto el sectarismo de la cultura española de hoy día, y el clientelismo, y el colonialismo intelectual, lo mejor es ejercer la libertad de pensamiento, tan connatural a la verdadera cultura. Es preferible eso, y no estar en la primera fila. No depender de ellos, si dependes de ellos (hablo de los políticos, de todos) nunca pensarás por ti mismo. Esto te hará más invisible, pero te hará más libre. La poesía necesita libertad, aire libre, no viciado ni contaminado. Los poetas situados en la primera fila están ahí porque reproducen el discurso que les interesa a los políticos de turno. Son esclavos del poder político y reciben premios y recompensas por ello.

—Es duro eso que dice... 

—Le pongo a usted un ejemplo cercano. Este año los dos premios más importantes de la poesía española, de la lengua española, dados los dos por el Estado Español, han sido concedidos a un mismo poeta, catalán y separatista. Ahora explico más. Casi toda la poesía de este poeta catalán ha sido escrita en catalán, y luego este mismo poeta se autotraducía al castellano. Qué casualidad que el mismo año que el Gobierno necesitaba los votos de los separatistas catalanes para formar Gobierno escoja a un poeta catalán y separatista. Lo último lo dice este poeta, premiado doblemente por el Gobierno, en un video en Youtube, con motivo de las fiestas de La Mercé, en el Ayuntamiento de Barcelona en 2010. La noticia la recogieron también varios periódicos catalanes y españoles y anda por internet. Puedo poner más ejemplos, pero con este creo que es suficiente. La guinda nos la proporciona Antonio Machado, no el Machado manejado y utilizado por los gobernantes de hoy para justificarse. Hay un Machado muy actual, este que escribió estos versos sobre España. ¿A que parece la España de los últimos años?

Fue un tiempo de mentira, de infamia. A España toda,

la malherida España, de Carnaval vestida

nos la pusieron, pobre y escuálida y beoda,

para que no acertara la mano con la herida.

—El poeta, ¿qué puede hacer en días como los que vive el mundo? ¿Debe ser un cronista de la realidad o un constructor de esperanzas?

—Lo que han hecho siempre los poetas: mirar el mundo y escribir sobre los muchos mundos que encierra la vida. Eso le permitirá al poeta ser un cronista de la realidad y un constructor de esperanzas. Y mucho más. Las palabras y la imaginación pueden ser muy poderosas. No dejemos que nos las roben. Nos han robado ya bastante.

 El poeta Manuel Ruiz Amezcua, en un acto literario.
El poeta Manuel Ruiz Amezcua, en un acto literario.

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COMENTARIOS

Ernesto Botijo López

Ernesto Botijo López Abril 05, 2020

Agrada comprobar que hay quien lega una obra digna de perdurar y además no se vende ni se alquila. Por eso, desde esa libertad de no ser de nadie, puede pensar y decir lo que piensa, y hace lo que sabe. Gracias, señor Ruiz Amezcua.

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MANUEL QUIROGA

MANUEL QUIROGA Abril 05, 2020

LA POESIA DE MANUEL RUIZ AMEZCUA TIENE VISOS DE ETERNIDAD. GRACIAS, QUE SIGAMOS BIEN TODO

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