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"No exigimos 'pedigrí' a quien solicita ingresar en la Santa Capilla"

Por Javier Cano - Noviembre 29, 2020

Intramuros de la capital el tiempo parece detenido en un recinto sagrado que ocupa metros y metros de la ciudad vieja, pero no. Por más siglos que acumule, la iglesia de San Andrés y su Santa Capilla se adaptan a las épocas con naturalidad. Quinientos cinco años después de su fundación, el gobernador de este singularísimo instituto benéfico-religioso, Inocente Cuesta Lendínez (Jaén, 1949), abre las históricas puertas de la institución a los lectores de Lacontradejaén.

—Más de cinco siglos de actividad en Jaén, pero para muchos la Santa Capilla y Noble Cofradía de la Limpia y Pura Concepción de Nuestra Señora es toda una desconocida, quizá por su discreta presencia en la vida de la ciudad, "silenciosa y sin alharacas", en palabras del recordado Caballero Venzalá. ¿Cómo la define su actual gobernador?

—La Santa Capilla es una fundación papal del siglo XVI, de 1515. En un principio iba a hacerse en la catedral, pero hubo una serie de problemas con el cabildo, quizá las exigencias de unos y de otros no eran compatibles y se decidió por parte de nuestro fundador, don Gutierre González Doncel, hacerla aquí. ¿Por qué? Porque él era el prior de esta por entonces parroquia de San Andrés, y no tenía que pedirle permiso a nadie. La hizo y sigue funcionando desde entonces sin interrupción de ningún tipo.

—Vamos, que ya en aquel entonces había roces, problemillas, algún que otro codazo...

—Era cuestión de espacio. Desde luego, en la catedral no se podía disponer del espacio del que disponemos aquí para nuestras actividades. Y tampoco quería la Santa Capilla (ya que se dedicaba a actos caritativos) que el cabildo le dijera a quién tenía que beneficiar y a quién no, y que pagara la Santa Capilla. No se pusieron de acuerdo y salimos de la catedral.

—Nada más empezar esta entrevista ya ha nombrado usted varias veces una de las tres virtudes teologales: la caridad. ¿Fue ella fue el motor que dio lugar a la fundación de la entidad?

—Son tres las finalidades que tiene la Santa Capilla y una es, precisamente, la caridad; esto nació, en un principio, para dotar a doncellas casaderas y estas cositas. Lógicamente la caridad va por otro lado en estos momentos.

—¿Cómo han adaptado su práctica desde la Santa Capilla a estos tiempos? Porque lo de dotar a las doncellas casaderas...

—Lógicamente ahora mismo no podemos coger y decir: "Vamos a dar dotes a las doncellas casaderas"; eso ya no está en la onda de la fundación. 

—¿Con quiénes se vuelcan en pleno siglo XXI?

—Tenemos desde las ONG más cercanas a la Iglesia, como son Cáritas o Manos Unidas y demás, hasta los conventos de monjas, que sabemos que pasan fatigas, y toda esa gente a la que nosotros podemos ir ayudando. Esa es una de las finalidades de nuestra institución, que seguimos cumpliendo después de cinco siglos. 

—Cualquiera que haya oído hablar de la institución que usted preside habrá escuchado también campanas sobre el patrimonio que maneja, sus saneadas cuentas. ¿Qué hay de verdad y qué de leyenda en esto?

—Bueno, en un principio, los bienes a la Santa Capilla le vinieron no solo de lo que don Gutierre fue dejándole, sino de los patronatos que luego se fundaron, gente que le legaba sus bienes.

—¿Con qué intención?

—Tenemos muy clara una carta que escribió el fundador en 1521 y que la recibimos aquí en enero de 1522, en la que se nos decía que nuestros bienes deberíamos cuidarlos y acrecentarlos, deberíamos de reservar el diez por ciento de los beneficios de un año para ampliar el patrimonio. ¿La finalidad de la ampliación del patrimonio?: obtener más fondos para caridad, o sea, aumentar la caridad a base de que nuestras propiedades fueran mayores y más rentables. En eso sigue funcionando la Santa Capilla ya digo, desde que se fundó. 

—Cuando habla de propiedades se refiere usted a...

—Propiedades inmobiliarias, rústicas y urbanas.  

 
 

—La situación económica derivada de la pandemia, ¿les ha salpicado como propietarios? 

—Sí, claro que nos afectado. 

—¿Para qué más nació la Santa Capilla, Inocente?

—Para rendir culto a la Inmaculada Concepción, y eso en una época anterior a la proclamacion del dogma.

—En vísperas de la onomástica del titular de la iglesia y a pocos días de la celebracion de la Purísima, ¿qué han preparado para festejar a la Virgen titular de la cofradía? ¿Cómo afectará el Covid-19 a los cultos?

—Desgraciadamente se va a notar en el aforo; aquí, todos los años, la festividad de la Inmaculada ha sido multitudinaria, han acudido no solo cofrades sino también muchos devotos. Este año la cosa tendrá que ser distinta por razones obvias, si no pueden entrar más de equis personas intentaremos que la Ley se cumpla; con todo el dolor de nuestro corazón, pero tenemos que hacerlo así.

—¿Qué han programado?

—Lo mismo que todos los años: una misa solemne conmemorando a la Inmaculada Concepción y un triduo los días 5, 6 y 7 de diciembre, como viene celebrándose desde hace siglos.

—Hemos hablado ya de caridad y devoción, pero nos falta un fin fundacional, Inocente.

—Sí, la enseñanza.

—¿Qué perseguía González Doncel en este ámbito?

—Aquí, don Gutierre lo que quería es que la mayor cantidad de niños posible aprendiera gramática y matemáticas. Entonces, creó las escuelas. En ese momento también, a principios del XVI, junto con la enseñanza de matemáticas y gramática estaba la de doctrina cristiana. Él escribió un libro sobre la doctrina cristiana que en realidad fue la base de la evangelización de América; a los franciscanos les gustó, lo hicieron suyo, se lo llevaron allí y empezaron a predicar en base a lo que el libro de don Gutierre decía.

—Tres motivaciones que, a día de hoy, la Santa Capilla mantiene pese al avance de los tiempos, ¿verdad? 

—Sí, los tiempos han cambiado y, ahora, nosotros no podríamos mantener un colegio así, por ejemplo. Entonces, lo que existe es un convenio con la Junta de Andalucía en el que cedemos nuestras instalaciones y se imparte enseñanza normalizada. Lo que sí sucede es que existe siempre una buena relación entre el colegio y la fundación nuestra.

—Habla usted de buena relación entre el centro educativo y la institución pero, ¿el espíritu de la fundación está presente en el colegio, o las directrices educativas coinciden poco o nada con la idea de don Gutierre?

—Se intenta, y también hemos de decir que depende de las personas que dirigen el centro, que no las ponemos nosotros, lógicamente.

—Un colegio, por cierto, que se cuenta entre los más antiguos de España...

—Sí, es el más antiguo que queda en Andalucía y el segundo de España, después de uno que hay en Toledo y que me parece que tiene unos añillos más.

 

La puerta de la iglesia, nada más abrirse, exhala perfume de siglos, lo mismo que el patio, la bellísima capilla (en cuya construcción se incluyeron materiales tan venerables como la tierra de las catacumbas de las iglesias romanas de Santa María del Campo Santo, San Sebastián de las Catacumbas, San Gregorio y Santa Pudenciana) las dependencias de la cofradía... 

 

—Llama la atención en estas instalaciones la riqueza patrimonial que acumulan, parecen un museo de historia, de patrimonio, de devoción. De alguna forma, el Jaén de los últimos cinco siglos se respira aquí.

—Prácticamente.

—También llama la atención que una sola cofradía cuente con un espacio tan amplio, para ella solita. Ya lo querrían el resto de colectivos de Pasión y Gloria, ¿no?

—Bueno, pero esto tiene su razón y su fundamento. Ya comenté que se fundó aquí porque don Gutierre decidió hacerlo, y poco a poco fue ampliando terreno para hacer las dependencias que hoy conocemos. Antes estaba solo la iglesia, que era parroquia desde el siglo XIV. Cuando en 1843 la diócesis decidió que esto dejara de ser parroquia, cuando hubo la fusión aquella de parroquias que desaparecieron (como San Pedro, San Miguel y alguna más), la Santa Capilla dijo: "No me la quiten de en medio, déjenmela aquí que nosotros mantendremos el culto". Y creo que estamos cumpliendo, 

—Se puede decir que, gracias a esa decisión, quizás esta iglesia no ha corrido la misma suerte que las que usted ha nombrado, arruinadas o desaparecidas definitivamente.

—Exactamente, hemos mantenido la existencia de esta iglesia.

—Estructuralmente, en el ámbito puramente organizativo, no hay más que repasar la nómina de cofrades de todos los tiempos para advertir que las grandes familias jiennenses siempre han tenido vinculación con la Santa Capilla. A día de hoy, ¿quién puede ser cofrade? ¿Sigue siendo, por llamarlo de alguna manera, una suerte de institución "elitista"?

—De eso se ha hablado mucho, se han dicho muchas cosas sobre la Santa Capilla que normalmente se basan en el desconocimiento. Aquí no hay ningún baremo para el cofrade que entra. El que lo socilita y está dentro de la normativa nuestra (que sea una persona cristiana, que tenga devoción a la Virgen, ganas e interés de trabajar por la Santa Capilla) es bienvenido, no le pedimos 'pedigrí', no se le exige a nadie.

—Entonces, ¿cualquier jiennense puede aspirar a formar parte de la cofradía?

—Sí, lo que sucede es que hay que esperar a que fallezca un cofrade para que entre otro.

 
 

—¿Cómo es ese plazo de espera? ¿Habla de meses, de años incluso?

—Sí, sí, sí, hay gente que espera años, bastantes incluso, y otra que espera menos. Las circunstancias son siempre distintas. 

—Y la mujer, ¿tiene sitio en esta institución varias veces centenaria?

—Desde hace unos años, la cofradía se ha abierto a las mujeres; antiguamente no existían nada más que hombres dentro de la institución. Revisando los estatutos (que en eso sí somos muy celosos), nos dimos cuenta de que en ningún punto decía que el cofrade debiera de ser varón y, claro, empezaron a entrar mujeres como cofrades. Últimamente están entrando casi más mujeres que hombres.

—Pero, ¿qué fue antes, la petición de ellas o la apertura de puertas? 

—Creo que fue al unísono, alguien dijo que quería entrar, lo miramos y ya está, no hubo grandes disquisiciones.

—Si alguien lee esta entrevista y desea pertenecer a la Santa Capilla, ¿lo tiene fácil ahora o la lista está completa?

—No, no está completa; el último cabildo que se celebró fue en noviembre del año pasado, el tercer domingo; tenemos dos al año, ese y el Domingo de Ramos. Ahí se pueden elegir cofrades. Pero el Domingo de Ramos no hubo cabildo, ni este tercer domingo de noviembre tampoco.

—Cosas del Covid, ¿no?

—Sí, a causa del coronavirus. Creo que es la primera vez en la historia de la Santa Capilla que no se han celebrado los cabildos, apostaría lo que fuera. Y ahora, pues claro, ha habido fallecimientos en este último año y tenemos plazas vacantes, tenemos nuestras solicitudes para estudiarlas en el momento en que puedan reunirse la junta y la parentela y presentarlas a cabildo para su elección.

—Y de lista de espera, ¿cómo anda la cosa? 

—No hay mucha, lo justo para que se cubran los puestos y algunos más que solicitan entrada.

—Hay que tener poca sensibilidad para hablar con usted aquí, en esta misma sala de juntas, y que no se le vayan a uno los ojos detrás de la soberbia pintura del Cristo del Lagar, de los retratos del fundador y del papa reinante en aquel tiempo, de tanto mueble que evidencia años y años de servicio a la Santa Capilla. ¿Qué destacaría Inocente Cuesta del patrimonio de la institución?

—Bueno, para mí de lo más importante es que el archivo de la Santa Capilla se mantiene. Contiene toda la documentación generada en estos quinientos cinco años, que ahora precisamente estamos tratando de conservar mejor con un proceso de digitalización que nos permita no solo mantener para siempre lo que tiene nuestro archivo, sino también para que haya mayor facilidad de consulta. En ese proceso estamos.

 
 

—¿Qué más, qué no hay que perderse durante una visita?

—La reja [joya del maestro Bartolomé del XVI]; el retablo de la Santa Capilla [del XVII] o un montón de cuadros, la riqueza pictórica y escultórica es bastante importante: el San José pequeñito que tenemos, las obras de José de Medina, de Sebastián de Solís, de Lucas Colmenero... hacen un conjunto creado a lo largo de siglos y que lo mantenemos, lo conservamos y también tengo que decirlo, nos gastamos dinero en su restauración.

—¿Contarán con apoyo de las administraciones o de otro tipo para sostener este patrimonio, para su conservación?

—Nada.

—Pero deben de ser procesos muy costosos...

—Aun así, no la tenemos. Ahora hemos solicitado a la Junta una ayuda que ha sacado, un concurso para la restauración de bienes muebles religiosos, para la restauración del retablo mayor. Estamos a la espera de constestación. Desde luego, si nos contestan, la Junta pondría y un sesenta y tantos por ciento y nosotros el resto pero claro, lograríamos que el retablo quedara como debe estar, para un montón de siglos más.

 

Inocente Cuesta lleva en su ADN (y él sabe de eso, como buen licenciado en Farmacia y jefe de Microbiología del Hospital de Jaén felizmente jubilado) su pertenencia a la institución que gobierna desde principios de 2020. No en vano, antepasados suyos con los que incluso comparte nombre y apellido han engrosado, desde dos siglos atrás, las discretísimas filas de la Santa Capilla y su junta de gobierno, aunque ninguno de ellos llegara a ocupar la máxima responsabilidad. 

 

—Líneas arriba respondía usted que para ser cofrade no se exige 'currículo'. ¿Y para ser gobernador de una institución tan ensolerada como la Santa Capilla y Noble Cofradía de la Limpia y Pura Concepción de Nuestra Señora tampoco? 

—En absoluto, no. Yo estoy aquí pues como en todas partes pasa, por pura coincidencia, porque los demás lo han dicho. Entré en el año 82, llevo más de media vida aquí dentro, siempre he participado en lo que se ha ido desarrollando, entré en la junta de gobierno hace tiempo como visitador de enfermos (por la facilidad que tenía al trabajar en el hospital); luego estuve unos años apartado de la junta y volví porque volvieron a llamarme. De ahí, el año pasado por estas fechas hubo elecciones y tanto la junta de gobierno como la parentela [grupo de antiguos parientes del fundador y, actualmente, una suerte de comisión permanente] me presentaron como gobernador y... habrá que estar donde te llamen, ¿no? 

—Se llevó usted la mayoría de habas blancas. Porque en esta fundación, las costumbres adquieren condición normativa incluso a la hora de las elecciones...

—Sí, sí; además las elecciones de gobernador, aquí, son muy democráticas. Se elige por habas blancas y negras, se someten a votación los tres candidatos presentados y el que mayor cantidad de habas blancas saque se convierte en gobernador. 

—Una expresión jaenero hasta la médula habla de 'irse a las habas', y hablando de habas ya es hora de irse. Para terminar: es usted el último Inocente Cuesta de su familia, por ahora: un nombre y un apellido de peso en la vida religiosa y social de la ciudad. ¿Con usted acaban, también, los Cuesta cofrades de la Santa Capilla?

—Bueno, mi hijo es cofrade desde el año 2000, aunque se llame José Manuel.

 
 

Fotografías: Beatriz Rivilla. Vídeo: Esperanza Calzado.

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